Irán: quitarse el velo

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 Yassamine Mather *. Sin permiso

SemMéxico/La Independent, Barcelona, Cataluña,4 de enero, 2026.- En Irán contemporáneo, se está haciendo un cambio social paulatino pero significativo, donde las mujeres juegan un papel importante. En las universidades, entornos deportivos y espacios públicos cotidianos, muchas mujeres siguen probando y empujando los límites establecidos por el estado teocrático. Sus acciones reflejan una dinámica compleja, en la que la aspiración intelectual, la determinación física y las formas de desobediencia civil se entrecruzan. Como en décadas anteriores, el conflicto muestra las profundas fracturas en la sociedad iraní y el estado.

Se podría argumentar que un factor importante para lograr ese cambio es la educación. En las universidades de todo Irán, las mujeres no sólo participan, sino que se están convirtiendo cada vez más en una fuerza importante. Hoy en día constituyen alrededor del 60% de todos los estudiantes universitarios, una cifra sorprendente que significa un importante cambio demográfico en la educación superior. Su ambición se extiende a las materias académicas más exigentes, y las mujeres en Irán representan un notable 70% de graduados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (comparando la proporción es inferior a los 37% en Estados Unidos y casi el 40% en Reino Unido). La alfabetización en Irán es aproximadamente del 99% para mujeres jóvenes.

A medida que las mujeres adquieren educación y confianza, desarrollan formas de poder social que desafían a las estructuras existentes. Hoy en día, las mujeres iraníes trabajan en ingeniería, medicina y tecnología, pero siguen sujetas a reglas sociales restrictivas que limitan su autonomía. La tensión entre sus vidas profesionales modernas y las expectativas impuestas por el estado se ha convertido en un factor importante que está detrás de las formas actuales de resistencia.

Desafío

A principios de diciembre, casi 2.000 mujeres participaron en un maratón en la isla Kish, y muchas corrieron sin el hiyab obligatorio. Fue un acto público de desafío colectivo, y el estado, impotente para detener el maratón, reaccionó deteniendo a dos de los principales organizadores después de que el evento hubiera tenido lugar.

Mientras, el canto femenino en público está oficialmente prohibido, sin embargo, una cantante, Parastoo Ahmadi , transmitió en vivo un concierto, donde actuó sin un hiyab y con una banda exclusivamente masculina, rompiendo dos tabúes importantes simultáneamente. Fue arrestada y después liberada bajo fianza. La asociación nacional oficial de músicos la condenó públicamente, pero el vídeo de su actuación se ha vuelto viral.

Más allá de estos incidentes que ocupan los titulares, la resistencia cotidiana se ha vuelto normal, especialmente en ciudades como Teherán. Muchas mujeres, especialmente la “generación Z”, caminan por las calles, se sientan en cafés y viajan al metro sin pañuelos en la cabeza. Esta desobediencia civil en curso, que comenzó tras las protestas del 2022 tras la muerte de Mahsa Amini , ya ha obligado al estado a repensar cómo responde, con presión general y castigos específicos.

Enfrentado por un movimiento cultural descentralizado, el régimen iraní ha pasado de dirigirse a mujeres individuales a aplicar presión indirecta. Una nueva táctica clave es el castigo contra las empresas. A menudo, los cafés y restaurantes que sirven a mujeres sin pañuelo son aplastadas, cerradas y selladas por la “policía de la moralidad” y se enfrentan a multas de 3.000 dólares o más, una suma significativa, dada la tensa economía de Irán.

Asimismo, surgió una importante división política dentro del régimen. El presidente reformista Masoud Pezeshkian se ha negado abiertamente a aprobar un nuevo y duro proyecto de ley de «Castidad e hiyab, diciendo que «la gente tiene derecho a elegir». También ha advertido que la aplicación estricta desencadenaría una ira generalizada. Pero la línea dura en el poder judicial, liderada por el presidente del Tribunal Supremo Gholamhosein persigan, detengan y supriman lo que llaman “grupos organizados que promueven la inmoralidad y no llevan velo”. Este choque en la alta esfera política/estamentos políticos ha creado un patrón caótico y desigual de aplicación en todo el país.

La lucha actual de Irán por la ropa de vestir femenina es parte de una larga historia de reglas impuestas por el estado: durante la era Pahlavi a finales de la década de 1930, Reza Shah prohibió el velo en público como parte de su programa de modernización de arriba abajo. Muchas personas se indignaron profundamente por esa prohibición del velo. Por el contrario, tras llegar al poder en 1979, las fuerzas religiosas de la recién creada República Islámica se movieron para hacer cumplir la obligación del hiyab y, una vez que habían consolidado su autoridad, hicieron obligatorio para las mujeres cubrirse la cabeza. Las regulaciones oficiales establecen multas – y latigazos – para las mujeres acusadas de mostrar su cabello.

