Sonia del Valle Lavín
SemMéxico, Cd. de México, 27 de mayo, 2026.- Es clásico que las y los Secretarios de Educación en el país agarren como escenario las escuelas para presentar un programa, anunciar becas, premiar, y según ellos estar más cerca de “nuestros estudiantes”.
En el sexenio de Reyes Tamez, pocas veces fuimos a las escuelas, pero los que le siguieron hacían sendos eventos: montaban escenografías, gradas, maestro de ceremonias, había hasta invitados.
Iban solo a las escuelas “bonitas”, bien pintadas y organizadas, con plantilla completa; sin embargo, me llamaba la atención, desde la primera escuela pública que conocí, el abandono.
Me impactaban los baños, todos, eran un desastre: Sin puertas, sin agua, los papeles por todos lados, algunos sucios, otros rotos, sin luz. Incluso había escuelas que tenían bebederos, porque les dio un tiempo por poner bebederos, que no tenían agua.
La historia se repetía casi cada semana, en cada escuela donde la SEP tenía evento.
Yo estudié en una escuela privada. Los baños tenían puertas, papel higiénico, sanitarios limpios, salones con libros y materiales, había jardín, patio escolar, alberca, en fin. No faltaba nada y esto sin duda fue responsabilidad de mis padres.
Pero cuando comencé a cubrir el sector educativo, me pareció ofensivo que el estado fallara en darle a cada niña y niño de este país, esa oportunidad que yo tuve, me acusaban de ver el mundo desde el privilegio. Lo veo desde el derecho humano a la educación.
La falla es estructural y descarada, el abandono es indigno, porque están obligados a garantizar a cada estudiante, un espacio digno, con todos los materiales y recursos humanos para ejercer su derecho a la educación. Un derecho que no se quita y se pone al contentillo del gobierno en turno.
Un día salió un boletín de prensa del entonces Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE) que informaba que estaban levantando el Atlas de la Infraestructura Escolar y ya tenían el diagnóstico de 7 mil 500 escuelas. Pedí tener acceso a los expedientes, la SEP dijo que no los tenía y no conocía el Atlas. Me inconformé ante el IFAI y me dieron acceso.
Llegué al CAPFCE un día, el director me dijo que si venía a consultar los expedientes. Me llevó a una bodega que estaba en el estacionamiento del edificio, me enseñó montones de cajas apiladas. Le pedí una silla. Una semana revisé tantos expedientes como pude. Tomaba nota a mano, porque no podía sacarle copias. El director, solo bajaba de vez en cuando a preguntarme cómo iba. Todo bien, respondía.
Fui todos los días de 10 a 3 de la tarde y armé mi reportaje. Quise entrar a las escuelas y no me dejaron. Así que conté las condiciones en que estaban algunas escuelas a partir de los diagnósticos. Claro que no les gustó nada. Pero ese primer reportaje sobre la infraestructura escolar, hizo que rehicieran un preescolar que están en Copilco. Ya les contaré, porque nos acusaron de secuestradores de niños.



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