SemMéxico, Ciudad de México, 22 de septiembre, 2025.- La ceremonia del 215 aniversario de la Independencia que por primera vez encabezó una presidenta, las menciones a las heroínas que estuvieron en la gesta y el recuerdo de Amalia González Caballero de Castillón Ledón, la primera mexicana que dio “el grito” en Dolores Hidalgo en 1959, son episodios que los analistas ya viviseccionan desde todos los ángulos y tendencias políticas e históricas imaginables.
Yo no puedo competir en este terreno, aunque sé que fueron muchas las mujeres que militaron en la gesta independista y más de una derramó su sangre, como también en la Colonia, en la Reforma y en la Revolución. A lo largo de nuestra historia una legión femenina sostuvo movilizaciones sociales, económicas y políticas. Me viene a la mente la imagen de Carmen Serdán deambulando sola en las madrugadas por las peligrosas calles de Puebla pegando manifiestos y dejando volantes.
Voy a recuperar una trilogía de escritoras que nos legaron testimonios de momentos clave en la construcción de nuestro país: Frances Erskine Inglis, Rosa E. King y Edith O’Shaughnessy. Anoto que a las tres las conocemos con sus apellidos de casadas. Si bien llegaron de otras tierras, yo me he tomado la libertad de reconocerlas como mexicanas.
Comienzo en esta entrega por Frances, a quien usted quizá conozca como la Marquesa Calderón de la Barca, cariñosamente llamada Fanny.
En 1843 se publicó en Londres un libro que levantó gran curiosidad y pronto se hizo referencia para entender -y según algunos malosos también para malentender-al país de las pencas de nopal en donde los nativos sesteaban: La vida en México durante una residencia de dos años, de una escocesa que casó con un argentino, Ángel Calderón de la Barca y Belgrano, a quien por uno de esos giros del destino le tocó ser el primer ministro plenipotenciario de España en la joven República Mexicana cuando el muy borbón y muy católico Imperio hizo de tripas corazón y con el “Tratado Santa María-Calatrava” reconoció la independencia de México en 1836.
La encomienda de don Ángel no era fácil: reconstruir relaciones con un país al que hasta hacía poco España había tratado como la colonia en donde los súbditos tenían el deber de obedecer y el privilegio de callar, así que venía en equilibrio en una frágil tablita entre diplomático del Imperio y puente a la reconciliación. Su arribo a México fue celebrado, pero también vigilado. Eran tiempos en que cada gesto diplomático cargaba con un gran significado simbólico.
Fanny, su esposa, nació en 1804 en el seno de una familia ilustrada. Desde muy joven fue viajera y cultivó la escritura y el contacto con círculos literarios. Su matrimonio la condujo a Madrid y de ahí a México. Las cartas que escribió a una amiga en Estados Unidos durante su estancia en nuestro país se publicaron como libro en donde se ofrece una de las miradas extranjeras que los estudiosos han juzgado como una de las más influyentes sobre el México de aquellos tiempos.
La obra es un mosaico: paisajes, costumbres, leyendas, personajes, descripciones de mercados, procesiones religiosas y escenas de hacienda. Fanny mezcla la curiosidad etnográfica con el asombro romántico propio de su época. El resultado es un retrato fascinante aunque parcial: un México pintoresco, barroco, lleno de contrastes entre la belleza natural y la miseria social.
En la capital mexicana, Fanny observó la vida cotidiana y la política bronca: pronunciamientos militares, cambios de gobierno, tensiones entre conservadores y liberales. Su testimonio repasa una ciudad colonial en sus costumbres, con carruajes, conventos, procesiones y tertulias, pero también con los primeros signos de modernidad.
Como Edith O’Shaughnessy casi un siglo después, Fanny vivió en un mundo dominado por hombres. Pero lo mismo que Edith -esposa del agregado político en la embajada yanqui en el huertismo-, en sus cartas escribe con libertad: confidencias a una amiga que se transformaron en material literario. Describía los vestidos de las señoras y los conventos, pero también daba cuenta de las disputas políticas y de las revueltas callejeras.
En un pasaje célebre, Fanny narra con ironía el interminable ciclo de levantamientos militares: “Aquí una se va a dormir pensando que el país está tranquilo y se despierta con otra revolución”. Me recuerda una de las cartas de Edith -dirigida a su hermana en Nueva York- donde describe con desparpajo la visita del general Victoriano Huerta a la Embajada y del prolongado encerrón que él y Henry Lane Wilson tuvieron en la biblioteca para “echarse sus copitas” y quizá también diseñar “un plan” como se acostumbraba entre los revolucionarios.
