Cuba: «Siempre habrá un camino para emprender», Adis Nuvia Guerrero Arias

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  • Masajista en La Habana sostiene que han sido clave la resiliencia, el espíritu creativo y las alianzas.

  • Yo soy una mujer fuerte y decidida, pero siempre una tiene temores

Lirians Gordillo Piña
SemMéxico/SEMlac, La Habana, 5 de mayo, 2026.- Las historias de vida de mujeres que emprenden un negocio privado o un proyecto social o colectivo dejan ver experiencias y características personales comunes. En la historia de Adis Nuvia Guerrero Arias, masajista y líder de un negocio en La Habana, han sido clave la resiliencia, el espíritu creativo y las alianzas.


Ella siempre quiso ser actriz, un sueño que nació a los ocho años en la radio de su ciudad natal, Manzanillo, en la provincia Granma, a 753 km de la capital cubana. Allí fue locutora y actriz hasta los 18 años; a sus 52 años el arte y la creación no la abandonan, más bien la motivan y la distinguen.


Estudió cuatro años en el Instituto de Altos Estudios Turísticos y se graduó en 1987. Como animadora y guía turística, dio cause a su histrionismo y el gusto por trabajar para un público diverso. El intercambio con personas de diferentes países y culturas le permitió aprender otros idiomas y desplegar sus dotes de anfitriona.


«Cuando terminé la escuela, regresé a Manzanillo y trabajé como animadora turística en mi pueblo, guiando excursiones y conociendo lugares como Guantánamo y Holguín. Eso fue entre 1990 y 1991, en pleno período especial. Más tarde decidí mudarme a La Habana y trabajé en el turismo de salud, luego pasé a comercial de varios hoteles. En la empresa Gaviota fui por 10 años promotora y vendedora de excursiones y alojamientos; eso fue en los años florecientes del turismo», cuenta a SEMlac.


¿Cómo pasaste de la animación turística al masaje? ¿Del sector estatal al privado?


Un día tuve problemas por promocionar un restaurante privado; lo que hoy es muy normal en aquel tiempo estaba prohibido. Esa experiencia me hizo replantearme mi camino, me pregunté qué era lo que realmente me gustaba. No me interesaba vender ropa, ni tenía infraestructura para cocinar, así que decidí ser masajista. Siempre me habían dicho que tenía buenas manos.


Hice el curso básico de masajista en uno de los espacios de superación que ofertaba la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y luego estudié en la Escuela de belleza Bella Caribe el básico de masaje y también me formé en cosmetología.

Compré una camilla metálica y comencé en mi casa, ya con casi 40 años y con un hijo pequeño. Me di a conocer de boca en boca, buscando trabajo, tocando puertas. Primero trabajé junto a un amigo masajista muy bueno, luego sumamos otra amiga masajista y formamos un buenísimo equipo. Después de la pandemia, decidí abrir mi propio espacio.

¿Sentiste miedo al dar ese salto?

¡Pero claro! Yo soy una mujer fuerte y decidida, pero siempre una tiene temores y puede dudar de si es capaz, por eso es tan importante el apoyo. En mi caso, tengo muy buenas amistades. Recuerdo que llamé a una psicóloga amiga y le pregunté, «¿Tú crees que yo pueda? ¿qué te parece?» Y ella enseguida, sin dudarlo, me dijo «¡Claro!».


Imagina que mi hijo mayor estaba por emigrar, el segundo era chiquito, estaba divorciada y con dos adultos mayores a mi cuidado. Empecé con tres camillas y ahora tengo seis.


Con el tiempo y sin querer, mi proyecto se convirtió también en un lugar de formación; he enseñado a varias personas. Me gusta compartir, no guardarme lo que sé. He tenido la suerte de hacer un buen equipo: ahora somos cinco mujeres muy trabajadoras, buenas personas y profesionales.


¿Cómo te presentarías a otras mujeres que sueñan con emprender?


Como alguien que aprendió a levantarse después de cada caída. La vida es una carrera de obstáculos, pero la resiliencia me ha permitido seguir adelante. No hay que tener miedo de empezar de nuevo: si mañana no hay turismo, vendo comida, cuido ancianos, busco soluciones. Lo importante es no rendirse y confiar en que siempre habrá un camino para emprender.


¿Qué aprendizajes has tenido como mujer emprendedora?


