Sonia del Valle Lavín
SemMéxico, Cd. de México, 30 de abril, 2026.- Cuando entré al periódico Reforma me enteré de que era “soldado de la información” (hay rola y toda la cosa), y creo que me la creí; por eso vale la pena hacer un paréntesis en esta historia para hablar sobre mi casa editorial.
Entré feliz en enero 2003. Mi orden de trabajo: curso de “inducción”. Ahí aprendí lo qué si y lo qué no podía hacer. Por ejemplo, la vestimenta nada de escotes, tirantes, shorts, minifaldas y asumo que ropa provocadora, al menos así lo entendí.
Entre los No’s, trabajar o aparecer en cualquier otro medio. Era no solo soldado de la información, sino exclusiva. Tampoco podías aceptar “regalos” o invitaciones a comer, cenar con ninguna fuente. Ni “andar en la bola”, es neta, debía “cuidarme” de no hacer amistades con la competencia. Eso me pareció rechistoso, porque era casi imposible, hice muy buenas y entrañables amistades y tejí complicidades con algunas.
Otro no: reportear “en bola”, lo cual era poco realista, porque en México existe el llamado chacaleo y no hay nada más “en bola” que el chacaleo. Recuerden todo esto fue en el curso de inducción. La realidad era otra cosa, porque en los “chacaleos” eran donde sacabas la nota.
Por supuesto que además había una forma de escribir la nota estilo Reforma, no recuerdo como se llamaba, creo que diamante, pero la primera nota que escribí Zamarripa me mandó llamar y me preguntó ¿qué es esto? Me dijo que olvidara el curso y escribiera la nota como sabía hacerlo. Eso hice.
Al tiempo me enteré de la disposición de “las bancas”. El lugar asignado estaba dispuesto por hileras: los “buenos” reporteros, los “más o menos buenos” y “los malones”. Obvio me asignaron una banca entre los malones y ya con el tiempo me pidieron cambiarme de lugar. Me negué. Hablé con Roberto Zamarripa para decirle que no podía cambiarme porque ese lugar ya tenía mi energía impregnada. Después reacomodaron las bancas por temáticas: los de política (fuentes importantes), los de seguridad y justicia, (fuentes importantes) y las de social, donde estaba mi lugar y las fuentes menos importantes. Ahí me quedé hasta que me fui.
Tenía un teléfono celular que usaba para todo. Asuntos labores y personales y en mis primeras vacaciones, Mara, la asistente de Zamarripa, me pidió que le entregara el celular. Le dije que no. Fui con Zamarripa para explicarle que yo era reportera de tiempo completo, en vacaciones, y días festivos y mis fuentes debían saber que podían contactarme en cualquier momento (Jajajaja entonces pensaba que la causa era más importante).
En mi caso además tuve el privilegio de coordinar el Consejo Editorial de Educación que se reunía cada mes, participaban especialistas y funcionarios, proponían temas y analizaban las notas publicadas. Sirvió el consejo, sin duda, tuve apoyo de los jefes, también. Investigué, sí, y no solo, me hice experta en la política educativa, que no en educación.
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