Sin embargo, en los últimos tres años, la situación legal se ha vuelto menos clara. Los sucesivos gobiernos han hecho la vista gorda cada vez más a las opciones de vestimenta de las mujeres. En el 2024, las instituciones de línea dura aprobaron una nueva ley de hiyab, imponiendo fuertes multas y posibles sentencias de prisión, pero el Consejo Supremo de Seguridad Nacional la suspendió porque temía que desencadenara nuevas protestas. Como resultado, Irán se encuentra ahora en un limbo legal: la antigua ley sigue vigente, pero su aplicación es inconsistente, porque los funcionarios están divididos y preocupados por una reacción pública.

Además de las presiones externas, Irán se enfrenta a una profunda y creciente contradicción interna. Por un lado, existen millones de mujeres educadas y decididas, que buscan libertades personales básicas. Al otro lado existe un estado dividido, que intenta defender un elemento central de su ideología, el hiyab obligatorio, mediante medidas indirectas y económicamente punitivas en lugar de una confrontación abierta.

Esta tensión está ocurriendo en medio de una incertidumbre más amplia, intensificada por la amenaza de conflicto y la posibilidad de ataques aéreos por parte de Israel o Estados Unidos. En este entorno, la disputa sobre el hiyab se ha convertido en una cuestión clave en la lucha más amplia sobre la dirección política de Irán, entre un estado que intenta mantener su visión de «pureza islámica» y una nueva generación que afirma las demandas de autonomía, dignidad y elección.

Derechos humanos

La carrera femenina y feminista de Kish tuvo lugar el 10 de diciembre, el Día de los Derechos Humanos de la ONU, que conmemora la adopción en 1948 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (UDHR). Cada año, ese día, una plétora de activistas iraníes por los derechos humanos, incluidas nuestras dos ganadoras del Premio Nobel de la Paz ( Shirin Ebadi , 2003; y Narges Mohammadi , en 2023), expresan su preocupación por los derechos humanos y presentan soluciones para el “cambio de régimen” en I.

Lo que ambas no reconocen es que sus llamamientos a la intervención extranjera, ya sea por parte de Estados Unidos, Israel o Naciones Unidas, no protegen al pueblo iraní de los abusos de los derechos humanos de la República Islámica. Sin embargo, estas apelaciones corren el riesgo de abrir la puerta a violaciones aún más graves, acompañadas de la humillación de la dominación extranjera o la devastación de un conflicto interno prolongado. Durante décadas, incluso antes de la era Trump, el discurso de derechos humanos de Occidente estuvo moldeado por un marco liberal-burgués que limitaba su alcance. Sin embargo, en los últimos años, especialmente desde el comienzo del genocidio en Gaza y la descarada promoción de políticas de extrema derecha por parte de Trump, la idea de que las potencias occidentales apoyan realmente los derechos humanos no puede creerse en serio.

La ganadora del Premio Nobel de la Paz de 2003, Shirin Ebadi, ha pedido abiertamente la intervención militar de Estados Unidos (como la laureada venezolana, que ha estado haciendo exactamente lo mismo). Su compañera ganadora del Nobel, Narges Mohammadi, pide una transición a una democracia laica mediante un referendo supervisado por la ONU. Sin embargo, este enfoque se basa en el propio sistema internacional que ha apoyado repetidamente golpes, sanciones y guerras, a menudo contra los propios movimientos democráticos.

Este sistema global no es defensor neutral de los derechos humanos. Sirve a los intereses de poderosos estados imperialistas, sobre todo Estados Unidos, que han impuesto sanciones devastadoras a Irán y han librado guerras en toda la región. Los llamamientos a este sistema de solidaridad pasan por alto su papel en la creación de inestabilidad y el apoyo a los gobiernos autoritarios.

Durante el pasado año, bajo la administración de Donald Trump , incluso la pretensión de defender los derechos humanos liberales ha desaparecido, ya que el presidente y su gabinete promueven abiertamente el nacionalismo de extrema derecha. En un discurso reciente, Trump describió a Europa como una “civilización en decadencia” y advirtió de un “borrado civilizador”, retórica extraída de narrativas nacionalistas blancas que retratan la migración (implícitamente de regiones no blancas) como una amenaza existencial. Trump, enmarca la migración, provocada por la guerra y la explotación del sur global, como un síntoma de la «debilidad» europea, se hace eco de los estereotipos racializados y reforzando el lenguaje utilizado para justificar la exclusión, la militarización de las fronteras y el nacionalismo xenófobo. Aunque no siempre es explícitamente racista, este lenguaje se basa claramente en temas racializados. En estas circunstancias, es difícil sostener cualquier ilusión sobre un orden mundial dominado por Estados Unidos.

El derecho internacional, por supuesto, siempre se ha aplicado de forma selectiva. El Consejo de Seguridad de la ONU está paralizado por las potencias con veto; los principales estados ignoran la Corte Internacional de Justicia; los ataques con drones y las operaciones encubiertas violan la soberanía con impunidad. Pedir soluciones lideradas por la ONU a menudo parece olvidar cómo funciona este sistema.

