- IMSS, su fuente de trabajo en los ocho años, fue omisa con su salud mental
- Enfermera de “primera línea frente al Covid 19”, defendió a su país, uno que la dejó sola
Soledad Jarquín Edgar
SemMéxico, Oaxaca, 6 de abril, 2026.- Dignificar la vida de Areli Saraí Martínez Domínguez y de su sobrina, porque “la verdad está en los diagnósticos, en las notas médicas, en las jornadas laborales, en la falta de seguimiento, la rescisión laboral, en la indiferencia y en la normalización institucional del sufrimiento”, pidió su familia, en la voz de su hermana Lenny Guadalupe.
Frente a esas razones sostienen que el suicidio de Saraí, en abril pasado, tendría que ser investigado como feminicidio, ya que días antes de su determinación su contrato como enfermera del IMSS había sido rescindido, pese a que la institución de salud conocía el diagnostico de ansiedad, depresión, distimia y síndrome de Burnout, que no le fueron atendidos.
La vida de Areli Saraí no puede reducirse al titular de una nota periodística, se tiene que investigar y decir la verdad, dice al denunciar la actuación de informativos a través de redes sociales que dieron a conocer la noticia del suicidio de su hermana y la muerte de su hija antes de que la familia estuviera enterada.
Acompañada de la dirección colegiada de Consorcio Oaxaca, Yésica Sánchez Maya, Nayelli Tello Méndez y Elizabeth Mosqueda Rivera, así como defensoras de derechos humanos y por el Frente Indígena de los Pueblos Olvidados de Oaxaca, la familia de Areli Sarahí sostiene “no fue suicidio, fue feminicidio” hay factores que “hacen rechazar cualquier narrativa que reduzca la vida de Saraí y de su hija a una nota roja”.
“Hablar de salud mental no es justificar el dolor causado, es exigir la verdad, porque las alertas no fueron atendidas antes de que el daño fuera irreversible de ahí que exigieron “la verdad completa” empieza por dignificar la vida de una mujer, una enfermera con vocación, una madre amorosa y la vida de su hija Evolet, inquieta y amada por su mamá y su familia.
La familia de Saraí llama al IMSS para que existan medidas reales de no repetición y protocolos verificables de atención, seguimiento y protección a la vida y salud mental del personal de la institución.
Exigen que se revise la actuación del sindicato del IMSS, delegación Oaxaca, en la defensa, acompañamiento y protección de Saraí, pero también de las que ha realizado después del fallecimiento de la extrabajadora.
A los medios de comunicación, los cuerpos policiacos y judiciales les piden ejercer con ética su profesión, el moche por la filtración, “la difusión de la nota roja, la búsqueda de likes y vistas no pueden estar sobre la dignidad y el sufrimiento ante la tragedia humana”.
Lenny Guadalupe Martínez Domínguez sostuvo que la tragedia de su familia es una advertencia para todas las instituciones que han convertido la salud mental de sus trabajadores en una carga invisible.
“Hoy hablamos por Saraí y por Evolet, pero también hablamos por las enfermeras, enfermeros, el personal médico, personal de asistencia, administrativo, en general el personal de salud que todos los días cuidan a la población mientras ellos mismos se consumen en silencio”.
El país que no la defendió
El 10 de abril de 2020, Saraí aceptó a petición de su jefa estar en la primera línea de atención durante la pandemia de Covid 2019, su experiencia en el hospital de Bahías de Huatulco es parte de los testimonios publicados en Voces de la Valentía “Mujeres en Primer Plano”, publicado por Consorcio Oaxaca en septiembre de 2021.
Ser parte del personal que atendió a las personas enfermas de COVID le permitió obtener la categoría de enfermera especialista y sin tiempo de capacitación solo aprendió a utilizar el equipo de protección.
En el texto narra que tuvo que dejar de ver a su pequeña hija, entonces una bebé de un año, quien se quedó en la capital oaxaqueña bajo los cuidados de su abuela Sonia Domínguez y su padre Teófilo Martínez.
Fueron meses de aislamiento y de acuerdo con su testimonio tuvo que enfrentarse al dolor que provocaba la muerte.
“Fue difícil, en ese momento, porque te sentabas a un lado de su cama, los alimentabas, platicabas con ellos, tomabas su mano, porque era todo lo que podías hacer… Dolía ver cómo un paciente que ingresó más o menos estable, con el que platicaste, del que cuidaste, te enteraste de toda su vida, fuiste parte de él…al siguiente día llegas y te lo encuentras en el área donde están los pacientes ya para intubarlos, que ya están más delicados. O el momento en que sus familias mandan sus cartas para despedirse y tú le tienes que leer, o hacer la videollamada…esas cosas sí eran muy difíciles”.
