- Cada vez más de proyectos impulsados por mujeres
Lisandra Fariñas
SemMéxico/ SEMlac, La Habana, 9 de marzo (SEMlac).- El ecosistema de las industrias creativas cubanas se nutre cada vez más de proyectos impulsados por mujeres que demuestran, con sus trayectorias y resultados, que el talento, la capacidad de innovación y el liderazgo no son territorios exclusivos de los hombres.
Así lo evidenció la cuarta edición del WOMEN Festival, una iniciativa que reunió en la Fábrica de Arte Cubano (FAC), los días 6 y 7 de marzo, a varias artistas, gestoras culturales y emprendedoras, para compartir saberes, visibilizar proyectos, fortalecer redes de colaboración entre mujeres y mostrar que muchas de ellas están abriendo caminos donde convergen cultura, empoderamiento y aportes a las comunidades.
Una licenciada en Filosofía que encontró en el cabello afro su propósito; dos creadoras musicales que, en pandemia, convirtieron el crochet en una marca de moda artesanal; la primera modelo de talla grande que abrió camino en las pasarelas y hoy forma nuevas generaciones; una maquilladora que transformó su necesidad personal en un estudio inclusivo; y una madre y una hija que hicieron de las recetas familiares un proyecto gastronómico.
Todas confluyeron en el WOMEN Festival para dialogar sobre los desafíos y estrategias de quienes emprenden en las industrias culturales.
«Cocinar» identidad y tradición
«He emprendido a veces sin tener conciencia de lo que estaba haciendo», confesó Adis Pereira, fundadora junto a su hija Lorena Faccio del proyecto gastronómico «La Lore está cocinando» y conductora del programa televisivo Entre recetas. Ambas condujeron el taller «Más allá de los fogones», un espacio donde dialogaron sobre cocina, memoria familiar y emprendimiento.
Antes de llegar a la gastronomía, Pereira estudió Historia del Arte y fue directora de una galería en su natal Jovellanos, un pueblo de la provincia de Matanzas, a 150 kilómetros de La Habana.
Las necesidades de financiamiento para sostener la galería la llevaron a buscar alternativas, dijo. Inspirada por mujeres de su pueblo que tenían talleres de costura o peluquerías, comenzó a hacer «cosas»: fue vendedora de durofrío, fotógrafa, costurera, bordadora. Llegó a crear un taller de bordado, donde trabajaron siete mujeres.
«Para mí era algo lindo, donde ganaba un sustento, pero también le daba trabajo a otras», recordó.
El salto a la gastronomía llegó en 2008, cuando su hijo Valentino la convenció de montar un restaurante en el patio de la casa familiar. Sin dinero para adornos, lo bautizó «El Kitsch», una ironía que marcó el inicio de una trayectoria donde madre e hija defienden la cocina como parte esencial de la cultura.
Lorena Faccio tenía entonces 14 años. Abogada de formación, llegó a ser jueza civil en la capital, a donde ya se habían mudado; pero su camino hacia el emprendimiento no fue un sueño, sino una necesidad.
Para costear sus estudios, comenzó alquilando un cuarto en su casa. El negocio creció, pudo comprar un inmueble que con el tiempo convertiría en un hostal y llegó el momento de elegir entre el Derecho o dedicarse a tiempo completo al negocio familiar.
Durante la pandemia, y de forma casi improvisada, nació «La Lore está cocinando», cuando madre e hija decidieron presentarse a una feria de emprendimientos sostenibles. «Fuimos las únicas que llevamos productos para que la gente probara. A los tres días ya teníamos pedidos», narró Pereira.
Hoy, «La Lore está cocinando» es mucho más que una línea de conservas. Es también un restaurante donde «se ven platos que se estaban perdiendo», dijo.
Preparaciones tradicionales como las patas de cerdo, la harina de maíz o el tamal en cazuela -platos que requieren tiempo y conocimiento- encuentran allí un espacio de salvaguarda.
«La comida es cultura. Desde que te sientas a la mesa con tu familia o tus amigos, estás transmitiendo identidad. Y nosotras, las mujeres, nos hemos encargado de mantenerla viva», afirmó Pereira.
