Las hordas, la ignorancia, la izquierda quiebra, la democracia y el caso chileno

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Fabiola Llanos

SemMéxico/La Independen, Barcelona, Cataluña, 4 de enero, 2026.- Este 14 de diciembre Chile ha perdido contra el fascismo y quienes hoy se consideran el bloque político de los “perdedores”, tienen la convicción de que la gente se equivocó. Como si el resultado, producto de un 58% de quienes votaron el pasado domingo, no sea también una clara señal de que la izquierda y sus aliados se han equivocado y que hay que reflexionar y no culpabilizar al personal que escogió motivado por el odio y la ignorancia generada por el  savoir faire  de la ultraderecha y el fascismo moderno. Esta respuesta, más bien emocional, es muy cómoda. Inútil, sin embargo.

Y no. No existe ninguna equivocación. Si lo dejas, Chile es así: un país profundamente desigual, injusto y machista. Es el fruto deseado de una dictadura sangrienta y opresora como cualquier otra y de una transición continuista de la desmemoria oportunista, de las desigualdades y de la injusticia social: de la ley del más fuerte impuesta por el neoliberalismo. 

Se ha elegido a un Kast de genealogía nazi y de ultraderecha populista incapaz de dar gobernabilidad a este país, porque la derecha en Chile es un bloque fragmentado donde esta derecha radical de botes y odiadores a sueldo ha logrado desplazar a una derecha democrática. Esto supone el riesgo de gobiernos más autoritarios por víctimas que son -como siempre- las que no se ven: mujeres y niñas y sus derechos sexuales y reproductivos, pueblos originarios, personas con discapacidades, personas LGBT, el medio ambiente, personas migradas o en extrema pobreza, que hoy pueden sobrevivir precariamente gracias al estado.

Las mujeres lo íbamos denunciando desde que tenemos memoria. Individual y colectivamente. Evidenciamos en varias ocasiones las violencias estructurales, especialmente hacia las mujeres pobres, que sostienen a familias y país, aisladas y agotadas. Y a las mujeres nos da mucho miedo la idea de la amenaza del presidente electo y su «estado de emergencia». Esto significará militares y policía en lo público y en asuntos privados. Significa biblias en las que debería haber razonamiento crítico. Significa discursos de odio manifestándose abiertamente, sin vergüenza.

¿Quizás esperábamos que este Chile machista le diera la razón a las mujeres en la consecución de derechos fundamentales para todas las personas? ¿Acaso creía que la derecha y la ultraderecha manipuladora, amante y defensora de torturadores, tiranos, asesinos y ladrones iba a ceder por más tiempo el botín precioso del estado y de los recursos humanos y naturales de un país con cobre, litio, mar y naturaleza?

Fueron ellas, nosotros, las mujeres, quienes dijimos que la educación no llegaba para todas las personas, que una educación de calidad no puede ser un privilegio, que el trabajo precario es incompatible con estudiar y prepararse para tener nuevas y mejores oportunidades, con los cuidados, el ocio y el descanso. Con el acceso a los derechos en general.

¿Por qué el pobre vota ultraderecha?

En Chile el progresismo ataca al ignorante como si fuera un defecto individual y personal y no como la consecuencia de un sistema que acabó con las artes, la filosofía y la ética y con cada espíritu crítico que levantaba voces y puños. Un sistema que premia deshumanizar al otro, con el oligopolio de la (des) información a manos de la derecha conservadora, misógina y envenenada de fundamentalistas.

Es así como -efectivamente- al ignorante le resultó más cómodo el discurso de la derecha mafiosa, una derecha que dentro de su mensaje falaz pero convincente, no humilla a quien considera una «herramienta». Es una derecha que no exige a su votante ni cultura ni espíritu crítico, ni siquiera saber por qué programa de gobierno votará. Una derecha que no le recuerda al ignorante lo que no es porque a la derecha le interesa su inferioridad moral, manipulable y con total ausencia de conciencia de clase. 

Sin herramientas, sin leer un libro, el ignorante ha votado guiado por las mentiras de medios, de botes en las redes sociales y de personajes bufonescos que hoy son cargos electos, comprando la idea de identidad, de pertenencia a algo que creen les pertenece, de sentirse al fin con una opinión respetada por quienes consideran “superiores”. De esta forma, el voto del ignorante cambia el curso y el avance de los derechos que beneficiaban a todos, incluidos ellos. Porque el ignorante le creerá más a quien no le exige leer un libro que a quien le trata como el ignorante que es. A nadie le gusta que le digan “imbécil, estás votando contra tus propios intereses, de clase y de pueblo.”