La mirada de Frances combina ternura y condescendencia. Admira la belleza de los paisajes y de algunas costumbres, pero no oculta su incomodidad ante la pobreza, la suciedad de las calles o la violencia política. Su México es un país exótico, a veces encantador, a veces incomprensible. Y aunque sus juicios hoy tienen un timbre de superioridad europea, lo cierto es que aportan detalles riquísimos sobre la vida cotidiana en la primera mitad del siglo XIX mexicano. En todo el mundo los historiadores tienen en alta estima estos testimonios de la vida cotidiana. Reconstruir la sociedad inglesa del siglo XIX sería más difícil sin las hermanas Brontë.
La vida en México ha sido leída con ambivalencia: como fuente historiográfica y como espejo distorsionado de la mirada extranjera. Sus descripciones han alimentado admiraciones e irritaciones. Hay quienes, como Ángel de la O, la consideran pionera de una “escritura femenina de viaje”, precursora de la literatura de extranjeras que llegaron a México en diferentes circunstancias y decidieron tomar la pluma para registrar su asombro o la maravilla de las cosas que iban descubriendo.
Lo cierto es que la obra de Frances, con sus luces y sombras, fue y sigue siendo citada por viajeros y cronistas posteriores. Carlos Monsiváis juzgó la ironía de esta señora escocesa como antecedente de la crónica moderna mexicana. Interesante observación.
La marquesa escribió en un tiempo en que pocas mujeres publicaban libros. Ser esposa de un diplomático, igual que a la O’Shaughnessy, le abrió puertas y le permitió moverse en los salones de la élite mexicana, pero también la confinó a un papel secundario. Sus cartas son testimonio de ese doble filo: libertad para observar y narrar, pero límites marcados por el género y la etiqueta social.
Pero la suya es una mirada del siglo XIX que registra aspectos y tonalidades omitidos por las plumas masculinas: la moda, la vida doméstica, la religiosidad popular. Sus observaciones completan el panorama pues la historia no es sólo cañones y decretos, sino también misas, tertulias y cocinas.
Junto a Rosa E. King y Edith O’Shaughnessy, Frances Calderón de la Barca integra esta trilogía. Tres mujeres, tres extranjeras, tres contextos distintos: Fanny en el México recién independiente, Edith en la Revolución y Rosa en el zapatismo. Cada una escribió desde su margen: la viajera ilustrada, la esposa-diplomática y la hotelera despojada.
En el juicio de Ángel de la O, lo que las une es la fuerza de la escritura íntima convertida en testimonio histórico. Ninguna se propuso ser cronista oficial, pero las tres nos legaron retratos invaluables. Y quizá por eso sus voces resuenan todavía: porque en medio de revoluciones, pronunciamientos y caudillos, fueron mujeres quienes dejaron constancia de la vida que corría por debajo de la gran historia. (Continuará.)
SemMéxico, Ciudad de México, 22 de septiembre, 2025.- Muchos de los 17 mil trabajadores pertenecientes al Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio (SNAC), están confiados en el que el nuevo Poder Judicial obligue Alejandro Martínez Araiza, secretario general del ese gremio, a rendir cuentas a las autoridades y a los trabajadores por el patrimonio y las cuotas sindicales que, en los últimos seis años, alcanzan casi 900 millones de pesos, denuncian trabajadores disidentes.
«El dirigente del SNAC no ha entregado a los comités sindicales los reportes cada seis meses que le obliga a cumplir el artículo 373 de la Ley Federal del Trabajo», por ello demandan: la renuncia, la suspensión del registro del SNAC y que la Fiscalía General de la República, El SAT y la STPS intervengan a la brevedad.
Los trabajadores quejosos nos aseguran que:
1.- El 20 de marzo de 2019, Martínez Araiza registró su toma de nota como secretario general del SNAC ante el Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, pero ilegalmente y sin estar facultado; desde el 19 de febrero de 2016, empezó a depositar dinero a la organización The Non Violence Project, que le prometió utilidades del 100 por ciento.
Sin autorización de los 17 mil sindicalizados del SNAC, Martínez Araiza invirtió 13.6 millones de pesos en ese organismo, que impulsa programas para evitar la violencia en escuelas y centros deportivos de 11 países, pero jamás recibió los beneficios prometidos, por lo cual incurrió en delito de fraude.
2.- En 2019, a nombre del sindicato vendió el edificio de la sede sindical, ubicado la colonia Guerrero, de la Ciudad de México, por 10 millones de pesos y con ese dinero, más 1 millón de pesos adicional, compró otra propiedad que registró a nombre de su padre, Marco Antonio Martínez Armenta.
