Cubanas: Yuleidys González Estrada, «no se puede ser feminista de gabinete»

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  • Mi feminismo no cabe en moldes estrecho
  • Un gran desafío aprender la historia y el pensamiento de las mujeres que precedieron

Lisandra Fariñas
SemMéxico/SEMlac, La Habana, 2 de febrero 2026.- No hay teoría sin práctica. Esa podría ser la brújula que guía el pensamiento y la acción de la doctora en Ciencias Filosóficas Yuleidys González Estrada. No es de extrañar entonces que al definirse a sí misma escoja dos adjetivos: cubana y feminista.


Yula, como la llaman cariñosamente colegas y estudiantes, asegura, sin embargo, que es una feminista indisciplinada, porque su feminismo no cabe en moldes estrechos: es marxista, comunitario, negro y profundamente arraigado en el deseo de decolonizar la cultura y romper las lógicas de dominación que persisten.


«No se puede ser feminista de gabinete», sostiene la entrevistada, para quien el feminismo es, además, una actitud; un camino que implica una transformación radical en la vida con la cual hay que ser consecuente. En su caso, ha incidido en el modo en que ejerce su labor como docente y en las iniciativas que gesta.


Esta mujer, amante y defensora de su Bayamo natal, -ciudad a casi 700 kilómetros de La Habana, en el oriente del país-; así como de la Universidad de Granma, donde se formó como licenciada en Estudios Socioculturales; trabaja hoy en el departamento de Bienestar Universitario de la Universidad de Ciencias Informáticas, en la capital cubana, donde da vida a varios proyectos.


Preocupaciones como la descolonización cultural o la necesidad de desmontar la lógica centro-periferia, que margina a provincias, a personas y a saberes no hegemónicos, afloran en su conversación con SEMlac.


La también profesora comparte lo que considera un gran desafío para la educación superior en Cuba y el movimiento feminista cubano: aprender la historia y el pensamiento de las mujeres que precedieron, cómo afrontaron sus luchas y apropiarse de ello como herramienta de transformación de la realidad.


«Nos lo debemos, aunque ya se han hecho esfuerzos, libros sobre el pensamiento de mujeres feministas (…). No solo de las feministas contemporáneas, de las feministas anteriores y de los aportes que han hecho a este país, América Latina y al mundo. No para tenerlas como figura decorativa, sino para incorporarlas», sostiene.


Un antes y un después


González Estrada rememora que el encuentro con la filosofía, primero como parte de varias asignaturas de la carrera que estudió, y luego como especialidad en la que decidió realizar sus estudios de doctorado en la Universidad de La Habana (2006-2014); marcaron un antes y un después para ella.


«Me enamoré de la filosofía», confiesa González Estrada y añade que muy pronto entendió que ese era su futuro, pues le abrió puertas a otros paradigmas, le permitió ver el horizonte de colores múltiples e incorporar perspectivas diferentes.
De la mano de estos estudios llegó a los talleres de paradigmas emancipatorios, en el Instituto de Filosofía; al feminismo y a vivir experiencias como las que tuvo durante su paso por el Departamento Ecuménico de Investigaciones de Costa Rica (2016), que radicalizaron su pensamiento.


El proyecto «La cuarta Lucía», con el tercer año de la carrera de Estudios Socioculturales de la Universidad de Granma, fue quizá el espacio donde se articularon todos estos saberes e inquietudes.


Nacido como una iniciativa extensionista de animación sociocultural para la residencia estudiantil de la facultad, se diseñó vinculado al patrimonio cultural y en particular al patrimonio audiovisual cubano.


El propósito, sin embargo, se fue perfilando mejor con el tiempo, hasta convertirse en un espacio para educar en torno a la no violencia contra las mujeres y las niñas y derivar en una plataforma feminista de promoción sociocultural.


La filósofa señala que para el nombre se inspiró en el filme de Humberto Solás llamado Lucía, específicamente en la niña que aparece en la escena final y que en su opinión representa a la nueva generación.


«La cuarta Lucía» era justamente un proyecto dedicado a formar la nueva generación de mujeres cubanas, un objetivo que en su opinión se cumplió.
Las alianzas establecidas en esa etapa, la participación en los talleres de paradigmas emancipatorios y las ideas compartidas, hicieron crecer a quienes se unieron en ese empeño donde un aspecto fundamental fue siempre la descolonización cultural.


Para González Estrada, este ha sido en todo momento un objetivo clave dentro de su pensamiento y, por tanto, dentro de sus acciones, al considerarlo un paso imprescindible para cualquier proceso emancipador.


Una revolución que no se profundiza es una revolución que se pierde, subraya, y agrega que la descolonización cultural es compleja, por el choque que se produce entre la cultura del individuo: entendida como su identidad, tradiciones, saberes…, y las nuevas ideas.


