Drina Ergueta
SemMéxico, La Paz-Bolivia, 17 de abril, 2026.- Hace unos días, se produjo en la ciudad de El Alto un multitudinario cabildo convocado por un candidato a la gobernación de La Paz, excluido de las elecciones; sin embargo, allí se habló de muchas más razones de descontento popular. Esta concentración, por un lado, llamó la atención a analistas de la política boliviana y, por otro, fue ignorada en algunos sectores y medios de comunicación ¿Qué llevó a esta gente al cabildo y qué provocó que no tenga gran repercusión?
Rita Segato habla del “mandato de la masculinidad” que es esa acción violenta, como una violación, que realiza un hombre porque hay una vocecita que le dice que lo haga: “Hazlo, es de noche y está sola”, “Está borracha, hazlo”, “Eres un tonto si no lo haces”, “¡Prueba que eres un hombre!”. Es decir que se debe probar la masculinidad, así no haya nadie mirando, en una sociedad machista y patriarcal que ha establecido un mandato de cómo se debe proceder, un proceder violento hacia las mujeres para someterlas.
¿Qué tiene que ver el mandato de la masculinidad de la antropóloga Rita Segato con el cabildo? La lectura del hecho, la aplicación del concepto “mandato” para explicar por qué se decide una u otra cosa. Es así que, en ese sentido, en el cabildo y en las reacciones a él se pueden observar varios mandatos que gobiernan:
Por una parte, el cabildo, que incluso pidió la renuncia de Rodrigo Paz, puso en evidencia una insatisfacción social latente. En ese sentido, la tradición del movimiento social boliviano, históricamente muy politizado, hace que la gente salga a la calle a protestar cuando hay una situación de vulneración de derechos, de identidades, de la soberanía, de la propiedad de la tierra y sus recursos, del voto, cuando no hay con qué llenar la olla, cuando la responsabilidad es el del gobierno y, entonces, cuando hay que provocar su caída. Ir a protestar y definir acciones en un cabildo es un mandato, es lo que hay que hacer. Ojo, aquí la comparación con la violencia machista sólo está en el que hay un “mandato” social, la dirección (y valoración) de la acción es contraria entre ambos ejemplos.
En los pocos meses de gobierno de Rodrigo Paz, hubo hechos que generaron malestar social: de no haber gasolina se pasó a que haya poca y tan sucia que ha estropeado miles de motores y, ante eso, se dieron explicaciones poco creíbles, no hay responsables y pocas compensaciones; se observó un gobierno volcado a favor de las élites y no de sectores populares; también un lineamiento con las políticas de Estados Unidos y con el gobierno de Chile, lo que generó temor por la soberanía; por último, se propuso una norma que elimina la pequeña propiedad de la tierra y pone en riesgo la propiedad comunitaria, lo que beneficia a terratenientes. Así, el asunto de las elecciones para gobernador en La Paz, es un tema más del cabildo.
Por otra parte, luego de 20 años de gobiernos de izquierda, la llegada de Rodrigo Paz generó, en los sectores de clase alta y media de las ciudades, una especie de esperanza de un futuro mejor, por lo que se volcaron a aplaudirle tras las primeras medidas adoptadas. Se sumaron muchos medios de comunicación.
A Paz le votaron fundamentalmente sectores populares gracias al candidato a vicepresidente, Edmand Lara, hoy con funciones prácticamente anuladas. Pero, Paz tiene y obedece a un “mandato de clase” que va por encima de quienes le votaron. Su mandato le indica hacer lo que hace, por eso recibe aplausos de quienes lo ven como su igual o de quienes se identifican o quieren formar parte de esa clase social del presidente, hijo de presidente (Jaime Paz) y sobrino de presidente (Víctor Paz). Rodrigo Paz, en más de una oportunidad, dijo que a su gobierno no le guía una ideología (cosa que evidentemente es falsa); sin embargo, lo que es notorio es que le guía ese mandato de clase.
Por eso, el cabildo se ignoró (por ahora) y tampoco repercutió mediáticamente.
Hay mandatos sociales enfrentados conocidos, como el de clase alta y el de sectores populares reivindicativos; y hay mandatos sociales invisibilizados y siempre presentes como es el “mandato de la masculinidad”, cuya violencia se produce de forma de alto impacto (en una violación o feminicidio) o de baja intensidad (como cuando en un cabildo o en las elecciones como candidatos sólo participan hombres). La lucha social de clases se produce a diario, el ejercicio de la violencia machista invisible también y hay que visibilizarla, denunciarla y eliminarla.



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