A 10 meses del descubrimiento del Rancho Izaguirre, la pregunta sigue en el aire ¿qué pasó ahí?, dice la periodista Sandra Romandía. / Foto: Cortesía/Sandra Romandía
En Testigos del Horror, Sandra Romandía indaga cómo el crimen recluta a los jóvenes
Alejandro Jiménez *
SemMéxico/ El Sol de México, 19 de enero, 2026.- A10 meses del descubrimiento del Rancho Izaguirre, la pregunta sigue en el aire ¿qué pasó ahí?, dice la periodista Sandra Romandía. “Como periodista me pregunté qué había más allá de esas fotografías: ¿qué pasó realmente ahí?, ¿a dónde van a dar los desaparecidos?, ¿por qué desaparece tanta gente que no está vinculada, al menos de forma evidente, con el crimen organizado?”, dijo.
A propósito de su nuevo libro, Testigos del horror, El Sol de México platicó con Romandía sobre su investigación de este caso que no es un hecho aislado, sino uno de varios en nuestro país.
Tu libro aborda casos recientes y profundamente dolorosos. ¿Por qué investigar un tema que aún está en desarrollo y no esperar a que pase el tiempo?
Generalmente se piensa que el periodismo de investigación requiere distancia temporal, que haya resoluciones oficiales o expedientes cerrados. Pero en este caso todo estaba ocurriendo en tiempo real, y también existía el riesgo de que se le diera carpetazo al asunto. Cuando las madres buscadoras denunciaron lo que encontraron en el Rancho Izaguirre —un predio que debía estar asegurado por la autoridad— supe que ahí había algo que no podía quedarse solo en la nota del día.
¿Qué fue lo que te impactó del hallazgo en el Rancho Izaguirre?
Las imágenes tuvieron un impacto nacional e internacional. Por primera vez lo visual nos mostró la barbarie que se vive en México. Pero como periodista me pregunté qué había más allá de esas fotografías: ¿qué pasó realmente ahí?, ¿a dónde van a dar los desaparecidos?, ¿por qué desaparece tanta gente que no está vinculada, al menos de forma evidente, con el crimen organizado?
¿Qué aporta tu libro frente a la cobertura mediática que ya se había hecho del caso?
En marzo de 2025, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco localizó restos humanos en el Rancho Izaguirre
Lo que aporta es profundidad. Muchas notas se quedaron en el morbo, en el impacto inmediato o en la anécdota. En el libro hay testimonios inéditos que describen una forma de operar sistemática: cómo el crimen organizado no solo mata, sino que administra territorios, esclaviza personas, gestiona poblaciones y elimina a quienes se rehúsan a participar. Eso permite reconstruir una historia completa, no fragmentada.
En el libro utilizas el término “centro de exterminio”, algo que fue duramente cuestionado por las autoridades. ¿Por qué sostener ese concepto?
Porque las evidencias apuntan a ello. Durante años se asesinó de manera sistemática a personas que no aceptaron integrarse a una organización criminal:
“Las imágenes tuvieron un impacto nacional”
quienes intentaron escapar, quienes se negaron a usar armas, quienes no quisieron ser sicarios. El horror que provoca esa palabra incomodó a la narrativa oficial, pero mi obligación fue analizarla a la luz de los testimonios y los hallazgos. Para mí, lo que ocurrió en el Rancho Izaguirre y en otros sitios sí corresponde a un centro de exterminio.
¿Este caso es excepcional o puede ser representativo de lo que ocurre en otras regiones del país?
Jalisco es el estado con más personas desaparecidas, más de 15 mil, pero no es un caso aislado. En el libro se documentan otros ranchos y campamentos en Tamaulipas, Sinaloa, Zacatecas, Guerrero y Michoacán. La autoridad suele catalogarlos sólo como centros de entrenamiento, pero no investiga cuántas personas fueron reclutadas a la fuerza. Después de Izaguirre hemos visto casos similares en Chihuahua, Sinaloa y Tamaulipas: jóvenes que fueron a pedir trabajo y nunca regresaron.
Uno de los temas más complejos que planteas es la figura del “víctima-victimario”. ¿Por qué es importante?
Porque muchos de los jóvenes reclutados a la fuerza fueron obligados a cometer delitos. Algunos sobrevivieron y hoy están procesados como criminales, sin que exista una figura legal que analice que primero fueron víctimas. Hay miedo, culpa y vergüenza. Muchos no quieren hablar porque saben que los grupos criminales también operan dentro de las cárceles. Esta es una discusión pendiente si queremos hablar de justicia.
Tu investigación también desmonta la criminalización automática de los desaparecidos.
Exacto. Existe una narrativa muy cómoda: “andaban en eso”. Así se exime al Estado de investigar. Pero el libro muestra que no todos los desaparecidos ni los asesinados eran criminales. Muchos eran jóvenes que buscaban trabajo, oportunidades. Criminalizarlos de entrada borra su condición humana y elimina cualquier exigencia de justicia.
Cierras el libro con testimonios de funcionarias que minimizan los hechos o responsabilizan a las víctimas. ¿Qué te dejó eso?
Que el problema es estructural. Una funcionaria encargada del tema de desapariciones me dijo que los jóvenes eran responsables por ser ingenuos y creer en falsas ofertas de trabajo. Ese discurso lava manos, justifica la inacción y normaliza la barbarie.

*Alejandro Jiménez: Periodista con más de tres décadas de experiencia, ocupando siempre puestos editoriales desde columnista de negocios turísticos, redactor de temas de seguridad nacional, Subdirector de Opinión. Cotitular de programas informativos en Radio ABC y Radio Ibero. Coautor del libro «México Armado, Crónica de la Guerrilla en México 1943-1981». Analista de temas de seguridad de la cadena NTN24. Tengo maestría en Administración por la Universidad Iberoamericana. Actualmente soy el Coordinador nacional de Opinión de la Organización Editorial Mexican



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