Sonia del Valle Lavín
SemMéxico, Cd. de México, 8 de mayo, 2026.- Después de mi primera y única entrevista con Elba Esther Gordillo, me dediqué a seguirle la pista. Nunca fui bien recibida. Al contrario, en el SNTE me miraban con recelo, asumo que me toleraban porque trabajaba en el Reforma.
El SNTE tenía por costumbre “citar” de última hora a sus consejeros nacionales para su Consejo o Congreso Nacional. Lo hacía en total sigilo con el pretexto de que la disidencia “fuera a llegar”, pero también porque les gustaba eso de las reuniones secretas, los pactos entre ellos y establecer acuerdos que como nadie conocía, pues no estaban obligados a cumplir si los vientos soplaban para otro lado.
Así que conocer el día y el punto de reunión no era una tarea sencilla, salvo en aquellos que a la maestra le interesaba que se difundieran.
El que se realizó en Tijuana en el CBTIS 58 fue secreto hasta para los propios consejeros que a su llegada supieron que en esa reunión Elba Esther Gordillo sería nombrada presidenta vitalicia.
Así que con el dato del lugar, llegué a Tijuana. Me contacté con un naciente grupo de lideres disidentes de la corriente oficial, que no de la CNTE. Llegué hasta el CBTIS 58, los encontré y claro que no me dejaron pasar.
La reunión era secreta. Me miraron con recelo, sesionaron el viernes 6 de julio del 2007 y el sábado se trasladaron a Rosarito porque los “opositores” los habían encontrado. Yo tenía mis informantes dentro.
Todo el fin de semana deliberaron, Rafael Ochoa, entonces secretario general, se reunió primero con los consejeros para “planchar” el acuerdo. Por la noche se fueron a un hotel en Rosarito, con fuertes medidas de seguridad, llevando dos propuestas: que Gordillo se quedaran como presidenta por “tiempo indefinido” o que “ella decidiera el plazo para dejar el cargo”.
Gordillo llegó a Rosarito y se quedó al frente del sindicato. Trataría con el cuarto presidente, Felipe Calderón.
Mientras Gordillo estaba ocupada de la grilla sindical, en Tijuana me tocó conocer a un grupo de maestros que estaban convencidos de que Gordillo utilizaba la brujería para mantenerse en el poder. Hablaban de rituales, de protecciones, de collares y pulseras para “cuidarse”.
Me regalaron una fotografía. En la imagen un ataúd con su nombre, una figura suya en forma de piñata que habían colocado en una protesta. Decían que, en ese momento, salió humo blanco del ataúd.
No sé si era cierto. Pero para ellos, lo era. Incluso me llevaron con una mujer que decían protegía a los maestros. Ella también estaba convencida.
Y ahí entendí algo: Cuando el poder se vuelve tan opaco y difícil de explicar… empiezan a construirse otras formas de entenderlo.



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