En días recientes hemos sido testigos de la confrontación del Gobierno con la Iglesia católica que ha levantado la voz con mayor fuerza después del asesinato de los dos jesuitas.
Hace muchos años leí un artículo de Shangay Lily una expresión que me llamó poderosamente la atención. Comenzaba a hablar del “gaycapitalismo” y de lo que se estaba comenzando a hacer con todo lo relacionado con las conmemoraciones del “orgullo”.
Hace apenas dos días conocíamos la terrible noticia de que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos que devuelve a los Estados la potestad para regular sobre el asunto.
Con la convocatoria de las elecciones andaluzas para junio, de nuevo los partidos comienzan sus operaciones de “maquillaje” para poder “vender” (vender, si vender) sus opciones de gobierno en caso de lograr la confianza del electorado.
Es preocupante cómo el discurso populista que conlleva el negacionismo de las violencias machistas cala y, sin embargo, el feminista y, por tanto, de prevención de esas violencias, resulta bastante impermeable.
Sólo en España hay 47 millones de feminismos diferentes, según el Ministerio de Igualdad, así, si extrapolamos la misma fórmula al mundo tenemos la cifra citada en el título.
Con las fallas recién quemadas en pueblos y ciudades de la provincia de Valencia y con una guerra en marcha en Europa y otras en el mundo, cabe pensar, o mejor repensar el lugar que ocupan los cuerpos de las mujeres en diferentes espacios.
Pese a lo que pudiera parecer, el feminismo no se rinde. Y aún a sabiendas de haber sido abandonadas por nuestros gobernantes, que a sí mismo de llaman feministas, no cejamos en nuestro empeño de defender la agenda feminista.
A partir de este domingo 2 de marzo ofrecemos: una retrospectiva, a 50 años de la primera conferencia mundial de la mujer que se celebró en México, de los 30 años de la IV Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing 1995 y todo lo que sucede y está sucediendo alrededor del 8M.