Las mujeres frente al COVID-19: violencia en casa y de la pareja, grave
* Respuesta Federal tardía: Michoacán acción coherente y única
Sara Lovera
SemMéxico, 26 de marzo 2020.-
Mientras quienes analizan los acontecimientos -la comentocracia o meta analistas-
informan, nos llaman a tener conciencia, piensan lamentablemente que todo es
política, como si reaccionar frente a la crisis sanitaria más tremenda de toda
la historia, con posibilidades de destrucción de vidas y una crisis financiera,
fuera solamente un asunto de lucha por el poder partidario.
A mí, como el gobernador de
Jalisco dijo que le da vergüenza lo declarado por el gobernador de Puebla, a mí
me da vergüenza que estos “periodistas” de la opinión pública, nieguen
sistemáticamente la existencia de la mitad de la población y hayan olvidado en
unos cuántos días todo lo dicho, publicado y comentado a lo largo de varios
meses sobre la violencia contra las mujeres, esa pandemia global, de la que
nadie, en el poder, quiere hacerse cargo.
Lo más grave es que en esta línea
de banalizar la crisis cotidiana de las mujeres, entre otras, las que viven en
pareja y bajo el mismo techo que los perpetradores, están precisamente quienes
deberían encabezar la política nacional de contención a las violencias contra
las mujeres.
Me refiero a la Secretaría de
Gobernación, al Instituto Nacional de las Mujeres y, también al presidente de
la República. Es ridículo y fuera de foco responsabilizar a las mujeres del
cuidado de la población más vulnerable. 15.4 millones de personas mayores de 60
años, 1.7 millones que viven solas y solos. Millones que deberán ser cuidados
por las mujeres, las de siempre, cargadas de un inmenso trabajo no pagado. A
eso INMUJERES anunció la publicación de tres folletos, propone una “sana convivencia”,
sin más salida que un concepto: promover la corresponsabilidad en el trabajo de
cuidados, lo que puede impactar de manera positiva la vida social”, en un texto
donde ni por equivocación reconoce que ahí, en los hogares se anida y
desarrolla la violencia contra las mujeres.
El presidente de la República,
mandó a las mujeres a “cuidar a los viejitos, con amor” y la Secretaria de
Gobernación, reconoce que “puede” detonarse la violencia, para lo cual, también
piensa en campañas. Las tres instancias ocultan que a estas alturas no existe
la política pública oficial para poner en práctica el Programa Nacional de
Igualdad entre Hombres y Mujeres, el Proigualdad; ni el programa para atender
la Violencia contra las Mujeres, ambos, nos dicen, porque la Secretaría de
Hacienda no ha liberado los recursos. No los hay, seguramente, porque se los
ahorró la actual administración.
Esto es muy lamentable, porque de
la misma manera que no se usó el 92 por ciento del presupuesto asignado para
compras de insumos para los hospitales, tampoco se gastó en los programas para
contener la violencia contra las mujeres. Evidentemente. Yo sólo sé que
Gobernación no ha asignado todos los presupuestos previstos -300 millones de
pesos- para atender las Alertas de Violencia de Género, sólo 110 millones y 130
para los Centros de Justicia para las mujeres, ahora en construcción. Pero
falta.
Estas tres instancias, entre el 8
de marzo de 2019 y la fecha han dicho, un poco en el aire, sin programa o
política concreta, han dicho, insisto, con discursos sin fundamento, que
lanzarían medidas emergentes para prevenir, atender, sancionar y erradicar la
violencia. Discursos y hasta un plan de 10 puntos que el mismísimo Andrés
Manuel López Obrador tuvo que improvisar ante la protesta generalizada, de
miles de miles de mujeres en todo el país.
Hoy, frente a la emergencia, el
diagnóstico serio y documentado de quienes sí saben y se han comprometido con
las víctimas, durante años, advierten que “guardarnos en casa” entraña riesgos
a la integridad de mujeres y niñas. Se esperarían acciones, si estas estuvieran
planeadas. Desde hace casi dos décadas sabemos que la casa, “el dulce hogar”,
se convierte en un espacio de alto riesgo. Ojalá me equivoque, pero al final de
la crisis, la violencia contra las mujeres podría ser mucho más tremenda que la
ya documentada y conocida.
Datos oficiales, recientemente
difundidos por la comisionada Candelaria Ochoa, se supone que perfectamente
constatados, señalan que en 2019 se denunciaron más de 777 mil delitos contra
las mujeres ligados a la violencia familiar, uno muy grave como el abuso de
menores que deriva en embarazos adolescentes. Sólo en 2019 hubo 70 mil
embarazos en mujeres de 10 a 19 años, 12 mil partos de menores de 14 años.
