* Coincide con
el bicentenario del natalicio de Florence Nightingale
* Mucho más que la mujer de la lámpara
Elda Montiel
SemMéxico, Cd. de México, 6 de enero 2020.- La
Organización Mundial de la Salud ha aprobado la propuesta de declarar el año
2020 como el Año de la Enfermería que coincidiría con el bicentenario del
nacimiento de Florence Nightingale.
En la reunión del Consejo Ejecutivo realizada
en Ginebra, estuvo presente Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general del
organismo.
La resolución, será sometida a consideración, en el próximo mes
de mayo, en la Asamblea Mundial de la Salud, y tiene como objetivo destacar el
valor las aportaciones de Florence Nightingale
a la sociedad y a la profesión en el acceso a la sanidad, como afirmó Adhanom Ghebreyesus.
Tanto el Consejo
Internacional de Enfermería (CIE) y la campaña Nursing Now han expresado, en un comunicado, su satisfacción y su
apoyo a dicha propuesta.
El CIE ha exhortado, durante
su intervención en la reunión del Consejo Ejecutivo de la OMS, a los
ministerios de Sanidad de los distintos países miembros a la elaboración de un
informe mundial sobre el estado general de la enfermería y a contar con la
participación de los profesionales enfermeros líderes.
Mientras que Annette
Kennedy, presidenta del consejo, destacó que esta iniciativa supondrá una
herramienta para dar relevancia a la necesidad de tener personal de enfermería profesionalmente
formado y, por otro lado, formular otras estrategias de retención y de
contratación que se traduzcan en la supresión de los impedimentos al desarrollo
profesional.
Howard Catton, director
de Enfermería, Políticas y Programas del CIE, ha señalado que esta campaña
constituye una gran oportunidad de resaltar el papel de la enfermería en la
salud, tanto en el presente como en el pasado, y, para impulsar su papel en el
ámbito político.
Florence Nightingale, mucho más que la mujer de
la lámpara
Florence
Nightingale, la enfermera más famosa del mundo, dedicó a la India la mayor
parte de sus noventa años de vida, aunque nunca pudo viajar a ese país que amó,
dice en un relato biográfico el portal Mujeres Con Ciencia.
Florence
Nightingale nació el 12 de mayo de 1820 en Florencia, en aquel momento capital
del Gran Ducado de Toscana. Perteneciente a una familia acomodada, era
hija de William Edward Nightingale y Frances Smith; Frances, su hermana mayor
fue escritora y periodista. Cada 12 de mayo, coincidiendo con el aniversario de
su nacimiento, se celebra el Día Internacional de
la Enfermería.
En
1837, impulsada por lo que ella interpretó como una ‘llamada divina’, anunció a
su familia su decisión de dedicarse a la enfermería a partir de 1844. A pesar
de la fuerte oposición de su familia –fundamentalmente de su madre y su
hermana– logró formarse como enfermera. En aquella época, la profesión de
enfermera –o cuidadora– estaba asociada a mujeres de la clase trabajadora, nada
que ver con una joven culta como Florence, que además estaba destinada a
casarse.
Durante
los siguientes años, segura de su vocación y de manera autodidacta, se
convirtió en una experta frecuentando los centros sanitarios que visitaba en
cada uno de sus viajes. En efecto, Florence fue una gran viajera, una costumbre
de la época cuya función era instruir a las mujeres del siglo XIX: Francia,
Italia, Suiza, Grecia o Egipto fueron algunos de sus destinos. Los escritos en
su diario de viaje muestran su proceso de aprendizaje, sus habilidades literarias
y su manera de afrontar vida.
El 22
de agosto de 1853 asumió el cargo de superintendente en el Instituto para
el Cuidado de Señoras Enfermas –eran mujeres sin techo– en Londres, puesto
que ocupó hasta octubre de 1854. En esta institución realizó algunas mejoras,
como la instalación de agua caliente en las habitaciones o el emplazamiento de
un ascensor. Se encargó, además, de encontrar casas de convalecencia para
buscar trabajo a institutrices que salían del hospital.
Florence y la guerra de Crimea
Entre
octubre de 1853 y febrero de 1856 se desarrolló la guerra de Crimea, conflicto bélico
entre el Imperio ruso –en aquel momento en manos de la dinastía Románov– y la alianza del
Reino Unido, Francia, el Imperio otomano y el Reino de Piamonte y Cerdeña. La
mayor parte del conflicto tuvo lugar en la península de Crimea, en el mar Negro.
Las tropas británicas se movilizaron para la expedición a Crimea contra la
política de agresión del gobierno zarista a Turquía.
Los
aliados estaban venciendo a los rusos; sin embargo, las enfermedades estaban
diezmando al ejército británico, que no disponía ni de médicos, ni de
medicinas, ni de enfermeros suficientes: en las primeras semanas de conflicto,
de cada cien muertos, ochenta eran víctimas de los deficientes tratamientos
sanitarios.
En
aquel momento, Sidney Herbert –antiguo
conocido de la familia Nightingale– era el Secretario de Guerra en Gran
Bretaña. Conocía las actividades de Florence como enfermera, a la que solicitó
ayuda.
