Creo que mis ojos y todo mi ser quisieron profundizar ese mundo: Carmen Cordero Avendaño

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  • Una científica social que entendió el Derecho Consuetudinario
  • Falleció este 1 de marzo, fue una mujer de su tiempo que entendió que estudiar hace a las mujeres independientes

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, Oaxaca. 4 de marzo, 2026.- Carmen Cordero Avendaño de Durand 

falleció el 1 de marzo pasado. Fue una mujer de la primera mitad del siglo XX, nació en Oaxaca de Juárez el 31 de agosto de 1931, en la calle de Reforma, el Jardín Conzatti fue su jardín.

Se convirtió en abogada por el Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca en 1957, fue la única mujer de aquella generación. Se decidió por estudiar Derecho gracias al consejo de su amigo Ernesto Miranda Barriguete y fue una destacada alumna.

Su largo camino la llevó a estudiar a Oaxaca después de mirar a su estado desde lejos, investigó por años el Derecho Consuetudinario de los pueblos indígenas, hizo que se entendiera, lo que la convirtió en una científica social.

“Con el paso del tiempo, creo que mis ojos y todo mi ser quisieron penetrar, profundizar, conocer ese mundo, esas antiguas culturas, grandes fundadoras de imperios que nos dejaron las huellas de su esplendor y resistieron al invasor, no sólo de sus monumentos, sino a la visión de su mundo, tanto espiritual como cultural. Insisto en creer que me detuve, los vi con otros ojos, ya no eran los mismos de mi época de oaxaqueña viviendo en la ciudad, la Verde Antequera, o como me dijo una autoridad de Valles Centrales, la gente que pasa, no nos ve.

“Me detuve, los vi y creo que los comprendí, hubo comunicación, me abrieron las puertas de sus pueblos, caminos, casas, cultura, normas jurídicas, costumbres, tradiciones, mitos, leyendas. 

“Asistí a sus rituales y tuve el privilegio -en San Juan Quiahije, región Chatina-, de oír al anciano mayor con una voz de otras épocas, recitar las plegarias del Santo Padre Sol, Stina Jo´o Kucha. 

“Me regocijé con sus comidas de fiesta, así como de una buena tlayuda o de un totopo con frijoles.

“Sentí y vi de cerca la alegría de una excelente cosecha en la que se corta el pescuezo al guajolote para que escurra la sangre caliente, que cae a la tierra como una ofrenda de gracias y la tristeza de un año malo por la sequía o la inundación o porque cayó el Chahuixtle.

“La alegría de los nacimientos, casamientos, la fiesta del padre titular, el patrono del pueblo, Todos Santos, días tan importantes de los pueblos y la tristeza de los duelos.

“Y cuando se acude llevando la guelaguetza, en las mayordomías, casamientos, bautizos, defunciones y es recibida por el jefe de familia, delante del altar de la casa, se convierte en ofrenda, es un rito y qué costumbre tan bella de ayudar a la persona que lo necesita y lo pide. O cuando la persona que no tiene nada ofrece sus brazos. Y qué puedo decir del cambio de autoridades, la entrega de la vara de mando y la lucha por problemas de tierra”.

Así lo describió en una entrevista realizada en 2014 para un texto que relata parte de su vida en el libro Mujeres de Oaxaca.

¿Quién era Carmen Cordero Avendaño?

Fue hija de Irene Avendaño Ortega y de Manuel Cordero Jijón. Se describió como una niña inquieta, que gustaba de sacar los pececitos del estanque de su tío, el doctor Severiano Avendaño en su casa de Xochimilco. Entre sus ascendientes destacan du madre Irene Avendaño Ortega, secretaria particular de José Vasconcelos Calderón durante su campaña política en busca de la gubernatura de Oaxaca en 1924, misma que perdió. Además, el primer secretario de Hacienda y Crédito Público y diplomático, Matías Romero Avendaño; el primer cadete del Heroico Colegio Militar, Vicente Suárez, que murió asesinado cuando el ejército estadounidense tomó el Castillo de Chapultepec, un 13 de septiembre de 1847.

Entre 1952 y 1956 se desarrolló como una destacada estudiante, una estudiante que sobresalía en un ambiente difícil era la única mujer de su grupo. En solitario soportó las quejas y hostigamiento de algunos maestros y compañeros que no acaban por acostumbrarse a ver mujeres en las aulas de la institución y no aceptaban que ellas tenían derecho a ser profesionistas.

Como presidenta de la Asociación de Estudiantes de la Carrera de Derecho del Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca, dio la bienvenida a las jóvenes que ingresaron a la institución un 16 de enero de 1956, cuando ella cursaba ya el quinto año de la carrera.

