- Los apagones superan las 20 horas por día
- Pese a todo, miles de mujeres siguen al frente de sus negocios
Lisandra Fariñas
SemMéxico/SEMlac, La Habana, 15 de junio, 2026.- Cuando los apagones interrumpen una limpieza de cutis a media sesión, Maricel Ponvert, fundadora del Centro Holístico D’Marie, en La Habana, toma aire e intenta seguir lo mejor que puede. Constantemente tiene que reorganizar su agenda. De los tres locales que gestiona, solo uno, en La Habana Vieja, le ofrece cierta posibilidad de planificarse ante los frecuentes cortes eléctricos.
En el municipio Cerro, al centro de la capital, Zailin Pérez Zaldívar, fundadora del proyecto Los Colores de Isa, tiene que planificar nuevos espacios para sus talleres, trasladar su equipo a distintos municipios y ajustar los precios para que las familias puedan costear los altos precios del transporte.
A 35 kilómetros de La Habana, en el municipio Caimito, en Artemisa, Aylín Esperón, fundadora de la Finca La Burgambilia, cuenta que se han visto obligados a volver a los bueyes porque no hay combustible para utilizar el tractor en las labores agrícolas.
Son mujeres diversas, en distintos sectores, que sostienen negocios, familias y comunidades en medio de una crisis que no da tregua.
Cuba atraviesa uno de sus momentos más duros. Los apagones superan las 20 horas diarias, a veces hasta mucho más; el combustible escasea, el transporte es casi inexistente, se han paralizado producciones y servicios y el mercado enfrenta una inflación sostenida que erosiona los bolsillos y cualquier planificación.
A ese cuadro se suma el peso del bloqueo comercial estadounidense, recrudecido bajo la administración de Donald Trump, que extendió sus efectos al sector energético y profundiza una crisis que las políticas económicas internas, muchas veces insuficientes, no logran revertir.
El Primer Estudio de Clima Empresarial para Mipymes cubanas, elaborado en 2025 por la consultora privada Auge, documenta que 96,4 por ciento de las empresas privadas registradas sufren consecuencias severas o críticas por la escasez de combustible y electricidad.
Sin embargo, miles de mujeres siguen al frente de sus negocios y se reinventan cada día ante los efectos prolongados de lo que expertos llaman una policrisis, aunque los obstáculos que persisten en el sector empresarial cubano refuerzan la complejidad de ese escenario.
Para muchas, esos desafíos económicos se suman a las responsabilidades de cuidado que siguen recayendo mayoritariamente sobre ellas y condicionan el tiempo y los recursos disponibles para sostener sus proyectos.
En ese contexto, emprender implica gestionar no solo un negocio, sino también las demandas cotidianas de sus hogares y familias.
Un sector que tropieza más allá de la crisis
Hace ya cuatro años, en septiembre de 2021, el gobierno cubano autorizó la creación de micro, pequeñas y medianas empresas privadas (Mipymes) poniendo fin a una prohibición que se extendía desde 1968.
Desde entonces se han abierto más de 10 mil. El sector privado, que incluye también trabajadores por cuenta propia, cooperativas y proyectos de desarrollo local, emplea hoy a cerca de 1,6 millones de personas de una fuerza laboral de cuatro millones, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).
En medio de una economía deprimida y una empresa estatal ineficiente, por primera vez desde los años sesenta el sector privado fue responsable del 55 por ciento de las ventas minoristas de bienes y servicios en 2024, de acuerdo con la misma fuente.
Pero el impulso se ha frenado. En 2025 se aprobaron solo 816 nuevas Mipymes, frente a casi 5.000 en 2022, según la Onei.
En un análisis publicado en la revista OnCuba, en febrero de 2026, el economista Daniel Torralbas describe un sector que pasó de la expansión al repliegue. Si entre 2021 y 2024 las Mipymes crecieron incluso en tiempos de crisis, desde entonces enfrentaron trabas crecientes: una política oficial dubitativa sobre su rol en el modelo económico, una ofensiva de control que ahuyenta la inversión y la persistente ausencia de una política de promoción y fomento, explica.
A su juicio, la crisis energética, el cerco externo y ese entorno regulatorio hostil confluyen para hacer de 2026 el año más duro del sector privado cubano, donde la capacidad de reinventarse será clave para sobrevivir.
Marta Deus, fundadora de la empresa de gestión financiera Deus Expertos Contables, reconoce la evolución del sector desde 2013, cuando se autorizaron en el país nuevas modalidades del trabajo por cuenta propia.
«Desde el punto de vista legal ya podemos hacer mipymes; antes estábamos muy limitados con las licencias de cuentapropistas. Pero los problemas persisten», sostuvo la también creadora de la revista digital Negolution y de Ellas Hablan, una plataforma de encuentro para mujeres emprendedoras.
Deus considera que la incertidumbre define el momento actual. A las dificultades económicas se suman normas cuya implementación resulta confusa, por lo que, asegura, la única respuesta posible es mantener la flexibilidad y un control constante del negocio, especialmente de sus finanzas.
La economista e investigadora Ileana Díaz sostiene que el ecosistema emprendedor cubano no se ha modificado sustantivamente para acompañar la apertura. «Hemos creado negocios privados, pero el ecosistema que existe hoy, si así se le pudiera llamar, está muy enfocado hacia la empresa estatal», afirma a SEMlac.
La experta identifica como nudos críticos la inestabilidad del mercado cambiario -«un mecanismo demasiado administrado y a veces discrecional»-, la volatilidad regulatoria y la ausencia de financiamiento real.