La alternativa no es combatir la ignorancia con soberbia, porque la derecha sabe capitalizar la invisibilidad del ignorante, fruto de un sistema patriarcal neoliberal que mantuvieron a todos los que gobernaron desde la salida del tirano. La derecha ganó con fábulas, manipulación y miedo porque la izquierda dilapidó su oportunidad o, coma. mínimo, no comunicó sus avances de forma eficaz.

Mentiras ganadoras. La no rebelión y el odio y el miedo para la manipulación

Para manipular a la gente, se necesitan dos cosas. Primero, asustas y después desmoralizas. Un pueblo educado, saludable y confiado es más difícil gobernar. Muchos populistas, sobre todo de extrema derecha, lo saben, porque es casi imposible tener a un pueblo educado y seguro bajo control. Como, por ejemplo, si eres consciente de verdades incontestables como que el 1% de la población en el mundo es propietario del 80% de toda la riqueza y recursos naturales, mientras que una gran parte de ese 99% restante son pobres, sobre todo mujeres y su descendencia, pobre también, que hace falta una redistribución urgente de la riqueza, un decrecimiento de la riqueza, un decrecimiento.

En lugar de aspirar a sociedades con personas curiosas y humildes, la masa se radicaliza. ¿Por qué? Porque sin ese tipo de pensamiento individualista y neoliberal, la autopercepción que las personas tienen sobre sí mismas está muy por encima de lo que realmente se es. Con ese sentimiento equívoco de superioridad pierdes el deseo de aprender y compartir, porque crees que sabes más que el resto, que te mereces más que el resto y la curiosidad la sustituyes por un sesgo de confirmación. Accedes a información que sólo confirma lo que piensas y te relacionas con gente que tiene tus mismas aspiraciones sociales e identitarias. Los grises desaparecen y no ser de pie es ser “comunista” “devorador de niños”. Traidores y traicioneras de la patria.

Consumes así paquetes de axiomas elaborados por los que -casualmente- son los dueños del discurso y el origen del miedo, que deciden los contenidos de los medios de comunicación. Te ceden amorosamente y por tu bienestar una serie de etiquetas con las que puedes nombrar, delimitar tus fronteras mentales con el miedo y el odio como centinelas, atribuyendo a los colectivos usualmente desfavorecidos o víctimas de violencias diversas características negativas y deshumanizantes: “los migrantes son”, “los migrantes son”. Incluso «las mujeres son». Estos son discursos que se necesitan profundo porque apelan a emociones, a lo que no es racional. Interpelan a sentimientos e ideales como “nación”, “mis”. Es el «nosotros» hacia el «vosotros», una alteridad donde la ignorancia y la manipulación que los sistemas de poder y opresión utilizan sistemáticamente, y que hacen que los individuos pierdan su individualidad y pertenezcan a un grupo oscuro que lo desmoviliza y lobotomiza.

Parece increíble que la gente lo tolere, pero se entiende perfectamente cuando nos vamos a la raíz de esta tolerancia: la pobreza memética, heredada de factores sociales históricos y de injusticias, fuera de toda meritocracia, nueva herramienta de opresión y de autoculpa sobre una población desmoralizada sobre una población desmoralizada la suerte les acompañe y que quien está arriba pulse su lealtad ciega.

¿Y qué hacen el centro y la izquierda? Tolerar. Ya lo decía Dostoyevski «La tolerancia llegará a tal nivel que a las personas inteligentes se les impedirá pensar para no ofender a los idiotas». ¿Hemos llegado a ese momento de la historia? Algunos dicen que la humanidad se divide entre buena y mala gente. Pero si es así, hay matices que son indispensables: Puede haber mala gente que sólo busca su propio beneficio y que son lo suficientemente inteligentes para trasladar la culpa de la misma pobreza al pobre: ​​eres pobre porque quieres, porque te lo mereces o porque no te esfuerzas lo suficiente, porque te falta ambición, etc. 

