- En la región Laguna de Coahuila, colectivos han documentado un predio de 64 hectáreas con fosas, tambos de incineración y cientos de miles de fragmentos humanos, vinculado a operaciones de Los Zetas para la desaparición y destrucción de cuerpos
Alberto Triana
SemMéxico/El Sol de México, San Pedro de las Colonias, Coahuila, 6 de abril,2026.-.Con el dolor convertido en coraje, Juana Isabel Barraza Cardiel lanzó un mensaje a quienes asesinaron a su hija en lo que colectivos y peritos consideran el campo de exterminio más grande de México: una extensión de 64 hectáreas en la región Laguna de Coahuila, donde, según testimonios recabados en la zona y evidencia pericial, el crimen organizado desmembraba e incineraba a sus víctimas.
“Ojalá y Dios los perdone, no tenían ningún derecho de hacerles todo lo que pasó aquí. Solo sé que, si no lo pagan ahorita, está la justicia divina. Todo se paga y hasta sus familiares la pueden llevar. El dolor es muy fuerte, me entregaron solo un pedazo de mi niña”, expresó la madre, sentada junto a una pequeña cruz adornada con flores que colocó en el lugar donde encontró parte de la columna vertebral, tras más de 15 años y cuatro meses de búsqueda.
El terreno, marcado por la violencia y el silencio, se convirtió en un sitio de duelo, pero también de esperanza para las familias con seres queridos no localizados. Entre tierra removida y restos calcinados, Juana Isabel ubicó lo que quedó de su hija: apenas fragmentos.

Sandra Yadira Puentes Barraza nació el 26 de enero de 1989 en Francisco I. Madero, Coahuila. Vivió su infancia y juventud en Gómez Palacio, Durango; sin embargo, el 26 de noviembre de 2008, a sus 19 años, fue detenida por policías municipales en Torreón y no se supo de ella hasta abril de 2024, cuando su mamá fue informada de que sus restos estaban en el ejido Patrocinio, en San Pedro de las Colonias.
La buscó durante más de 15 años y cuatro meses, un periodo marcado por la incertidumbre y la depresión, y aunque ahora sabe dónde la asesinaron, “su ausencia sigue doliendo igual que el primer día”.
Cuando desapareció, Sandra Yadira tenía dos hijos, de tres y dos años, y trabajaba en una sala de masajes en Gómez Palacio.

Juana Barraza en el sitio donde encontraron algunos restos de su hija Sandra Yadira Puentes Barraza, desaparecida en 2008 por policías municipales / Foto: Alberto Triana / El Sol de la Laguna
Una compañera, Lilia Isela, a quien conocía desde la infancia, le pidió que la acompañara a comprar pantalones de mezclilla a una tienda en Torreón, ubicada detrás del restaurante Steak Palenque, sobre el bulevar Independencia, en la colonia San Isidro. Ambas fueron trasladadas por un taxista, Juan Manuel, amigo de las dos.
Alrededor de las 15:30 horas llegaron tres patrullas; los agentes dijeron que era una “revisión de rutina” y se los llevaron.
Detención, desaparición y señalamientos de colusión
La tenían secuestrada; de acuerdo con lo que la familia pudo reconstruir a partir de llamadas y testimonios, policías municipales la habrían entregado a integrantes de Los Zetas, a quienes identificaban como Los Polizetas.
La depresión la consumió. Juana Isabel dejó de comer, de bañarse y de enviar a la escuela a sus otros hijos.

“Mi mamá tuvo que venir un año a vivir a mi casa para ayudarme con mis otros tres hijos y con los niños de Sandra”.
Fue hasta el 3 de abril de 2024 cuando recibió una llamada de las autoridades para informarle que la habían localizado, con base en la comparación de ADN.
La citaron en la Fiscalía de Personas Desaparecidas Región Laguna, donde también había personal de la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEAV), Silvia Ortiz y Óscar Sánchez Viesca, del Grupo Víctimas por sus Derechos en Acción (VIDA), así como un agente del Ministerio Público.
Ella ya sabía, por lo que le habían advertido integrantes del colectivo, que en ese sitio las víctimas eran desmembradas e incineradas. Pensó que le entregarían un féretro con el cuerpo de su hija, pero no fue así.
Esperaba una caja con el cuerpo completo, pero le entregaron una “urnita” que contenía parte de una vértebra.