Muchos activistas de derechos humanos iraníes prominentes, y menos conocidos, han permanecido en silencio sobre el genocidio en Gaza. Algunos dependen de la financiación vinculada a las redes pro-sionistas republicanas o demócratas de Estados Unidos; otros temen poner en peligro el apoyo futuro. El ensayo de Mohammadi en Time no conecta la represión interna de Irán con el papel regional o con el genocidio en curso en Gaza. El conflicto entre Irán e Israel no es simétrico: se desarrolla en un contexto colonialista de asentamientos apoyado por las potencias occidentales. La República Islámica explota la causa palestina para la legitimidad interna, mientras que el discurso liberal a menudo trata a ambas cuestiones como no relacionadas. Una perspectiva antiimperialista debe situar este contexto en el centro.

Retórica

Mohammadi parece no estar dispuesto o es incapaz de reconocer cómo la República Islámica utiliza la retórica antisionista y antioccidenal para oscurecer su propia represión. El estado apoya a las milicias regionales, mientras suprime las izquierdas, los opositores laicos y los movimientos estudiantiles. Esto no es antiimperialismo, sino geopolítica reaccionaria.

Su llamada de ayuda a la «comunidad internacional» es el elemento más cargado políticamente de su ensayo en Time. En la práctica, esta frase generalmente se refiere a los gobiernos e instituciones occidentales que priorizan los intereses estratégicos (petróleo, seguridad e influencia regional) sobre la democracia o los derechos humanos. Estos mismos actores pasan por alto rutinariamente los abusos de sus aliados, mientras despliegan el lenguaje de los derechos humanos para justificar sanciones e intervenciones que perjudican a la gente común. Algunos a la izquierda iraní se han convertido en animadores de nuestros “activistas de derechos humanos”, olvidando que una posición genuinamente radical rechaza la falsa elección entre la República Islámica y el imperialismo occidental. Sin duda, debemos apoyar la lucha del pueblo iraní contra la represión y un sistema basado en el apartheid de género y la violencia estatal. Sin embargo, también debemos apoyar a los palestinos que resisten el genocidio ya todos los pueblos que se oponen a la dominación imperialista.

Esta solidaridad no puede depender de las apelaciones en el orden internacional existente. Debe estar arraigada en una lucha revolucionaria desde abajo, entendiendo que la liberación verdadera proviene del desmantelamiento de las estructuras globales del imperialismo, el capitalismo y la violencia estatal que sostienen la opresión, en Irán, Israel y Estados Unidos por igual.

El objetivo no es reformar un sistema mundial roto, sino trascenderlo.

Yassamine Mather es una socialista iraní exiliada en Reino Unido, profesora de la Universidad de Glasgow y Directora de la Campaña “Fuera las manos del Pueblo de Irán” (HOPI). Traducción:Enrique García

Irán: Detención de mujeres organizadoras de un maratón sin velo

El Poder Judicial arrestó a dos responsables del evento tras difundirse imágenes de corredoras sin hiyab. Se desató una fuerte respuesta de las autoridades en medio del creciente relajamiento social respecto a las normas de vestimenta.

Las autoridades iraníes detuvieron un  sábado de diciembre a las dos principales organizadoras del maratón realizado en la isla de Kish, después de que circularan imágenes de mujeres corriendo sin velo, algo que reavivó el debate sobre las estrictas normas de vestimenta impuestas en Irán desde la R. entre los arrestados hay un funcionario de la zona franca.

El maratón, que reunió a más de cinco mil participantes en esta zona turística del Golfo Pérsico, incluía varias categorías destinadas exclusivamente a mujeres. Fue en estas competencias donde numerosas corredoras aparecieron sin cubrirse la cabeza, en violación abierta de la normativa que obliga al uso del hiyab en público. Las imágenes difundidas en las redes sociales fueron el detonante para la reacción judicial. El fiscal de Kish, Ali Salemizadeh , aseguró que los organizadores desatendieron advertencias previas y «no respetaron las leyes y principios religiosos, sociales y profesionales» durante la realización del maratón. El funcionario afirmó que el episodio “dañó la moral pública” y anunció que se aplicarán medidas “firmes, disuasorias y sin indulgencia”, reforzando la postura oficial ante lo que consideran una vulneración de las normas islámicas.

La agencia Tasnim también criticó «la ausencia de supervisión» y el incumplimiento generalizado del código de vestimenta. Sin embargo, este tipo de situaciones se multiplica en las calles iraníes, donde la obligación del velo es cada vez menos respetada. Desde la llegada del presidente reformista Masud Pezeshkian , el Estado ha disminuido considerablemente los controles y sanciones contra las mujeres que no usen hiyab, lo que ha permitido una mayor presencia de cabellos descubiertos, faldas y prendas consideradas inadecuadas por la línea conservadora.

Este cambio cultural ha enfurecido a sectores del clero y dirigentes conservadores, que advierten que la relajación de las normas “fomenta la desnudez” y favorece la influencia occidental. Las tensiones entre la apertura social y las posturas más rígidas del establishment religioso siguen creciendo, y la detención de los organizadores del maratón de Kish se convierte en un nuevo episodio de una disputa que sigue marcando el pulso político y social en Irán.

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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A partir de este domingo 2 de marzo ofrecemos: una retrospectiva, a 50 años de la primera conferencia mundial de la mujer que se celebró en México, de los 30 años de la IV Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing 1995 y todo lo que sucede y está sucediendo alrededor del 8M.


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