Cubanas: Marta Deus, emprender en Cuba es también crear comunidad

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• Había visto en Europa cómo funcionaban las gestorías, estaba convencida de que en Cuba iba a hacer falta algo similar

Lisandra Fariñas
SemMéxico/SEMlac, La Habana, 6 de abril, 2026.- Cuando la cubana Marta Deus habla de emprendimientos, no se refiere solo a negocios, sino también a la red invisible que los sostiene: el vecino que recomienda, el amigo que comparte un contacto, la otra emprendedora que escucha sin juzgar.


«Crear comunidad desde el principio, para mí, ha sido importantísimo», dice esta joven cubana y esa frase bien podría ser el hilo conductor de sus 13 años de travesía por el sector privado cubano.


Deus fundó en 2013 un servicio de contabilidad externa, cuando nadie entendía por qué un contador no tenía que estar sentado en una oficina todos los días. 

Luego dio vida a Negolution, una revista que nació en la época en que la conexión a internet se limitaba casi a los parques Wi-Fi y se convirtió en ventana para el ecosistema emprendedor de la nación caribeña.


A ello le siguió «Mandao», una aplicación de entregas, y en los últimos tres años, «Ellas hablan», un espacio que se ha convertido en algo más que un evento de networking. Es un lugar donde las mujeres emprendedoras encuentran inspiración, herramientas y, sobre todo, otras mujeres que entienden sus mismas batallas, advierte.


De la necesidad a la innovación


Su historia empresarial comenzó en 2013, cuando regresó a Cuba con una idea clara, luego de vivir un tiempo en España, y se encontró con un país de escasa cultura empresarial. Había visto en Europa cómo funcionaban las gestorías, esos servicios externos que llevaban la contabilidad de pequeños negocios, y estaba convencida de que en Cuba iba a hacer falta algo similar.


«Contacté con los amigos que tenía en Cuba y les dije: ‘oye, me parece que el camino es por aquí'». En ese momento, las opciones legales eran limitadas. La licencia que encontró para ejecutar su idea fue la de tenedor de libros y por ahí empezó.


Sin embargo, el contexto entonces era hostil para una idea que hoy parece obvia. Cuba llevaba décadas sin una cultura de negocio privado y la noción de que la contabilidad podía ser un servicio externo chocaba con la mentalidad imperante. «Cada vez que iba a un pequeño negocio a decir que dábamos ese servicio, decían: ‘Sí, estoy buscando contador, pero yo quiero que trabaje aquí todos los días, todo el tiempo'», recuerda. El primer año fue durísimo, agrega.


Lo que ayudó a sortear ese obstáculo fue, paradójicamente, la mirada de quienes habían vivido fuera. Las primeras personas que confiaron en ellas -porque el equipo estaba formado solo por mujeres- fueron cubanos emigrantes que habían retornado a la nación caribeña.


«Tenían esa visión de que ese servicio se podía dar de esa manera», explica. El boca a boca hizo el resto; pero el camino ya había dejado como aprendizaje que la confianza se ganaba con hechos, no con palabras.


Deus comenta que ese inicio, siendo tan joven -tenía 25 años- y mujer, en un mundo de negocios predominantemente masculino, le exigió construir una imagen de formalidad y seguridad. A veces, cuenta, tenía que aparentar más edad para ser tomada en serio.


«Después la gente nos empezó a recomendar y ya eso hace que tú llegas en otra posición. Siempre hay personas que se sorprenden. Yo recuerdo a muchas que han hablado conmigo por teléfono y cuando me ven, me dicen: ‘ay, yo esperaba a una señora'».


Antes de ese primer negocio, Deus ya había acumulado una formación que pocas jóvenes tienen. Nacida en el Vedado, en la capital cubana, creció entre ese barrio y Alta Habana, donde sus padres tenían un apartamento. Pero la vida dio un giro para ella cuando la familia emigró a España. Allá trabajó desde los 13 o 14 años: cuidaba niños, los llevaba a la escuela, trabajaba en tiendas, ayudaba a su madre limpiando escaleras…


«La emigración te hace madurar», reflexiona. «Ves a tus padres que a lo mejor eran profesionales y tienen que llegar a otro país a hacer un trabajo diferente. Te das cuenta de que tienes que aportar en la casa», apunta.


Esa experiencia temprana le dio una ventaja cuando decidió apostar por Cuba. Había trabajado en despachos de abogados, en tiendas de perfumería, entendía «la maquinaria» de los negocios. Pero también le regaló algo más: la claridad de que el sacrificio es parte del camino. «Todo el mundo decía: ‘Bueno, ¿cómo lo vas a hacer? No hay posibilidades’. Pero bueno, se consiguió», dice con la calma de quien ha visto cumplirse un sueño.


Si el primer negocio nació de una convicción, los siguientes surgieron más de la necesidad que de un plan. «Yo no he contado con un capital grande para poder ir desarrollando ninguno de esos negocios. Entonces, todo fue: bueno, ya este se encamina, entiendo un poco dónde va, y este va y alimenta al otro».