Esas historias marcaron su vida, la llenaron de tristeza, más aún cuando sus propios compañeros y compañeras del hospital las discriminaron y atacaron, no les permitían que se les acercaran, lo mismo sucedía en las calles, Saraí, Sara como la conocían, pensó que no podían hacerle nada porque cría que la gente no le haría nada y por tanto no se tenía que esconder ni quitar el uniforme, “yo estoy sirviendo a mi país, estoy haciendo mi trabajo”, le comentó a su hermana.
Pero el país que ella defendió, no la defendió a ella. Terminó su carrera de Enfermería en 2014, su vocación la llevó a servir en las comunidades indígenas de San Juan Yaheé y Estancia de Morelos en la Sierra Juárez; en 2018 ingresó a trabajar en el IMSS, en el Hospital General de Subzona Número 41 en Santa Cruz Huatulco donde fue personal voluntario de primera línea.
En 2021, en plena ola de Covid llegó al Hospital de Zona Número 1 Dr. Demetrio Mayoral Pardo, para ella el cambio fue devastador, pasó de atender de cinco a 15 pacientes por noche.
El 17 de marzo de 2026 pasado fue rescindida la relación laboral con el IMSS, el 30 de abril pasado, en audiencia conciliatoria se le reiteró su despido definitivo, un día después tomó la decisión.
Violencia institucional
En su momento, Nallely Tello Méndez, integrante de la dirección colegiada de Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca, coincidió en la necesidad de poner sobre la mesa el problema de salud mental y la importancia de reflexionar sobre este problema, que se suma a las carencias que viven los hospitales públicos en Oaxaca.
Señaló que el 76 por ciento de quienes trabajaron en la primera línea atendiendo el Covid 19, manifestaron ansiedad, que las instituciones de salud deben atender porque la precariedad impacta entre el personal médico y de enfermería.
Tello Méndez señaló que las muertes tanto el de Saraí como el de la niña deben ser considerados como feminicidios, consecuencia de la violencia institucional, como la familia lo ha documentado.
“No fue una decisión personal sino el conjunto de diversas violencias llevaron a Saraí a tomar la decisión”, además agregó: “jurídicamente toda muerte violenta de una mujer debe ser investigado como feminicidio”.
Por último, hizo un llamado para que “pensemos antes de subir algo a las redes sociales, que pensemos en el impacto que puede generar”, por lo que llamó, además, a los medios de comunicación a asumir su responsabilidad y evitar seguir violentando la dignidad de las mujeres.
Retomar la NOM 035
A su vez, Elizabeth Mosqueda Rivera, también de la dirección colegiada de Consorcio Oaxaca, señaló que este no es un hecho aislado, es resultado de la violencia estructural, profundamente contradictorio a los discursos de los gobiernos en México.
Recordó que “en tiempos de las mujeres”, en Oaxaca el gobernador Salomón Jara Cruz también abandonó el sistema de cuidados para las mujeres desde la Secretaría de las Mujeres, porque dijo la verdadera cultura de cuidados está en el apoyo comunitario de las familias y las redes de solidaridad que se tejen para resolver y muy lejos están las instituciones.
Mosqueda Rivera llamó a reconocer las fallas en los enfoques que siguen careciendo de la perspectiva de género e interculturalidad y lamentó que la de Saraí no sea una historia única “sabemos que hay muchísimas otras historias que no están siendo atendidas y que incluso las medidas que se están tomando, por ejemplo, en el Sistema Bienestar para atender la salud integral o la salud mental está muy por debajo de las capacidades y de la realidad”.
Lamentó la revictimización que se hizo por parte de los primeros respondientes tras la tragedia, “creemos que ahí hay un primer daño irreparable” y también cuestionó la incapacidad del IMSS “al menos” publicar una esquela en agradecimiento al trabajo desarrollado por Saraí como profesional de la enfermería.
Por último, dijo que es necesario que se retome la Norma Oficial Mexicana 035 y la reforma del 2023 a la Ley Federal del Trabajo que incorporó los trastornos mentales y efectivos en la tabla de enfermedades de trabajo, incluyendo trastornos depresivos y ansiedad mixtos asociados al estrés y adaptación.
Así que frente a las omisiones del Instituto Mexicano del Seguro Social, toca a esa institución reivindicar ciertos daños y reiteró que el suicidio de Saraí debe ser investigado como un feminicidio.
SEM/sj




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