Elvira Hernández Carballido
SemMéxico, Pachuca, Hidalgo, 20 de mayo, 2026,- “El periodismo es la gran emoción, la gran compulsión al amanecer. Es el inicio del día y es el motor que nos hace salir de la cama, es el temblor en la yema de los dedos y la palabra en la punta del teclado. Es el ansia por atrapar los asuntos y hacerlos comprensibles. La noticia nos enamora y corremos detrás de ella por la calle, la seguimos hasta la tumba. El corazón no descansa hasta que se entregó el artículo. Ningún hombre, ninguna mujer olvidan jamás que han sido periodistas.”
Hasta la fecha, me gusta empezar mi semestre en la licenciatura en comunicación con esta frase de Elena Poniatowska, tengo la ingenua convicción de que así podré contagiar el amor hacia una profesión que ha marcado mi vida. Cuando les comento que de adolescente me gustaba abrir los libros de esta gran periodista para aspirar su aroma con verdadera devoción, un murmullo de risas puede escucharse, aunque de inmediato hacen un gesto de sorpresa cuando les aseguro que es una mujer que ha logrado contagiarme su estilo, creatividad y pasión periodística.
Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor cumple este 19 de mayo la hermosa edad de 94 años, una niña francesa que llegó a México junto con su familia huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Pronto se volvió mexicana, aprendió español gracias a las lecciones de su nana Magdalena y poco a poco este país colorido, festivo y mágico la aprehendió a tal grado que se enamoró de nuestra cultura para ser parte absoluta de ella, declararse mexicana con orgullo, aunque nunca perdiera ese tono afrancesado.
La taquigrafía fue el primer paso para encontrar en la escritura una forma de expresarse, más tarde descubrió que le gustaba atrapar los hechos cotidianos. Decidió ser periodista por vocación y tocó muchas puertas para que publicaran sus textos. La entrevista sin duda es su género periodístico favorito y del cual ha hecho escuela, aunque también la crónica le permite detallar los momentos de tal manera que te introduce en los escenarios que describe. Una de las primeras grandes lecciones que ella recibió en sus inicios fue que un prestigiado personaje no la dejara entrevistarlo al advertir que no iba preparada para charlar con él, jamás he olvidado esa anécdota que ella misma confesó y también la comparto con mis estudiantes, nunca deben iniciar una charla periodística si no han investigado sobre su entrevistado, se debe saber qué preguntar y hacia dónde dirigir la conversación.
Su libro “La noche de Tlatelolco” sigue siendo determinante para aproximarse con el alma al movimiento estudiantil de 1968. La charla con Jesusa Palancares en “Hasta no verte Jesús mío” es un ejemplo de que toda persona tiene una historia digna que compartir, pero es necesario que todo periodista se acerque a esos personajes de la vida cotidiana y pregunte, pregunte, pregunte. Mi admiración por ella se acentuó cuando en el terremoto de 1985 salió a la calle para darle voz a la gente y recuperó testimonios que no he olvidado publicados en “Nada, nadie”.
Coleccioné la serie “Todo México” que compila sus mejores entrevistas y nuevamente aspiré las páginas como buena adicta al periodismo sensible. En cada charla escrita Poniatowska crea un ambiente que te hace sentir muy cerca de su entrevistado, ver su lado humano, su sentir más natural. Por eso, ahora yo, en cada entrevista que realizo, además de antes persignarme para que la conversación salga inspiradora, le rezo a santa Elenita para tener esa frescura y empatía al momento de compartir la charla preparada.
He leído la mayoría de sus libros, entre mis preferidos están “Tinísima” (biografía novelada de la fotógrafa Tina Modotti), “Leonora” (narrativa sobre la vida de la pintora Leonora Carrigton) y, por supuesto, “Querido Diego, te abraza Quiela”, donde da voz a la pintora Angelina Beloff, Diego Rivera fue su esposo y la relación fue muy desgastante para ella .
He podido coincidir en algunos eventos con doña Poniatowska, nunca le he solicitado un autógrafo, pero he podido saludarla y decirle lo mucho que la admiro. Sus ojos azul cielo me han mirado con cariño, siempre reiterando que puedo llamarla cuando la necesite, lo cual hice una sola vez cuando escribía sobre otra periodista, mi tocayita Elvira Vargas, y generosa me dio algunos tips. Por supuesto, brinqué de gusto cuando, en una entrevista sobre la historia de revista Fem, Elena Poniatowska me mencionó como una de las colaboradoras de esa inolvidable publicación feminista mexicana de finales del siglo XX.
Por todo esto y más, hoy celebro su cumpleaños número noventa y cuatro. ¡Felicidades, Elenita de mi corazón! Gracias por ser ejemplo e inspiración, gracias por contagiarme tu pasión periodística porque todos los días vivo con ese “temblor en la yema de los dedos y la palabra en la punta del teclado”.



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