- Color de piel y lugar de residencia factores que determinan quiénes tienen un celular o una computadora
- Refleja desventajas acumuladas en el acceso a recursos económicos, capital social y oportunidades
Dixie Edith
SemMéxico/SEMlac, La Habana, 23 de febrero, 2026.- El acceso y uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en niñas, niños y adolescentes en Cuba reproduce desigualdades que han marcado históricamente a la sociedad de la nación caribeña, confirman especialistas.
El color de la piel, el lugar de residencia y la situación socioeconómica familiar determinan no solo quiénes tienen un celular o una computadora, sino también de qué manera se apropian de esas herramientas y a qué riesgos se exponen al usarlas, detalla el artículo «Infantes y adolescentes frente a las TIC: un análisis desde el enfoque de vulnerabilidad social», publicado a inicios de 2026 por la revista Estudios del desarrollo social: Cuba y América Latina.
«Los adolescentes de piel blanca muestran, sistemáticamente, mayores porcentajes de acceso a celulares (72,22%) y computadoras (35,18%) en comparación con sus pares negros y mestizos», revela el artículo que toma como base la investigación «Vulnerabilidades sociales en la infancia y la adolescencia en Cuba», realizada en 2024 por especialistas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.
Esta diferencia no es casual, sino que refleja desventajas acumuladas en el acceso a recursos económicos, capital social y oportunidades de movilidad ascendente, agrega el texto.
El estudio combinó encuestas a 120 adolescentes y familias con niñas y niños, talleres participativos con técnicas proyectivas como dibujos y completamiento de frases y entrevistas a expertos. Además, aplicó un enfoque interseccional que permitió visibilizar cómo se entrelazan diferentes ejes de desigualdad, explican las investigadoras Ileana Núñez Morales, Yeisa Sarduy Herrera y Ana Isabel Peñate Leiva, autoras del artículo.
Un problema con historia
La brecha digital no es un fenómeno nuevo. El Estado Mundial de la Infancia 2017 «Niños en un mundo digital» insistió en que, si bien niñas, niños y adolescentes menores de 18 años representaban aproximadamente uno de cada tres usuarios de internet en todo el mundo, el acceso digital «se está convirtiendo en la nueva línea divisoria».
A nivel global, 29 por ciento de jóvenes permanecía desconectado del mundo digital, con profundas disparidades regionales, según Unicef. A ello se suma la «persistente brecha de género»: en 2017 la proporción de hombres que utilizaban internet a escala mundial superaba en 12 por ciento a la de mujeres, detalló el informe de Unicef de ese año.
En Cuba, investigaciones como la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados (MICS), realizada en 2019, ya habían confirmado que el lugar de residencia, el color de la piel y el nivel educativo de las jefaturas de hogar eran determinantes para el acceso a las tecnologías. El estudio, impulsado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Ministerio de Salud Pública (Minsap), abarcó 11 mil 966 hogares cubanos e identificó la brecha territorial entre las más acentuadas.
Hasta finales de 2019, apenas 4,6 por ciento de los 3,8 millones de viviendas contaba con conexión doméstica a internet. Pero mientras 5,4 por ciento de los hogares urbanos tenía acceso, en las zonas rurales la proporción descendía a solo 0,9 por ciento.
Igual ocurrió con la tenencia de computadoras: solo 12,5 por ciento de los núcleos familiares en zonas rurales poseía estos equipos, frente a más de 30 por ciento en áreas urbanas.
El color de la piel emergió también como eje de las desigualdades en este terreno. El 70,7 por ciento de los hogares gestionados por personas blancas disponían de líneas móviles, mientras los de jefatura negra alcanzaban apenas 61,1 por ciento.
En cuanto a la conexión a internet en el hogar, la diferencia era de 4,1 por ciento para familias con jefatura blanca, frente a 2,4 por ciento para aquellas lideradas por personas negras.