En esa ocasión preguntó ¿Debe estudiar la mujer? ¿Es conveniente que siga una carrera? Una cuestión que dijo muy debatida sobre la que se había escrito mucho y se ha hablado más.

(…)

Ni a la mujer se le debe privar de una cultura intelectual ni ella debe olvidar después de haber obtenido un título universitario el fin que tiene señalado.

La cultura en la mujer lo mismo que en el hombre, la perfecciona, la ennoblece y educa no sólo su inteligencia sino aún la misma sensibilidad poniéndola a desempeñar un buen papel en el hogar y en la sociedad. Además, la instrucción proporciona a la mujer otra ventaja muy personal. Con sus estudios se hace independiente social y económicamente. Ya no precisa mirar al matrimonio como única solución para el porvenir. Irá a él porque a él le inclina la naturaleza, por amor al hombre que libremente ha elegido, sin necesidad de pensar en su bolsillo, para constituir un hogar sobre bases y además útil a la sociedad.

Sus palabras, sin duda, fueron un presagio de lo que sería su vida profesional y, como planteaba en su discurso, ella se habría de convertir en esa mujer de carácter, que se templa para las nuevas luchas, que comprueba para sí que “no habría felicidad, no se trabajará con éxito, a no ser escogiendo con acierto nuestra carrera”.

Cursaba el cuarto año de Jurisprudencia, cuando planteó al Gobernador interino José Pacheco Iturribarría, la necesidad de abrir un bufete jurídico gratuito, mismo que se instaló en el edificio que se encuentra en esquina de 5 de Mayo e Independencia.

Primera defensora de oficio en Oaxaca

Como pasante se convirtió en la primera Defensora de Oficio, con un sueldo de trescientos treinta pesos mensuales, según consta en el nombramiento expedido el 22 de octubre de 1955.

En la entrevista, recordó que los presos de la cárcel pública -ubicada en aquellos años en el ex convento de Santa Catarina-, no querían que una mujer los representara. Permaneció sentada esperando el momento mientras escuchaba el famoso grito: ¡A la reja con todo y chivas!

Se dio a la tarea de leer cada uno de los expedientes y encontró un posible representado, se trataba de un afromexicano originario de Jamiltepec, a quién mediante el pago de una fianza que firmó su padre, Manuel Cordero Jijón ante los Seguros Pombo, logró que obtuviera su libertad. Tras el éxito de su primera defensa, empezó a recibir diversas solicitudes de detenidos para que atendiera sus casos, a tal grado, que al casarse, su papá se quedó con unas cinco fianzas que había firmado ante la aseguradora de su pariente lejano.

En 1957 obtiene el título de Licenciada en Derecho con la tesis: Expropiación por Causa de Utilidad Pública en el Derecho Mexicano, misma que defendió frente al jurado integrado por Julio Bustillos Montiel, como presidente; Ricardo Castro Mijangos, Adrián Méndez y Alfonso Gómez Sandoval, secretario.

Ese mismo año es nombrada Agente del Ministerio Público, esta vez, su sueldo mensual ascendía a ochocientos noventa y un pesos. Fue designada al Juzgado Tercero de lo Penal como Auxiliar Interno y más tarde, como Agente del MP en las instalaciones de la Procuraduría, ubicada en el Palacio de Gobierno.

En dos ocasiones la Agente del MP pidió la pena de muerte, ambas por el asesinato de dos mujeres, ocurrido en escenas distintas, uno cometido contra una agiotista y el otro en contra de una maestra; fue en aquellos años cuando la pena de muerte fue sustituida por cadena perpetua; ambos casos marcaron su vida por la crudeza de los hechos.

Tuvo contacto con otros casos de indígenas encarcelados, a los que, sin saber hablar español se les hacían juicios, en varias ocasiones viajó a Juxtlahuaca acompañada de su madre para analizar las situaciones, desde entonces pensó en el Derecho Consuetudinario, al que más tarde le dedicaría años de estudio.

Vietnam, Camboya, París, Oaxaca

En la casa de sus tías en la Ciudad de México, conoció a Bernard Durand Chastel, hermano del esposo de su prima. Poco tiempo después Bernard Durand le confesó su amor; durante un año, cada día, Carmen recibió cartas desde Vietnam dónde él residía trabajando como director de las plantaciones de Hule que la colonia francesa tenía en el país asiático. Un año después, Bernard volvió a México para casarse con Carmen, su padre estaba preocupado porque su hija se “iría a vivir a la Conchinchina”; en julio de 1958 se realizó la ceremonia religiosa en la capilla del Rosario del templo de Santo Domingo de Guzmán.