Sobre las discriminaciones que enfrentan las mujeres en el sector culinario, madre e hija coincidieron. «De toda la vida el show de cocina en Cuba ha sido de mujeres, pero nunca fue completamente tolerado. Para el estatus masculino de cocineros, es visto con un menor grado, como si fuéramos la cocina doméstica. Nosotras somos la cocina doméstica, pero la hemos elevado a categoría de identidad cultural», dijo Pereira.
A ello se suman discriminaciones sutiles que enfrentan las mujeres jóvenes al frente de negocios, apuntó Faccio.
«A veces ni percibes la discriminación, y eso es lo peor. Cuando un hombre está liderando un restaurante, le dicen ‘qué líder, qué capacidad tiene’. A las mujeres nos llaman mandonas. Los proveedores buscan a un hombre. Se supone que el dueño es un hombre o una señora mayor. Ven a la Lore y se percibe como: ‘es joven, eso seguro se lo dio la familia o se lo regaló un extranjero'», ejemplificó.
Las redes de apoyo entre mujeres son fundamentales para crecer, agregó Pereira, para quien «la solidaridad viene del respeto, de hacer equipo. «Los emprendimientos femeninos crecen cuando nos relacionamos y nos enriquecemos», afirmó.
Belleza, identidad y representación
Para Lilibet Elizalde Valdés, el camino hacia la belleza comenzó por la filosofía. Desde Beyond Roots, un proyecto que integra estilismo afro, productos capilares y una dimensión espiritual del cuidado personal, llegó a esa visión tras cuestionar años de alisarse el cabello.
«El cabello es energía, es nuestra corona», afirmó. Pensarlo solo como estética superficial -añadió- invisibiliza procesos de autoaceptación y de construcción cultural que muchas mujeres atraviesan.
La búsqueda de autenticidad también impulsó a María Carla Puga y Ana María Torres Abella a fundar AMA Havana. Ambas estudiaban música cuando la pandemia interrumpió sus vidas artísticas y comenzaron, casi por juego, a tejer accesorios para ellas mismas.
Hoy su marca artesanal emplea a 10 artesanas -entre ellas jubiladas y madres solteras- y apuesta por la producción lenta y el valor de lo hecho a mano, con técnicas tradicionales como el crochet. «AMA es amor, vida, alegría y diversidad», resumió Puga, mientras Torres insiste en una premisa central: «Nuestras prendas son para todos los cuerpos».
La representación de cuerpos diversos es también la bandera de Thalía Salmerón, conocida artísticamente como Salmerona. Primera modelo cubana de talla grande en abrirse camino en pasarelas, dirige hoy Ídola Magazine, una plataforma dedicada al modelaje inclusivo.
«Durante mucho tiempo no me veía representada en ninguna pasarela ni campaña. Entonces decidí atreverme y crear algo diferente», expresó. Para ella, el empoderamiento pasa por el autoconocimiento y por asumir los miedos. «El punto no es no sentirlos, sino aun así decir: lo voy a hacer».
Desde el maquillaje, Meibis de la Caridad Martínez, fundadora de Mey Cuban Makeup y del estudio-tienda Vitamine, también apuesta por la inclusión. Su proyecto surgió de una necesidad profesional: encontrar productos adecuados para personas afrodescendientes, históricamente poco representadas en la oferta cosmética en Cuba.
«No puedo intentar empoderar a alguien si primero no lo estoy yo», sostuvo. En sus cursos de automaquillaje, asegura, muchas clientas transforman no solo su apariencia, sino también la forma en que se miran a sí mismas.
Para Lilibet Elizalde «con las marcas tenemos que ser muy cuidadosas en el mensaje que emitimos, porque estamos cambiando conductas. La responsabilidad social es clave», sostuvo.
Durante el diálogo, las participantes reflexionaron, además, sobre el impacto de las redes sociales en los imaginarios de belleza. Imágenes irreales y estándares inalcanzables -coincidieron- influyen cada vez más en adolescentes y jóvenes.
Frente a ello, defendieron la importancia de promover representaciones diversas y auténticas. «No hay nada más atractivo que una persona que se quiere a sí misma», resumió Salmerona.



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