La lucha contra el racismo y contra todo tipo de discriminación, incluida la que se experimenta por la identidad territorial, fundamentalmente en el caso de los cubanos que provienen de los territorios del oriente del país, forman parte de esa descolonización cultural que González Estrada considera imprescindible.


«Si la dominación es múltiple, la lucha por la emancipación también tiene que ser de amplio espectro. De lo contrario, no logra hacer un cambio radical», enfatiza.


El reto es hacer para transformar


Precisamente, transformar la realidad y superar los esquemas de dominación que persisten ha sido un eje dentro de su labor, ahora desde la capital, hacia donde emigró hace dos años en un proceso que la «rompió» por completo y dentro del cual actualmente se siente en una fase de «reconstrucción».


En su actual departamento de la Universidad de las Ciencias Informáticas no busca reinventar «La cuarta Lucía», sino que se entrega a nuevos empeños, como un proyecto dedicado a la alfabetización digital de mujeres y de personas adultas mayores en general.


«En medio de tantos cambios, de tanta política de transformación digital, es necesario que se piense en las personas adultas mayores, porque los cambios que se han impulsado en ese sentido no están pensados para ellas. Es aun una política pensada para quienes tienen habilidades digitales», sostiene.


Inspirada por la experiencia de su madre en este ámbito, la idea ha ido creciendo y hoy avanza como proyecto conjunto con la Universidad Tecnológica de Madrid, con la intención de brindar alfabetización digital desde cero a personas en situación de vulnerabilidad, pero especialmente a personas adultas mayores.


«Hay que mirar no sólo a las mujeres adultas mayores, sino la adultez mayor en sentido general», subraya y explica que es preciso dejar de atrás el punto de vista asistencialista, pues son personas que tienen sabiduría, capacidades, habilidades, potencialidades.


González Estrada opina que la realización de actividades extracurriculares que impulsen la verdadera transformación social y la lucha contra todas las formas de discriminación es todavía una deuda del sistema de Educación Superior.


Coloca como ejemplo el currículo de género, que ha fructificado en algunas universidades y carreras donde se han incorporado estos temas de manera coherente en los planes de estudio; no obstante, el componente extracurricular es necesario y eso no ocurre del mismo modo.


«Lo más frecuente es que se hagan tareas de impacto», pero eso no genera transformación, precisa y apunta que intervenir en una comunidad no es el camino, pues generalmente se detiene el cambio cuando para la intervención; tiene que ser un proceso endógeno.


A su juicio, los desafíos en torno a estos asuntos trascienden el ámbito de la formación profesional y se insertan en la agenda de cualquier movimiento de mujeres que exista país.


Considera necesario seguir generalizando la experiencia de asesoría feminista a los gobiernos municipales, para la toma de decisiones con más justicia y equidad. En ese camino, concede especial importancia a lo que llama romper «la lógica centro-periferia, que ha funcionado desde que existen clases sociales, desde que existe dominio de unas personas sobre otras».


Añade que ese arraigo no se soluciona sólo con descentralizar el poder, un paso que a la vez es imprescindible en lo que respecta a los gobiernos municipales y provinciales, para que puedan tomar sus propias decisiones.


Para sobreponerse a estas lógicas, de forma general, se necesita educar, insiste; pero una educación no solamente formal, institucional, sino que comience desde el hogar, las relaciones de pareja, los vínculos familiares, para formar personas con conciencia de lucha contra todas las discriminaciones.


En un momento como este, donde hay una crisis múltiple, esta lógica centro-periferia profundiza la crisis, la hace más aguda en unos espacios que en otros, en unas personas que en otras, y por ello es vital asumir la necesidad de transformarla, reflexiona.


Mencionó que este fenómeno se evidencia desde la forma en que se percibe La Habana con respecto al resto del país, o las capitales provinciales con relación a los municipios; hasta en los lugares que reciben más afectaciones del servicio eléctrico, porque están menos industrializados.


«Lograr salir de la crisis implica transformar esas lógicas para poder tomar decisiones más equitativas», explica y recuerda que no se pueden dar las mismas cosas a personas que tienen necesidades distintas.


González Estrada asegura que tiene muchos retos y cosas por hacer. Mucho más cuando piensa en la Cuba que sueña, esa donde los jóvenes no tengan que emigrar y donde ella pueda regresar a Bayamo y tener las condiciones para realizar su proyecto de vida.


En su criterio, el macroproyecto de país debe ser más que una sumatoria de todos los proyectos, su articulación.


«Como feminista, como marxista, como negra, como espiritista, todos esos elementos que conforman mi identidad me dicen a mí constantemente que en ese pequeño espacio donde yo esté, tengo que tratar siempre de hacer», dice.

SEM-SEMlac/lf

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