Sonia del Valle
SemMéxico, Ciudad de México, 22 de mayo, 2026.- Firmaron la Alianza por la Calidad de la Educación en mayo. La disputa era por las plazas docentes. Se otorgarían por concurso y examen nacional. La historia que firmaron las damas de blanco, diciendo Elba Esther Gordillo que “dos mujeres se podían entender” y Josefina Vázquez Mota, que “no había marcha atrás”, terminó en agosto.
Crearon toda una parafernalia, la Comisión Rectora de la Alianza, comisiones de trabajo para realizar las convocatorias estatales y el examen de ingreso.
Un día le pregunté al subsecretario Rodolfo Tuirán ¿de qué tamaño era la vacancia? (personas que dejaban la plaza por cualquier razón al año), me respondió “creemos que ronda el 5 por ciento”. La SEP “calculaba” que era cerca de 900 mil docentes de preescolar, primaria y secundaria, por tanto la vacancia podría oscilar en los 45 mil.
Lo cierto es que la SEP no tenía ni idea cuántos maestros había, cuántos se requerían y cuántos podía absorber el sistema cada año. Luego una se entera que no todas las plazas son iguales ni valen lo mismo.
Pusieron a concurso poco más de 8 mil. No cubrían ni la vacancia, el SNTE lo supo, lo dejó pasar y luego lo usó para denostar todo el proceso.
Gordillo siguió firmando las Alianzas estatales y Vázquez Mota se alió con organismos internacionales, y las organizaciones civiles para vigilar el examen.
En agosto, llegaron los resultados.
Estábamos todos los periodistas de la fuente en la SEP haciendo guardia. Pasaban las horas. El cierre en el periódico era como a las 12 por algo excepcional. Era la nota de portada, sin duda, aún sin saber cómo venían los resultados. El hecho era la noticia.
A cada rato iba de la sala de prensa a las oficinas de los funcionarios, porque los de comunicación social, francamente tenían menos contactos que yo. Subía a la oficina de Tuirán para ver si ya había regresado con los resultados y su secretaria me volteaba a ver y decía: no; creo que notaba mi preocupación.
En la SEP todo estaba oscuro. En la espera nos contaron que había una niña que deambulaba por el edificio en las noches y que un muerto se aparecía en una de las escaleras. Uno de los policías me preguntó, ya cerca de las 11, si no tenía miedo. Le dije que no, tenía angustia.
Tenía la nota hecha, se llama volar con instrumentos, solo necesitaba llenar los huecos con los datos. De pronto vi a Tuirán con las hojas en la mano, le sacaron copias para bajarlas a comunicación social, yo me quedé con una, era una hoja de Excel y no había totales. Quise mentarles la madre, pero me dediqué a contar. Su secretaria me prestó un escritorio y una regla. Conté y saqué mi regla de tres: 68 por ciento de los aspirantes no alcanzó el 30 por ciento de aciertos.
Dicté los datos al editor de portada; y luego dicté la nota “al vuelo” a otro editor para interiores. Salimos de la SEP a medianoche. Nunca vi a la niña deambular ni al muerto de las escaleras.



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