- Una esperanza en un sistema donde las mujeres encuentran obstáculos para denunciar violencias
- A la actriz la sostuvo una enorme estrategia colectiva
Redacción
SemMéxico/El País, Buenos Aires, 29 de mayo, 2026.- La condena definitiva al actor Juan Darthés por abuso sexual contra la actriz Thelma Fardin se vivió en Argentina como una enorme victoria. Siete años y medio después de aquella conferencia de prensa de diciembre de 2018 en la que Fardin contó llorando los abusos sufridos cuando tenía 16 años y Darthés 45, la sentencia a seis años de prisión no solo representa una reparación para ella; también funciona como una esperanza dentro de un sistema donde las mujeres todavía encuentran enormes obstáculos para denunciar violencias y, sobre todo, para que les crean.
Cuando Thelma habló públicamente acompañada por el colectivo Actrices Argentinas, ocurrió algo inédito. La línea contra el abuso sexual en las infancias recibió un mil 200 por ciento más de llamadas y las consultas a la línea de atención para víctimas de violencia de género aumentaron un 123 por ciento. El caso fue leído como el comienzo del MeToo argentino. Pero también dejó otra evidencia: sola, probablemente no hubiese sido escuchada con tanta contundencia.
Antes que ella, otras tres mujeres —Calu Rivero, Ana Coacci y Natalia Juncos— ya habían denunciado situaciones de acoso y abuso por parte de Darthés. Todas relataban escenas similares. Todas repetían la misma frase atribuida al actor: “Mirá cómo me ponés”. Ninguna logró credibilidad ni apoyo mediático. Incluso fueron demandadas por Darthés por calumnias, injurias y daños a la imagen.
Thelma sí logró quebrar la desconfianza porque apareció una estrategia colectiva capaz de sostenerla: “Yo me acerqué a este colectivo de mujeres actrices y ellas pensaron: ‘Tenemos que estar todas’. O sea, fue una construcción colectiva”.
El cuestionamiento nunca estuvo solo en el acusado, sino también en la víctima. Qué hizo. Cómo reaccionó. Por qué tardó. Por qué habló. Por qué calló. Uno de los jueces del fallo condenatorio lo sintetizó con claridad: “La responsabilidad que le adjudican a una niña de 16 años es exactamente a la inversa. ¿Por qué se preguntan por qué ella obró de tal modo y no se preguntan por él, que era un adulto de 45 años?”.
La sospecha sobre las mujeres suele atravesar todo el proceso judicial y social. Thelma fue sometida a años de ataques, especialmente en redes sociales. “Siempre estuvo esa intención clara de demonizarme. Me parece que el mensaje va más allá y es silenciarnos”, dice Thelma. Es que no se trata solamente de desacreditar a una mujer que denuncia, sino de enviarle un mensaje al resto.
- Publicación original de El País




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