En los 60s, años de amores adolescentes, más platónicos que nada, o de manita sudada, en las vacaciones que siempre pasaba en mi patria chica Arriaga, un poblado situado en la entrada o salida a Chiapas
Observo a esa mujer de labios dulces y corazón acorazado, es atractiva, pero hay algo que le incomoda, porque está allí sin estar por completo, como si en un teclado estuviera escribiendo una narrativa de sí misma como si estuviera sola y rota, con tanta fractura como si entre los intersticios no cupiera el amor.
El viernes se rindió homenaje a la narradora, ensayista y traductora Luisa Josefina Hernández, en el Palacio de Bellas Artes, en reconocimiento a su aportación a la literatura y dramaturgia nacionales.