· Hacia una nueva narrativa que incorpore a las mujeres en el liderazgo escolar
Mariana Cruz Murueta*
SemMéxico, Ciudad de México, 6 de febrero, 2026.- Toda escuela que logra una transformación positiva suele estar respaldada por una persona que asume su liderazgo con propósito y sentido de responsabilidad educativa. Se trata de una directora o un director que observa y comprende a su comunidad, que se pregunta qué necesitan sus estudiantes para aprender mejor y es quien está dispuesta a cambiar prácticas arraigadas, incluso cuando la inercia institucional le orienta hacia otra dirección.
El liderazgo escolar en México puede ser profundamente transformador cuando se nutre de marcos internacionales sólidos y se ejerce con enfoque de género; no obstante, la realidad es que suele llevarse a la práctica en medio de fuertes tensiones entre la misión pedagógica y una creciente carga administrativa.
Estas presiones recaen, además, sobre escuelas donde las mujeres son mayoría en la docencia, pero siguen subrepresentadas en los puestos directivos, lo que revela una brecha persistente entre quienes sostienen el trabajo educativo y quienes ocupan los espacios clave para la toma de decisiones.
Los modelos contemporáneos de liderazgo –instruccional, distribuido, o el de enfoques integrados– coinciden en un mismo punto: la prioridad debe ser el aprendizaje del estudiantado y la mejora de la enseñanza, apoyados en la colaboración entre docentes y no solo en el trabajo individual de la o el líder escolar.
Así, este texto propone analizar el liderazgo escolar desde tres ángulos: los principales aportes teóricos internacionales, los datos recientes sobre el liderazgo y la urgencia de un liderazgo con perspectiva de género, analizando en particular la participación de las mujeres en la dirección de escuelas.
En conjunto, estas tres perspectivas buscan ofrecer una distinción clara tanto en lo que distingue a un liderazgo efectivo como en el por qué, pese a sostener gran parte del sistema educativo, las mujeres siguen enfrentando barreras para acceder a posiciones de liderazgo y transformar la experiencia escolar de niñas, niños y adolescentes.
Liderar el aprendizaje: marcos globales y latinoamericanos de liderazgo escolar
Los marcos conceptuales de liderazgo escolar coinciden en una idea central: la tarea directiva no es administrar una escuela, sino liderar el aprendizaje. El Transformational Leadership Framework de New Leaders organiza ese liderazgo en cinco dominios: (i) aprendizaje y enseñanza, (ii) cultura escolar, (iii) gestión del talento, (iv) planeación y operaciones, y (v) liderazgo personal. Todos estos dominios están orientados explícitamente a mejorar los resultados de sus estudiantes. Desde esta mirada, la directora o el director observa lo que sucede en el aula, se basa en la evidencia para decidir, acompaña a docentes y cuida su propio desarrollo profesional para sostener una visión compartida de mejora.
Por su parte, el Coherence Framework del Public Education Leadership Project (PELP) de Harvard, agrega una pieza clave: todo esfuerzo de liderazgo debe partir del “núcleo instruccional”, es decir, de la relación entre el conocimiento y la práctica docente, del compromiso del estudiantado y del rigor del currículo. El marco destaca que solo cuando la cultura, las estructuras, los recursos y las relaciones con actores clave se alinean con ese núcleo instruccional, las estrategias de mejora se vuelven sostenibles y escalables.
En América Latina, la UNESCO y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) han puesto el énfasis en el liderazgo distribuido como respuesta a sistemas marcados por la desigualdad y la vulnerabilidad. Este enfoque plantea que el liderazgo no se concentra únicamente en la figura de la directora o director del centro educativo, sino que se comparte con equipos docentes y otros actores de la comunidad, favoreciendo la corresponsabilidad, la participación democrática y la capacidad colectiva de impulsar cambios en contextos complejos.
El Informe Seguimiento de la Educación en el Mundo 2024-2025 (GEM, en inglés) de la UNESCO identifica cuatro funciones clave del liderazgo escolar: definir expectativas, centrarse en el aprendizaje, fomentar la colaboración y desarrollar a las personas. A su vez, el Banco Mundial destaca que las y los directores mejoran los resultados educativos cuando usan datos, acompañan a docentes y organizan la escuela en torno al aprendizaje más que en la administración.
Desde esta convergencia de marcos, un liderazgo escolar transformador en México sería aquel que articula una estrategia de mejora de la enseñanza, construye culturas colaborativas y alinea la operación cotidiana con la misión de garantizar el derecho a aprender de todas y todos los estudiantes.