La brecha de género también fue evidente en el uso de computadoras y el acceso a internet (al menos una vez a la semana). La diferencia fue de 60 por ciento para los varones, frente a 49,6 por ciento para las muchachas, en el primer caso, y de 45,7 por ciento frente a 36 por ciento, en el segundo.
En tanto, 73 por ciento se los varones de 15 a 19 años entrevistados tenían móvil propio, frente a solo 66,9 por ciento de las adolescentes mujeres.
A finales de 2025 había un total de 8,14 millones de conexiones móviles activas en Cuba, lo que equivale al 74,5 por ciento de la población, según el Informe Digital 2026 sobre tendencias digitales y de redes sociales de We Are Social. En 2019 esa cifra era de 4,57 millones, para un 40 por ciento, según misma fuente.
Además, 7,79 millones de personas usaban internet, para una penetración en línea de 71,3 por ciento, frente a 6,47 millones para un 56 por ciento en 2019.
Al cierre del pasado año, la nación caribeña contaba con 6,56 millones de usuarios de redes sociales (60,1% de la población), en contraste con 6,47 millones (56%) en 2019.
Aunque We Are Social no desagrega las cifras por edad, es lógico suponer que el acceso de niñas, niños, adolescentes y jóvenes a las TIC también ha crecido desde 2019, en línea con el aumento de las cifras de la población total.
Más acceso, pero no más equilibrado
El estudio publicado este enero confirma que, independientemente de la penetración de las TIC en el país, las brechas interseccionales de acceso se mantienen.
El territorio sigue operando como un eje de desigualdad. Comunidades más vulnerables y con concentración de población negra o mestiza –como El Fanguito y San Isidro, en La Habana– muestran tasas más bajas de conectividad y equipamiento tecnológico.
La oferta pública de internet presenta disparidades territoriales en calidad y cobertura. En ese sentido, los costos de conectividad y equipamiento resultan barreras para segmentos de la población. Todo ello se agravó con el incremento de los precios de los datos móviles implementado por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) a mediados de 2025, lo que generó mucho malestar, sobre todo en sectores universitarios y de la población joven.
El género también influye en los usos y riesgos asociados a las tecnologías. El estudio citado identificó un predominio de varones entre quienes consumen videojuegos de manera intensiva, lo que deriva en ocasiones en adicciones y cambios de la conducta.
Las autoras señalan que estos elementos generan alteraciones en el comportamiento y la salud de niñas, niños y adolescentes, pero ni ellos ni las personas adultas que les rodean perciben estos comportamientos como riesgosos. Esta naturalización de los peligros digitales se extiende a fenómenos como el ciberacoso, el grooming y la exposición a contenidos nocivos, frente a los cuales no existen mecanismos de protección suficientemente desarrollados.
Adolescentes de ambos sexos consultados reportaron haber experimentado situaciones de violencia en entornos digitales, aunque no siempre las identificaron como tales. Los talleres con niñas y niños de entre 8 y 12 años revelaron situaciones de incomodidad o miedo en sus interacciones digitales, pero no saben a quién recurrir ni cómo actuar.
Pese a este panorama, el estudio también ratifica el potencial emancipador de las TIC. El 35 por ciento de las y los adolescentes reportó emplear estas herramientas para tareas escolares, lo que constituye un indicador de acceso al conocimiento.
Durante el proceso participativo de consulta previo a la aprobación del Código de Niñez, Adolescencias y Juventudes, en vigor desde enero de 2026, los riesgos de los entornos digitales, el ciberacoso, la exposición de sus vidas privadas por parte de adultos y a contenido inapropiado estuvieron entre las preocupaciones referidas por niños, niñas y adolescentes participantes de los debates.
Los hallazgos del estudio de Núñez Morales, Sarduy Herrera y Peñate Leiva adquieren especial relevancia en el contexto de esta nueva norma legal, que dedica varios artículos a los derechos digitales y la protección en entornos tecnológicos. Para ellas, la verdadera emancipación digital reside en la construcción de ecosistemas digitales seguros, que combinen protección con oportunidades para el ejercicio progresivo de la autonomía digital.
SEM-SEMlac/de



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