Redacción
SemMéxico/SEMlac. La Habana. 30 de septiembre 2019.- Cuando
en marzo de 2010 el popular grupo boricua Calle 13 se presentaba ante una
multitud de miles de personas en áreas del malecón habanero, no eran muchos los
que conocían que ello había sido posible gracias al esfuerzo de cuatro mujeres
y un recién nacido proyecto de productora informal de eventos culturales
denominado 4C, que quiere decir «cuatro cabezas».
Darsi Fernández, Yoana Grass, Idania del Río y Magel Reyes
son las artífices de este hito y protagonistas de un emprendimiento que tuvo en
4C el punto de partida para llenar un vacío significativo en la industria
musical cubana y articular diferentes escenas y actores emergentes en las
industrias culturales de la nación caribeña.
Luego de ocho meses de incertidumbres y gestiones personales
e institucionales, el concierto de Calle 13 era la materialización de una
aspiración y el comienzo de una carrera de análisis y creación en el panorama
musical contemporáneo del país.
«Aquel núcleo primero de 4C terminó siendo un espacio
del cual entran y salen muchas personas, aliados y amigos con los que
trabajamos, aunque siempre nos quedamos Yoana y yo», dijo a SEMlac Darsi
Fernández, para quien la clave de estar aun repensando la escena musical, desde
la producción y la comunicación, es que «todo lo que nos fue haciendo
falta para nuestro trabajo, que no existía, lo fuimos creando».
Tanto ella como Grass, ambas abogadas, promotoras y
productoras, no se identifican solamente como 4C, sino también con otras
iniciativas que han ido concibiendo en el camino, como Zona Jazz, Bonus Track o
Magazine AM-PM, esta última una revista digital de música cubana.
4C explota la creación artística y la promoción en el área
de la música, a partir del uso de las nuevas tecnologías y los medios. Autonomía,
sostenibilidad y solidaridad son sus tres principios de trabajo, dijo
Fernández.
Durante casi una década han apostado por la especialización:
conceptualización, producción y desarrollo de exposiciones, conciertos de
música y producciones musicales y audiovisuales; talleres de capacitación y
eventos académicos en el campo cultural; consultoría sobre industrias
culturales, su estructura institucional en Cuba, legislación y tendencias;
gestión artística; gestión de redes sociales; redes culturales; y servicios
curatoriales y comunicacionales para gestionar contenido cultural.
«El núcleo de todo sigue siendo la música»,
enfatizó Fernández. Por ejemplo, Zona Jazz es un proyecto que se desarrolló en
paralelo a 4C y que ha dirigido la carrera de músicos de jazz de renombre, tan
distintos como Yissy García y Daymé Arocena. Pero es como una pequeña empresa
de management, con un rol muy definido, pues a pesar de todo el talento musical
disponible en la ciudad, la escena del jazz carecía de una coordinación y promoción
adecuadas», dijo Fernández.
«Nos fuimos dando cuenta de la importancia de comunicar
correctamente al público la carrera de una artista, del diseño, del trabajo con
los singles Dijimos: todo lo que hemos
aprendido podemos ofrecerlo como un servicio para otros artistas. Es decir, si
eres músico, pero no tienes idea de cómo comunicar tu proyecto, nosotras
podemos darte el servicio, llevarte la biografía, las redes sociales y fue
justo ahí que nació BonusTrack, una iniciativa que tiene ese otro enfoque; aunque
la hemos ido ampliando y llegado a tener clientes como el Festival de Cine de
La Habana», explicó.
AM-PM, espacio de
articulación
Darsi Fernández apuntó que, si bien se mantienen vinculadas
al mundo de la producción y cada año organizan junto a Fábrica de Arte y la
Casa de las Américas el evento AM-PM, han cobrado mucha fuerza en su quehacer
la comunicación y la publicidad vinculadas a la música, desde Bonus Track y
Magazine AM-PM.
A su juicio, dentro del campo de la producción musical es
notable «una reverberación» considerable de mujeres que, incluso,
llevan la producción de espectáculos, «al punto de que, el año qjue viene,
queremos dedicar el evento AM-PM a la mujer en la música».
AM-PM es una conferencia anual que promueve el intercambio
simbólico y comercial entre profesionales independientes de la música
latinoamericana y caribeña. El evento es coorganizado por 4C y Fábrica de Arte,
donde se celebra desde su inauguración en 2015. Las sesiones de este encuentro
incluyen seminarios centrados en la convergencia de música y tecnología,
cursos, talleres, presentaciones de libros, conciertos y exhibiciones de arte.
De acuerdo con la entrevistada, sus principales objetivos
son la modernización y profesionalización de la industria de la música en el
país, para que pueda mantener y apoyar de manera efectiva las creaciones
musicales locales; el impulso de redes y alianzas para conectar a los
profesionales de la música cubana con sus homólogos de la región; y la
identificación, promoción y presentación de la vanguardia musical
latinoamericana, así como de espacios alternativos musicales de otras regiones.
