La impunidad se mete en tus entrañas y le quita el velo de normalidad a la vida

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  • Cristina Rivera Garza sostiene que el Estado convierte a las víctimas de un feminicidio en parias
  • Habla en conferencia magistral de El Invencible Verano de Liliana

Soledad Jarquín Edgar

SemMéxico, Ciudad de México, 15 de abril, 2026.- “Una vez que su mano feroz te roza la piel o se mete en tus entrañas, la impunidad le quita el velo de normalidad a la vida de todos los días. Sabes y lo sabes a ciencia cierta, que la relación entre el Estado y el ciudadano, sobre la cual se asientan nociones y prácticas básicas de seguridad y pertenencia, se ha roto para siempre.

“¿Cómo se respira y se come o se desvela o se va a una fiesta al lado de la impunidad en su más implacable compañía? Algunas entre ustedes lo saben muy bien. Algunas de ustedes lo saben, incluso mejor que yo. La impunidad por principio de cuentas trastoca el principio de realidad”.

Es la voz emocionada de la escritora Cristina Rivera Garza, en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, repleto, mayoritariamente de jóvenes mujeres y hombres, invitada dentro de la conmemoración de los 10 años de la Cátedra Extraordinaria Nelson Mandela para presentar la conferencia magistral “Cuando la mano feroz de la impunidad te roza la piel”, invitada por Marina Azahua, coordinadora de la Cátedra.

Sabemos de la impunidad por definiciones judiciales, por las cifras escalofriantes que la confirman y las protestas cada vez más numerosas que la impugnan, dijo.

Durante una hora, la escritora habló del libro El Invencible Verano de Liliana en el que relata el asesinato de su hermana menor, ocurrido la madrugada del 16 de julio de 1990, por su exnovio Ángel González Ramos, quien “hasta el día de hoy permanece fuera del alcance de la ley en ese limbo retorcido donde perviven los crímenes sin castigo a lo que llamamos impunidad”. 

Sobre el feminicida, a quien llama “el hombre impune”, reveló que, tras 30 años de silencio, le informaron que habría muerto ahogado en el mar de California. 

A lo largo de la charla en su Alma Mater, se adentra en su vida permeada por la impunidad y revela que el libro lo escribió para que Matías, su hijo, supiera lo que había sucedido con su tía, esa mujer joven que podía observar en pequeños retratos en las casas familiares y lo imaginó contando a sus hijos esa historia. 

“Pero si los hijos de mi hijo están destinados a pasar por la experiencia de contar la historia del feminicidio de Liliana, transmitiendo así el legado crítico del daño y de la pérdida, también deben estarlo los hijos de los hijos del feminicida y aún los hijos de sus hijos.

“Si quisieran olvidar, enterrando esa historia en el silencio pétreo del Estado, ahí está El Invencible Verano de Liliana para recordarles que eso ya no es posible. Si quisieran esconderse detrás del velo de la opinión pública que hasta el día de hoy culpa a la víctima y exonera a los perpetradores, ahí está la literatura. Esa ficción sin Estado, como lo describía Piglia, les dice que el velo se ha corrido”. 

Cristina Rivera Garza, de vez en cuento debía acomodar su cabello casi blanco o sus anteojos, mientras el público en silencio esperaba más de esa explicación sobre la impunidad que roza la piel y que se encarna en la vida diaria, -impunidad que, en delitos contra las mujeres, es del 99 por ciento- apuntó en otro momento.

La escritora explicó cómo se vive la impunidad y la ruptura con el Estado:

“A pesar de que un cúmulo de documentos confirman tu vinculación con el Estado, el acta de nacimiento, los certificados de la educación pública, tu número de seguro social, actas de matrimonio, sabes que el Estado no te quiere. Que tu seguridad y la de los tuyos no importa. Que no formas parte ya de esa relación.

“La impunidad te transforma en un paria y te marca la frente con el hierro candente del desterrado. En un inicio, la impunidad es una desterritorialización. Las leyes que protegen y dan sentido a la vida de los otros, no te competen. La legalidad que en apariencia rige toda forma de convivencia social, no te compete. La justicia que en principio previene o restaura disparidades del poder, no te compete. La figura de una mujer que grita, pero que no puede oír su propio grito, esta es la imagen de la impunidad que corre a toda velocidad junto a ti de tu mano sobre un campo minado. El silencio y la ira acuden juntas, después, puntualmente, a la cita con la impunidad”.