“Así hacían con las personas en Patrocinio, por eso no quería encontrarla aquí. Que te entreguen así a un familiar es algo que nunca se va a superar. Aún hay veces que no me la creo”.
Lo que Juana Isabel encontró forma parte de un patrón más amplio documentado en el ejido Patrocinio, un predio de 64 hectáreas que colectivos de búsqueda y peritos han definido como un campo de exterminio. En este lugar se han localizado decenas de fosas clandestinas, tambos metálicos utilizados para incinerar cuerpos y cientos de miles de fragmentos óseos, evidencia de un sistema orientado a la desaparición total de las víctimas.
Aunque para Juana Isabel esa no era la realidad que deseaba, sostiene que Sandra Yadira “está mejor en el cielo” por todo lo que le tocó sufrir a manos de delincuentes que se creyeron dueños de su vida.
En su momento no denunció más por las amenazas, pero nunca dejó de buscarla. Hoy regresa a Patrocinio para que otras familias encuentren a sus seres queridos, así como sus compañeros de Grupo VIDA se la regresaron a ella.
Patrocinio: dimensión de un sitio de exterminio
Un perrito de un chivero guió a integrantes del Grupo Víctimas por sus Derechos en Acción (VIDA) al hallazgo de lo que hoy consideran uno de los mayores sitios de exterminio en México. El predio se localiza en el ejido Patrocinio, en el municipio de San Pedro de las Colonias, Coahuila.

El descubrimiento ocurrió en abril de 2015. Por su extensión —64 hectáreas—, hasta ahora se ha explorado menos de la mitad del terreno. En ese espacio se han localizado cientos de miles de fragmentos humanos, así como evidencia de prácticas sistemáticas de eliminación de cuerpos.
Posteriormente, en la región Laguna de Coahuila se identificaron al menos otros ocho sitios con características similares, donde también, de acuerdo con testimonios recabados por los colectivos, las víctimas eran desmembradas e incineradas. En conjunto, se han documentado 91 tambos utilizados para estos fines, 220 fosas clandestinas —70 en Patrocinio y 150 en San Antonio del Alto— y una estimación de hasta 1.5 toneladas de restos humanos, cifra que podría aumentar conforme avancen las exploraciones.
Un mecanismo orientado a la desaparición total
“Nosotros les llamamos campos de exterminio porque ahí hacían todo para extinguir por completo los restos óseos de las personas que asesinaron. Hemos sabido, por versiones directas, que primero cortaban los cuerpos para meterlos en tambos y quemarlos; pero no conformes con eso, al momento de vaciar los tambos, lo que quedaba calcinado lo golpeaban con palas todavía más para ocultar evidencias”, explicó Silvia Ortiz de Sánchez Viesca, fundadora y vocera del Grupo VIDA.
Este procedimiento, documentado por los colectivos a partir de testimonios y hallazgos en campo, ha dificultado la identificación de las víctimas. La combinación de combustión y fragmentación reduce los restos a tamaños mínimos, lo que complica su análisis.
En las primeras exploraciones, las familias recibieron múltiples pistas que apuntaban a Patrocinio como un sitio de actividad criminal. Acudieron en al menos cinco ocasiones sin resultados positivos.
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Fue hasta una sexta visita cuando se toparon con un pastor que recorría la zona con sus chivas acompañado de un perro. De acuerdo con el relato de integrantes del colectivo, el animal comenzó a escarbar en un punto específico del terreno, donde quedaron al descubierto los primeros restos humanos.
A partir de ese momento comenzaron las búsquedas sistemáticas que permitieron dimensionar la magnitud del sitio.
Escala y acumulación de evidencia
Con el avance de las excavaciones, los colectivos identificaron 91 tambos colocados en fila, en los que —según los testimonios recabados— se incineraban cuerpos durante varias horas.
“El asunto es cuántas veces utilizaron esos tambos; ese es el tema, cuántas víctimas fueron”, señaló Silvia Ortiz.
En coordinación con el Centro Regional de Identificación Humana (CRIH), se han registrado al menos 70 fosas en Patrocinio, además de restos en superficie que han emergido por la erosión del terreno. A ello se suman otros hallazgos documentados por la Fiscalía de Coahuila, cuyo número total no ha sido determinado.

