Guadalupe Ramos Ponce
SemMéxico, Guadalajara, Jalisco, 20 de mayo, 2026.- México vuelve a poner su memoria en metal. Banxico lanzó una colección de 12 monedas conmemorativas del Mundial 2026: cuatro bimetálicas de 20 pesos de circulación corriente y ocho piezas de colección en oro y plata, acuñadas por la Casa de Moneda de México. Sus diseños evocan a las tres sedes mexicanas: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, mezclan fútbol, jaguares, mariposas monarca, agaves, nopales, maíz, flores de cempasúchil, nochebuenas, Kukulkán y la Calavera Garbancera.
Una moneda nunca es solo una moneda. Es una pequeña pedagogía pública. Circula de mano en mano y nos dice qué merece ser recordado, qué rostros, qué símbolos, qué territorios y qué relatos entran en la historia oficial. Por eso, ante estas monedas del Mundial, la pregunta no es únicamente cuánto cuestan o dónde se consiguen. La pregunta de fondo es: ¿qué México estamos acuñando?
Me emociona que Guadalajara esté en esa geografía simbólica. Que el país aparezca como territorio de cultura, naturaleza, memoria y fiesta. Pero desde una Mirada Violeta también hay que mirar las ausencias. En la numismática, como en los monumentos, en los libros de texto y en los nombres de las calles, las mujeres hemos sido demasiadas veces paisaje, alegoría o adorno; pocas veces sujetas de historia.
Aparece la Catrina, heredera de la Calavera Garbancera de Posada, pero ¿dónde están las futbolistas mexicanas? ¿Dónde las niñas que hoy juegan en canchas de tierra, en barrios, escuelas y colonias? ¿Dónde las mujeres que sostienen el deporte comunitario, las madres que acompañan entrenamientos, las periodistas deportivas, las árbitras, las entrenadoras, las aficionadas que también habitan los estadios?
El Mundial 2026 será una vitrina global. México será el primer país en albergar partidos de tres Copas del Mundo, después de 1970 y 1986, y el Estadio Azteca (hoy con nombre de banco), volverá a recibir una inauguración mundialista. Pero una vitrina también puede reproducir desigualdades: turismo sin derechos, fiesta sin cuidados, ganancias sin justicia, país sin memoria crítica.
Las monedas conmemorativas celebran identidad nacional, está bien, pero la identidad no puede ser solo jaguar, maíz, pirámide y balón. También es la vida cotidiana de las mujeres, también son las trabajadoras que limpiarán hoteles, las vendedoras, las cocineras, las policías, las cuidadoras, las defensoras, las periodistas, las niñas que sueñan jugar sin violencia y las mujeres que exigirán ciudades seguras durante el Mundial.
Ojalá estas monedas circulen y nos recuerden algo más que el fútbol: que el país también se mide por la dignidad con la que recibe, protege y nombra a sus mujeres. Porque en una moneda cabe un símbolo; pero en la memoria de un país debe caber la mitad de su historia, y en México, las mujeres todavía no cabemos en sus monedas.
Dra. María Guadalupe Ramos Ponce; Coordinadora Regional de CLADEM ;Profesora Investigadora de la UdeG. @dralupitaramosp lupitaramosponce@gmail.com



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