«Creamos el evento AM-PM fue a raíz del
restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados
Unidos. Necesitábamos un espacio de formación de personas para que no pasara
como con los Rolling Stones, que vinieron a tocar trayendo su producción
íntegra y lo único que contrataron en el país fue la gente que carga las cosas.
Tiene que haber personas capaces de hacer producción y hacerlo bien. Ahí
empezamos a intentar formar managers, periodistas musicales y a hacer un
taller. Este año fue de comunicación en la música, aunque lo hemos organizado
sobre ingeniería de sonido y producción musical», contó Fernández.
Ellas y la escena
musical
La relación de Darsi con la música es antigua. «Desde
la universidad me relaciono con ella, todos mis amigos eran músicos; de hecho,
hice mi tesis sobre derecho de autor, que no se estudiaba en ese entonces. Era
amiga de Santiago Feliú, de Martha Campos, una melómana absoluta. Algunas veces
escribí sobre música. El Derecho fue un pretexto para trabajar en la gestión
cultural. Mi primer trabajo fue en el centro de derecho de autor, después me
fui a Artex, fui gerente fundadora de Bis Music y luego he trabajado por 20
años en la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). La música siempre ha
estado ahí».
Para la especialista, las mujeres no necesariamente
enfrentan más obstáculos que los hombres en el mundo de la producción, aunque
el machismo a veces asoma cuando toca dirigir un grupo de hombres en una
producción de gran tamaño.
«Si ellos no te conocen, si no saben exactamente quién
eres, si no te precede tu prestigio, las primeras relaciones pueden ser muy
tensas, pero inmediatamente que te adentras, que ven que eres profesional en lo
que estás haciendo, que además los estás cuidando, porque estás pendiente de si
tomaron agua, si les trajeron almuerzo
comienza a
relajarse el ambiente. Desde el punto de vista institucional o en la relación con los artistas, este tipo de conflictos, en mi
experiencia, no abunda.
«Yo creo que todos nuestros emprendimientos tienen una
marca femenina. Incluso la revista Magazine AM-PM, cuyo director es Rafael
González. Fue una decisión de nosotras que Rafa dirigiera la revista, porque él
es un hombre absolutamente feminista y es el único de nosotros tres que podía
tener dedicación absoluta a la publicación por su formación de
periodista», refirió la abogada.
Sin embargo, resulta interesante, en su criterio, lo que
sucede con las mujeres en la música, al punto que en más de una ocasión se han
planteado como un tema de investigación, el «por qué si en las escuelas de
música hay más mujeres que hombres, luego en las bandas hay muchos más hombres
que mujeres. ¿Qué pasa ahí? Las mujeres que estudian música, ¿qué terminan
haciendo con sus vidas?», inquirió.
«Habría que preguntarle, por ejemplo, a Yissy García,
cuánto le ha costado ser una baterista exitosa en un entorno completamente
masculino; o a MaryPaz, tocar la tumbadora. Todavía son vistas como: ‘¡ah!, qué
graciosa la muchachita que toca la tumbadora’, y eso debe cambiar»,
puntualizó.
«Tengo la impresión de que la música cubana está como
en una especie de standby raro, pero dentro de eso, algunas de las cosas más
interesantes que están sucediendo son proyectos de mujeres. Lo que están
haciendo Daymé Arocena, o Telmary son un ejemplo. Hay una presencia femenina
relevante y eso está muy bien», opinó.
Sobre la relación música, mercado y demás actores, Fernández
explica que en Cuba, por mucho tiempo, ha habido una fuerte producción cultural
con alto nivel, pero no existen industrias culturales propiamente dichas, sino
que están surgiendo ahora y ese es el gran debate actual.
«Tenemos fuertes instituciones culturales, pero en
algunos casos están semivacías de contenido. Las empresas de música, por
ejemplo, no hacen suficiente gestión y falta gente comprometida con la
música», dijo.
Agregó que «hay una especie de burocracia cultural que
debe replantearse, porque hay mucho de la actividad de gestión que no tendría
por qué hacer el Estado, como en otros terrenos. Está bien que el Estado haga
las políticas culturales, se encargue de la protección de determinados
contenidos que no son comerciales y es necesario existan, como es la música
sinfónica, la clásica, la tradicional, el patrimonio
pero hay un tejido comercial donde la gestión
estatal no es buena», apuntó Fernández.
Es en ese escenario donde han surgido emprendimientos que
cubren espacios vacíos, como el de la tecnología para la cultura.
«Porque, ¿qué es PMM (Por un Mundo Mejor), sino una
necesidad? Lo que no tiene mucho sentido es buscar formulaciones raras a lo que
ya existe, como la pequeña empresa. Esas fronteras se han ido corriendo y
demuestran que lo que va más lento son las estructuras; al final habrá que
legislar para lo que existe y sucede ya», sostuvo.
«La música cubana, como toda la creatividad de su
gente, es nuestro principal activo, y aún no lo vemos siempre así. Creo que
justamente lo que le falta a la música cubana, partiendo de que hay una
voluntad de cultura enorme, es un tejido industrial que le ha sido negado por
la burocracia y que permita encajar a este tipo de emprendimiento
sociocultural», concluyó la productora.