Drina Ergueta
SemMéxico, La Paz-Bolivia. 27 de mayo de 2026.- A los conflictos sociales difíciles de resolver, a esos enfrentamientos y posiciones aparentemente irreconciliables, los sostienen en el tiempo las palabras. Es que el lenguaje político (desde el gobierno o las organizaciones cívicas y sociales), el lenguaje mediático, de las redes sociales y de los comentarios de la calle producen y reproducen diferencias y jerarquías humanas, donde ciertos cuerpos aparecen como más sacrificables que otros.
Bolivia atraviesa una de las crisis más fuertes en décadas, con un gran movimiento social indígena campesino y popular enfrentado al gobierno, que es más respaldado por la clase media y alta urbana y blanco mestiza. La protesta nació de distintos sectores con demandas concretas y escaló hasta pedir la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Se ha paralizado el país con bloqueos de caminos y el punto neurálgico es la sede de gobierno, hasta donde han confluido multitudinarias marchas.
Por más de tres semanas las ciudades de La Paz y El Alto (2,2 millones de habitantes entre ambas y el área metropolitana) han permanecido prácticamente sitiadas, soportando el desabastecimiento de alimentos y de combustible, poniendo al límite a la población en especial la de escasos recursos. Al escribir este artículo, la posibilidad de un estado de sitio parece inminente.
Los odios se han recrudecido. El marco mental que se construye en ambas partes se ha ido configurando con palabras que, como ladrillos, levantan un muro infranqueable que, además, hace aceptables ciertas situaciones violentas, siempre que sea contra el otro bando donde están los cuerpos sacrificables.
Gran parte de la población que reclama la renuncia de Paz es la que le ha votado hace seis meses. Hoy le llama traidor por las políticas “entreguistas” de endeudamiento del país, por aceptar relaciones con otros países (Estados Unidos y Argentina) que ven como intervencionistas, por medidas que atentan contra la propiedad comunitaria de la tierra, por la distribución de gasolina sucia que malogró miles de vehículos y maquinaria, por casos de corrupción poco aclarados.
Quien le rechaza, al presidente le dice de forma despectiva “pollo” (a su padre se le conoce como “gallo”) e “incaPaz”. A su vez, Rodrigo Paz ha calificado como “vándalos” y “delincuentes” a quienes protestan y bloquean. Su gobierno ha utilizado el término “corredor humanitario” para nombrar lo que en realidad fue un operativo militar donde murió un comunario por impacto de bala, algo negado oficialmente; sin embargo, la evidencia del cuerpo se impuso.
El sociólogo Michel Foucault señala que el discurso produce verdad y legitimidad y, en ese sentido, el poder tiene la posibilidad no sólo de matar, sino también de definir qué violencia es legítima y cuál aparece como barbarie.
Una parte importante de la población de la ciudad de La Paz, que incluso ve “timorato” al gobierno, viene reclamando acciones más duras, una intervención militar y detención de quienes bloquean. Se han vuelto a escuchar expresiones de racismo, con el consabido “indios de m…” entre otros, y de total deshumanización de esta población, llamándolas “ovejas”, “llamas” o “bestias”.
Cuerpos desechables e indeseables, por eso hubo expresiones insensibles cuando murió una mujer indígena luego de participar en las movilizaciones.
Los medios que reproducen más la versión oficial gubernamental prácticamente no informan sobre las detenciones, son cientos al parecer y no hay una cifra clara, en las redes se denuncia una especie de cacería étnica. Aunque todo se pone en duda.
Refiriéndose a la violencia machista estructural, la antropóloga Rita Segato habla de la pedagogía de la crueldad, donde la violencia se exhibe públicamente para producir obediencia y miedo.
En esta lucha, hay exhibiciones de violencia también de la parte movilizada. A un dirigente, que sin medir el grado de molestia de sus bases buscó acordar algo con el gobierno, se le vistió de mujer (como desprestigio patriarcal) y chicoteó públicamente para sancionarle. Y hay miedo en la población urbana tanto por los diarios enfrentamientos en las calles como por la carencia de alimentos.
En este enfrentamiento, las posturas son duras en relación a la otra parte, en ambos sentidos. Sin embargo, es el gobierno quien tiene la fuerza policial y militar, mucho más si decreta un estado de excepción. También tiene la responsabilidad. La respuesta debe pasar por humanizar y reconocer a la parte contraria y, también, por ceder posturas, mutuamente.



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