El presidencialismo mexicano es esencialmente machista. Este sistema político presidencial da un inmenso poder al Ejecutivo que, a pesar de ser elegido por el voto popular, mantiene prebendas y capacidades para imponerse.
La violencia institucional resulta ser un arma invisible de discriminación y perpetuación, que se encuentra en manos del Estado quien de forma arbitraria promociona barreras estructurales que refuerzan los estereotipos de género y atenúa situaciones de desigualdad.
Mientras que 37% de las mujeres encontradas culpables de un delito se les condena a más de 20 años de cárcel, a 50% de los hombres le dan una pena de menor a 10 años