3.- Entre 2019 y 2024, ese sindicato acumuló pagos por 330 millones de pesos a proveedores, muchos sin evidencia de entregables o materialidad. Además, se cancelaron 50 facturas por 30 millones de pesos y 10 facturas de clientes por 10.5 millones, sin que exista constancia del destino de esos fondos.
Todos esos recursos desviados o usados sin aprobación de los trabajadores del SNAC, representan un año patrimonial global de 395.1 millones de pesos, que demuestran la resistencia a la rendición de cuentas y la opacidad con que opera la dirigencia sindical, encabezada por Martínez Araiza.
El 15 de abril 2025, se realizó una elección antidemocrática en el SNAC. Alejandro Martínez Araiza la adelantó siete meses y se reeligió por seis años más en medio de un cúmulo de irregularidades, como la alteración del padrón de trabajadores y la presentación de una planilla única, por lo cual el proceso debe ser anulado para realizar uno nuevo.
Acaso estos datos – se preguntan los quejosos- no son suficientes para que el nuevo Poder Judicial asuman su papel?
Durante una reunión con la Comisión para la Igualdad de Género del Senado explica que hay cambios en términos
Pide senadora Amalia García desfeminizar y desfamiliarizar los cuidados
Elda Montiel
SemMéxico, Ciudad de México, 19 de septiembre 2025.- En el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 destina presupuesto a Refugios, Centros de Justicia y Alerta de Género, lo que se hizo fue un cambio en el nombre del programa presupuestal, aseguró la secretaria de las Mujeres, Citlali Hernández Mora.
Durante la reunión de trabajo con la Comisión para la Igualdad de Género del Senado, que preside la senadora Martha Lucía Micher Camarena, la titular de la Secretaría de las Mujeres presentó el Anexo Transversal en Materia de Cuidados, una herramienta para construir un Sistema Nacional de Cuidados progresivo vinculado al Plan Nacional de Desarrollo, se dijo.
Hernández Mora explicó que era importante mostrar la metodología, ver los detalles, porque de los 466 mil 674 millones de pesos que se destina a los cuidados se tomó en cuenta, por ejemplo, sólo el 26 por ciento del presupuesto destinado a las pensiones de Adulto Mayor, no el cien por ciento, que según el INEGI son las personas adultas mayores susceptibles de cuidado.
Le pidió a las y los legisladores analizar a detalle el Anexo Transversal de Cuidados para que vean qué programas están al cien por ciento y cuales en menor porcentaje. Señaló que trabajo similar se va a hacer para que la Secretaría de Hacienda pase al Anexo 13, porque “no estamos satisfechos con lo cuantificado a las mujeres, porque muchas veces se considera programas que no beneficia a las mujeres directamente”.
Se refirió a la Red Nacional de Refugios y aseguró que mantiene diálogo directo con Wendy Figueroa, aunque sostuvo que difiere “en parte” de lo que ha planteado. “Lo que ella dice es que no dejemos de mencionar a los refugios, no lo haremos. Existe el presupuesto para los refugios, sólo cambio en términos administrativos”.
Por otra parte, la senadora Martha Lucía Micher se refirió a la importancia del Anexo Transversal de Cuidados que es aparte del Anexo 13, porque muestra que ya existe un Estado cuidado.
Recordó que el Anexo 13 nace de un ejercicio de todas las dependencias que dedicaban a las mujeres programas, entre ellas citó el cáncer de mamá, guarderías, créditos para el campo o para cooperativas. Se sacó de todas las dependencias y se creó el Anexo 13, pero ahí se metieron programas como el de Bienestar y otros que no visibilizaban recursos específicos para las mujeres.
Al concluir la reunión y hacer un resumen Micher Camarena señaló que era necesario hacer la aclaración “para que no hubiera el run run de que no hay recursos para los refugios” se compacto en un solo rubro, en el “Programa para la prevención y detección de las violencias feminicidas y atención a las causas”, cuyo presupuesto sería de 856 millones 782 mil 185 pesos.
Al respecto, Citlali Hernández Mora precisó “ubicamos que es importante que estos programas tengan lineamientos más claros, en términos reales son subsidios de la federación a los gobiernos estatales, no era tan tradicional que el gobierno fuera territorial, se bajaba el presupuesto y ya no se sabía en qué se utilizaba”.
“Vemos áreas de oportunidad, porque no había lineamientos específicos. En teoría el presupuesto bajaba a Refugios, a Centros de Justicia, a Alertas de Género. Muchas veces en los gobiernos estatales les decían a las instancias de las mujeres que “sí cayó el recurso”. Pero ellos decidían qué les daban y para qué, se perdía en el limbo de las Secretarias de Finanzas estatales, acusó.