“Son 64 hectáreas y hemos explorado menos de la mitad. Una antropóloga que fue directora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Albertina Ortega Palma, estimó que tardaríamos 20 años en terminar. Ya llevamos 11, pero quienes trabajan actualmente en el CRIH calculan que podrían ser cinco años más; es decir, 25 años”, explicó.
Un corredor de sitios de exterminio
Tras el hallazgo en Patrocinio, en 2016 se localizó un segundo sitio en Santa Elena. Posteriormente se identificaron otros puntos en San Antonio de Gurza, Volcán (antiguo basurero municipal), Venado y Bodega la Rosita en San Pedro, y San Antonio del Alto y San Francisco Aguanaval, en Matamoros, además de Estación Claudio, en el municipio de Viesca.
“San Antonio del Alto y San Francisco Aguanaval fueron los últimos, en 2019. Durante todo este tiempo hemos localizado 27 lugares positivos a restos óseos, de los cuales, esos ocho más el de Patrocinio, podemos considerar campos de exterminio por la cantidad de fosas. En Matamoros me imagino que los ’cocineros’ eran otros porque sí hay mucha diferencia y se nota, porque en Patrocinio es una locura, mientras que en San Antonio del Alto se pueden contabilizar con normalidad, ahí van 150 fosas”.
De fragmentos a toneladas
La magnitud de los hallazgos obligó a cambiar la forma de registro. Inicialmente, los colectivos contabilizaban más de 400 mil fragmentos óseos; sin embargo, ante el volumen y la fragmentación, optaron por medirlos por peso.

“Toda la evidencia está en el CRIH”, indicó Silvia Ortiz.
Actualmente, se estima que el conjunto de restos recuperados en la región alcanza cerca de una tonelada y media. No obstante, la fragmentación impide determinar con precisión a cuántas personas corresponden.
Casos confirmados y reserva de información
Silvia Ortiz señaló que el caso de Sandra Yadira no es el único con resultados positivos en el sitio; sin embargo, por disposiciones legales y respeto a las familias, muchos casos no se hacen públicos.
“Juana Isabel aceptó porque es del colectivo VIDA y quiso que se supiera cómo están las cosas, pero otros confirmados son el de un notario y uno de los arlequines”, dijo en referencia a cinco jóvenes desaparecidos en 2012 en la región.

Disfrazados como arlequines fueron a trabajar a San Pedro de las Colonias, como promotores de la empresa Telcel.
De regreso a Torreón, a bordo de una combi, fueron interceptados por hombres armados. Nada se supo de ellos, uno tenía 15 años. A los 10 días, presuntos secuestradores, se comunicaron con sus familiares para exigir 10 mil pesos por cada uno.
Impacto emocional en las búsquedas
La labor en estos sitios tiene un impacto profundo en quienes participan en las búsquedas. Los integrantes de los colectivos han desarrollado estrategias para sobrellevar el desgaste emocional.
La fundadora del Grupo VIDA, Silvia Ortiz, busca a Silvia Stephanie “Fanny” Sánchez Viesca Ortiz, desaparecida el 5 de noviembre de 2004, en la esquina de la calle 28, entre las avenidas Matamoros y Morelos de Torreón.

