Sonia del Valle
SemMéxico, Ciudad de México, 22 de junio, 2026.- Cuando fue nombrado Subsecretario de Educación Básica, Fernando González, hice campaña en su contra. Me parecía un contrasentido que con la cercanía que tenía con el liderazgo magisterial se encargara de gestionar la política educativa. Me parecía, y me sigue pareciendo, que no se puede ser juez y parte.
En una ocasión José Adolfo Murat, quien era diputado federal por el PRI, me invitó a desayunar al Péndulo de Polanco para hablar sobre algunas cuestiones relacionadas con la educación. Casi al final del encuentro se nos acercó Fernando González, como quien no quiere la cosa, para saludar.
Tras las presentaciones, González defendió el papel del SNTE como factor de estabilidad política. Habló de acuerdos, gobernabilidad y equilibrios institucionales. Era evidente que veía el sistema educativo desde una lógica distinta a la mía
Sin duda la aparición casual del funcionario, pues no era casual, pero me encontré con un hombre educado en sus modales, cordial, conciliador y así fue durante todo el tiempo que tuvimos la oportunidad de conversar en eventos, entrevistas, pláticas formales e informales. Nunca vi en él a una persona alterada o encrespada, siempre afable.
Lo traigo a colación porque en días pasados nos volvimos a encontrar. En posiciones diferentes y con una mirada, obviamente, distinta del sistema educativo. Él traía un libro bajo el brazo de más de 300 cuartillas que está próximo a publicar.
Se llama “Educación y Poder. Claves para comprender la educación y el Estado”. Me pidió que lo leyera y le diera mi opinión. Platicamos por varias horas sobre el sistema educativo y los acontecimientos recientes. También platicamos sobre el pasado, lo que incluyó necesariamente la detención de Elba Esther Gordillo. En el libro vine un apartado sobre el evento y solo quiero citar aquí una breve descripción: “Fue un acto fundacional del nuevo gobierno. No solo se castigaba a una persona. Se enviaba un mensaje al sistema político; el nuevo poder no gobernaría mediante intermediarios”.
Eran los tiempos del regreso del PRI al poder, el llamado “nuevo PRI” decía que estaba reescribiendo la historia del país. Para González lo que se derrotó fue un modelo de conducción política de la educación. “Se reforzó una nueva correlación de fuerzas que terminaría por hacer explotar el sistema político en su conjunto”.
“La reforma educativa de 2013 actuó como acelerador el desorden sistémico”, expresa González.
No sé si la reforma de 2013 aceleró el desorden sistémico, como sostiene González. Lo que sí sé es que veinte años después seguimos discutiendo las mismas cosas: quién controla las plazas, quién decide los ascensos y quién tiene la última palabra sobre la educación pública. Mientras tanto, el aprendizaje de las niñas y los niños sigue esperando su turno.



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