Datos oficiales que evidencian el tamaño del problema y la acción, en plena
crisis, de mujeres en casa, encerradas, es esto, que me da vergüenza, folletos
y campañas.
Ayer a las 19 horas Olga Sánchez Cordero
llamó a “reencontrarnos con nuestros seres queridos” y dijo que “debemos
aprovechar estos días en casa”, ya no habló de cómo desde la casa de detona la
violencia. Por supuesto que le pidieron no lo hiciera. Pero es responsabilidad
del Gobierno tomar medidas serias, programadas, con estrategias reales,
feministas. No. Desgraciadamente no.
Al contrario, el Gobierno Federal
tampoco ha liberado los recursos para la Red Nacional de Refugios, que estos
días trabajan de día y de noche para atender los casos de violencia en la
familia. Así se conoció una carta pública firmada por 430 organizaciones de
mujeres, y feministas independientes, quienes señalan que la Secretaría
de Hacienda SHCP informó el martes 24, que otorgó 4 mil 500 millones de pesos a
las secretarías de la Defensa y Marina para el Plan DN-III y el Plan Marina
ante la pandemia del COVID-19, incluso adelantaron 10 millones a diferentes
entidades federativas, “han olvidado que los Refugios y Centros de Atención
Externa también están atendiendo una doble pandemia (el coronavirus y las
violencias familiares) sin el recurso estipulado en el PEF 2020”.
Son estos refugios, ahora
abandonados, donde se hace realidad el derecho de todas las mujeres de contar
con mecanismos de protección y atención, mismos que son mecanismos de
prevención de feminicidios y restitución de derechos.
Un caso extraordinario
El panorama es gris. A una
crisis, se suma la otra. La que ocupó durante meses las primeras planas. La
violencia contra las mujeres que nubla cualesquiera democracias. Pero solamente
en Michoacán, el ejecutivo, Silvano Aureoles parece un solo entendedor en esta
isla de indiferencia. Además, como todos los gobernantes, de anuncios y hechos
para enfrentar la crisis del Covid 19, ha lanzado un protocolo para prevenir la
violencia en los hogares, en estos próximos meses difíciles.
Lo hace pensando en esta doble
interpretación de la familia. ¿Por qué en la familia? Pregunto y digo que la
familia es el núcleo donde se sustentan los valores de género, por ello se deben
analizar las conductas y las relaciones a su interior, donde se conoce,
práctica y justifica la violencia contra niñas y mujeres.
El protocolo, del todo una
novedad, plantea que el aislamiento social es la principal medida de prevención
del Covid19, ya que podremos reducir los contagios, por eso es importante
cumplirla, sin embargo, los datos nos dicen que los hogares que debieran ser el
lugar seguro que resguarde a sus integrantes, desgraciadamente no lo son y en
tiempo de asilamiento o cuarentena se convierten en lugares peligroso para las
personas que viven violencia al interior de su hogar.
Recuerda e informa que en 2018 se
registraron tres mil 752 defunciones por homicidio de mujeres, el más alto
registrado en los últimos 29 años (1990-2018), lo que en promedio significa que
fallecieron 10 mujeres diariamente por agresiones intencionales.
Por su parte, el Fondo de
Población de Naciones Unidas UNFPA, señala que la violencia sexual es común en
entornos de emergencia humanitaria y puede acentuarse más, después de un
desastre natural, y ocurre en cada una de las etapas de un conflicto. El Fondo
señala que las víctimas suelen ser mujeres y adolescentes, cuya vulnerabilidad
se ve agravada en el caos de una crisis, ya que la ruptura de la ley y el
orden, coadyuva a que los perpetradores a menudo actúen con impunidad.
Estos datos nos evidencian, que
la violencia contra las mujeres se desarrolla mayoritariamente al interior de
los hogares y con personas cercanas a ellas, por lo que el aislamiento o confinamiento
las coloca en un alto riesgo de vivir violencia de género, dice el Protocolo.
Durante este periodo de
restricción muchas niñas y mujeres, agrega, que no pueden salir a pedir ayuda;
dependen en muchos casos económicamente del agresor; están al cuidado de varios
integrantes de la familia; se encuentran en una situación mayor de
vulnerabilidad por el control del agresor, y en algunos casos recurren a
actitudes de sumisión, como mecanismo para evitar agresiones. La persona
agresora actúa con mayor impunidad y mayor control sobre la víctima. Se
encuentran en una situación estresante y de incertidumbre. Aumenta el nivel de
ansiedad y estrés, así como frustración, lo que vuelve el encierro como un
clima propicio para detonar la violencia.
