En Guatemala, como en Ruanda, Camboya y otras dictaduras crueles, los militares y sus secuaces masacraron comunidades enteras, y los supervivientes no consiguen acabar el duelo.
El patriarcado se rearma y responde con manifestaciones de crueldad cada vez más atroces, con la omisión, la impunidad y con otros mecanismos de normalización.