El Estado declara (a las víctimas) la ley del hielo, mientras que la sociedad civil avala con su indiferencia, incluso, a veces, con su indolencia, el sufrimiento de las mujeres.

Así, sostiene el lenguaje del patriarcado no deja contar tu lado de la historia y el lado que se cuenta te ata la lengua, el impulso, incluso la respiración.

El inicio de la impunidad

Rivera Garza expuso que en 2019 decidió buscar el expediente (hoy carpeta de investigación), un proceso turbio de “espera y lentitud”, que tras una queja en Derechos Humanos fue ubicada en el Reclusorio Norte, “ahí estaba, delgado y solo entre montañas de carpetas de hojas amarillas, finalmente lo tocamos”.

“El expediente que contenía las páginas relacionadas al asesinato de mi hermana era exiguo, minúsculo… me di a la tarea de tomar fotos de cada una de sus páginas…La impunidad se nota primero ahí, en el tamaño nimio de un expediente. Ahí queda encarnada la falta de seguimiento, la parálisis de los deudos y la derrota material y moral del sistema de justicia.

Lo que permanece sin castigo o no puede castigarse por falta de legislación se materializa en unas cuantas hojas mal redactadas, formatos repletos de tachones, rellenos a toda velocidad, pruebas periciales que se ordenan, pero no se llevan a cabo, descripciones entrecortadas del lugar de los hechos fotografías revueltas, resultados de laboratorio sin fechas, hipótesis sin confirmación, grapas carcomidas por el óxido del tiempo, dijo en relación con la “nimia carpeta de investigación”.

Merecedora del Premio Pulitzer 2024, Rivera Garza expuso que la presentación y sustracción del expediente en el libro obedeció desde el comienzo a esa relación orgánica y tensa con la impunidad. Reveló que esos años le interesaba que el presunto feminicida y su familia se enteraran de que le seguía el rastro. La motivaba participar de la justicia legal punitiva, encontrarlo y que finalmente se presentara ante el sistema judicial para comprobar su inocencia o enfrentar su castigo. “Mis decisiones, quiero decir, siendo como eran literarias, nunca dejaron de ser en su raíz políticas”.

El daño que deja la impunidad

Autora de novelas, ensayos, poemas se refirió al daño que provoca la impunidad y que sostuvo “vive en ti, atorado en algún lugar del cuerpo y ni siquiera el lenguaje que nos vuelve elegibles ante nosotros mismos resulta capaz de darle forma, identificar, echarlo a andar.

“El callar se vuelve doble callar y en medio del silencio multiplicado te empiezas a preguntar si esto es real, si hay algo real. ¿Quién siente? ¿Qué siente el que siente? La despersonalización es un efecto de la rabia que no puede descansar. Se llama soledad. Se llama el más puro aislamiento.

“Si no fuera porque somos muchas, porque somos tantas, sobreviviendo a la intemperie, inermes más que vulnerables ante la impunidad. Tal vez la historia terminaría aquí. En la rabia que no cesa ese animal encadenado.

“El daño deja de ser una falla individual, la ocasión de la vergüenza que solo el silencio interior pueden cubrir para convertirse en una condición que compartida nos vincula entre nosotras en ese abrazo con el que le damos la espalda tanto al Estado como a la indolencia civil”. Señaló mientras el público le respondió con aplausos y la exigencia de justicia para Liliana.

Contó cómo fue recibido El Invencible Verano de Liliana donde otras y otros se dejaron envolver por el abrazo de Liliana y convirtieron su feminicidio en una exigencia propia de justicia, se desmanteló “una de las piezas de ese muro que es el olvido y el silencio forzado”.

Ahora Liliana está presente en las marchas, en obras de teatro, performances, ofrendas, murales, cartas, Liliana y su invencible verano ha llegado tan lejos como los lectores lo han permitido. 

Con este libro, sostuvo, no se trataba de buscar la justicia legal, sino la justicia que nombra el daño y nos aproxima a la verdad. “Los crímenes violentos y la impunidad que la perpetua, alteran para siempre las vidas de los deudos”.

