Paulina Ríos Olivera
SemMéxico/Pagina3. OAXACA. 08 de marzo 2020.- Susana Sayas García era subteniente intendente
y vivía en una base militar. El 8 de marzo de 2019 aparece herida de muerte y
la Sedena dice que es suicidio, aunque las pruebas apuntan a feminicidio.
¿Qué pasó? ¿Qué trata de ocultar la Sedena?
A las 04:30 horas del 8 de marzo de 2019, la subteniente
intendente Susana Sayas García “decide suicidarse” en la base militar del 37
Batallón de Infantería, ubicado en Villahermosa, Tabasco.
El primer peritaje establece que la prueba de radizonato de
sodio que le aplicaron es negativa. Uno más hecho en la necropsia, cinco días
después, arroja el mismo resultado: negativo.
Ha pasado un año y pese a los peritajes y testimonios, la
Fiscalía militar no acepta que se trate de un feminicidio; sin embargo, Carmen
Pech Calzada cree que aún puede obtener justicia para su sobrina. ¿Qué
descubrió Susana Sayas en el campo militar que le llevó a la muerte?
Carmen, la tía de Susana, asegura que el capitán dijo que el
día de los hechos salió de viaje, “pero no es cierto, no pudo comprobar que
efectivamente estuvo fuera.
“Ella (Susana) manejaba y repartía los recursos en la zona
de ahí, esa era su comisión. A las 5 de la mañana iba a salir de Villahermosa a
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a donde iba a dejar recursos (alimentos e insumos)
para la tropa.
“Y qué casualidad que a las cuatro y media la mataron, con
la pistola de su capitán.
“Ella había dicho días antes que parecía que el Capitán
estaba haciendo malos manejos de los recursos, y ella era una persona íntegra y
que no le gustaban ese tipo de cosas.
También comenta que Susana les dijo días antes de su muerte
que el Capitán le hacía la vida imposible.
Les imponía (a ella y algunas de sus compañeras) ir a las
reuniones a las que ellos iban, y si no iba con el Mayor y sus otros jefes, las
castigaban.
“¿Y cuáles eran esas reuniones? Eran reuniones donde ellos
se embrutecían, tragaban licor y que a fuerza tenían que estar, que no podían
salirse, por obediencia”, señala Carmen Pech tras sostener que no tiene miedo
de hablar, porque quiere justicia.
Susana Sayas García es su sobrina e hija de crianza, nació
en el municipio de Salina Cruz, en la región del Istmo de Tehuantepec, en el
estado de Oaxaca.
Nieta de una de sus hermanas, Susana tuvo una vida azarosa
en la que enfrentó hasta abusos sexuales en la infancia y que pese a ello logró
salir adelante. Cuando tuvo la edad suficiente se enroló en el Ejército
Mexicano, narra Carmen Pech.
Tras concluir su carrera militar, Susana Sayas es enviada a
la base de Astata, en Villahermosa, Tabasco. Apenas tenía cuatro meses que
había egresado. Era amante de los deportes y de su carrera.
Todo iba bien, estaba feliz, dice con tristeza Carmen, la
tía de Susana.
“A las 4.30 de la mañana se sucedió un incidente en la base
militar del 37 Batallón de Infantería, ubicado en Villahermosa, Tabasco.
“Nos avisaron alrededor de las 5 de la mañana, que mi
sobrina la subcomandante Susana Sayas García se dio un balazo en la sien.
Todavía estaba viva. La Sedena nos avisa, porque todavía
estaba viva”, recuerda.
Pese a contar con ambulancia aérea, la Sedena traslada vía
terrestre a Susana a un hospital de Mérida, lugar al que familiares de la
víctima también llegan. “Estaban dando tiempo para ella muriera”, eso me queda
claro, afirma la tía de Susana.
Uno de los primeros comentarios que recibe la familia de
Susana es del médico militar que la recibe y les dice que se trata de un
homicidio no de un suicidio.
“Suponemos que lo dijo por la forma de la herida y la
trayectoria de la bala, pero también porque dijo: A ella (Susana), su capitán
la asesinó. Eso dice el médico, el de Mérida, el que la recibe”, asevera Carmen
al recordar lo que supo otra de sus sobrinas -Martha- que también es militar y
quien fue la primera en llegar a Mérida y escuchar al médico.