Mujeres como líderes escolares: cifras clave
En la práctica cotidiana, las y los líderes escolares en México suelen vivir una tensión permanente entre las tareas pedagógicas y la carga administrativa derivada de reportes, oficios, formatos y requerimientos de distintas instancias. Estudios recientes sobre la escuela mexicana muestran que la organización escolar sigue operando bajo lógicas burocráticas que consumen tiempo de planeación, acompañamiento y observación de aula.
A nivel nacional, los datos revelan que las mujeres son mayoría entre el magisterio: alrededor de dos de cada tres docentes de educación básica son mujeres, con una presencia que llega a 93.2% en preescolar, 67.3% en primaria y 52.7% en secundaria.
Sin embargo, la estructura de gestión no siempre está diseñada para que las y los docentes puedan ejercer un liderazgo pedagógico. En el ciclo escolar 2018-2019, solo 45.1% de quienes ocupaban cargos de dirección en educación primaria eran mujeres, a pesar de que ellas constituyen más de dos tercios del personal en ese nivel.
En los puestos de supervisión el panorama es aún más injusto: en conjunto las mujeres representan 51.6%, pero al desagregar por nivel se observan fuertes contrastes. En preescolar, las mujeres supervisoras alcanzan 94.4%, mientras que en primaria esa proporción desciende a 37.7% y en secundaria apenas llega al 27.6%, evidenciando la existencia de un techo de cristal difícil de romper, conforme se avanza hacia niveles educativos y jerárquicos con mayor poder institucional.
La paradoja de género en la escuela mexicana es clara: las mujeres son mayoría en las aulas, pero no ocupan los puestos directivos en la misma proporción.
Investigaciones recientes sobre escuelas normales públicas, que forman a buena parte del magisterio, muestran un patrón similar: en un universo de 214 instituciones, solo 35.51% de las direcciones está ocupada por mujeres, frente a 60.75% que están encabezadas por hombres, pese a que son en su mayoría las mujeres quienes conforman la plantilla docente y obtienen niveles de posgrado iguales o superiores.
Estos datos confirman que existe una brecha de género en el acceso a puestos de autoridad educativa, aun cuando las mujeres sostienen el sistema desde la docencia y la formación inicial de maestras y maestros.

CRÉDITO: Educando 2025
Hacia un liderazgo escolar con enfoque de género
Un liderazgo escolar con enfoque de género implica mirar la escuela como un entramado de relaciones de poder, estereotipos y oportunidades diferenciadas para niñas, niños, docentes y familias. Desde esta mirada, la directora o el director se asume como agente de cambio que cuestiona prácticas discriminatorias, revisa materiales, distribuye responsabilidades de manera equitativa y promueve una cultura de corresponsabilidad entre mujeres y hombres en todos los niveles.
Los marcos antes mencionados ofrecen herramientas conceptuales para este trabajo: por un lado, invitan a gestionar el talento con criterios de equidad, así como a construir culturas escolares donde todas las voces cuentan; por otro lado, ayudan a alinear estructuras y recursos para que, en el ejercicio del liderazgo, las políticas de género no se queden en discursos aislados, sino que logren permear todas las acciones de manera institucional.
Para México, esto se traduce en el diseño de rutas de desarrollo profesional que, por una parte, identifiquen y acompañen a mujeres con potencial directivo y, por otra, revisen criterios de selección y ascenso. Asimismo, deben fortalecerse las redes de aprendizaje entre directoras que ya están transformando sus comunidades escolares.
Transformando la narrativa del liderazgo escolar en México
Colocar el liderazgo escolar en el centro de la conversación educativa mexicana nos invita a pasar de ver al director o directora como simple gestor administrativo para reconocer su liderazgo pedagógico y comunitario cuya visión sea la de una escuela más justa. En esa nueva narrativa, las mujeres directoras se convierten en referentes visibles de autoridad académica, innovación y cuidado, apoyadas por marcos conceptuales sólidos y por políticas nacionales que reduzcan la carga burocrática y ofrezcan una mayor capacidad de incidencia.
Este cambio se logrará a través de programas de formación en liderazgo escolar que se alineen con estándares globales, datos desagregados por género, el reconocimiento de nuevas tecnologías que permitan agilizar procesos administrativos, y decisiones de política pública basadas en la evidencia. Hay muchos ejemplos de liderazgo escolar que ya están redefiniendo cómo se ve una escuela transformadora. Ahora la tarea es observar y aprender de esos ejemplos para multiplicarlos , hasta que cada escuela en México sea reflejo de un liderazgo que inspira y transforma.



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