Sonia del Valle
SemMéxico, Ciudad de México, 13 de febrero, 2026.- Hoy, la agenda educativa nos regala una bofetada de contrastes. Por un lado, el discurso oficial nos habla de Inteligencia Artificial y revoluciones tecnológicas en el bachillerato; por el otro, la realidad nos cuenta que hay escuelas en Michoacán que hoy son bases militares.
Aquí los puntos clave para diseccionar hoy:
- La lotería del código postal
Como bien señala #AlejandraArvizu (Mexicanos Primero), en México el origen pesa un 62 por ciento sobre el destino. El preescolar es la palanca para torcer esa historia, pero ¿cómo lo logramos si el sistema sigue siendo una escalera «que no lleva a ningún lado»?
Duda de periodista: ¿Sirve anunciar IA para reducir la desigualdad si miles de niñas y niños ni siquiera tienen acceso a un preescolar con infraestructura digna? ¿Estamos construyendo futuro o solo administrando la brecha?
- Bachillerato: ¿Pertinencia o maquillaje?
Mario Delgado Carrillopresume 225 programas técnicos alineados al «Plan México». Suena bien en el papel. Pero mientras la SEP celebra, en el norte del país les dicen a los jóvenes que no estudien para maestros porque «ya no hay plazas».
Duda periodística: ¿Queremos jóvenes técnicos, pero estamos asfixiando la formación de quienes deben enseñarlos? Sin docentes motivados y con certeza laboral, ¿quién va a operar esa «revolución tecnológica»?
- La escuela como zona de guerra
Lo de Apatzingán es desgarrador: escuelas convertidas en bases militares. Y en Chilpancingo, el «asedio» de ladrones profesionales en contra de la escuela. Y a esto le sumamos el brote de sarampión en Jalisco (56 escuelas afectadas).
Duda periodística: ¿El aula se percibe hoy más como un lugar de riesgo que de oportunidad? ¿La escuela está perdiendo su esencia de refugio?
- ¿Menstruación digna o tabú legislativo?
Mientras San Luis Potosí rechaza licencias por salud menstrual, Hidalgo las impulsa. La disparidad en los derechos básicos de las estudiantes demuestra que la «Nueva Escuela Mexicana» sigue siendo un mosaico de buenas intenciones y prejuicios locales.
Desde mi perspectiva:
No basta con abrir planteles de «robótica» para la foto si el entorno escolar está contaminado por la violencia o la negligencia técnica (como ocurre con «La Escuela es Nuestra» en Durango).
¿Es posible hablar de una «revolución educativa» cuando el Estado ha cedido el espacio físico de las escuelas al ejército o al crimen?
Necesitamos que el billón de pesos del presupuesto para becas se traduzca en seguridad y aprendizaje real, no solo en transferencias.



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