- La situación se agrava para las periodistas, llevan el peso de los roles asignados desde el patriarcado
- La falta de una cura para el nuevo coronavirus, la información es herramienta vital para las personas.
Dixie Edith
SemMéxico/SEMlac,
La Habana, 15 junio, 2020. -Leticia Martínez, periodista de 36 años y madre de
dos niñas, ha vivido días difíciles desde que Cuba diagnosticó los primeros
casos de COVID-19, el 11 de marzo de 2020.
Reportera
del equipo de prensa del Consejo de Estado, si antes literalmente «no
paraba» de cobertura en cobertura, en cualquier lugar del país, desde que
debutó la pandemia carga, además, con la preocupación por la familia.
«Tengo
a mis dos hijas en casa al cuidado de mi suegra, pero mi esposo y yo salimos
con el temor de que nosotros mismo podamos llevarles el virus. A pesar de que
tomamos todas las medidas, el miedo a enfermarnos y enfermarlas a ellas no se
va», contó a SEMlac.
Para
Maryam Camejo, en tanto, la rutina laboral se ha impuesto dentro de casa, sin
dejar la intensidad. Periodista de la revista Bohemia y directora de la
publicación digital Con/texto Magazine, pasa por ejercer el periodismo y, en
paralelo, atender a sus gemelos de 4 años, con toda la carga que genera una
jornada doméstica.
Su
reto ha sido encontrar el equilibrio. «No tanto compartimentar el tiempo
en el sentido de fragmentarlo, como compartirlo», aseguró la colega de 28
años.
«Hay
días en que tengo que entregar un texto para Bohemia y editar otro para
Con/texto, hablar con el director creativo o escribirle a la ilustradora, que
es colombiana. Unos días son excelentes y estoy muy enfocada, y otros estoy
dispersa. No creo que podamos ser perfectas pero, en mi caso, es vital tener
una rutina diaria con tiempo para trabajar y tiempo para los niños»,
detalló Camejo.
En
estos días, Camejo ha estado trabajando, además, en una nueva entrega de la
serie Inspiradoras, en alianza con OXFAM y
junto a Jessica Castro, su compañera de equipo tanto en la centenaria revista
cubana como en la publicación digital que ambas construyen.
«Teletrabajar
con otra mujer que comparte tus valores es importante: sabe que al mediodía vas
a estar dando almuerzo y que después estás tratando de que los niños duerman la
siesta. El nivel de comprensión en el ritmo de trabajo es diferente que el que
normalmente se tiene con un hombre. Al menos esa es mi experiencia
personal», asegura Camejo.
Estas
periodistas, de maneras diferentes, han vivido momentos complicados en estos
casi tres meses de aislamiento social.
«Por
un lado, las niñas; por otro, la tremenda responsabilidad de dar cobertura a
las reuniones del gobierno, donde se evalúa la situación del país y se anuncian
las medidas que se tomarán. Todo eso hace que estos días hayan sido
tremendamente duros para mí», reflexionó Martínez.
«Teletrabajar
para dos medios en estos tiempos no ha sido fácil. La casa se convierte en
espacio de trabajo y, en mi caso, están mis gemelos pidiéndome que juegue con
ellos, preguntando el porqué de cualquier cosa, buscando con qué disfrazarse o
haciendo ‘música’, y ya sabemos que todo esto va contra la concentración»,
narró, por su parte, Camejo.
Las
medidas de confinamiento tomadas por la mayoría de los países del mundo para
contrarrestar la propagación de la covid-19 han afectado también las dinámicas
diarias y los flujos productivos de los medios de prensa.
Cada
reporte implica historias muy personales que incluyen incertidumbre, esfuerzo,
estrategias múltiples de conciliación familiar y el temor de que, detrás de
cada nueva cobertura, puede llegar el contagio.
