Alejandro Jiménez
SemMéxico, Cd. de México, 30 de noviembre, 2025.-Si México elevara la participación económica femenina al promedio de la OCDE, el PIB nacional podría aumentar 6.9 billones de pesos para 2035 / Foto: Roberto Hernández/El Sol de México
Hay cifras que deberían cimbrar a cualquier gobierno que presuma estar construyendo prosperidad y sacando a millones de la pobreza. Hoy, 29 millones de mexicanas siguen fuera de la economía remunerada.
Dieciséis punto nueve millones de ellas viven en entidades con bajo desempeño en la medición Estados #ConLupaDeGénero 2025 elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
Diez millones no tienen autonomía económica. Apenas una de cada diez es dueña de su vivienda. Con estos datos, el mensaje del IMCO no podría ser más claro: México está desperdiciando su mayor motor de crecimiento.
La cuarta edición de Estados #ConLupaDeGénero vuelve a poner el dedo en la llaga: ninguna entidad del país garantiza condiciones mínimas para que las mujeres entren, permanezcan y progresen en el mercado laboral. La Ciudad de México encabeza el índice; Oaxaca se desploma al último lugar. Pero el verdadero problema no es la distancia entre estados: es que el piso está parejo… y es bajo.
El diagnóstico del IMCO muestra tres fallas estructurales:
1. Entrada laboral frenada por barreras que no deberían existir.
En estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas, solo tres de cada diez mujeres tiene bachillerato. A eso se suma que siguen siendo las principales cuidadoras: dedican 60 por ciento más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado. Y en entidades como Colima y el Estado de México, la inseguridad condiciona incluso la posibilidad de usar transporte público. Así, ¿cómo competir?
2. Permanencia laboral que se vuelve una hazaña.
La informalidad abruma en el sur del país: más de 75 por ciento de las mujeres trabaja sin seguridad social en Oaxaca y Guerrero. Persisten las brechas salariales —13 por ciento en promedio nacional— y la infraestructura de cuidados es insuficiente: ni el estado con mayor cobertura, Colima, logra atender a la mitad de los niños de 0 a 5 años. Este país obliga a las mujeres a elegir entre trabajar o cuidar, como si la economía no dependiera precisamente de que puedan hacer ambas cosas.
3. Autonomía económica que no llega.
El dato es brutal: en Veracruz, 38 por ciento de las mujeres no tiene ingresos propios. Y menos de una cuarta parte de ellas es propietaria o copropietaria de vivienda en cualquier entidad del país. Incluso el emprendimiento —uno de los caminos más comunes para generar ingresos— está marcado por la informalidad. En Oaxaca, apenas 5 por ciento de los negocios de mujeres son formales.
Frente a este panorama, las propuestas del IMCO no son un listado burocrático: son una ruta mínima para empezar a mover la aguja. Estados con sistemas de cuidados que funcionen; permisos de paternidad ampliados que obliguen a la corresponsabilidad; programas para formalizar negocios encabezados por mujeres. No es complicado. Lo complicado es que los gobiernos estatales sigan ignorándolo.
Porque además hay un argumento que debería convencer incluso a quienes ven la igualdad solo a través de la hoja de cálculo: si México elevara la participación económica femenina al promedio de la OCDE, el PIB nacional podría aumentar 6.9 billones de pesos para 2035. Chiapas podría crecer 21 por ciento solo por incorporar a más mujeres a su fuerza laboral. En promedio, cada estado podría sumar casi 5 por ciento adicional a su economía.
¿Cómo se puede despreciar un motor de crecimiento de ese tamaño? ¿Por qué seguimos diseñando políticas públicas que parten de la suposición de que el trabajo de cuidados no existe o que debe seguir recayendo en ellas? ¿Cuánto más puede sostener este país su economía con la mitad de su población atada a un modelo que les ofrece menos educación, menos ingresos, menos movilidad y menos seguridad?
Respaldar el diagnóstico y la ruta del IMCO es apostar por México. No se trata de un tema de “agenda de género” para cumplir con la corrección política del momento. Se trata de competitividad, de desarrollo, de justicia económica elemental.
Si los gobiernos estatales quieren presumir resultados, deben empezar por lo evidente: ningún plan de crecimiento funciona sin las mujeres al centro. Y México lleva demasiado tiempo pagándolo caro.

Alejandro Jiménez. Periodista con más de tres décadas de experiencia, ocupando siempre puestos editoriales desde columnista de negocios turísticos, redactor de temas de seguridad nacional, Subdirector de Opinión. Cotitular de programas informativos en Radio ABC y Radio Ibero. Coautor del libro «México Armado, Crónica de la Guerrilla en México 1943-1981». Analista de temas de seguridad de la cadena NTN24. Tengo maestría en Administración por la Universidad Iberoamericana. Actualmente soy el Coordinador nacional de Opinión de la Organización Editorial Mexicana. Voy Pumas y disfruto el tenis.



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