Cárteles inmobiliarios, la otra violencia contra las mujeres

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La casa de calle General Cepeda 477

En el centro histórico de Saltillo, Coahuila, México

​​Habitar es vivir o residir junto a las cosas, 

cuidando y abrigando a las que crecen”, Heidegger.

Jackie Campbell 

SemMéxico, Saltillo, Coahuila, 6 de abril, 2026.-La fe de bautismo de María Consuelo de la Rosa Martínez, que había nacido el 20 de mayo de 1913, fue otorgada por la Parroquia del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Saltillo, Coahuila, el 10 de noviembre del mismo año. Fue una joven inquieta a la que le gustaba aprender; fue maestra rural en la comarca lagunera, trabajó en escuelas de Torreón y Durango, y conoció las lagunas de Mayrán y de Viesca, cuando las familias en lancha disfrutaban del paseo, sin embargo siempre regresaba a Saltillo. Se casó con Roberto Vega, originario de la capital de la República, quien la dejó viuda muy joven, entonces ella dejó la docencia y empezó a administrar un establecimiento de libros usados de la calle Pérez Treviño en el centro de Saltillo, que se llamaba Libros Eduardo.

El lugar de compra y venta de libros de segunda mano era de Eduardo Montenegro, conocido por su negocio “fotografía Montenegro”. En 1953 ella dejó de ser empleada de Montenegro pues éste le traspasó el negocio, así que siendo la dueña, además de los libros, empezó a vender refrescos y dulces en la tienda, pero hizo otro cambio más, se mudó al fondo del pasaje Saade, a un local en el que pagaba un alquiler. El lugar era muy socorrido no sólo por personas adultas lectoras, sino también por jóvenes estudiantes que llegaban tanto a vender como a comprar libros. A ese lugar la llegaron a visitar incluso sus nietas, para jugar con las niñas Saade que tenían más o menos las mismas edades.

Para la señora Consuelo, tener el negocio por 10 años, no sólo significó tener buenas ganancias, sino nuevas amistades y oportunidades de lectura personal. Estaba acostumbrada a ser independiente porque tenía libertad económica; siempre tuvo su salario como maestra, luego como administradora de la tienda y después como responsable de la misma, e inclusive desde que quedó viuda hasta que trascendió, ella recibió la pensión de su marido, quien era maestro, así que pudo tener ahorros y hacerse de una propiedad. Cada mes pagó una casa en la calle de General Cepeda, que muchos años antes fue la calle Real de Santiago, porque había sido el arroyo o la acequia de la Villa de Santiago de Saltillo. La casa que compró se ubica entre el callejón de Teresa (hoy callejón Caracol) y el callejón de la Matanza (hoy callejón Gómez Farías) por donde pasó toda su familia, y cuya propiedad al día de hoy está en manos de las nietas.

Los documentos que las nietas tienen sobre la propiedad, confirman que en 1931 la señorita María de Jesús Zamora entregó la casa a las señoritas Isabel y Concepción, y a la señora Catalina Zamora de Maltos. En 1937 Catalina entregó su parte a José E. Zamora, y por ello se observa que la fachada de la propiedad abarca dos puertas principales sobre la calle General Cepeda, cada una con su propio número. Una de esas casas, la que está al norte, estaba siendo habitada por María del Consuelo con su hijo y su nuera. En 1963 en esa misma casa nació su nieta Guadalupe Sofía Vega Banda, quien todavía empezando a cursar la primaria, vivió con su abuela y durmió en la habitación del fondo, aprovechando que la abuela “Chelito”, como cariñosamente la llamaban, le contaba cuentos y como buena maestra, la enseñó a leer, escribir y hacer cuentas. 

En 1971 el apoderado jurídico de José E. Zamora, le entregó la escritura a la Señora María del Consuelo de la Rosa Martínez viuda de Vega, y ella misma en 1983 pasó la escritura de su nombre, a nombre de su hijo favorito José Eugenio Vega de la Rosa, padre de aquella niña que hoy cuenta con 62 años de edad, aunque ninguno de ellos de experiencia en litigios. María del Consuelo le dejó la casa a su hijo y a la familia de éste, mientras ella se mudó a la calle Ateneo, y fue en esa casa en donde recibió la visita de quien fue su nieta consentida, puesto que además se lo hacía saber, misma que le llevaba a su bisnieta para que convivieran. La nieta todavía el día de hoy conserva el juego de té que la abuela le regaló cuando se casó. María del Consuelo de la Rosa Martínez viuda de Vega falleció de neumonía en el ISSSTE cuando tenía 79 años, en enero del año 1992.

