- Es un problema social vinculado con la ruralidad y brechas escolares
- La fecundidad adolescente se resiste a descender en la nación caribeña
Dixie Edith
SemMéxico/SEMlac, La Habana, 20 de abril 2026.- El embarazo adolescente es un problema social en Cuba, se vincula estrechamente con la ruralidad o las brechas de escolaridad y compromete no solo los proyectos futuros de muchas jóvenes, sino el derecho a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas.
Desde esa certeza se construyó el Programa Conjunto «Prevención y atención al embarazo y la fecundidad adolescente en Cuba», que se implementará durante 36 meses, en 10 municipios de la zona oriental del país, a partir de una acción común del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el de Población (Unfpa), con financiamiento de la Unión Europea (UE).
La elección geográfica no es casual. La fecundidad adolescente se resiste a descender en la nación caribeña. En el caso de las niñas menores de 15 años, lejos de disminuir ha experimentado aumentos en diferentes localidades, especialmente en la zona oriental, explicó la psicóloga y demógrafa Daylin Rodríguez Javiqué durante la presentación de la iniciativa conjunta, el 14 de abril en La Habana.
Camagüey, Las Tunas, Holguín y Granma -provincias pilotos de la intervención, ubicadas en el oriente- están justamente entre las de mayores tasas de embarazo adolescente, todas superiores a la media nacional en 2024, de 47,1 nacimientos por cada 1.000 mujeres, confirmó Rodríguez Javiqué, profesora del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), de la Universidad de La Habana.
Ubicados a más de 600 kilómetros al este de La Habana, se trata de territorios que, además, han sido afectados por fenómenos naturales recientes, como el huracán Melissa, lo que agravó las condiciones de vida y aumentó los riesgos de violencia y desprotección para niñas y adolescentes.
«En un contexto de crisis energética agravada y de difícil recuperación después del huracán Melisa, queremos contribuir a frenar desigualdades», afirmó Jens Urban, Embajador de la Unión Europea en Cuba, según la nota de prensa oficial de la presentación.
En los territorios afectados por Melissa, el programa contempla acciones de protección, resiliencia y recuperación, que incluyen apoyo sicosocial y servicios comunitarios, promoción de prácticas higiénicas y de gestión menstrual digna, así como iniciativas de empoderamiento económico, con participación activa de adolescentes, refiere la nota.
«Nuestro énfasis en la salud sexual y reproductiva busca asegurar que cada joven pueda decidir sobre su cuerpo y su vida y proteger su derecho a elegir incluso en contextos de emergencia», afirmó Marisol Alfonso de Armas, jefa de la oficina del Unfpa en Cuba.
Alfonso de Armas destacó que la elección de los municipios para el proyecto responde a criterios de «inteligencia demográfica», una herramienta que permite analizar las estadísticas para priorizar las intervenciones en los territorios y en las personas que más lo necesitan.
«La utilizamos para convertir datos en derechos, a través de políticas que garantizan el acceso a servicios de salud de calidad, a la educación integral de la sexualidad y la igualdad de género, trabajando siempre junto a las juventudes como protagonistas de su propio desarrollo», añadió.
Números complejos
En Cuba, el embarazo adolescente tiene que enfocarse como un problema social, no solo de salud pública, insistió la también psicóloga y demógrafa del Cedem Matilde de la Caridad Molina Cintra.
Para Rodríguez Javiqué, es necesario valorar de manera particular el aumento de la contribución de las adolescentes a la fecundidad total del país. Si bien las tasas han disminuido lentamente, «aumenta su peso en la estructura del comportamiento de la fecundidad», precisó.
El embarazo adolescente constituye una desarticulación de la fecundidad cubana y genera múltiples brechas en el desarrollo psicosocial, precisa el artículo “Fecundidad adolescente en Cuba, un problema social», publicado en 2025 en la revista Novedades en Población.
De hecho, los municipios seleccionados -Jobabo (Las Tunas), Cacocum (Holguín), Najasa y Jimagüayú (Camagüey), y Manzanillo, Pilón, Río Cauto, Jiguaní, Buey Arriba y Cauto Cristo (Granma)- se encuentran entre los 20 con mayor tasa de fecundidad adolescente en el país.
Las especialistas del Cedem advirtieron que las madres adolescentes tienen más probabilidades de sufrir discriminación y violencia de género, experimentar estigma cultural o permanecer atadas a roles femeninos tradicionales, lo que a su vez pone en riesgo su inserción y logro escolar, así como su incorporación al mercado laboral.
Apuesta por la transformación cultural
Bajo el lema «¡Dale impulso a lo que te hace crecer!» y con una inversión total de un millón de euros, el programa conjunto articula tres ejes fundamentales que rompen con la visión meramente asistencialista del embarazo adolescente.
Si bien se contempla la mejora de la calidad de los servicios integrales de salud sexual y reproductiva, incluida la provisión de anticonceptivos, la iniciativa pone foco en la transformación de normas y patrones socioculturales e institucionales que generan brechas de género y limitan la autonomía corporal.
De acuerdo con estudios realizados como parte del proyecto «Implementación de Estándares de calidad en los servicios de salud para adolescentes», desarrollado entre 2021 y 2023 por el Ministerio de Salud Pública (Minsap) y el Unfpa, 65,8 por ciento de los adolescentes encuestados desconoce los implantes subdérmicos (método anticonceptivo de larga duración); 38,3 por ciento, los inyectables y 34,1 por ciento, los dispositivos intrauterinos (DIU).
Los métodos más reconocidos son el condón y las píldoras orales, mientras que los de larga duración y la anticoncepción de emergencia son grandes ausentes en el conocimiento juvenil.
En tanto, la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados (MICS, por sus siglas en inglés), desarrollada en 2019, indica que si bien más del 40 por ciento de las adolescentes encuestadas usó algún método en su primera relación sexual, más del 30 por ciento no los emplea.
El éxito del proyecto dependerá de la coordinación entre el Minsap, el Ministerio de Educación (Mined), los gobiernos locales y organizaciones de la sociedad civil. Este enfoque multisectorial busca asegurar que las estrategias de prevención y atención sean sostenibles en el tiempo, integrándolas a políticas públicas ya existentes como el Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres, la Política para la Atención a la Dinámica Demográfica y el Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes.
En opinión de Sunny Guidotti, representante en funciones de Unicef en Cuba, se trata de «una oportunidad para promover la participación, los derechos y el empoderamiento de las adolescencias, sobre todo de las niñas. Nos permitirá incidir en las normas sociales y de género que impactan su bienestar en zonas más vulnerables».
SEM-SEMlac/de



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