Mujeres al volante: conducir contra las brechas de género

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(Especial para No a la Violencia)

Iramis Alonso Porro. Periodista. Directora de la revista Juventud Técnica.

SemMéxico/SEMlac , La Habana, 1º. de junio,2026.- La violencia de género no solo se expresa en el ámbito doméstico o en las relaciones afectivas. También en los espacios públicos y en las oportunidades que las mujeres tienen —o se les niegan— para ejercer su autonomía.

Uno de esos ámbitos es el acceso a la conducción vial. Obtener una licencia de conducción no es un simple trámite, sino un derecho que habilita la movilidad independiente, la posibilidad de acceder a nuevos empleos, de participar en la vida social y de reducir la dependencia de terceros. Cuando las mujeres encuentran obstáculos para sacar su licencia de conducción, se reproduce una forma de violencia que limita su libertad.

La violencia simbólica se traduce en prácticas concretas: familias que desincentivan a las hijas a aprender a manejar, instituciones que no facilitan horarios flexibles para mujeres trabajadoras o madres y costos que resultan prohibitivos. Todo ello conforma un círculo vicioso: menos mujeres con licencia significa menos presencia femenina en el transporte profesional, menos referentes visibles y más reproducción de la idea de que conducir es un verbo conjugado en masculino.

“Siempre quise aprender a manejar. Había un carro en la familia, pero mi papá nunca le dio prioridad y cuando hablaba del tema solo se dirigía a mi hermano. Cada vez que intentaba aprender, chocaba contra una barrera, que comenzó siendo impuesta y terminé aceptando, bajo la justificación de que tenía miedo”, relata una joven del municipio habanero de Playa, de 24 años, cuya historia refleja esa realidad que atraviesa a muchas cubanas: la movilidad como zona de desigualdad.

No existen estudios que midan específicamente la brecha de género en tenencia de licencias de conducción en Cuba. La Encuesta Nacional de Igualdad de Género concentra sus indicadores en violencia de pareja, empleo, representación política y trabajo de cuidados. Sin embargo, algunas estadísticas regionales muestran un mapa que puede ser compartido.

Un informe de 2024 del Programa Iberoamericano de Seguridad Vial (OSIVEI) reveló que el porcentaje de mujeres con licencia de conducción era menor que el de sus pares masculinos, además de constatar que eran menos propensas a ser propietarias de un vehículo.

Unos años antes, en 2021, un estudio de Agencia Nacional de Seguridad Vial en Argentina mostró que “solo el 28 por ciento de las mujeres poseía registros para conducir vehículos particulares o profesionales”.

La brecha se profundizaba según el nivel socioeconómico: “en contextos de vulnerabilidad, solo el 13 por ciento de las mujeres tenía carnet de manejo”. La investigación también reveló que “mientras el 50 por ciento de los hombres obtenía su licencia a los 18 años, las mujeres lo hacían entre los 25 y los 45 años, un retraso relacionado fundamentalmente con la maternidad”.

Pero esto no ocurre por falta de interés femenino. La raíz está en estereotipos culturales que asocian la capacidad de conducir a una supuesta condición natural del hombre, que la limitan usando mecanismos de disuasión, como que el espacio vial constituye un escenario de agresividad contrapuesto a una supuesta “pasividad” o distracción femenina. En ese contexto, la institución laboral podría ser el entorno que las empuje activamente.

La intención del proyecto “Mujeres al volante”, del Grupo Empresarial de la Informática y las Comunicaciones (GEIC) de Cuba, es una muestra de que es posible actuar sobre las brechas. Una investigación motivada por el aumento de la accidentalidad en 2021 detectó que, en el grupo empresarial de 503 titulares de licencia, solo 60 eran mujeres. El diagnóstico reveló ausencia de interés por no tener vehículo asignado, disponer de conductores profesionales y también por insuficientes espacios de apoyo. A partir de ese muestreo, la directiva del grupo incorporó políticas y acciones de adiestramiento para facilitar el acceso de mujeres a la conducción.

“El GEIC entendió que la equidad no es un discurso, es una práctica, y creamos programas de formación para que varias compañeras que tenían interés en obtener su licencia pudieran hacerlo. Adaptamos horarios y diseñamos campañas para desmontar prejuicios”, afirma Jorge Luis Pérez, especialista de la Dirección de Organización y Capital Humano del grupo empresarial.

Para ello, se diseñaron metodologías inclusivas y se construyeron alianzas con las entidades formadoras.

Desde el presupuesto de la oficina central se sufragan los cursos, cuyo costo no es posible asumir de manera individual por las interesadas, a partir de tener claro que obtener la licencia de conducción requiere tiempo, dinero y movilidad para asistir a clases, hacer prácticas y rendir exámenes, posibilidades a las que las mujeres acceden de forma desigual por la carga del trabajo doméstico y de cuidados.

Como parte del proyecto, 28 mujeres matricularon la escuela de conducción; de ellas, cuatro para motos. Ya hay dos graduadas, tres están en su última semana de práctica, otras dos culminaron las pruebas en el simulador y se coordina para que inicien el curso práctico.

Para una de las alumnas, Hyancith Aballí Oña, jefa del Grupo de Desarrollo de Cubatel, “Mujeres al Volante” es una gran oportunidad. Nos facilita obtener una habilidad muy importante para el desarrollo, tanto de nuestro trabajo como de nuestra vida personal, pues aporta también al logro de otros proyectos, de otros objetivos personales”.

María Marta Hernández Burgess, especialista superior de la Presidencia del GEIC, considera que esta iniciativa “da cobertura para ganar espacios de independencia. Porque cuando uno trabaja, la casa y las labores profesionales absorben mucho tiempo. Y quizás puedas empezar, pero lo dejas; de esta manera, te involucras como parte de tus deberes y lo continúas”.

Archivo Digital

Título: La violencia de género desde la adecuación judicial

Autoras: Yanay Pérez Obregón y Claudia Patricia Hernández Martínez. Tribunal Provincial Popular de Ciego de Ávila, Cuba. Publicación: Revista Cubana Justicia y Derecho.

Descriptores: Violencia, género, mujeres, víctimas.

No es un elemento ocioso o secundario que sea una mujer la presidenta del Grupo Empresarial de Informática y las Comunicaciones. Esto devela que un liderazgo con perspectiva de género tiene la capacidad de buscar opciones para el empoderamiento en los espacios laborales.

Otras naciones de América Latina tienen experiencias semejantes a la de “Mujeres al volante”. En Argentina se ha documentado un programa de formación profesional exclusivo para mujeres en la industria del transporte de carga, que data de 2019.

En México, la plataforma inDrive, en alianza con Fundación Origen, presentó en octubre de 2025 un programa diseñado para “fortalecer la autonomía económica, la seguridad y la inclusión social de mujeres con licencia de conducir interesadas en integrarse al sector de movilidad y servicios urbanos”. Las participantes reciben “capacitaciones gratuitas en seguridad vial y desarrollo personal, y quienes cumplan con los requisitos pueden integrarse como conductoras o repartidoras en la app”.

Cuando las empresas facilitan la obtención de licencias, ello se traduce en trabajadoras más autónomas, con menor ausentismo y mayor retención. Pero también se envía un mensaje a la sociedad: cada mujer que se sienta al timón desmonta una forma de violencia simbólica y abre espacio para otras. La iniciativa del GEIC demuestra que es posible, con voluntad y compromiso social. Facilitar ese acceso es un acto de transformación cultural.

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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