Además de conocérsele por lo trabajadora y por tener muy buena vista, a la señora Chelito le gustaba mucho cocinar y hacer tortillas de harina integrales a diario, para acompañar con varios guisos, sin que faltaran los frijoles pintos cocidos en jarro. Siempre había comida en casa de la abuela, pero para las nietas y nietos ella preparaba siempre algo especial, como un pequeño dulce, camote cocido o dulce de calabaza, o un vasito de leche caliente. Leía mucho, y entre las lecturas también tenía la Biblia, y cantaba todo el día sobre todo si había niños a su lado, aunque fuera canciones de la Iglesia, como recuerda su hermana. Aunque era una mujer simpática y de buen carácter, regañaba a alguna de sus hijas de vez en cuando.

La historia de las ancestras, siempre debe ser recordada, pero sobre todo honrada. Su nieta favorita debió rescatar fotos y documentos, más por necesidad que por gusto. El hijo de Consuelo, José Eugenio, dueño de la propiedad, habitó la casa hasta su fallecimiento en el año 2008. El año siguiente la familia decidió alquilarla, así que el inmueble se le rentó a la Señora Teresa de Jesús Calvillo Mendoza (quien aún vive para dar fe de ello), quien estuvo en la propiedad hasta el año 2020, fecha en la que la casa quedó abandonada hasta el día en que la nieta de Chelito fue advertida, el martes 29 de septiembre de este año 2025, de que alguien desde la Notaría 131 recién instalada en la calle General Cepeda esquina con el callejón Gómez Farías, había quebrado una pared lateral de la propiedad para ingresar al interior de la vivienda, y desde ahí soldar la puerta para que desde la calle, no se pudiera ingresar. Es decir, una persona se había apropiado de casa de la abuela Chelito, despojándolas de su patrimonio.

La nostalgia de la familia y la abuela, el vínculo afectivo de un espacio físico del que se despoja, y el miedo ante la amenaza de perder la vivienda y el patrimonio familiar, son algunas de las emociones que las mujeres viven no sólo en esta ciudad. En Saltillo, Coahuila, noreste mexicano, la palabra gentrificación está prohibida como lo están las violencias contra las mujeres, donde el feminicidio es la manifestación más extrema de violencia de género pues implica el asesinato de una mujer. En el municipio de General Cepeda, el mes de junio de este año fueron golpeadas 7 mujeres por funcionarios del municipio que las quisieron desalojar de sus viviendas, todas mujeres, todas de ciertos años. Salvo a una familia, que logró sacar una bolsa de ropa que es con lo que cuenta de sus propiedades, al resto no lograron desalojarlas porque se unieron familiares y amigos que las defendieron incluso de los jóvenes a los que se contrató para sacarlas de sus casas. A ellas también les quebraron sus bardas de adobe.

Si alguien ajeno se mete a una casa, es robo; las escrituras amparan y protegen el lote de terreno con medidas y colindancias. Desde que se firma la escritura, la persona es dueña de ese terreno y se puede tomar posesión conforme a lo que se marca; si hay dudas se hace un levantamiento topográfico y si hay personas que rompen la pared, hay que meter una demanda por daño en propiedad privada. Si en la justificación para causar ese daño, las personas ajenas no pueden probar tener escrituras o el que éstas sean genuinas, no pueden continuar con su acto de mala fe. Incluso deben remediar el daño.

Como todos los problemas de desigualdad, la falta de una vivienda adecuada, tiene una mayor incidencia entre los grupos más vulnerables. Las mujeres sufren discriminación en numerosos aspectos de la vivienda, la tierra y la propiedad, en razón de su género, a lo que a veces se añaden otros factores como la pobreza, la edad, la clase social, la orientación sexual o el origen étnico. La nieta de la señora Consuelo no estaba preparada para librar una batalla para defender lo que a su abuela tanto trabajo y por tantos años le costó.

El violentómetro que se hizo famoso hace unas décadas debiera agregar no sólo la violencia vicaria que viven sobre todo las madres jóvenes, sino también la violencia al desplazamiento causado por la gentrificación, que sufren mujeres de edad avanzada. Las transformaciones actuales en la producción del espacio urbano en las zonas históricas de las capitales de las entidades federativas, implican una revalorización de los usos del espacio urbano, que destacan la renovación arquitectónica, el énfasis de servicios de restaurantes, hoteles, museos, y el espacio público, dando la sensación de exclusividad. Ésta es una violencia simbólica y naturalizada, que desaparece cuando las personas propietarias de toda la vida, son expulsadas del barrio que aunque las conoce, no las protege, ni defiende, ni valora, frente a servidores públicos sin escrúpulos serviles al dinero. Además de cárteles inmobiliarios y líderes huachicoleros en Coahuila, una debe cuidarse de escribanos que andan como topos arrebatando patrimonio a las mujeres.

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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A partir de este domingo 2 de marzo ofrecemos: una retrospectiva, a 50 años de la primera conferencia mundial de la mujer que se celebró en México, de los 30 años de la IV Conferencia Mundial de la Mujer, Beijing 1995 y todo lo que sucede y está sucediendo alrededor del 8M.


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