Yä hyēki (La que corta). Parteras de la Sierra Otomí Tepehua

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“El don me la dio Dios y mediante sueños”

Esperanza Ignacio Felipe

SemMéxico/vocesenconexión, Cd. de México, 10 de mayo, 2026.- ¿Cómo aprendió a ser partera? le pregunté a la señora Cirila. Ella me miró con sus ojos de siglos, un poco sorprendida por mi ignorancia. Recordó que su padre era curandero, no partero –aclara-, pero sanaba a las personas, acomodaba la cintura y a las criaturas. Así fue como aprendió: haciendo y mirando el acomodo de los bebes a través del vientre de la madre, los momentos adecuados para los baños con hierbas calientes durante el puerperio -necesarios para restaurar la fuerza vital (nza´ki)-, y los remedios herbolarios para el aceleramiento del parto, estimular la producción de leche, la fertilidad, reducir los cólicos menstruales y la anticoncepción.

Durante 48 años practicó su oficio de vida, hasta que su cuerpo se lo permitió. Hoy hay días en lo que no puede levantarse; no obstante, aun ofrece su temazcal (pädo) de sanación a quién se lo solicite.

Antaño, las mujeres de la Sierra Otomí Tepehua acudían con las yä hyēki para la atención del embarazo en un contexto, en el que el acceso a los servicios de salud estaba limitado por la falta de infraestructura clínica y las distancias de geografías abruptas. Por ello, y por elección parían en la intimidad de sus hogares.

La partera [Yä hyēki] es la que corta el ombligo, ayuda a las señoras a tener a sus bebés, las acomoda si vienen mal, les lava su ropa, las baña a ellas, y a sus bebés con plantas” (Sra. Gonzala Tolentino Ramos, 2024).  

Yä hyēki, se podría traducir como “la que corta” y es el término con la que se denomina a las parteras en lengua ñuhú en Huehuetla. Este municipio junto con San Bartolo Tutotepec y Tenango de Doria conforman una subregión del Estado de Hidalgo, caracterizado como indígena.

Sin embargo, en las últimas tres décadas, las parteras tradicionales han sido desplazadas, olvidando que de manera histórica han sido quienes asumieron la tarea de acompañar y atender a las mujeres durante esta fase del ciclo de vida, y a quienes también, se debe la preservación de las prácticas y significados ancestrales. La puesta en marcha de estos saberes, en su dimensión práctica y afectiva, contribuyó a la reproducción material y espiritual de los pueblos indígenas, coadyuvando, a través de su vinculación al sector salud a la reducción de enfermedades asociados a las condiciones de pobreza.

Una historia:

Doña Herlinda es una mujer otomí de habla pausada y edad avanzada, aprendió su oficio desde muy pequeña acompañando y observando a su madre, quién también era partera. El primer parto que atendió fue a los dieciséis años. Sin embargo, el momento en que comprendió la importancia de su oficio fue cuando dio a luz sola a su segundo hijo, ya que su madre vivía muy lejos y no pudo llegar a tiempo para ayudarla.

Hermelinda entendió que ser partera significa acompañar a la madre durante la gestación y después al recién nacido, para que ambos -madre e hijo- se conozcan mutuamente. Por ello, las parteras visitan a las mujeres embarazadas una vez al mes, con el fin de conocer al bebe y prepararlo para nacer.

Durante las visitas domiciliarias, la partera atiende las necesidades de la madre y del bebe por nacer. A veces las criaturas quieren ser apapachadas, por lo que es necesario masajear el vientre de la madre e irlo acomodando poco a poco. Después del parto, Hermelinda se presenta en casa de la parturienta cada tercer día durante quince días, a bañar a la madre con hierbas para que se caldeé y recupere el calor del cuerpo y el color que perdió con el parto, para después bañar también al recién nacido.

Por eso afirma María Herlinda Avelar Vargas: “Ningún doctor va a tu casa para ayudarte a bañar y que regrese el calor a tu vientre, ni te enseñan a bañar a tu hijo para que duerma bonito”. 

Esperanza Ignacio Felipe. Doctora en Desarrollo Rural por la UAM-Xochimilco. Texto síntesis de su tesis en 2026. Yä hyēki (La que corta). Saberes en la subalternidad: la partería tradicional en la Sierra Otomí-Tepehua de Hidalgo ante la injusticia epistémica. UAM-Xochimilco.

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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