El 21
de octubre de 1854, Florence y un equipo de treinta y ocho enfermeras
voluntarias –muchas de ellas inexpertas, y entrenadas personalmente por
Florence– partieron hacia el frente. Fueron transportadas a través del mar
Negro hasta la base de operaciones británica en Scutari: llegaron a
principios de noviembre de 1854. Encontraron un panorama desolador: los
soldados heridos recibían tratamientos inadecuados por parte de un equipo
médico superado por la situación, mientras que los mandos del ejército eran
totalmente indiferentes ante esta situación.
Los
suministros médicos escaseaban, la higiene era lamentable y las infecciones
abundaban. No se contaba con equipamiento apropiado para procesar los alimentos
de los pacientes y, además, la comida era insuficiente.
Durante
el primer verano de Florence en Scutari, algo más de cuatro mil soldados
perdieron la vida; fallecieron diez veces más soldados por enfermedades como
tifus, fiebre tifoidea, cólera y disentería que por heridas en el campo de
batalla.
En
marzo de 1855, el gobierno británico destinó una comisión sanitaria a Scutari,
casi seis meses después de la llegada de Florence. Ella ordenó la limpieza de
los vertederos contaminantes y mejoró la ventilación del hospital. A partir de
esas medidas el índice de mortalidad bajó rápidamente.
En
pleno conflicto, un artículo en The Times publicado el 8 de febrero de 1855,
describía a Florence y su labor de este modo: «Sin exageración alguna es
un «ángel guardián» en estos hospitales, y mientras su grácil figura se desliza
silenciosamente por los corredores, la cara del desdichado se suaviza con
gratitud a la vista de ella. Cuando todos los oficiales médicos se han retirado
ya y el silencio y la oscuridad descienden sobre tantos postrados dolientes,
puede observársela sola, con una pequeña lámpara en su mano, efectuando sus
solitarias rondas».
En
1856, con la guerra ya terminada, Florence –que había enfermado de fiebre
tifoidea en Crimea– solicitó audiencia a la Reina Victoria y convenció a
la monarca de la necesidad de poner en marcha drásticas reformas higiénicas en
los centros hospitalarios.
En mayo
de 1856 se expidió una Real Orden para establecer una investigación sobre los
desastres de la guerra de Crimea: los minuciosos apuntes tomados por Florence
Nightingale durante su estancia en Scutari ayudaron a que se fomentaran las
medidas preventivas, aplicándose eficaces reformas.
Al
finalizar la guerra, Florence Nightingale –recibida como una auténtica heroína
en su país– comenzó a ser conocida como la dama de la lámpara –the
Lady of the Lamp– a causa del poema Santa Filomena de Henry Wadsworth Longfellow, publicado en 1857:
Los
heridos en la batalla,
en lúgubres hospitales de dolor;
los tristes corredores,
los fríos suelos de piedra.
¡Mirad! En aquella casa de aflicción
Veo una dama con una lámpara.
Pasa a través de las vacilantes tinieblas
y se desliza de sala en sala.
Y lentamente, como en un sueño de felicidad,
el mudo paciente se vuelve a besar
su sombra, cuando se proyecta
en las oscuras paredes.
En
1860, Florence inauguró una Escuela de Adiestramiento de
Enfermeras en el hospital St. Thomas y comenzó a trabajar y escribir sobre
diferentes reformas sanitarias.
En
1883, la reina Victoria le otorgó la Real Cruz Roja, y en 1907 el Rey Eduardo VII le concedió
la Orden del Mérito, la primera vez que se dispensaba a una mujer. En
1908, se le entregaron las Llaves de la Ciudad de Londres y, en 1910 falleció
mientras dormía.
Florence y la enfermería
La
observación indica cómo está el paciente, la reflexión indica qué hay que
hacer, la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la
experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar
y qué pensar.
El Juramento Florence Nightingale fue creado en
1893 en la escuela de enfermería Ferrand, del Hospital Arpar de Detroit. Es
aquel con el que las enfermeras y enfermeros se comprometen a «Abstenerse de
provocar daño alguno» y a «considerar como confidencial toda información que le
sea revelada en el ejercicio la profesión, así como todos los asuntos privados
de los pacientes»:
Yo solemnemente
me prometo a mi misma y delante de Dios y en presencia de esta asamblea que voy
a pasar mi vida en pureza y voy a practicar mi profesión con toda mi fidelidad.
Voy a abstenerme de cualquier cosa dañina y nociva y no voy a tomar ni
administrar a sabiendas ninguna droga nociva. Voy a hacer todo lo que tenga a
mi alcance para elevar al nivel de mi profesión y para mantener en confidencia
todos los asuntos personales para que no salgan a la luz al igual que todos los
asuntos familiares que lleguen a mi conocimiento en la práctica de mi vocación.
Con toda lealtad haré un esfuerzo por prestar ayuda al médico en su trabajo y
dedicarme a procurar el bienestar del personal bajo mis cuidados.