Soledad Jarquín Edgar
SemMéxico, Oaxaca, 17 de abril, 2026.- Después de la “sorpresiva” renuncia de Citlalli Hernández Mora a la Secretaría de las Mujeres para asumir tareas partidistas, las preguntas que nos hacemos son ¿Qué sigue? y ¿Quién sigue?
La tarea que debe asumir no es fácil. La creación de la dependencia es muy reciente, pero no única, la institucionalidad de las políticas para las mujeres tienen una breve historia de 25 años, desde la creación del Instituto Nacional de las Mujeres.
Y, claro, que antes de ese cuarto de siglo y durante ese tiempo, hay un movimiento social feminista que ha dado nombre a la desigualdad que permea profundamente en la vida de las mujeres con respecto a los hombres, sean quienes sean esas mujeres, aun cuando pertenezcan a las élites del poder político o económico, lo cierto es que la desigualdad está presenten en cada una. Ahora, imagínese entonces, si las “empoderadas”, como luego dicen, enfrentan discriminación y violencia, ahora piense en las que no tienen nada.
Ese feminismo que ha provocado que la grave violencia al menos salga a la luz desde otra perspectiva, como un problema social y no como un asunto de familia; es el mismo que ha propuesto infinidad de cambios legislativos y la creación de cientos de instituciones en la pretensión de hacer camino.
El feminismo también ha sido un respaldo fundamental para el activismo de las madres de las víctimas del feminicidio y de las madres buscadoras que asumen sus derechos y los exigen, nadie puede decir lo contrario.
Estamos hablando de al menos cuatro generaciones de mexicanas esforzándose cada día para encontrar ese otro modo de ser diferentes como sociedad y sí hay avances innegables, profundos y trascendentales, de ahí la importancia de conocer la historia de las mexicanas o voltear a ver la vida de nuestras madres o abuelas, solo para comparar un poco.
La igualdad que se persigue sistemáticamente no es un sueño inalcanzable, de ahí que esta lucha social haya persistido a lo largo siglos, sin embargo, la resistencia también sigue, hay quienes siguen pensando en las mujeres como si estuviéramos en el siglo XVII, XVIII o XIX, como adornos de salones, sumidas en la cocina, sin acceso a la educación, de ahí la resistencia, ellos no quieren perder su posición de privilegio, pero si están dispuestos a utilizar sus cuerpos como monedas de cambio.
¿Por qué a mi me gustaría una feminista en la Secretaría de las Mujeres y no una política que se asume feminista? Por un sólo hecho: el compromiso que conlleva ser feminista es profundo, porque sabe que no va a caminar a ciegas ni sola, porque también reconoce dónde están las trampas que se multiplican y proliferan como plaga en todo, considerando que el patriarcado es una estructura colosal, pero no indestructible.
A mi no me gustaría una política que se asume feminista, porque conoce algunos conceptos pero no los entiende, desconoce de donde vienen sus derechos, cómo llegó a ocupar una curul en algún congreso, o por qué es presidenta o gobernadora de su estado. Ellas, no podrían generar ninguna posibilidad de cambio y de esas ya hemos tenido para dar y prestar, tanto en el ámbito nacional como en las instituciones afines en cada entidad.
Vivimos tiempos difíciles, aunque no se reconozca desde el Salón de Tesorería del Palacio Nacional, donde todavía les cuesta trabajo entender esta insurgencia por los derechos de las mujeres y su tan traído y llevado derecho a una vida libre de violencia, no es por molestar sino porque está sucediendo allá afuera, una mujer es asesinada cada dos horas en México y cada seis horas una mujer es desaparecida en este país.
Se necesita una feminista que no acepte politiquería por política pública, que abra las puertas que aún están cerradas y que no crea que repartiendo cartillas reparte derechos.
Sí es un sueño, pero más vale decirlo, qué tal si se cumple.



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