- Un punto en común: la falta de autocuidado y el abandono de su propia salud física y mental
- La biología y el género condicionan las cargas con que se manifiesta en cada cual la enfermedad
Redacción
SemMéxico/SEMlac, La Habana, 4 de mayo, 2020.- Reynaldo Marrón hace mucho que no sale de casa, aunque no logra precisar cuántos días. Está consciente de que, a sus 67 años, con hipertensión, diabetes y gota, tiene que «cuidarse como gallo fino».
Si se contagia con el nuevo coronavirus o la Covid-19, enfermedad que
este virus produce, «me voy del parque», asegura, en alusión a una
complicación y muerte segura.
Marrón reside en la localidad de Guásimas, municipio de Cárdenas, en
Matanzas, ciudad a unos 100 kilómetros de la capital cubana que ha reportado
eventos de transmisión local de la infección.
Sin embargo, Marrón no es una persona que habitualmente se preocupe por
su estado de salud. Según declaró a SEMlac, no realiza a diario el chequeo de sus niveles de azúcar, aunque sí
toma los medicamentos para ese y el resto de sus padecimientos.
Tampoco es muy estricto en el cumplimiento de la dieta: confiesa que ama
los dulces y muchas veces los consume en lo que, personalmente, denomina
«versión para diabéticos».
Algo tiene en común con Johnny Peña Fernández, tres décadas más joven
que él, y residente en la ciudad de Holguín, en el oriente del país, a 743
kilómetros de La Habana. El joven de 33 años de edad es hipertenso y no muy
disciplinado con su tratamiento médico: a veces olvida tomar el enalapril,
aunque tiene en su poder el medicamento.
Son dos historias entre muchas de los hombres en Cuba hoy, desde jóvenes
hasta personas mayores, con al menos un punto en común: la falta de autocuidado
y el abandono de su propia salud física y mental. Un comportamiento que
conlleva mayor exposición a riesgos, como resultado de roles, normas y
prácticas de género impuestos socialmente.
La crisis sanitaria que ha generado la pandemia del nuevo coronavirus
Sars-CoV-2 obliga a voltear la mirada, de acuerdo con expertos, a otros
elementos más allá de la enfermedad.
Si bien la pandemia por sí misma no discrimina por sexo, edad, origen u
otras características personales, el modo en que se organiza la respuesta a
esta emergencia sí puede hacerlo. Aunque mujeres y hombres se afectan por el
nuevo coronavirus, la biología y el género condicionan de algún modo las cargas
con que se manifiesta en cada cual la enfermedad.
La salud masculina
Las estadísticas mundiales desglosadas por sexo indican que la mayor mortalidad
por el nuevo coronavirus recae en los hombres. No es diferente para Cuba. Hasta
las 12 de la noche del sábado 2 de mayo, la nación caribeña reportaba 1.649
personas diagnosticadas con Covid-19, de ellas 51,6 por ciento son hombres (852
casos), de acuerdo con datos oficiales del Ministerio de Salud Pública.
Para entonces, de los 67 fallecidos, 40 eran del sexo masculino, para 59,7
por ciento del total. Como particularidad, solo tres de los 38 cubanos -uno
italiano y otro ruso- que han muerto por la nueva enfermedad no presentaban
otros padecimientos de base y 35 tenían más de una patología asociada.
Entre las comorbilidades más frecuentes en los pacientes cubanos
fallecidos se encuentran la hipertensión (24), diabetes mellitus (12) y la
cardiopatía isquémica (9), pero llama la atención que, en comparación con el
mismo análisis entre las mujeres, aparece una diversidad mucho mayor de
enfermedades.
Para los hombres, se consignan además la enfermedad pulmonar obstructiva
(7), la enfermedad renal crónica (6), diferentes tipos de cáncer (5), demencia
y Alzheimer (3), cirrosis hepática (3), asma bronquial (1) y otras patologías
(11), entre las cuales uno era portador del VIH y otros dos tenían antecedentes
de alcoholismo.
La tendencia que revela la pandemia pone de manifiesto un asunto que no
es nuevo: la forma tradicional en que se construye la masculinidad también está
matando a los hombres.
De acuerdo con la psicóloga Patricia Arés Muzio, «la virilidad o
masculinidad, en tanto rol asignado, está determinada por un conjunto de
cualidades, sentimientos, actitudes y pautas de comportamientos culturalmente
aceptados y legitimados al proceso de ser hombres».
A ellos se les educa para no expresar sus sentimientos, para no
participar en tareas domésticas «que son solo asunto de mujeres»,
mientras que su función asignada es la de «ser proveedores económicos de
la familia».
Contradictoriamente, no se les prepara para esa vida familiar interior y
sí «para estar en la calle», buscando los insumos y el sostén
económico, donde normalmente están más expuestos. En épocas de crisis, como la
que vivimos, el peligro se incrementa, abunda la especialista.
En Cuba hay una sobremortalidad masculina en nueve de las 10 principales
causas de muerte en el país, confirman las ediciones del Anuario
Estadístico de Salud de Cuba del último lustro. Excepto para la diabetes,
ellos mueren más que sus pares femeninos por enfermedades del corazón, tumores
malignos, enfermedades cerebrovasculares, influenza, neumonía, accidentes,
cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado, así como lesiones
autoinfligidas intencionalmente, entre otras.
La sección científica de Masculinidades, de la Sociedad Cubana
Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes), en el primer
Consenso de profesionales cubanos(as) sobre salud masculina, alertaba que
«cuando se mira a la población masculina, se aprecia una menor esperanza
de vida y mayor mortalidad en prácticamente todas las edades, así como una
menor proporción de longevos en este grupo etario».