Carmen y Bernard viajaron a Vietnam y un año después inició una guerra cruenta de la que Carmen es librada yéndose a radicar al Reino de Cambodia, situado al sur de la península de Indochina, ahí permanecen durante trece años, pero la guerra los volvió a alcanzar en 1971, de nueva cuenta, Carmen y Bernard dejan Asia y esos países de tan extrañas culturas y tan distintos a México que siempre la maravillaron. 

Carmen Avendaño recordó siempre con tristeza estos episodios, sin embargo, eso le permitió agudizar su perfil científico social, a la distancia de México y de sus pueblos, analiza, descifra y proyecta su futuro. 

Durante algún tiempo reside en Costa de Marfil y Camerún, para finalmente radicar desde 1972 en París, donde su vida no es la de una mujer casada cumpliendo con las “obligaciones” que le imponía su estatus. Comprometida con el pueblo camboyano entre 1975 y 1980 fue una activa colaboradora de la Asociación Franco-Khmer para la integración de los refugiados camboyanos en Francia.

Con un doctorado inconcluso en la capital francesa, inicia estudios sobre Turismo en la Ecole du Louvre, que abandona cuando su amiga Madelaine Giteau le dice que de ahí saldrá como guía de turistas y le recomienda retomar sus estudios en Etnología, tomando en cuenta el consejo ingresa a la Ecole Practique des Hautes Etudes IV Section Sciences Historiques y Philologiques, en la Sorbona de París; su director de estudios fue el Dr. Pierre Bernard Lafont, director de la Sección del Sudeste Asiático.

La Sorbona y su trabajo académico

Realizó un primer trabajo de investigación cuyo nombre en español es: Similitudes entre las civilizaciones Khmer (jemer), la Azteca y la Maya (Quelques Similitudes entre les Civilisation Khmére, Azteque et Maya), resultado de sus estudios de Arqueología y Etnología y que presentó en 1973 en el XXIX Congreso Internacional de Orientalistas.

Contra todo lo esperado por el profesor Pierre Bernard Lafont, Carmen Cordero anuncia que su trabajo de investigación no será en Asia sino en México bajo sus propios auspicios, por lo que en 1975 se le expide la primera orden de Misión de la Ecole Practique des Hautes Etudes; resultado de ello, en 1977 obtiene el PhD d´Université en Etnologíe, con mención honorífica por el trabajo titulado Contribution a I´etude du droit coutumier Triqui, Universidad de París 1975-1977 (Contribución al Estudio del Derecho Consuetudinario de los Triques Copaltecos).

La obra se publicó en Francia en 1977; en México hay dos ediciones, una del Instituto de Administración Pública de Oaxaca en 1979 y otra por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Como el resto de sus libros, estos siempre llevan una presentación firmada por el director de Estudios de la Escuela Práctica de Altos Estudios IV Sección (Ciencias Históricas y Filológicas) de la Sorbona, Pierre Bernard Lafont.

Con esta primera obra, se convirtió en pionera en cuanto a profundizar en los estudios, lo que ratificaría con el resto de las investigaciones que en grado de Misión realizó en los pueblos de Oaxaca, escribiendo lejos de las computadoras, en manuscritos que aún conserva, con dibujos hechos por ella misma y fotografías que tomó en cada uno de sus trabajos.

Con el tiempo, explicó que inició su investigación en Copala por considerar a éste, un pueblo marginado que la conquistó desde el primer momento, hipnotizada por esas costumbres, por esas tradiciones, por ese cúmulo de diferentes lenguas y culturas, continuaré hasta que ya no pueda yo caminar”. 

Sus obras se pueden resumir en los títulos que siguieron: Supervivencia de un Derecho Consuetudinario en el Valle de Tlacolula (1982) y una segunda edición de la Cámara de Diputados LX Legislatura y la Editorial Miguel Ángel Porrúa, en 2009; Stina Jo´o Kuchá, que traducido del chatino al español significa El Santo Padre Sol (1986), así como la segunda edición de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Delegación Oaxaca, y la Editorial Miguel Ángel Porrúa, en 2012; El Combate de las Luces (Los Tacuates) (1992); La Vara de Mando, costumbre jurídica en la Transmisión de Poderes (1997) y una segunda publicación en 2001; Cerros Sagrados Roaguía “Hierve el Agua” (2000); Lienzo del Pueblo del Señor de San Pedro Nexicho (2001); El Derecho Consuetudinario Indígena en Oaxaca, una compilación de conferencias y ponencias (2001); Interpretación y Estudio del Lienzo de San Juan Chicomezúchitl, el Mapa o pintura de los Cogues o Señores (2004); “Derecho y la Costumbre” capítulo del libro Cultura y Derecho de los Pueblos Indígenas de México (1996).