Stephanie Sánchez había terminado un entrenamiento de basquetbol e iba para su domicilio. Estudiaba en el Colegio Español. Tenía 16 años.
Testimonios sobre desmembramientos en vida
Óscar Sánchez Viesca, papá de “Fanny” e integrante del Grupo VIDA, ofreció un recorrido al equipo de El Sol de La Laguna durante un operativo de recuperación en Patrocinio. El punto inicial fue una zona donde se localizaron algunas de las primeras fosas clandestinas, con múltiples cuerpos, en ocasiones apilados y aún con esposas.
De acuerdo con su testimonio y con lo que han documentado en campo, un antropólogo que colaboró previamente con el colectivo, Erick Morgan Medina, calculó que la vida útil de cada tambo —es decir, la cantidad de cuerpos que podían ser procesados antes de degradarse— era de tres a cuatro.

Fueron atrocidades. Integrantes del colectivo relataron que de acuerdo con testimonios recabados durante años de búsqueda, algunas víctimas habrían sido desmembradas con sierras cuando todavía estaban vivas. Luego los restos eran introducidos en tambos de 200 litros, con perforaciones para permitir la entrada de oxígeno y mantener el fuego. Los cuerpos permanecían en combustión entre cinco y seis horas.
Habitantes del sector relataron a los colectivos que, durante los años de mayor violencia, era común ver camionetas que transitaban desde temprano por la zona. Ante el temor, muchas familias se resguardaban en sus viviendas para evitar presenciar lo que ocurría.
También refirieron que era frecuente escuchar gritos y percibir olores intensos a quemado, lo que llevó a algunos pobladores a abandonar temporalmente sus casas y suspender actividades agrícolas.
Desde 2015, con el inicio de las búsquedas encabezadas por el Grupo VIDA en coordinación con autoridades, parte de la población regresó y se reactivaron actividades económicas en la zona, principalmente la siembra de trigo, alfalfa, algodón y sorgo.
Rancho Izaguirre cabe más de 60 veces en Patrocinio
Sobre la dimensión del predio, Óscar Sánchez Viesca señaló que la magnitud de Patrocinio suele subestimarse cuando se le compara con otros casos recientes.
Mencionó, por ejemplo, el Rancho Izaguirre, localizado en marzo de 2025 en Teuchitlán, Jalisco, identificado como centro de adiestramiento y sitio de eliminación de cuerpos vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), donde se encontraron indicios de calcinamiento, cientos de prendas de vestir, más de 200 pares de zapatos, mochilas, gorras y carteras, entre otros objetos.
El predio de Patrocinio abarca aproximadamente 64 hectáreas, mientras que el rancho referido comprende cerca de una. La comparación, explicó, permite dimensionar la escala del sitio en Coahuila.

Para el análisis del terreno, se ha recurrido a metodologías propuestas por especialistas en antropología, entre ellos la investigadora Albertina Ortega Palma, exdirectora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, quien participó en la evaluación del lugar.
De acuerdo con los registros de los colectivos, en la zona se han localizado restos que corresponderían no solo a personas originarias de La Laguna, sino también de otras entidades como Michoacán, Nuevo León y Veracruz, además de migrantes centroamericanos y menores de edad.
“Muchas cajas con restos están en resguardo del Centro Regional de Identificación Humana, en Saltillo, esperando que la ciencia avance para poder extraer más ADN y compararlo con las muestras de las familias”, explicó.
Sánchez Viesca señaló que, en su caso, no considera probable que los restos de su hija se encuentren en ese sitio, debido a la temporalidad en la que ocurrió su desaparición.
“No hemos encontrado aquí a mi hija, porque ella fue de mucho antes, en 2004. Aquí lo encontrado es a partir de 2008 (…) porque ellos —los del crimen organizado y según lo que han podido indagar— empezaron a operar desde 2007 y hasta 2012”.
Nahual y Manchas ayudan con su olfato
Durante los operativos en Patrocinio, personal de la Comisión de Búsqueda del Estado y de la Fiscalía de Coahuila incorporó binomios caninos para reforzar las labores de localización.
Se trata de Nahual y Manchas, de las razas Pastor Belga Malinois y Pointer, respectivamente, entrenados para la detección de restos humanos, rastros de combustión y otros indicios asociados a desapariciones.