«Y
también está el costo de estar recibiendo información de primera mano
relacionada con una enfermedad que mata, frente la necesidad de ser muy
equilibrada emocionalmente para poder contársela a las personas de manera
objetiva, sin generar alarmas innecesarias», explicó a SEMlac Lisandra
Fariñas, periodista de 31 años y reportera de Cubadebate.
Especializada
en temas de salud, madre de un niño y con su abuela hospitalizada, Fariñas se
refiere a un desafío común para quienes hacen periodismo de contingencia, lo
mismo frente a desastres climatológicos, guerras o enfermedades, como el nuevo
coronavirus.
Informar
desde el equilibrio, manejar bien las estadísticas mostrando las brechas, no
instigar el miedo ni ser sensacionalistas. Esas y otras recomendaciones se
reiteran por estos días desde espacios virtuales de
comunicación,
o desde agencias de Naciones Unidas como la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Sin
embargo, no siempre están acompañadas de herramientas o recursos que ayuden a
superar muchos de estos dilemas. El periodismo está catalogado entre las
profesiones más peligrosas y no solo porque cobra víctimas mortales entre sus
profesionales.
Una guía para identificar
riesgos asociados a esta ocupación, publicada en 2019 por la Asociación de
Periodistas de Aragón (APA), señala los horarios intensos, el alto ritmo de
trabajo y el estrés emocional entre los más comunes para quienes se dedican a
informar de manera profesional.
Conciliación: desafío particular
La situación se agrava para periodistas mujeres, que siguen llevando el peso de los roles asignados desde el patriarcado. De esta forma, a las tensiones habituales suman las tareas domésticas y las responsabilidades del cuidado.
«Ellas
encuentran serias dificultades para conciliar trabajo y familia, situación que
las pone en posición de desventaja respecto a sus colegas varones, no solo para
el acceso a este mercado laboral, sino para su permanencia y desarrollo dentro
de él», afirma la socióloga cubana Magela Romero Almodóvar, doctora en
ciencias y profesora de la Universidad de La Habana.
En
su investigación «La difícil misión de conciliar profesión-cuidado
infantil en el ejercicio del periodismo femenino», presentada al X Encuentro
Iberoamericano de Género y Comunicación de 2012, ya describía un conflicto que
permanece y se agrava en tiempos de epidemia.
A
juicio de la especialista, el llamado horario «abierto» que marca el
ritmo cotidiano del periodismo les permite a ellas cumplir con las
responsabilidades doméstico-familiares, en paralelo a su trabajo. Sin embargo,
lo que las propias periodistas reconocen como ventaja, resulta también una
suerte de trampa.
«La
generalidad de las veces solo funciona como un mecanismo que refuerza la
vulnerabilidad de ellas a padecer dobles o triples jornadas de trabajo, bajo la
excusa familiar de que son las que más tiempo permanecen en casa», precisa
el texto de Romero Almodóvar.
Rosy
Amaro, periodista de Cubavisión Internacional, quien comparte el teletrabajo
con el cuidado de su hija Mariana, de seis años, vive esa experiencia con el
agravante de la covid-19. Al inicio del confinamiento, tuvo que «tomar
conciencia» de que no estaban de vacaciones y «conciliar rutinas para
que los horarios fueran lo más normales posibles».
«No
lográbamos que la casa estuviera muy organizada, la ropa se acumulaba en el
cesto y, los mandados, en la bodega. Mientras, los jefes del canal llamando
porque, efectivamente, no estaba de vacaciones. Una semana después,
reaccionamos y nos hicimos un horario para cada día, lo pegamos en el
refrigerador y tratamos de respetarlo lo más posible», narró a SEMlac
Amaro, de 32 años.
«Construí
un programa que titulé «Desde casa» y, como todo programa de TV,
implica trabajo en equipo: dirección, sonido, cámara, luces, coordinación,
ambientación, maquillaje, etc., esos roles los asumimos Mariana y yo»,
relató.
Tras
esa experiencia, su directora en Vitrales, revista informativa-cultural de
Cubavisión Internacional, le propuso continuar con el programa desde su casa y
Amaro volvió a hacer equipo con la niña.