Ella es, al paso del tiempo, la alumna más destacada de los cinco jóvenes que en los años setenta formó el doctor Pierre Bernard Lafont, el rígido maestro que pedía explicaciones a su trabajo tan pronto llegaba procedente de Oaxaca.

Su obra se extiende a través de publicaciones en revistas importantes como la de Historia que se edita en París, Francia; la de la UNAM y revistas de otras instituciones educativas de renombre de América Latina; impartió conferencias, cursos y diplomados en México, España, Guatemala, Holanda, Alemania y Francia.

El derecho consuetudinario, la ley del pueblo

“El derecho consuetudinario o la costumbre jurídica o la ley del pueblo, como la llaman los pueblos indígenas de Oaxaca son las normas que tienen la finalidad de asegurar la cohesión de un grupo étnico, en otras palabras, las que permiten su supervivencia como sociedad. La costumbre es el reflejo de los hábitos y de la orientación social, también a veces se conforma por el papel que ha representado y que no puede ser ignorado. En defensa de las normas que todavía subsisten, puedo decir que, tanto desde el punto de vista moral como el familiar, son derecho válido, si se tiene en cuenta su gran repercusión dentro de la sociedad en la cual se aplica.

“¿Cómo lograr una compatibilidad entre las normas e instituciones derivadas de la tradición y costumbres de los pueblos indígenas y la adecuación de los sistemas jurídicos, nacional y local, problema de fondo que enfrenta la reglamentación del artículo IV Constitucional?

Primero, antes de legislar, se debe tener el mejor conocimiento de las costumbres jurídicas de los pueblos con fuentes seguras para la reglamentación de los derechos de los indígenas mexicanos, fundada en el respeto a su identidad étnica y tradición cultural, el desarrollo social, el derecho a la salud, a la educación, a la preservación de sus artes, de su medicina tradicional, del desarrollo económico en donde entran en juego sus recursos naturales y que ellos tomen parte en estos proyectos y que se respeten sus tierras comunales, también tomar en  cuenta sus sistemas normativo. En pocas palabras, lo que reclaman estos pueblos indígenas es el respeto que para el indígena simboliza la autonomía y que permita a los indígenas un mejor acceso a la justicia y al estado de Derecho, por eso considero que esto puede ayudar”.

En mayo de 1996 y luego de pedir permiso a la Sorbona, se presentó como asesora jurídica del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a invitación del Subcomandante Marcos; participó en los Diálogos de San Andrés Larráinzar con la ponencia “La Justicia Indígena en una Sociedad Pluricultural: el caso de Oaxaca y autoridades tradicionales”, en la mesa Democracia y Justicia.

Carmen Cordero sostenía que los pueblos indígenas no están pidiendo la soberanía, están pidiendo respeto. Oficialmente, México es un país pluriétnico y pluricultural, lo que origina la necesidad de reformas para establecer relaciones justas, dignas y de respeto entre la nación y las comunidades indígenas, cosa que no se hizo en la independencia.

Mi agradecimiento

Carmen Cordero Avendaño me regaló varias tardes de su vida en Oaxaca, no salió a caminar como es su costumbre, se quedó para guiarme paso a paso en un interesante e instructivo recorrido por su vida, para enseñarme sus libros, sus fotografías, sus recortes de periódicos bien ordenados y archivados, sus grabaciones y videos; lo tiene todo, lo mismo aquí que en su casa de París; tardes enteras sentada, impecable, siempre vestida de blanco, su larga trenza le cae sobre el hombro izquierdo, me lee parte de sus libros, lee lo que ha descubierto en el periódico, lee su pasado, su vida fructífera. 

En la mañana de un sábado, durante la última entrevista para complementar el trabajo para el libro Mujeres de Oaxaca  realizada la primavera de 2014, la casa tiene otro un aire distinto, hay maletas preparadas para un nuevo viaje a París; camina de un lado a otro intentando no olvidar nada, una cierta nostalgia anticipada se dibuja en su rostro que se borra cuando recuerda de pronto y lo dice en voz alta porque está feliz, no puede negarlo, le han dado una buena noticia, su libro El derecho Consuetudinario, volverá a ser editado por la UNAM, institución a la que un día, piensa, le donará su biblioteca.

Carmen Cordero promete volver a Oaxaca en otoño, Oaxaca la estará esperando, como siempre. Este 2026 su partida fue definitiva, pero aquí se quedó. Aquí estará.

SEM/sj

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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