El rostro de Liliana

Cristina Rivera Garza dijo que insistió en que el rostro de su hermana figurara de manera central en la portada de la edición mexicana “porque quería interrumpir ese privilegio que el Estado y la indolencia les ofrece a los asesinos impunes”, quería que Ángel González Ramos, su asesino, su madre y hermanas, sobrinos y primos, y todos los que lo habían protegido “se enfrentaran ahora a la verdad, a nuestra verdad, a la verdad de Liliana”.

“Quería que todos ellos supieran que Liliana había sobrevivido, tanto al silenciamiento forzado del Estado como al acallamiento cobarde del feminicida y su círculo, incluso a la mudez perpleja de sus deudos. No me amparaban las leyes ni los ministerios públicos ni las sentencias judiciales, pero tenía lenguaje… Esta es la verdadera maldición para ellos, ser dichos por ella, encontrarse dentro de la narrativa de la víctima”.

Contó que alguna vez publicó la fotografía del feminicida en su muro de Facebook, por lo que eventualmente su cuenta fue cancelada sin mayor explicación, ahora usa esa red social. “Quise creer que esa acción era una respuesta poco velada de su familia intentando limitar la divulgación de los hechos” y señaló que tras la publicación del libro ha tenido más información sobre “El Chacal”, como le apodaban sus amigos.

“Poco a poco, a medida que la verdad surge a la luz, la narrativa se transforma. El silencio sólo beneficia el quehacer ininterrumpido de la impunidad, aliándonos de manera perversa con el patriarcado” y recordó a Gisele Pelicot, cuando señaló que “en efecto, la vergüenza debe cambiar de bando”.

Vengar, vindicar, desagraviar, maldecir

Recordó a la escritora Annie Arnoud al momento de recibir el Premio Nobel, que “aseguró que escribía para vengar a los suyos”, un sentimiento conocido por Rivera Garza, quien explicó que vengar significa tomar satisfacción de un daño o agravio, haciendo sufrir otro a la persona responsable. Satisfacción -que señala como- que los perpetradores del daño se vean obligados a encontrarse en las palabras de las víctimas, viéndose en sus ojos interpretados por ellas mismas.

Luego añadió que vengar está cerca de otro verbo: vindicar que significa defender especialmente por escrito a quien se haya injuriado, incluso recuperar lo que nos pertenece.

Presentó desagraviar como sinónimo del anterior, cuyo significado es reparar el agravio hecho, resarcir o recompensar el prejuicio causado. 

Y, finalmente, apuntó que vengar también comparte aliento y lenguaje con otro verbo insurrecto y perturbador: maldecir, cuyo horizonte está siempre en el futuro.

Por ello, sostuvo que, desde mayo de 2021, cuando se publicó El Invencible Verano de Liliana “los hijos del feminicida y los hijos de sus hijos no pueden no saber ya más. La escritura los ha condenado a no cerrar los ojos. Aún más, la escritura ha arrojado sobre ellos esta maldición. 

Las víctimas

Se refirió a lo común que resulta que a las víctimas de feminicidio se les culpe de manera hartera de vestir de forma provocativa o de ponerse en circunstancias vulnerables, de consumir alcohol o de encontrarse dónde no deberían estar, de venir de hogares donde no aprendieron a valorarse a sí mismas y propuso cambiar la narrativa, como lo hace Rosale O´Donnell, autora de la novela Nesting. Narrar con apego a la verdad, el antes y el después del feminicidio. Quizá ese día estemos cerca de subvertir la impunidad.

Anunció que ha realizado gestiones, gracias al consejo de la periodista Daniela Rea, la Universidad Autónoma Metropolitana de Azcapotzalco podría otorgar a Liliana la licenciatura post mortem en Arquitectura, así como la UNAM podría otorgar ese reconocimiento en Sociología e Ingeniería a Edna Reyes Gutiérrez y a Karen García Alemán, cuyas vidas fueron arrebatadas con violencia y con la consecuente impunidad. 

“Así Liliana se podrá convertir en lo que iba a ser: una arquitecta”, dijo en dos tiempos y sosteniendo las lágrimas la reconocida escritora contemporánea mexicana y maestra de la Universidad de Houston.

Al terminar la conferencia magistral, Rivera Garza sostuvo una conversación con la también escritora Rosa Montero.

SEM/sj

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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