Mujeres y Política| ¿Qué esperar de quien protege sus palacios, pero no a las mujeres?

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Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, Oaxaca, 7 de marzo, 2026.- Si las instituciones del Estado protegieran a las mujeres como cuidan sus edificios gubernamentales, templos, bancos, comercios y palacios, en México el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres sería otra cosa.

Sin duda saldríamos a las calles a festejar, una utópica idea, lamento profundamente decir eso, pero sí, es un sueño guajiro, aunque aspiramos con toda nuestra fuerza a que un día suceda.

México no es la excepción, lo cual no justifica a nadie. Y sí, quizá estemos frente a una crisis brutal de la que nos damos cuenta quienes por sororidad o por desgracia estamos paradas en las arenas movedizas de la inexistencia de justicia. México es un país de muchos matices, pero ante todo cicatrices.

Cada conmemoración del 8M o 25N es lo mismo, días antes, los edificios gubernamentales, algunos comercios e instituciones bancarias y templos son cubiertos con bardas metálicas o de madera; en los cuarteles las huestes uniformadas y equipadas se preparan para enfrentar una batalla contra las “peligrosas” mujeres, esas que reclaman por las que no tienen voz, la excesiva impunidad y por múltiples violaciones a sus derechos.

Estos símbolos, las vallas-obstáculos que se colocan en casi todas las ciudades del país y la utilización de la fuerza policiaca, se traducen en realidades lacerantes en la vida cotidiana, se vuelven de carne y hueso cuando cualquier autoridad de alguno de los tres niveles de gobierno revelan lo poco que les importa la vida libre de violencia para las mujeres, guardan silencio, no se meten, incluso les aconsejan no hablar “del tema”.

Detrás de las vallas no hay respuesta, hay sordera, los hechos se tergiversan o minimizan, se aplican estrategias de descalificación, se señala y discrimina, se crean teorías de conspiración y claro se inventan delitos como el “vandalismo” que salió de la boca de un conductor de noticieros de televisión o la palabra grotesca que imprimió un escritor para denostar el feminismo.

Las demandas por los 10 feminicidios que se cometen cada día (en promedio), cuatro mujeres desaparecidas (en promedio) cada día, 90 delitos diarios de abuso sexual, 39 de ellos violaciones sexuales… cifras reales o maquilladas, lo cierto es que en este país nadie puede decir que en su familia eso no pasa, nadie puede ser indiferente a la violencia machista.

Estas y muchas otras violaciones a los derechos humanos son las razones por las que históricamente las mujeres salen de sus casas, empresas, laboratorios, comercios, oficinas, escuelas o universidades y talleres para tomar las calles, como lo hicieron las obreras, las antiesclavistas, las abolicionistas y las sufragistas en el siglo XIX o principios del siglo XX o durante las guerras mundiales cuando las mujeres demandaron la paz y rechazaron producir hijos para la guerra o las feministas a lo largo del siglo pasado, en casi todo el mundo, y ahora en el siglo XXI donde varias generaciones de mujeres tomamos las calles para decir ¡ni una más! O gritar desde adentro por las que ya no están.

Curiosamente Naciones Unidas propone el lema “Derechos. Justicia. Acción. Para TODAS las mujeres y niñas”, acción para derribar todas las barreras que obstaculizan la igualdad en la justicia. Pero en México las barreras son metálicas, son de madera, son policías custodiando, tanto en el palacio nacional, como en buena parte de los edificios públicos de las 32 capitales del país y municipios. La pregunta es ¿cómo se derriban los pensamientos machistas que hay detrás de esas vallas?

En México las barreras que obstaculizan la igualdad en la justicia es un sistema agotado, destartalado, monótono, corroído, pero que sigue respirando en cada rincón del país, un sistema que sigue dando manotazos a la libertad de las mujeres: se llama sistema patriarcal, uno que está compuesto por hombres, pero también por algunas mujeres.

Las jóvenes llaman digna rabia a lo que cada 8M se expresa en las multitudinarias marchas, no es para menos, estamos hablando de varias décadas de violencia feminicida sobre las mujeres de todas las edades, porque no hay retrocesos, la violencia contra las mujeres es cada vez más grave, aunque la oficialidad y la primera presidenta de México, Claudia Sheinbaum sostengan que el feminicidio ha disminuido, en el fondo ella sabe que no es cierto y ella no tiene idea de qué hacer frente al problema.

Un síntoma de la gravedad de la violencia feminicida es la impunidad, la inexistencia de actos de justicia institucional, por eso la marcha del 8M va más allá del reclamo, va más allá de visibilizar el problema, es un acto de justicia social, es la justicia en la voz de las que gritan consignas, es justicia para quienes pintan vallas o rompen vidrios, es la digna rabia presente por las hermanas, las hijas, lass amigas o las madres que la violencia nos arrebató.

Pero en la soledad de los palacios es mejor hablar de conspiraciones feministas de hordas de mujeres insatisfechas, marimachas, desequilibradas, locas y putas, además de izquierda, pero también consevadoras, mujeres que no aman a su país por lo que destruyen edificios, rompen vidrios o queman puertas, mujeres que como dijo Sheinbaum “buscan dañar el palacio nacional y para proteger a las mismas mujeres, evitando que haya una confrontación entre la policía y estos grupos…se ponen las vallas”

De verdad presidenta ¿ese es el objetivo de las vallas? ¿Por qué entonces no ha blindado a las mujeres de la violencia patriarcal? ¿Cómo nos protegemos nosotras de sus decisiones?

No presidenta, las mujeres que salimos a protestar lo hacemos porque estamos cansadas de respuestas como la suya, no sólo por su miedo a que le dañen el palacio, sino por su falta de respuesta para contribuir a resolver ese lacerante problema que no acaba de entender porque seguramente no tiene quien le explique. Debería bajar de su palacio y marchar con las mujeres reales de este país.

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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A partir de este domingo 2 de marzo ofrecemos: una retrospectiva, a 50 años de la primera conferencia mundial de la mujer que se celebró en México, de los 30 años de la IV Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing 1995 y todo lo que sucede y está sucediendo alrededor del 8M.


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