Sonia del Valle Lavín
SemMéxico, Cd. de México, 14 de mayo, 2026.- Fernando González, yerno de Elba Esther Gordillo, se sostuvo durante todo el sexenio de Felipe Calderón, no así la secretaria de Educación Josefina Vázquez Mota. Es que el poder del liderazgo magisterial es inversamente proporcional al poder de los funcionarios. El desbalance es tremendo y es a los secretarios a quienes la política les pasa factura.
El yerno resistió todo, desde cambios en el reglamento interno de la SEP para que la titular de la dependencia no fuera responsable de las decisiones que él tomara; hasta la falta de acuerdos con ella, quien tenía por costumbre reunirse periódicamente con los subsecretarios, pero él no necesariamente era convocado.
González trabajaba en una especie de zona franca, como si tuviera a su cargo un organismo con autonomía de gestión. Hablaba con los secretarios y subsecretarios de Educación Básica de los estados. Elaboró diagnósticos estatales. Impulsó un nuevo programa de tecnología “Habilidades Digitales” para primaria y secundaria. Peleó con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes una frecuencia para que las escuelas tuvieran internet gratuito, obvio perdió la batalla, y esta es otra historia.
También tenía que sacar adelante la Alianza, aunque muchos de los procesos de la misma no caían necesariamente en su cancha, sino en la de Gordillo, la Oficialía Mayor de la SEP, Hacienda, pero él era pro-Snte.
La firma de la Alianza trastocaba uno de los intereses más férreos del sindicato: las plazas docentes. El SNTE disponía, de acuerdo con la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado, del 50 por ciento de las plazas vacantes; decidía las promociones a director, supervisor o asesor técnico pedagógico, los cambios de adscripción de una escuela a otra, a través del Reglamento de Escalafón de 1973 y la Comisión Mixta de Escalafón con representantes de la SEP y el SNTE, pero la mayoría de los de la SEP eran maestros comisionados en puestos de funcionarios.
La Alianza fue el segundo intento por el control de las plazas. El primero, fue el Compromiso Social por la Calidad de la Educación que firmaron también la SEP y el SNTE en el sexenio de Vicente Fox y fracasó rotundamente.
Tras la firma de la Alianza, Vázquez Mota se lanzó a firmar acuerdos con organizaciones civiles y organismos internacionales para “subirle” el costo político al SNTE en caso de incumplimiento. El SNTE, por su parte, visitó a los gobernadores para firmar con los secretarios generales del SNTE, la Alianza estatal.
Todo iba bien, hasta que se descarriló la cosa, y en Morelos, los maestros cerraron las escuelas. Gordillo volvió a enfurecerse con la SEP.
Lo dicho, el desbalance de poder es enorme. Es casi como lo que sucedió con el Calendario Escolar, el SNTE pidió volver a tener dos meses de vacaciones, como antes, y la factura política la pagó el secretario, porque para serlo se requiere no solo conocimiento, sino menos torpeza política.



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