Se levanta en el mástil mi bandera
Elvira Hernández Carballido
SemMéxico, Pachuca, Hidalgo, 24 de febrero, 2026.-Hace unos días que exploraba varios libros que hacen referencia a la historia de nuestro lábaro patrio descubrí con grata sorpresa que el himno “Toque de bandera” fue escrito por una mujer: Xóchitl Angélica Palomino y Contreras. Decidí averiguar más sobre ella para destacar que esas frases cantadas con el alma durante mi infancia eran inspiración de una mexicana, pero con los recientes hechos de violencia que han pasado por la muerte del Mencho, me preguntaba si valía la pena hacer referencia a ese canto cuando en el ambiente reina el coraje y la impotencia, el dolor y el miedo aunque intentemos que los sentimientos de amor a México, pese a todo, contra todo, sigan dentro de nuestra alma:
Se levanta en el mástil mi Bandera
Como un sol entre céfiros y trinos,
Muy adentro en el templo de mi veneración
Oigo y siento contento latir mi corazón
Pero, en estas fechas, yo más bien veo a tantas mexicanas y mexicanos amarrados a muchos mastiles que están sostenidos con falsas noticias y decisiones fatales, encadenados a balaceras ensordecedoras y autos quemados, enclavados en discursos fríos que prefieren aparentar masculinidad a un poco de humanidad o voces quebradas por una dolorosa valentía.
Días de feberero en los cuales siento y presiento que nos hemos quedado sin sol y que solamente el zumbido de las balas resuena cerca de los oídos de este México que ya no hace latir un corazón contento, sino un corazón eternamente melancólico.
Es mi bandera la enseña nacional
Son estas notas su cántico marcial
Desde niños sabremos venerarla
Y también por su amor vivir
La frase final la cambiaron, en mis tiempos de niña de primaria en los 60s representaba un valor heroíco entregar la vida por esa enseña nacional. Ahí estaban nuestros héores dando un grito una noche de septiembre de 1810, aventándose desde lo más alto del castillo de Chapultepec en 1847 por defender nuestro patrio suelo, un buen hombre que pese a ser presidente recibió un cobarde disparo por la espalda, tantos caudillos de la revolución mexicana asesinados…
Sin embargo, cuando mi hijo entró a la escuela, a finales de los 90s, cuando asistí a su primera ceremonia cívica, escuché ese himno y con emoción empecé a cantarlo, pero la última estrofa se transformó en esperanzadora, amar a la patria significaba vivir por ella. Todavía me cuesta trabajo cambiar el verbo vivir por el de morir cuando vuelvo a escucharlo, pese a ello, todavía me uno a su canto, aunque, en estos tiempos morir/vivir parecen una valentía desgastante, binomío que levanta barricadas, que incendia vehículos, pretexto para un reporte trazado con indiferencia formal, sin argumentos solidarios y menos con sello de empatía.
Entonces, me asomo al México de ayer que inspiró a Xóchitl Angélica Palomino y Contreras para escribir ese himno en 1956. ¿Si era un país mejor o menos peor? ¿Cuál es la gran o pequeña diferencia para que los niños y niñas veneren con amor un simbólo patrio? ¿Cómo depejar de la mirada infantil este territorio de guerra, narcos y guardia nacional? ¿Si era más sencillo amanecer entre céfiros y trinos a mitad del siglo XX?
Xóchitl Angélica fue hija de un mayor de infantería y una educadora. Posiblemente vivió ese rigor que adquiere un hombre educado en el ejército. Tal vez al mismo tiempo palpó el amor a la enseñaza. Nació en la ciudad de México en 1932, a los quince años ingresó a la Escuela Nacional de Maestros y se convirtió en profesora. Estudió en la UNAM una especialidad en psicología, más tarde, en la Normal Superior de México la carrera de pedagogía.
Fue en esas tareas académicas, cuando presenciaba las ceremonias cívicas en las escuelas donde trabajaba, que se le ocurrió ponerle letra a la composición del maestro Juan Pío Manzanares, quien la escribió al participar en un concurso convocado en 1932 por la Secretría de Guerra y Marina para realizar un toque marcial que se conviertiera en oficial durante las ceremonias civiles y militares.
La imagino con pluma tinta tricolor y hoja blanca retadora dispuesta a escribir esa letra patriótica mientras desde la ventana de su salón veía en el patio escolar esa bandera ondeando orgullosa en el mástil. Su amor y orgullo, su mente evocando un país que se reconstruía sin remolinos ni sacudidas fatales, o al menos eso le hacía creer la buena fe, cierta ingenuidad, toda la suerte de nacer en una época que desde la distancia temporal se cree era mejor.
Su composición fue evaluada y aceptada por la Secretaría de la Defensa Nacional, que no solamente la aprobó sino que hizo circular oficios para que fuera obligatoria en los planteles de preescolar, primaria, secundaria, especiales y escuelas Normales.
En uno de los pocos textos escritos en su honor, Miguel Salinas Chávez y Graciela Cruz Hernández indican que “la Profesora Xóchitl Angélica Palomino y Contreras murió el 30 de noviembre de 1996 a las 18:00 horas, coincidiendo con la hora en que debe arriarse la Bandera Nacional”.
Y hoy, me pregunto si nuestro lábaro patrio tiene la fuerza necesaria para levantarse orgulloso en ese mástil, si cada persona nacida en este país borramos por siempre el verbo morir y damos fuerza a ese vivir, vivir en paz, vivir…



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