Drina Ergueta
SemMéxico. La Paz-Bolivia. 4 de enero, 2026.- Te odio. El odio parece que es la medida de cualquier posible valoración de personas, circunstancias, acontecimientos o hechos que se ven positivos o negativos según ese sentimiento muy afianzado en el alma. Todo depende de en qué lado se esté posicionado, quien esté al otro es destinatario y productor de esa animadversión profunda. Así acaba el año y se inicia el 2026.
Me explico un poco. Cuando, en Bolivia, Evo Morales inició su gobierno en 2006, y se prolongó tres gestiones hasta 2019, muchos de los miembros de la anterior administración salieron del país por temor a represalias; cuando entró Jeanine Áñez hubo muchas detenciones de personas vinculadas a la gestión anterior, Morales tuvo que exiliarse; en 2020, con Luis Arce Catacora se encarceló a la propia expresidenta y otra gente allegada a su gobierno; finalmente, ahora, está detenido Arce y personas cercanas… una rueda en que ya no se distingue la venganza de la justicia, ya que encontrar un justificativo legal es, al parecer, fácil.
Esta rueda lleva a pensar en el vecino Perú, donde todos sus presidentes de las últimas décadas fueron encarcelados (Alan García se suicidó para evitar la cárcel) siempre por corrupción o acusaciones similares. Lo que lleva a pensar en cuánto de eso será cierto, en si es un pretexto o en si antes no había corrupción, ya que no acababan presos, o si la judicialización de la política es la principal arma actual para enfrentar al contrincante político.
Es una especie de circo donde los partidarios de uno y otro bando aplauden, ciegos de regocijo, que los odiados vencidos sean devorados por las fieras. Ellos lo hicieron, nosotros también. Esto no puede ser la norma. No puede ser que ciertos valores sólo se afirmen en según qué circunstancias.
Otro ejemplo, el actual gobierno boliviano ha adoptado medidas económicas drásticas que tienen que ver con eliminar parcialmente la subvención a los hidrocarburos, reducir el estado y favorecer a sectores empresariales. Los efectos en la población con menores recursos son fuertes ya que se ha encarecido el costo de vida.
Frente a esto, la mirada crítica existe o no sólo en función de la posición política, es decir que alguien que rechaza al anterior gobierno puede aplaudir las medidas a pesar de ver muy afectada su economía doméstica. En algunos casos, el odio es mayor que su propia pobreza. Es verdad que la subvención era insostenible; sin embargo, la situación de la población más afectada no se tendría que ignorar. Pero se ignora, especialmente en medios de comunicación, a las marchas y movilizaciones sociales contra estas medidas porque se las relaciona, injustificadamente, con el anterior régimen. Odio mediático.



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