El “suicidio”
Susana Sayas vive en la base militar de 37 Batallón de
Infantería y compartía habitación con una dentista, ubicada casi a la entrada
del edificio.
De la puerta de entrada hacia el interior, después de las
habitaciones, está ubicado el comedor y hasta el fondo la habitación del
capitán de Susana, donde ocurrió el crimen.
“Dicen que ella tomó el camino desde la entrada, caminó todo
hasta el fondo, dando varias vueltas para llegar a la habitación del capitán y
ahí tomó el arma 380 de su capitán para suicidarse ahí.
“Ahora, lo más lógico era que si quería suicidarse, entrara
a su cuarto y tomara su arma, porque ella también tenía su arma de cargo ahí.
Había dos armas de cargo ahí, la de la subteniente Verónica y la de ella.
¿Entonces cómo es posible que ella diera tantas vueltas
cuando en todo caso pudo irse a su habitación y “suicidarse” ahí?
Después de los hechos, también hubo irregularidades.
“Llegó un primer MP Militar que no sabía hacer las cosas.
Levantó el arma, la cambió de lugar, y eso me generan muchas dudas”.
Esa información la obtuve extraoficialmente y fuera del
campo militar, para que indagara más, pero las personas que le confiaron esos
datos le pidieron que no fueran involucradas.
Carmen refiere que antes de ser trasladada a Mérida, a
Susana le toman muestras para análisis de residuos metálicos -la prueba de
radizonato de sodio-, la cual sale negativa. Es decir, ella nunca habría
accionado un arma antes de caer herida.
Aunado a los supuestos errores del Ministerio Público
militar, se suma una posible negligencia en la atención médica para Susana,
pues en lugar de ser trasladada en ambulancia aérea, la llevan vía terrestre y
dilatan su atención.
“Mi sobrina llega a la ciudad de Mérida hasta el día 9 y la
operan hasta la mañana del lunes 11 de marzo y fallece el 13”; no permiten la
entrada a nadie, pero a la familia no pudieron evitarla, no querían que le
hicieran preguntas”.
Cuando el caso estaba fresco, abunda Carmen, le pedí a
Cordero que me ayudara, en referencia a la petición que hizo a la titular de la
Secretaría de Gobernación (Segob), Olga Sánchez Cordero, para que hubiera
justicia, pero no fue respaldada.
“Hice muchos viajes a la Ciudad de México y en una de esas
me fui a la Secretaría de Gobernación a decirle a la secretaria de Gobernación,
Cordero, porque desde un principio se vio la mala fe de la Sedena. Le puedo
enseñar toda la carpeta de investigación, todo lo que he solicitado se hacen… y
no me entregan nada.
Siento una gran frustración porque no conseguimos justicia.
Todas las pruebas apuntan al capitán, narra con la voz entrecortada por la
rabia y las lágrimas que busca contener.
Cuando Susana fallece, solicito al gobierno del estado de
Yucatán que haga la autopsia a Susana y no los médicos militares. El gobierno
la hace y en su dictamen establece que no había residuos metálicos en el cuerpo
de Susana.
“Dos pruebas con las mismas circunstancias no pueden estar
equivocadas. Qué injusticia”, señala mientras muestra una copia de los
dictámenes.
La “muerte” de Susana está en la carpeta de investigación
G1/2564/2019, de la Fiscalía de Yucatán, aunque la Fiscalía Militar de
Investigación del Delito y Control de Procesos, con sede en Villahermosa,
Tabasco, inició la carpeta de investigación FGJM/VILLAHERMOSA/17/2019, por el
delito de lesiones, y nunca reclasificó a feminicidio.
Hasta la fecha, las autoridades militares mantienen el
argumento de que Susana se suicidó, pese a que los dos dictámenes periciales
forenses señalaron que no encontraron rastros de pólvora en sus brazos.
Y pese a que todo parece indicar que el caso podría ser
cerrado como suicidio, Carmen Pech aún mantiene la esperanza de que haya
justicia para su sobrina y no cejará en su empeño de que se reconozca que fue
un feminicidio y que el culpable reciba el castigo correspondiente.
La PRUEBA DE RODIZONATO DE SODIO es una de las más empleadas en México como prueba presuntiva para la detección de residuos metálicos provenientes del disparo de un arma de fuego.
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