De acuerdo con personal de la Comisión, ambos ejemplares fueron seleccionados desde cachorros por sus aptitudes —principalmente su respuesta al estímulo de juego— y posteriormente capacitados por instructores nacionales e internacionales.
Los trajeron de Europa. Traen chip, papelería y hasta pasaporte, toda la documentación, explicó uno de los manejadores.
Cuando detectan algo, rascan o se sientan para marcar el punto.
Antes de iniciar las jornadas, los perros son liberados momentáneamente para evitar distracciones durante el rastreo. Son especialistas en detectar diésel, restos humanos y putrefacción.
Nahual y Manchas están certificados, tanto por un instructor de Jalisco como por personal de Estados Unidos. “Les ponen exámenes, al igual que a nosotros”, contó.
Según las autoridades, estos binomios caninos ya han participado en búsquedas en municipios como Torreón y en Saltillo. Ahora lo hacen en San Pedro de las Colonias.
“Este colectivo inicia en enero de 2019, pero ya había andado antes en otros. De hecho, quien descubre Patrocinio soy yo. Estuve un año trabajándolo con el Grupo VIDA, pero me separé. En nuestro colectivo hay de todo Coahuila, de La Laguna son 87 familias de desaparecidos”, contó.

El caso más antiguo es el de su hija, Irma Claribel Lamas López, desaparecida el 13 de agosto de 2008, en Torreón. Tenía 17 años. Se cree que fue víctima de trata de personas.
“Fue enganchada por la sobrina de un exdiputado que aún tiene nexos con la política y esa es la razón de que no hay ni siquiera investigación. Lo truncaron. La vimos por última vez cuando salió de la casa e iba con su amiga a la colonia Joyas del Oriente. Me dijo que, si a los dos días no regresaba, la buscara, porque tenía miedo”.
María de la Luz López coincidió con Silva Ortiz, del Grupo VIDA, sobre los testimonios recabados durante años de búsqueda.
“En 2015, Silvia Ortiz va a la Ciudad de México con los familiares de los 43 de Ayotzinapa, quienes le dijeron que allá hacían búsquedas en basureros y predios. Le propuse hacerlo y así empezamos. Aquí todo apuntaba a Patrocinio, yo fui quien le comentó de ese lugar. Batallamos, fuimos varias veces y no dábamos, hasta que los chiveros, que ya habían regresado a vivir, nos dijeron por dónde, porque sus perros escarbaron y sacaron restos”, recordó María de la Luz.

“Le pregunté a un chivero si ahí hubo cientos de muertos y me dijo que no, que fueron miles y miles, que a diario pasaban las camionetas repletas de personas y que aún con el sol se ponían a calcinarlas, no se esperaban a la noche. Mencionaron que se escuchaban lamentos muy fuertes y feos, la gente gritaba”.
A partir de testimonios indirectos, integrantes de los colectivos reconstruyeron posibles dinámicas internas en la operación de Patrocinio.
María de la Luz López relató que una conocida le compartió el testimonio de una joven que, tras incorporarse como “halcón” para el grupo criminal, habría sido asignada después a tareas de incineración.
“Estaba en la cocina, pensando que les hacía de comer a ‘los malos’, pero resultó que no, que ella también calcinaba a las personas”, relató.
De acuerdo con ese testimonio, las víctimas eran despojadas de sus pertenencias antes de ser procesadas. Años después, durante las búsquedas, los colectivos encontraron objetos —como calzado— que, según señalaron, coinciden con esas versiones.
La confesión de los presuntos Zetas
Integrantes de los colectivos señalaron que, con base en versiones atribuidas a personas detenidas vinculadas con el grupo criminal, se ha podido conocer parte del funcionamiento de estos sitios.

