Martha Tagle Martínez
SemMéxico, Cd. de México, 5 de mayo, 2026.-Han pasado 18 días desde que se anunció la salida de Citlalli Hernández Mora de la Secretaría de las Mujeres y la dependencia sigue acéfala. No es un dato menor.
En esos mismos días hemos visto otros movimientos políticos y de gabinete con sustituciones prácticamente inmediatas: Ariadna Montiel dejó Bienestar para asumir la dirigencia de Morena y Leticia Ramírez fue nombrada de inmediato; salió Julio Berdegué de la Seder, entró Columba López; Esthela Damián dejó la consejería jurídica, fue invitada Luisa María Alcalde. El mensaje es inevitable: cuando el cargo importa para la operación política o electoral, la decisión no espera.
La salida de Citlalli, además, no se dio por una crisis de gestión ni por una evaluación pública de resultados, sino para regresar a tareas partidistas rumbo a 2027. Es decir, mientras el gobierno mueve piezas con lógica electoral, la institución, de reciente creación, encargada de conducir la política nacional de igualdad sustantiva queda en pausa. Parece que desde el propio gobierno se quisiera demostrar que la Secretaría de las Mujeres es prescindible. No lo es.
La Secretaría no debiera ser una oficina decorativa para acompañar el discurso del “tiempo de mujeres”. La ley orgánica establece que tiene a su cargo atribuciones en materia de mujeres, adolescentes y niñas; igualdad sustantiva; transversalización de la perspectiva de género; prevención, atención y erradicación de las violencias; y el sistema de cuidados. Es decir, debe coordinar política pública, presupuesto, programas, seguimiento y evaluación en asuntos que atraviesan la vida cotidiana de millones de mujeres.
La realidad que enfrentan las mujeres no puede quedar en pausa. De acuerdo con la ENDIREH 2021 del Inegi, 70.1% de las mujeres de 15 años y más ha vivido al menos una situación de violencia a lo largo de su vida. La Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares también muestra que las mujeres siguen aportando la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no pagado. Esa combinación: violencia, desigualdad económica y sobrecarga de cuidados, explica por qué la igualdad sustantiva no se decreta con una mujer en la Presidencia ni con reformas presumidas en conferencias mañaneras. Se construye con instituciones, presupuesto y decisiones.
Aunque la Secretaría pueda seguir operando administrativamente sin una titular, no es lo mismo funcionar por inercia que tener conducción política. Una dependencia así necesita una titular con facultades plenas para decidir, firmar, coordinar al gabinete, dialogar con estados y municipios, defender presupuesto, fijar prioridades y responder por resultados. La igualdad sustantiva requiere políticas públicas. Prevenir violencias exige coordinación; el sistema de cuidados, rectoría. Refugios, alertas de violencia de género, autonomía económica, salud sexual y reproductiva, participación política de las mujeres y presupuesto con perspectiva de género no pueden depender de inercias burocráticas ni de encargos provisionales.
El problema es más amplio: se están incumpliendo los propios principios constitucionales y las reformas que la Presidenta promovió. Se incorporó en el artículo 4º el derecho de las mujeres a la igualdad sustantiva, pero la primera Secretaría federal de las Mujeres sigue sin cabeza. Y una política de igualdad sin conducción, sin titular y sin responsabilidad pública manda un mensaje equivocado: la igualdad sustantiva no puede estar de adorno.



https://www.cepal.org
• Portada del sitio de la reunión: 