El reverso de la medalla es que también existen quienes son buena gente, capaces de empatizar con otras personas, capaces de sufrir y alegrarse por alguien que no es él o ella misma, pero que hace cosas en contra de su propio beneficio para evitar cualquier tipo de cambio, conflicto o que se generen situaciones que esta persona considere “peligrosas”, como cada lucha en la calle, cada móvil. Éste es el sistema neoliberal. Aquí no campa quien pueda. Ésta es la primera mentira: sólo se salvará quien tenga los medios para hacerlo. Al pobre se le hace creer que los ricos son ricos porque se lo merecen o por su propio esfuerzo. 

Y esto no es así ni de lejos. El 90% de las grandes fortunas son heredadas. De igual modo, las grandes pobrezas. Quien nace en determinadas familias, con el pedigrí económico, social y cultural de las clases dominantes, siempre tendrá todas las posibilidades de avanzar, de equivocarse, de fracasar sin que esto le cueste el techo que cubre su jefe, el capital social y económico con el que volver a empezar o incluso el perdón de las iglesias, por delinque.

En cambio, quienes salen de familias que se han esforzado toda la vida por tener lo poco que pueden llegar a tener, y que pueden perderlo todo en un chasquido del mercado porque en realidad nunca han tenido nada, creen sinceramente que son clase media: una clase media que lucha por no caer en la pobreza y llegar justo donde están los ricos, para gozar del derecho a consumir, a adquirir social. Nunca te dirán que a rico nunca llegarás (al menos no sin delinquir) y que debes luchar por no ser lo que sí puedes llegar a ser: pobre y de clase baja.

La mayoría de la población subsistimos y sobrevivimos. Y el sistema sigue funcionando y es estable (macroeconómicamente) a pesar de nuestro agotamiento general. ¿Por qué no nos rebelamos? ¿Qué nos ata, si no vemos las cadenas?

Ni es el final, ni tampoco es feliz

Mientras más se observa el comportamiento político de las masas, la sensación de que los ricos son los únicos con conciencia de clase se incrementa.

América Latina, comprando el discurso neoliberal xenófobo, aporofóbico y neoliberal de Estados Unidos, está eligiendo a lindos del capital y del neoliberalismo, la algarabía de las derechas miserables que, cuando ya tienen el voto y el estado a disposición, lanzan a la asfixiada clase media a la pobreza. Una clase media que más temprano que tarde se unirá a los pobres enarbolando banderas de unidad, de conciencia de clase, de justicia social, de derechos. Surgirán entonces gobiernos que antes podrían haber sido de izquierda, pero que no llegan al poder con verdaderos programas de izquierda. A entonces pactan. Vienen el alma al demonio ya la vez te vienen la idea de que lucharán para que todas las personas puedan ser ricas, si se esfuerzan. La meritocracia como cortina de humo. ¿Cuántos gobiernos progresistas llegarán con cargas populistas de masas porque la izquierda, la de verdad, no hace los deberes, porque no hace de izquierda?

Todo este sistema pendular de la historia sería menos nefasto si las clases medias y pobres reconocieran lo que realmente somos: elementos manipulables siempre más próximos a ser pobres que a pertenecer a las élites que gobiernan exclusivamente por su propio beneficio, unas clases altas que si necesitan empobrecer a la clase media, lo harán, sin escrúpulos. Y sobre todo, que la clase media no quiere ser clase media. Quiere ser algo que no será nunca y -a la vez- teme ser algo que no es, pero que puede llegar a ser, fácilmente: clase baja.

En definitiva, el triunfo del hijo de migrantes nazis no es una anomalía: es un proceso donde lo que sorprende no es que la centroizquierda pierda pese a trabajar por los derechos de todos, sino que la gente continua votando por miedo, por ignorancia y por costumbre. Una costumbre terca de necesitar sentir la manipulación y la presión del yugo del dueño junto a la esperanza y quimera que algún día tú serás tú el dueño del yugo y de la bota que oprime.

Pese a todo lo anterior, debemos ser conscientes de que las derrotas electorales nunca han anulado la lucha por los derechos. Gobierne quien gobierne, los proyectos políticos de los pueblos no pueden asentarse en cargos políticos ni elecciones, sino en la organización, en la educación y en una presencia en la política con agendas reales y contundentes y no sólo aparecer cada cuatro años. 

Si no, pregúntele a las mujeres. Pregúntele a las feministas.

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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A partir de este domingo 2 de marzo ofrecemos: una retrospectiva, a 50 años de la primera conferencia mundial de la mujer que se celebró en México, de los 30 años de la IV Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing 1995 y todo lo que sucede y está sucediendo alrededor del 8M.


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