Según estos testimonios de quienes ahora están en varios penales, los tambos eran llenados al máximo con restos humanos, que posteriormente eran comprimidos para introducir más material antes de iniciar el proceso de incineración, contó María de la Luz López.
Las versiones sobre estas actividades, provenientes de testimonios indirectos, indican que existía un alto nivel de impunidad.
Voz que Clama Justicia, al que pertenece María de la Luz, además de los sitios de incineración identificó la Hacienda Santa Anita, también en el municipio de San Pedro de las Colonias, donde —según testimonios recabados— se habrían alojado miembros de la organización tras despojar a una familia del inmueble.
Avances limitados en la identificación
De acuerdo con López Castruita, desde 2015 a la fecha se han logrado identificar 158 personas en fosas clandestinas y sitios relacionados en la región.
La mayoría corresponde a habitantes de La Laguna, aunque también hay casos de personas provenientes de otras entidades, incluso del extranjero.

María de la Luz considera que son pocas las personas que han sido identificadas, considerando la cantidad de restos hallados y la participación del Centro Regional de Identificación Humana.
Pensábamos, ilusamente, que iba a ser más rápidoMaría de la Luz López Castruita, madre buscadora
Un obstáculo, agregó, es que faltan muestras de ADN para comparar. Por ello hace una petición a los familiares de los desaparecidos: “Den sus muestras para poder entregar más restos. Estamos acumulando muchísimo, tanto en la osteoteca como en el Centro Regional de Identificación Humana, pero faltan bastantes”.
El mensaje para su hija es otro.
A la persona que sabe qué le pasó, María de la Luz López Castruita le manda a decir: “Que se le ablande el corazón para que hable y me diga dónde está. No haré nada en su contra, solo le voy a agradecer, aunque ya pasaron todos estos años. Solo quiero una noticia que me pueda llevar a Irma Claribel”.
Descubren restos humanos con 800 años de antigüedad
En el proceso de búsqueda de su hija, López Castruita también participó en un hallazgo que, por sus características, fue considerado de relevancia histórica.
Se trata del descubrimiento de restos humanos con más de 800 años de antigüedad en una cueva ubicada en el ejido Nuevo, en San Pedro de las Colonias. El hallazgo ocurrió el 15 de mayo de 2021 y fue documentado por personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre ellos el arqueólogo Yuri de la Rosa Gutiérrez.
“En el caso de mi hija, alguien me comentó que había una cueva llena de huesos, que había que subir un cerro y que estaba complicado el camino. De hecho, sí batallé para dar con el lugar, fui como tres veces, hasta que di”.

Según su testimonio, tras conocerse su interés en explorar el sitio, personal del INAH le solicitó no ingresar sin acompañamiento especializado. Aun así, gestionó el apoyo necesario para descender, con el respaldo de Bomberos de Saltillo.
“Quería constatar con mis propios ojos, porque yo busco a mi hija”, explicó.
Para acceder a la cueva fue necesario el uso de equipo especializado, como arnés y casco, debido a la profundidad del sitio, estimada en más de 200 metros.
Inicialmente, versiones referían que los restos podrían corresponder a personas recientemente fallecidas; sin embargo, tras los análisis realizados por especialistas, se determinó que se trataba de vestigios de origen prehispánico.
“Eran evidencias de nuestros antepasados. La profundidad de la cueva era de 200 metros o más, y había como mantas antiguas”, indicó.
Muestras de ADN: un proceso clave
Integrantes del Grupo VIDA y del colectivo Voz que Clama Justicia por Personas Desaparecidas detallaron los procedimientos para la toma de muestras genéticas, que son fundamentales para la identificación de restos.
De acuerdo con su explicación, el proceso es sencillo y de corta duración. Consiste en la obtención de pequeñas muestras de sangre mediante una punción en la yema del dedo, similar a las pruebas de glucosa.
“Es un piquetito en el dedo, como el que hacen para las pruebas del azúcar y solo son unas gotas de sangre. Es muy rápido (…) son como 20 minutos”, explicó Silvia Ortiz, del Grupo VIDA.