«Asimismo, la mortalidad de los varones menores de un año es mayor
que la de las niñas; en el cuadro de mortalidad masculina las causas externas
aparecen siempre entre las cinco de mayor incidencia; son más afectados por el
VIH/sida, padecen más adicciones y predomina para ellos la distribución sexista
de roles en la crianza de los hijos», explica documento.
Los mandatos culturales
En la salud de mujeres y hombres influyen los mandatos culturales, entre otras
condicionantes sociales. En opinión de la profesora Georgina Alfonso González,
directora del Instituto de Filosofía, las diferencias se conectan igualmente
con los cuidados y quienes tradicionalmente los asumen.
«El cuidado de la vida es esencialmente una preocupación de las
mujeres», asegura Alfonso en su artículo ¿Por qué mueren más hombres que mujeres por Covid-19? Por el machismo.
La investigadora sostiene que «el machismo otorga solo a las
mujeres, ‘por su naturaleza’, la capacidad de abnegación, sacrificio y
consagración para el cuidado de las demás personas. Las mujeres, al ser esencialmente
cuidadoras, estamos obligadas a cuidarnos», asegura.
A la par, históricamente, la socialización de la masculinidad
tradicional lleva a los hombres a ignorar asuntos relacionados como su
autocuidado.
«Tras el mandato de ser valientes, los hombres demuestran poca
percepción de riesgo. El riesgo se asume desde una lógica machista de enfrentar
el peligro, de no demostrar temor», señala Enmanuel George López,
Coordinador de Proyectos de la Red Iberoamericana y Africana de
Masculinidades (Riam).
A la falta de autocuidado masculino, se agregan los preceptos culturales
y sociales que sostienen la división sexual del trabajo y los responsabilizan a
ellos con la economía y las garantías para proveer a la familia.
Desde Holguín, Johnny Peña Fernández vive los días de aislamiento en
casa junto a esposa y sus dos hijos pequeños, que requieren de atención
constante, pues la niña aún es lactante y el varón no ha cumplido los tres
años.
Peña, trabajador por cuenta propia, es quien sale todos los días de su
casa, aunque dice tomar todas las medidas de seguridad para evitar el contagio.
Debe atender así las demandas de sus clientes como gestor de la compañía
telefónica Etecsa, y también busca los alimentos o los recursos que necesita su
familia.
«La vulnerabilidad económica es un temor recurrente que los hombres
combaten de forma diferenciada, pues el machismo la señala como una pérdida de
autoridad, una falla irrevocable como jefe de familia y el incumplimiento de su
rol principal», explica George en su artículo «Masculinidades en
desafío. La cuarentena y el reto para los hombres».
Para la psicóloga Patricia Arés, la supuesta valentía y la poca
conciencia de riesgo es también una manera de negar el miedo. «Los hombres
tienen miedo al miedo y la respuesta socialmente aceptada es la soberbia y las
conductas arriesgadas», comenta a SEMlac.
George explica que confinarse al ámbito doméstico supone para muchos
hombres restringirse a un espacio donde no se representan y tener que afrontar
diariamente problemáticas con las que muchas veces no están identificados.
A juicio de usuarios de las redes sociales, no son pocas las
consecuencias de la llamada cuarentena sobre los hombres, a cuenta del
machismo.
Así lo han dicho durante un coloquio virtual, el 30 de abril
pasado, organizado por la Riam y con apoyo de la Agencia Suiza para el
Desarrollo y la Cooperación.
El historiador Julio César González Pagés llamó la atención sobre el
hecho de que, «desde el inicio del llamado al aislamiento y el
distanciamiento social, se han manifestado actitudes negativas y machistas de
los hombres, como no colocarse correctamente el nasobuco, exponerse al peligro,
estar jugando dominó en grupo, como si no pasara nada, y eso obviamente preocupa
a la población y las autoridades».
Para el coordinador del proyecto AfroAtenAs, Yoelkis Torres, los hombres se ven afectados por creerse
«invencibles» y lo expresan en frases como «eso no nos
coge», «estamos acostumbrados a eso» o «eso es cosa de».
El activista alertó, además, sobre la realidad de los «los hombres
gays, trans o con cualquier otra orientación sexual o de género no
heteronormativa, quienes realizaban su vida mayormente fuera de casa y ahora
sufren cierta sensación de encierro al tener que lidiar con la violencia
homofóbica de las familias».
Sucesos vinculados al consumo excesivo de alcohol por parte de los
hombres dentro de casa y en espacios públicos, así como situaciones de
violencia en los hogares y en la calle también fueron relatados en el foro, que
lanzó una pregunta provocadora: ¿qué significa para los hombres la frase:
quédate en casa?
«Es un reto para hombres y mujeres, un reto frente a los modelos
hegemónicos de masculinidad. Una oportunidad de cambiar las dinámicas
familiares en favor de la no violencia, la paternidad responsable, la
redistribución de los roles y tareas del hogar, de las relaciones de
poder», consideró la internauta Neida Peñalver Díaz.
Yonnier Angulo, coordinador de la Riam, dijo en uno de sus post que «quizás para la mayoría de ellos la cuestión debería ser: quédate y redescubre tu casa».
Sigue el debate
La Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades (Riam) anuncia que seguirá
promoviendo la reflexión y el debate acerca de las masculinidades, la
cuarentena y el reto para los hombres.
Mediante un coloquio online que reunirá a personas de la academia y el
activismo de Cuba, España, México y Nicaragua, los jueves 7, 14 y 21 de mayo,
se responderán preguntas en el blog de la Riam y en la página en Facebook
destinada para el encuentro