Negolution, revista que se convirtió en un referente para el emprendimiento cubano, nació en 2017 en una época de internet limitado. «Dijimos: ‘¿por qué no hacer una revista de negocio que hable solamente de emprendimiento?’. Nadie estaba hablando de eso».


Más tarde, en 2019 creó «Mandao», un servicio privado de mensajería y delivery en La Habana que, tras la legalización de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) en septiembre de 2021, se consolidó como una de las primeras empresas privadas formales de logística en la isla.


«Mandao» empezó como un servicio de mensajería, de esos que llevan documentos o paquetes de un lugar a otro. Pero una colaboración con los muchachos de A la Mesa -entregando cakes para el Día de las Madres y comida para Nochebuena- cambió la perspectiva. «Ahí vimos que había una necesidad real», recuerda la emprendedora y agrega que, con la pandemia de Covid-19, los pedidos de comida a domicilio se dispararon.


Pese a todo lo logrado, Deus insiste en que el camino es más empinado para las mujeres. No solo por el acceso al financiamiento, que es común a todos los emprendedores cubanos, sino por las estructuras familiares y sociales.


«La sociedad, tu familia, también esperan ciertas cosas de ti», explica. En «Ellas hablan», el proyecto que creó en 2022 para visibilizar y apoyar a mujeres emprendedoras, lo vieron con claridad: cuando una mujer comienza a emprender, por ejemplo, las rupturas de pareja son frecuentes. A muchas se les pone a escoger entre el negocio y la familia.


A eso se añade la sobrecarga del cuidado. Hijos, padres enfermos, personas mayores a cargo. Todo ello pesa más en la balanza femenina. Ocurre algo también con el financiamiento, que suele venir de amigos y familiares. Pero cuando eres mujer, dice, esas personas confían menos en ti. «Porque saben que tienes más posibilidades de fracasar por toda esa sobrecarga doméstica y de cuidados».


La comunidad como motor


«Ellas hablan» fue, además, la respuesta a una estadística que la inquietaba: solo alrededor del 20 por ciento de las pymes estaban lideradas por mujeres. «¿Qué podemos hacer para que ese porcentaje sea un poco más equilibrado?», recuerda que fue la pregunta con la cual comenzó la idea de desarrollar un programa inspirador, donde mujeres emprendedoras contaran sus historias.


Para Marta Deus, crear comunidad no es un añadido en el camino de emprender, sino parte de su esencia. «Esa necesidad de apoyo, de compartir contactos, de saber cómo resolvió el otro un problema determinado, es lo que define al emprendimiento cubano. Es de las cosas más bonitas», afirma.


Escuchando a otras mujeres durante tres años en «Ellas hablan», descubrió patrones comunes que la llenaron de admiración, reconoce.


«La mujer cubana -como muchas otras- tiene un valor de no solamente enfrentar todos esos problemas en la casa y seguir su negocio, sino de hacerlo con ternura. Cuidan de sus trabajadores; no están solo dirigiendo una empresa, sino cuidando qué pasa en las casas de los trabajadores, enseñando, creando familia en todos esos espacios», señala.


Las palabras que más se repetían en los encuentros, dice, no eran «dinero» o «éxito», sino «comunidad», «trabajadores», «equipo».


Al reflexionar sobre qué aprendió de sí misma en ese proceso, Deus responde con honestidad que descubrir una capacidad de crecimiento personal y espiritual que no sabía que tenía. «Hay pequeños prejuicios, competencias, que durante cada programa me iba quitando. Y lo que me queda es una admiración total y muchas ganas de seguir haciendo por otras mujeres», afirma.


Hoy, con 13 años de experiencia, observa un ecosistema emprendedor que ha cambiado para bien en lo legal -con la figura de las mipymes-, pero que sigue enfrentando retos enormes: la discrecionalidad, los cambios constantes en las leyes, la falta de confianza en el sistema bancario y el financiamiento como asignatura pendiente, asegura.


«Oportunidades sigue habiendo muchísimas, porque aquí en Cuba todo está por hacer», sentencia.


En un país donde la única certeza es la incertidumbre, su fórmula para sostener los negocios es la flexibilidad y la respuesta ágil. «Tienes que tomar decisiones rápidas o se termina el negocio, lo tienes que cerrar. He visto muchas personas que han tenido que despedir a mucha gente porque tomaron las decisiones tarde».


Pero Marta Deus es optimista por naturaleza. Lo que la mantiene positiva, en medio de tantos desafíos, es ver el compromiso de sus trabajadores: «si ellos están comprometidos, ¿cómo no lo voy a estar yo?», sostiene.


Sobre el futuro, sueña con una Cuba «con espacio para todos y todas». Donde existan sistemas de financiamiento, aceleradoras, incubadoras y espacios específicos para mujeres.


«Me encantaría trabajar con niños, niñas y adolescentes, porque ese cambio de mentalidad en las mujeres tiene que empezar un poco antes. Los emprendedores sufrimos, pero también es un camino de mucha satisfacción. Toda esa experiencia te servirá para la vida», concluye.

SEM-SEMlac/lf

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Homenaje a las Costureras del 19 de septiembre, 1985.



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