Juego de Palabras| El miedo como herramienta de poder

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Yaneth Tamayo Avalos

SemMéxico, Querétaro, Qro., 23 de marzo, 2026.- El miedo no es solo una emoción: es una herramienta. A lo largo de la historia, ha sido utilizado para influir en la conducta humana por una razón muy simple: funciona. Actúa de inmediato, activa nuestras emociones, limita el pensamiento crítico y nos empuja a buscar protección, incluso antes de preguntarnos si el peligro es real. *

En la política actual, esta lógica no solo se mantiene, se ha perfeccionado. El miedo ya no aparece de forma espontánea en el discurso público; se diseña, se administra y se difunde estratégicamente. Hoy, más que persuadir, muchas campañas buscan alarmar. Se construyen escenarios de caos, se exageran riesgos o se fabrican amenazas con un objetivo claro: movilizar decisiones —votos, opiniones, posturas— a partir de la ansiedad colectiva.

En México, esta dinámica encuentra un terreno particularmente complejo. La narrativa en torno a la llamada “guerra contra las drogas” es un ejemplo evidente. La violencia asociada al crimen organizado, la colusión de autoridades y las redes de poder que lo sostienen han generado un entorno real de inseguridad. Pero también han construido una percepción constante de amenaza.

El problema es que esa línea entre realidad y narrativa se vuelve cada vez más difusa. Porque sí, la violencia existe. Pero también se amplifica, se selecciona y se presenta de maneras que intensifican el miedo social.

Mientras tanto, en muchas comunidades, la violencia deja de ser noticia y se convierte en rutina. Se aprende a vivir con ella: pagar cuotas, no denunciar, cambiar horarios, evitar espacios. El miedo se normaliza. Y cuando eso ocurre, deja de sorprendernos.

Sin embargo, esa aparente “adaptación” se rompe cuando la información se manipula deliberadamente. Hoy, el miedo no solo proviene de los hechos, sino de cómo se cuentan. Narrativas distorsionadas, datos fuera de contexto o contenidos diseñados para impactar emocionalmente circulan todos los días, especialmente en redes sociales.

Ahí está otro punto clave: el entorno digital. Las redes sociales no solo difunden información, también la amplifican. Y lo hacen bajo una lógica muy específica: priorizan lo que genera reacción. ¿Y qué genera más reacción que el miedo?

Por eso vemos una sobreexposición a contenidos violentos, alarmistas o engañosos. No es casualidad. Es funcional. Actores políticos, mediáticos e incluso estratégicos utilizan estas plataformas para posicionar mensajes que refuerzan percepciones de amenaza, debilitan la confianza social y, en algunos casos, justifican decisiones como la militarización o el endurecimiento de políticas públicas.

A esto se le conoce como “discurso del miedo”. No se trata solo de advertir riesgos, sino de construir una narrativa donde siempre hay algo que temer y donde, convenientemente, alguien ofrece la solución. Es un discurso que apela a lo emocional por encima de lo racional, que activa nuestra vulnerabilidad y nos empuja a tomar decisiones rápidas, sin demasiado cuestionamiento.**

Y aquí es donde se vuelve especialmente eficaz: cuando tenemos miedo, queremos respuestas inmediatas. Queremos seguridad. Y en ese proceso, estamos más dispuestos a aceptar medidas que, en otro contexto, probablemente cuestionaríamos.

No es que la sociedad deje de pensar. Es que el miedo acota el margen de reflexión.

Además, los algoritmos hacen su parte. Al privilegiar contenidos emocionales, reducen la complejidad de los debates y eliminan matices. Todo se vuelve más extremo, más urgente, más polarizado. El resultado es un ecosistema ideal para la desinformación y la hostilidad.

Frente a esto, la pregunta es inevitable: ¿realmente estamos en peligro todo el tiempo o hemos aprendido a vivir bajo una narrativa constante de miedo? Y más importante aún: ¿qué tan confiable es la información que consumimos todos los días?

Porque el miedo, cuando se convierte en estrategia, no solo describe la realidad: la moldea. Nos dice cómo reaccionar, qué decisiones tomar y, sobre todo, de quién depender para sentirnos a salvo.

Entender esto no elimina los riesgos reales. Pero sí nos permite recuperar algo fundamental: la capacidad de cuestionar aquello que, precisamente, busca que no pensemos demasiado.

* https://www.academia.edu/108757823/La_irrupción_del_miedo

** https://portalderevistas.ufv.es/index.php/comunicacionyhombre/article/view/768/813

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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