Y este el protocolo dice a las
mujeres: Estar atentas a cualquier situación de violencia que observen durante
el aislamiento entre las que se encuentran: No minimices ninguna forma de
violencia, recuerda que ésta puede escalar; Si identificas alguna de estas
formas o hay antecedentes de cualquiera de ellas contra ti o alguna mujer en tu
familia, puedes llamar a estos teléfonos y si te es imposible hablar porque
está el agresor ahí, puedes escribir al correo de atención o al WhatsApp de la
Secretaría de la Igualdad Sustantiva de Michoacán o a la Red Nacional de
Refugios.
También enseña a prevenirse:
Prepara una bolsa pequeña (de emergencia) con cosas indispensables, como tu
identificación, acta de nacimiento tuya y de tus hijas e hijos, medicamentos
que utilices y una muda de ropa, por si tienes que salir de tu casa en
cualquier momento.
¿Qué puedo hacer? O Sea que más
pueden hacer: Estar atentas a cualquier situación de violencia que observen
durante el aislamiento entre las que se encuentran: Violencia psicológica: insultos,
agresiones verbales, comparaciones, chantajes, gritos hostigamiento,
humillación, restricción, humillación, manipulación o aislamiento. Violencia
física: golpes, jalones de cabello, patadas, pellizcos, cachetadas, heridas,
quemaduras, empujones. Violencia económica: que te quiten tu dinero, te limiten
el acceso a los recursos económicos para comer, o para comprar los productos
que necesites. Violencia patrimonial: sin tu consentimiento empeñan tus cosas,
o ponen a su nombre tus propiedades forzándote para hacerlo. Violencia sexual:
que toquen tu cuerpo sin tu consentimiento, que te obliguen a tener relaciones
sexuales o a verlas, que te obliguen a mostrar tu cuerpo.
Y recomienda: No minimices ninguna forma de
violencia, recuerda que ésta puede escalar Si identificas alguna de estas
formas o hay antecedentes de cualquiera de ellas contra ti o alguna mujer en tu
familia, puedes llamar a estos teléfonos y si te es imposible hablar porque
está el agresor ahí, puedes escribir al correo de atención o al WhatsApp.
SEIMUJER Red Nacional de Refugios: 911, 44-3582-2082, seimujeratencion@gmail.com y 800-822-44-60
Si no puedes hacer tú la llamada,
puedes pedirle a alguien de confianza que denuncie o de parte a las autoridades
de que estas viviendo violencia al interior de tu hogar. Genera un grupo de
WhatsApp o alguna otra aplicación con personas de tu confianza. Acuerda entre
quienes integran esa red un ícono de emergencia (puede ser un emoji o un
sticker en específico). En caso de que estés en riesgo, envíalo y esas personas
deben llamar a la policía inmediatamente.
En la sociedad, donde se puede
estar atentas se recomienda. Ofrecer el resguardo provisional de la mujer que
vive violencia en caso de tener la posibilidad de hacerlo en lo que la
autoridad acuda por ella, siempre y cuando no represente riesgo de vida para la
persona implicada.
Señala que es verdad y debe
asumirse que la violencia contra las mujeres es un asunto del ámbito público, y
la empatía ante esta realidad podrá salvar vidas. Por lo que si escuchas
gritos, insultos o indicios de golpes debes llamar al 911 para referir un caso
de violencia familiar. Podemos ofrecer resguardar la bolsa de emergencia de
alguien que vive violencia para en el momento en que esté lista para salir de
su hogar, pueda tener una red de apoyo y a dónde llegar. No criticar ni hacer
juicios de valor cuando una niña o mujer te cuenta que vive violencia o que
siente miedo de alguna relación. Lo mejor que podemos decirle es que le creemos
y que estamos para apoyarla, que no está sola.
En fin. Que no todo está perdido.
Necesitamos gobierno consciente, tanto en los estados como el de la federación.
Lo impulsado en Michoacán es una muestra. Hasta ahora nadie lo ha imitado,
están silencios, pero ojalá esto sea tomado para todo el país. Señoras de
Gobernación e INMUJERES, otra vez han sido rebasadas, y el discurso, como el de
anoche, no basta. Necesitan actuar y decir menos.
Veremos.
saraloveralopez@gmail.com