Isabel Ortega Morales
SemMéxico, Chilpancingo, 23 de febrero, 2026.- Cuando estamos a punto de conmemorar el 205 aniversario de la Bandera de México, y a unos días del 113 aniversario del Ejército, se levanta este instituto con un operativo que permitió capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, uno de los objetivos prioritarios en el país por considerarlo generador de violencia y por Estados Unidos de Norteamérica como uno de los narcotraficantes más buscados.
Las repercusiones apenas muestran lo que está sucediendo al interior de las distintas células que componen este Cartel, las fumarolas de humo negro producto de la quema de vehículos, así como los ataques a estructuras de gobierno y de la iniciativa privada, apenas son el iceberg de lo que está en juego en estos grupos, el control, el control absoluto, el que como gran trozo de hielo, permanece oculto y su tamaño es peligroso, porque solo muestra el 10 por ciento de lo que es.
El Mencho fue para esos grupos un símbolo, al que obedecieron ciegamente, con lealtad absoluta, rifando su vida por él, y hasta lo imitan tratando de emular lo que para esos grupos es su meta, ser como él.
El Ejército Mexicano se había decolorado en su imagen producto de malas células en todas las esferas, que mancharon la lealtad a la institución y con ello su lealtad al país. Su asociación a la corrupción fue tan fuerte que casi sepulta su gran labor altruista que le reconoce la población. Tan desprestigiada que este año, ni boletín de celebración merecieron.
Nuestro Lábaro Patrio aún ondea, pero no sabemos sobre qué suelo, si un suelo libre, democrático, valeroso, pujante, incluyente, o un suelo manchado por la violencia, sembrado de desapariciones, escarbado por madres buscadoras, mujeres a las que les han negado atención desde la más alta esfera del poder federal.
Una de las definiciones significativas de lo que es patria la brinda Carlos Monsiváis quien señalaba lo siguiente:
“En el imaginario colectivo, la patria suele aparecer como un trazo oficial: banderas que se izan, himnos que se cantan, rituales de exaltación de lo nacional. Es una patria que se mide en plazas, en ceremonias y discursos solemnes.
“La patria concebible es la autobiografía, el contarles a algunos que se ha sido alguien”. “No está solo en los símbolos, sino en el relato de nuestras propias vidas, en los gestos mínimos que nos conectan con los demás, en las memorias que construimos entre risas, dolores y silencios compartidos”.
Este suceso que apenas empieza a aflorar, porque ha estado ahí, casi intacto, nos debe ayudar a replantearnos cuáles símbolos estamos atendiendo, y a que en medio de dos fechas marcadas en el calendario cívico: Día de la Bandera y Día del Ejército, quedó una más, que compró conciencias, lealtades, pero destruyó voluntades y generó en el ideario colectivo una idea que no conduce sino a la destrucción.



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