Llevo casi 20 años trabajando por mi cuenta. Aprendí que detrás de cada éxito siempre hay alguien que te impulsa. Mis padres eran mayores y ya no están, mis hijos eran pequeños y luego emigraron; pero en su momento todos ellos me apoyaron. La familia y los amigos fueron clave: desde guardar silencio en casa cuando atendía clientes, hasta darme ánimo cuando estaba nerviosa.


Háblame un poco de Habana Relax


Este espacio lo fundamos hace unos cuatro años, en diciembre de 2021. Estamos en una zona muy céntrica, L y 23, justo frente al hotel Habana Libre; por eso escogí este nombre. Somos cinco compañeras, cada una con su licencia de trabajadora por cuenta propia, independiente. Rotamos turnos y cada día trabaja un equipo de dos compañeras, porque a veces podemos tener clientes hasta muy tarde. Yo apoyo cuando hace falta, ya sea en el local o a domicilio, pero mantengo mis clientes que son muy fieles.


¿Qué tipo de servicios ofrecen?


Realizamos masajes relajantes, descontracturantes, con piedras volcánicas, exfoliantes corporales. Ofrecemos masajes en pareja, a cuatro o seis manos, aunque son menos comunes. También realizamos tratamientos faciales, como la microdermoabrasión y mascarillas nutritivas. Innovamos con propuestas como masajes al aire libre o acompañados de música en vivo.


¿Y cómo surgió la idea de llevar el masaje a espacios laborales?


Todo comenzó por iniciativa de un colega que ahora vive en Estados Unidos. Él me contaba que en las tiendas y centros comerciales se daba un servicio de masaje expres en una silla específica, que te permite aplicar algunas técnicas de masaje relajante. Yo quería una silla de esas y demoré un poco hasta que la conseguí. Luego, un cliente de muchos años que tiene una empresa en Cuba me sugirió ir dos veces por semana a su empresa y allí realizo masajes a los trabajadores.

Es también una forma de cuidar a las personas, ese trabajador o trabajadora cuando sale de trabajar tiene que ir para su casa y enfrentar toda la situación tan difícil que estamos viviendo. Ha sido una experiencia muy buena para ellos, porque son personas que pasan horas frente a una computadora.

Muchas veces los masajes no se asocian con la salud, son vistos por como un lujo o algo estético. ¿Por qué crees pasa esto?


Existe un tabú cultural. En Latinoamérica somos un poco reacios a tocar el cuerpo, a exponerlo. No se ve como necesidad de salud y bienestar. Pero, en la cultura oriental, las personas crecen con esos conocimientos y les dan mucha importancia.

Sin embargo, desde que nacemos recibimos masajes. Cuando eres bebé y te dan palmadas para expulsar gases; cuando un familiar o tú misma te das un masaje en los pies, después de un día intenso; incluso en la práctica popular de quitar el «empacho» o indigestión con fricciones en las piernas. El masaje es parte de la vida cotidiana.

También te digo, mis clientes son personas diversas. Los hay más jóvenes, pero también muchas personas adultas. Yo atiendo, gratuitamente, a médicos y especialistas de la salud. En mi barrio también ofrezco masajes gratis a personas cuidadoras, adultas y adultos mayores, personas que lo necesitan. También hacemos ofertas y descuentos para que nuestros servicios sean accesibles a más personas.

¿Cómo ves este tipo de emprendimiento en Cuba hoy? En un momento donde hay tan poco turismo.

Es importante tener enfoque y constancia. Hay que moverse, buscar soluciones, hacer marketing, ajustar precios. Lo importante es mantener la calidad y el trato humano.

No se puede empezar con un estándar de calidad alto y luego bajar el nivel; hay que mantener la misma calidad para todos, nacionales y extranjeros. Siempre habrá turistas y también cubanos que valoren el servicio. Yo le digo a una amiga que cerraré cuando se vaya el último cliente de Cuba.


El arte puede que vuelva a ti en esta etapa de tu vida. Por ahí existe un proyecto personal: escribir un libro.

Sí, porque soy una niña adoptada y mi vida ha sido muy interesante. Mi madre adoptiva era profesora de literatura y me transmitió ese amor por escribir. Tengo una noveleta de 12 capítulos que ganó premio en mi juventud y ahora quiero dejar plasmada mi historia, como homenaje a mis padres y a todo lo que he vivido.

SEM-SEMlac/lgp

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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