«No hay capital semilla, ni inversores ángeles, ni crowdfunding. Los microcréditos apenas empiezan en experiencias piloto en algunas provincias. Los tributos, además, están fijados al mismo nivel que una empresa estatal, lo que no tiene ningún sentido cuando las empresas privadas tienen un máximo de 100 trabajadores», refiere Díaz.
«Lo más importante es tener claridad a nivel de gobierno de qué se quiere con los negocios privados», plantea.
El economista Juan Triana sitúa esos obstáculos en un contexto más amplio. En su columna de opinión en OnCuba advierte que el deterioro sostenido de servicios básicos como la electricidad, el agua, el gas y el transporte ha vuelto «más inmanejable la vida cotidiana» y profundizado las desigualdades.
Para el académico, una economía que necesita más empresas, inversión y empleo enfrenta la paradoja de mantener frenadas nuevas iniciativas privadas y carecer de mecanismos efectivos para impulsar su potencial. En ese escenario, emprender supone lidiar no solo con la crisis, sino también con un entorno que dificulta crecer y sostener los negocios.
Más de un desafío
La crisis energética es el eje alrededor del cual gira cada decisión del día. Yainiris Díaz, creadora digital y fundadora de Sugiero Cuba -espacio que creó en 2020 para dar visibilidad a pequeños negocios y emprendimientos- lo describió en Facebook con precisión.
«Tres horas. A veces ese es el tiempo oficial para trabajar, lavar, cocinar, bañarme, cargar el móvil, la laptop, la lámpara, los ventiladores, los power bank y, si queda un huequito… vivir». Y añadió: «Lo más agotador del apagón no es el apagón en sí, es la negociación mental».
Thalía Quesada Salas, CEO de ThaliAfro Cosmética Natural, vio reducida su producción a la mitad por las afectaciones de agua y electricidad. Algunos productos los fabrica ahora con carbón como fuente de calor; pero otros dependen, irremediablemente, del fluido eléctrico. En Arroyo Naranjo, municipio de la periferia de la capital donde vive y tiene enclavado su emprendimiento, los cortes de electricidad se prolongan por largas horas.
La caída en producción, dice, arrastró la atención en redes sociales y con ella las ventas. «La situación económica actual aún no nos permite otras alternativas como paneles solares», refiere a SEMlac.
Maricel Ponvert coincide con ella. A la falta de electricidad se suma la de agua, crítica en su trabajo, y el gasto de gas de balita que administra con cuidado, combustible igualmente escaso, comenta Ponvert. Recuerda que durante la pandemia de Covid-19 pudo reinventar sus cursos en línea; ahora, sin conexión estable, eso sería un fracaso. «El emprendimiento es para mí, en estos momentos, una heroicidad», afirma.
Cada adaptación genera «un estrés y un trabajo horrible», sostiene Zailin Pérez Zaldívar, quien además de cambiar horarios, locaciones y frecuencia de sus talleres, lucha con la falta de conexión a la red celular y de datos móviles, que viene de la mano con cada apagón y amenaza con paralizar su negocio.
El artículo ¿Cómo se enfrentan a la crisis energética los emprendedores cubanos?, publicado en la revista Negolution, documenta cómo las redes sociales se han convertido en el salvavidas digital de muchos negocios, pero advierte que el acceso no es igualitario, pues depende de variables tan azarosas como que haya cobertura móvil en el lugar donde viva la emprendedora.
A ello se suma la falta de infraestructura adecuada para el comercio electrónico, lo que obliga a recurrir a sistemas de pago alternativos.
Las mujeres rurales enfrentan la crisis con menos recursos y mayor aislamiento geográfico. Aylín Esperón, que lidera un proyecto de abejas sin aguijón en Artemisa, admite que su iniciativa de meliponas no ha sufrido tanto, pero en la finca sí ha impactado. «Cuando llega la corriente hay que regar, porque si no se pierde la cosecha», lamenta.
Yuleinis López Herrera, ganadera en la misma zona, señala el agua como su mayor preocupación. La electricidad no llega, las tuberías no tienen presión y los animales necesitan agua todos los días, dice.
En La Habana, la situación no es muy diferente. Yoandra Álvarez Echeverría fundó La Yoandra en el reparto Mantilla, en Arroyo Naranjo, una finca integral agroecológica reconocida por su producción sostenible y su enfoque comunitario. Hoy los apagones se han convertido en su principal desafío.
Sin electricidad estable para el riego, mantener los cultivos depende de la improvisación y la resistencia. Lo que antes era una operación planificada es ahora una carrera contra los cortes de luz, apunta.
Lo que une a todas estas mujeres, más allá del sector o la geografía, es la reinvención constante. El informe de Auge reveló que quienes están al frente de estas empresas confían en su propia capacidad, pero miran el entorno con cautela. No obstante, el mismo informe indica que 80 por ciento de las Mipymes encuestadas desarrolla iniciativas de apoyo a las comunidades donde opera.
Esas dinámicas confirman el potencial transformador del emprendimiento femenino en Cuba, si las condiciones le acompañan. Triana asegura que el país necesita políticas que estimulen de verdad al sector privado, con alianzas público-privadas reales, basadas en la colaboración y no en la imposición.
En tanto, Ileana Díaz sostiene la necesidad de un ecosistema que funcione como sistema, «engranado, coherente, donde las políticas, la institucionalidad y las reglas de juego vayan en función de que los negocios puedan crecer, ser rentables, sobrevivir y aportar a la economía y a la sociedad».
SEM-SEMlac/lf



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