«Cada
tarde de jueves nos alistamos. La niña lee perfectamente y eso nos ayuda,
porque logra sincronizar su lectura con la mía, mientras va moviendo las letras
en la laptop. A veces se le queda el dedo ‘pegado’ y las letras suben muy
rápido o, al contrario, las demora mucho y me quedo sin texto para leer. Es
toda una faena, que implica paciencia de las dos», agregó.
Mariana
ha entendido la necesidad de que su mamá siga trabajando desde casa, pero Amaro
asegura que cuando la niña le dice: «mamá, tengo hambre», no hay
reportaje ni entrevista que valga más.
«En
ese momento, corre, ponte delantal e inventa como madre cubana qué echar al
caldero, lo que es más difícil aún porque soy madre divorciada y el padre de la
pequeña -aunque muy responsable- vive a miles de kilómetros de distancia»,
explicó Amaro.
Redacciones «modificadas»
En su ya citada guía para periodistas, la OPS apunta que, a
falta de una cura o vacuna para el nuevo coronavirus, la información es
herramienta vital para que las personas adopten medidas de protección y salvar
vidas.
Ante
una situación epidémica que obliga al aislamiento, varios medios de
comunicación en Cuba han modificado su funcionamiento. Estos nuevos modos de
hacer son protagonizados y dirigidos a menudo por mujeres, pero no evitan las
dobles y triples jornadas.
Sheyla
Catá Navarro, directora del telecentro de Santiago de Cuba, a unos 760
kilómetros al este de La Habana, garantiza la información cotidiana con dos
unidades operativas y periodistas a cargo de la web y las redes sociales desde
sus casas, según narró a la Agencia Cubana de Noticias.
En
tanto, Tele Pinar, a unos 150 kilómetros de la capital, ajustó su cotidianidad
informativa al entorno digital, según declaró Roxana Llamazares González, jefa
de información de la televisora local, al sitio web Cubaperiodistas.
A
Claudia Alemany, la covid-19 y las nuevas rutinas productivas de su
revista, también dirigida por una mujer, la alcanzó fuera de la
nación caribeña, en un viaje familiar a España. Ante la imposibilidad de
regresar por el cierre de aeropuertos y fronteras, sus colegas le asignaron
«trabajo virtual».
«Me
ha tocado vivir la covid-19 en Cuba, fuera de Cuba; pero sin perder un segundo.
Soy periodista de Juventud Técnica desde hace casi cinco años. Hace
un tiempo había pedido un espacio para aprender más del manejo de redes
sociales. Con esta situación, me dieron la oportunidad», contó a SEMlac.
«He
tenido que manejar gran cantidad de noticias de último minuto; transformarlas
en lenguaje informativo para cada una de las redes sociales; preparar y
organizar el boletín de noticias, dominar herramientas web que desconocía,
entre otras cosas», detalló.
Alemany
asegura que «los retos han sido mayores» por la diferencia horaria
con Europa, que la obliga a trabajar de madrugada. Para sus compañeras en la
isla, la madrugada es una carga extra, derivada de estrategias diversas de
conciliación.
Después
de grabar junto a su hija, Amaro edita, generalmente de madrugada, porque antes
tuvo que interrumpir el proceso para cocinar, atender a la niña y prepararla
para dormir.
«A la mayor parte de estas mujeres no les alcanza el tiempo durante la
jornada diurna de trabajo y deben madrugar o acostarse a altas horas de la
noche para adelantar el trabajo pendiente», corrobora Romero Almodóvar en
su estudio.
Esta
situación les genera padecimientos de salud, afecta su bienestar y calidad de
vida, agrega.
Para
Camejo, la clave está en hacerse de una rutina «que no sea estricta ni
rígida, sino flexible, con mucho espacio para la creatividad de toda la
familia, donde se comprendan todas las interrupciones que lógicamente harán los
niños, mientras intentas teletrabajar. Así es como he ido combinándolo todo sin
perder la cabeza en el camino».