- Al cierre de ese año, las cubanas protagonizaron 52,2 % de la migración interna del país
- La mayoría migran se encuentran en edades productivas y reproductivas,
Dixie Edith
SemMéxico/SEMlac, La Habana, 23 de marzo, 2026.- Las mujeres son mayoría en los movimientos migratorios internos en Cuba desde 2020, mientras el índice de masculinidad de esta movilidad desciende progresivamente, hasta alcanzar 917 hombres por cada mil mujeres en 2024, aseveran especialistas del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), de la Universidad de La Habana.
Al cierre de ese año, las cubanas protagonizaron 52,2 por ciento de la migración interna del país, mientras que los hombres representaron 47,8 por ciento, detalla el artículo «Migración interna en Cuba en el período 2019-2024. Continuidad y cambios», publicado Arelis Rosalen Mora Pérez y Antonio Aja Díaz en la revista Novedades en Población.
Ese comportamiento contrasta con el de 2019, cuando la migración interna fue mayormente de hombres, con mil 27 de ellos por cada mil mujeres, revela el texto realizado a partir del análisis de datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei).
En zonas rurales, sin embargo, la presencia masculina sigue siendo mayoritaria con un índice de mil 23 hombres por cada mil mujeres en 2024. Las pérdidas de población femenina, además, son mayores en la región oriental del país.
En la zona occidental, La Habana recibe más mujeres y resulta la provincia con mayor diferencia por sexo entre sus inmigrantes. En el caso de Artemisa, Mayabeque y Matanzas -territorios muy cercanos a la capital-, arriban más hombres, una realidad probablemente relacionada con tratarse de provincias esencialmente agrícolas y ese es un entorno laboral muy masculinizado en la nación caribeña.
También a las provincias orientales de Las Tunas, Holguín, Granma y Guantánamo, todas a más de 600 kilómetros al este de la capital, llegan más hombres que mujeres, precisa el artículo, lo cual confirma que los patrones migratorios tienen motivaciones y destinos diferenciados por sexo.
Históricamente, en América Latina, las mujeres han mostrado una mayor tendencia a migrar principalmente del campo a la ciudad, debido a los tipos de trabajo que suelen desempeñar en zonas urbanas, especialmente en servicios y empleo doméstico, aseveran estudios como «Migración interna y desarrollo en América Latina entre 1980 y 2005», publicado en 2009 por la Comisión Económica para América Latina (Cepal).
Cuba no escapa de realidades como esas. Las desigualdades de género se han comportado con «un marcado patrón geográfico, que se expresa en brechas territoriales en detrimento de la zona oriental de país», argumentaba el informe «Índice de Desigualdad de Género (GII) en Cuba: un enfoque territorial», publicado en 2017. La situación no ha cambiado demasiado y está en el origen de muchos de estos movimientos migratorios.
Los otros diferenciales
En general, el texto advierte que la migración interna en Cuba, entre 2019 y 2024, ha experimentado cambios significativos en su composición por sexo, edad y distribución geográfica, con un impacto directo en la dinámica demográfica del país y en la planificación territorial.
La mayoría de las personas que migran a lo interno de la isla se encuentran en edades productivas y reproductivas, entre 15 y 59 años, lo cual impacta directamente en el comportamiento de la fecundidad y la agudización del envejecimiento en algunos territorios.
En los primeros años del período analizado en el artículo del Cedem, el mayor porcentaje de migrantes correspondía al grupo de 0 a 4 años, lo que supone una movilidad de menores con sus padres; pero, a partir de 2022, estos valores comienzan a descender.
También ha crecido la movilidad de personas mayores, especialmente en provincias como La Habana y Villa Clara, donde más del 21 por ciento de quienes salen tienen más de 60 años.
Las provincias occidentales, en particular La Habana, Artemisa, Mayabeque y Matanzas, concentran las mayores ganancias de población total por migración interna, no de mujeres.
La capital recibió en 2024 más de la tercera parte de los inmigrantes del país, con una tasa de saldo migratorio interno de 9,7 personas por cada 1.000 habitantes en zonas urbanas. Le siguen los territorios fronterizos de Artemisa y Mayabeque, con mayores ganancias en espacios rurales que urbanos, un dato que refuerza como causa la ya citada movilidad de fuerza de trabajo agrícola.
En contraste, las provincias orientales experimentan pérdidas sostenidas. Guantánamo, en el extremo oriental, registró la tasa más negativa, con 8,5 personas menos por cada 1.000 habitantes, seguida por Granma, Santiago de Cuba y Holguín.
Las tasas de saldo migratorio interno en zonas rurales de la región oriental son aún más pronunciadas: Guantánamo pierde 8,7 personas por cada 1.000 habitantes rurales y Granma, 5,9, por solo poner un par de ejemplos.
Un dato interesante es el impacto sobre la migración interna de las restricciones impuestas en 2020 y 2021 a causa de la pandemia de covid-19: el cierre de fronteras interprovinciales provocó una disminución de los desplazamientos entre provincias, pero un aumento de los movimientos dentro de ellas, especialmente en 2021.
Políticas para un fenómeno complejo
El escenario migratorio interno en Cuba no deja de ser complejo. Mora Pérez y Aja Díaz insisten en que se requiere analizarlo, para poder implementar de manera eficiente las políticas públicas y lograr la inclusión del componente migratorio en la toma de decisiones en los territorios.
El estudio también subraya la necesidad de incorporar estos análisis en la implementación de la Política para la Atención a la Dinámica Demográfica, cuyo cuarto objetivo se dirige a atender las causas de la migración interna y externa, mitigar el despoblamiento de municipios y zonas rurales, y facilitar la participación de los cubanos residentes en el exterior en el desarrollo socioeconómico.
Los autores concluyen que la migración interna en Cuba es un fenómeno de larga data y requiere máxima atención, debido a su incidencia en la disponibilidad de población económicamente activa y en los niveles de envejecimiento de cada territorio, a lo que se une la tendencia a la concentración en asentamientos urbanos.
«La problemática continúa radicando en cómo garantizar el derecho de las personas a cambiar de domicilio en armonía con el desarrollo integral de los territorios, lograr el bienestar individual y colectivo, la satisfacción del interés social y el favorecimiento de los derechos», sobre la base de potenciar el desarrollo económico y social, afirman Mora Pérez y Aja Díaz.
SEM-SEMlac/de



https://www.cepal.org
• Portada del sitio de la reunión: 