En el caso de los menores, la muestra puede obtenerse mediante un hisopo bucal, sin generar dolor.
Las muestras son resguardadas por el Centro Regional de Identificación Humana (CRIH), donde se integran a bases de datos para su posterior comparación con perfiles genéticos pueden estar disponibles en un plazo aproximado de tres meses; sin embargo, la identificación depende de que exista coincidencia con muestras de familiares.
Los colectivos reiteraron el llamado a que más personas aporten su ADN, ya que la ausencia de estas referencias limita los procesos de identificación.
La complejidad forense de los restos calcinados
Erick Morgan Medina, antropólogo físico con 27 años de experiencia, explicó que el análisis de restos humanos en contextos como el de Patrocinio representa uno de los mayores desafíos en materia forense.
“Soy un experto en huesos y aplico el conocimiento de la Antropología Física en la resolución de una controversia jurídica, en este caso mediante la identificación humana. Informo si son restos humanos o no, qué edad tienen, de qué época, cuánto tiene de muerto, si es hombre o mujer, señas particulares y más. Todo eso lo tengo que contestar al Ministerio Público”.
Llegó en 2016 y actualmente se desempeña en la Delegación Laguna I de la Fiscalía de Coahuila, en el Servicio Médico Forense (Semefo).
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Morgan Medina participó en las labores de investigación de Patrocinio y otros sitios presuntamente utilizados por Los Zetas para ultimar a sus víctimas. Fue él quien, al percatarse que había millones de partes de huesos calcinados, estableció que era mejor pesarlos que contarlos.
Para el análisis de material genético hay dos laboratorios en Coahuila. El de la Fiscalía General del Estado y el del Centro Regional de Identificación Humana, ambos en el mismo edificio, uno junto al otro, en Saltillo. Su equipamiento costó millones de dólares y mantenerlos “cientos de miles de dólares cada mes”.
En general, explicó el antropólogo, de 20 perfiles con ADN y más datos, solo uno da match, es decir, coincide o es compatible con las muestras aportadas por familiares de desaparecidos en el estado.
En el caso de Patrocinio, donde los restos están carbonizados, el proceso de identificación puede demorar más de un año, explicó.
Regresar a Patrocinio
Juana Isabel Barraza Cardiel continúa regresando al lugar donde localizó parte de los restos de su hija. Su presencia en Patrocinio ya no responde únicamente a la búsqueda individual, sino a una decisión que comparte con otras familias: seguir excavando en un terreno donde la ausencia se mide en fragmentos.
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En el sitio donde encontró una parte de Sandra Yadira colocó una cruz de madera. Dice que planea sustituirla por una más grande, de metal, que represente no solo a su hija, sino a todas las personas que, según colectivos, fueron llevadas a ese lugar.
Según datos oficiales, a nivel nacional hay más de 130 mil registros de personas desaparecidas. De Coahuila son dos mil 960, de los cuales mil 700 son de la región Laguna; la mayoría corresponden a los años 2010 y 2011.
Datos:
+ El perrito de un chivero guió al Grupo VIDA a descubrir en el año 2015 lo que colectivos y peritos consideran como uno de los campos de exterminio más grandes de México, en el ejido Patrocinio, de San Pedro de las Colonias.
+ Mide 64 hectáreas. Los colectivos y autoridades han explorado menos de la mitad el lugar, donde encontraron cientos de miles de restos humanos.
+ Estiman alrededor de 1.5 toneladas de restos humanos localizados en un total de nueve campos de exterminio confirmados en La Laguna de Coahuila. San Antonio del Alto y San Francisco Aguanaval fueron los últimos, en 2019.
+ A Sandra Yadira Puentes Barraza, joven detenida por policías de Torreón el 26 de noviembre de 2008, la hallaron en abril de 2024, en Patrocinio.
+ “En mi país fue por una guerra, en México se matan entre ustedes”, dijo llorando un reportero alemán que acompañó al Grupo VIDA
+ Van 158 personas identificadas en fosas clandestinas y comunes.
+ A diario pasaban camionetas repletas de gente para quemarla. Un chivero relató que no eran decenas, “eran miles y miles”.
+ El Rancho Izaguirre de Teuchitlán, Jalisco, mide una hectárea; el predio Patrocinio, en Coahuila, abarca 64 hectáreas.
+ En Patrocinio como en los otros campos de exterminio en La Laguna han localizado gente de Michoacán, Veracruz, Nuevo León y migrantes centroamericanos.



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