“Estamos ajustando los presupuestos para que llegando a los estados si se destine para lo que es y no se pierda en las secretarias de finanzas estatales”.
A su vez, la senadora de Colima, Mely Romero Celis (PRI) subrayó que los programas deben tener un alcance mayor para poder incidir en la realidad de una cantidad considerable de mujeres a nivel nacional. Pidió que se establezca un paquete para promover la inclusión financiera de las mujeres, a fin de que no dependan de las ayudas asistencialistas. Agregó que es necesario promover un esquema de guarderías o de estancias infantiles para que las mujeres puedan trabajar y no dejar a sus hijas e hijos con las abuelitas.
La senadora Amalia García Medina, de Movimiento Ciudadano, se pronunció por “desfeminizar” y “desfamiliarizar” los cuidados, “he dicho que las familias somos el Seguro Social del país” porque ellas son las que cuidan, cuando las mujeres puedan llevar a cabo actividades productivas.
García Medina celebró que haya un Anexo 31 y que la labor de cuidados tiene que ser compartida con las empresas, el gobierno y todos los actores de la sociedad. También pidió mayor atención a la capacitación y certificación de las personas cuidadoras, porque muchas veces las cuidadoras terminan muriéndose por la excesiva carga física y emocional, y por no estar preparados para brindar cuidado.
El senador Luis Donaldo Colosio, de MC, expuso que hay que dejar establecido por Ley que los programas de cuidados municipales tengan continuidad a pesar de los cambios administrativos, pues se pierde la inversión y capacitación cuando estos programas no se siguen proporcionando, como sucedió en Monterrey, cuando dejó de ser alcalde.
En su participación, Reyna Celeste Ascencio Ortega pidió a Citlali Hernández que compartan los resultados de las giras de trabajo que han realizado desde la creación de la Secretaría de la Mujeres, con el objetivo de identificar y atender necesidades de este sector de la población a través de iniciativas o puntos de acuerdo.
Por su parte, Virginia Magaña Fonseca, del PVEM, señaló la necesidad de que exista una ley que respalde el sistema de cuidados, porque se trata de un beneficio para la sociedad, para la economía del país, la salud y que ayuda a la prevención de accidentes.
Al hacer uso de la palabra, Patricia Carranza Rodríguez, directora general de Inteligencia,
Innovación y Planeación Estratégica para la Mejora Continua de los Programas de la Secretaría de la Mujeres, precisó que el presupuesto que se destina al sistema de Cuidados en México asciende a 466 mil 674 millones de pesos, equivalente a 1.2 por ciento del Producto Interno Bruto.
Subrayó que respecto al monto total se contabilizaron un total de 49 programas presupuestarios que se ubican en 18 dependencias, entre las que destaca la Secretaría de Educación Pública, que cuenta con 11 programas; la Secretaría de Bienestar, seis; el Instituto Mexicano del Seguro Social cuenta con cinco; la Secretaría de Salud tiene cuatro; y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado también con cuatro.
Los programas Salud Casa por Casa; Pensión de las Personas Adultas Mayores; Pensión Mujeres Bienestar; Centros de Educación y Cuidado Infantil; la Beca Universal de Educación Básica Rita Cetina; el Programa de Madres Trabajadoras; y Pensión de Personas con Discapacidad, equivalen al 68 por ciento de todo el anexo transversal de la sociedad de cuidados.
En Guerrero la justicia favoreció a su agresor, un funcionario del congreso local
El proceso judicial se realizó sin que la víctima fuera notificada
Lorena Vaniezcot
SemMéxico, Acapulco, 19 de septiembre, 2025.- Marbella N llamó a la presidenta Claudia Sheinbaum y a la gobernadora de esta entidad, Evelyn Salgado Pineda para que la violación sexual cometida en su contra por parte un trabajador del Congreso local no quede impune.
Llevo seis (ocho) meses demandando justicia, dice la periodista indígena quien fue sometida sexualmente por Emilio N, empleado del área de comunicación social del Congreso del Estado de Guerrero, quien invitó a Marbella y D.A. N., su pareja a su casa, tras una celebración convocada por el gobierno del Estado.
Durante la madrugada la mujer indígena hablante de Ñuu Savi fue agredida sexualmente por parte de Emilio N, quien a pesar de ser detenido fue puesto en libertad protegido por otros funcionarios locales, dice Marbella, quien relató esa noche salió huyendo, en tanto su pareja D.A. fue agredido a golpes por Emilo N mientras estaba dormido, aunque se defendió fue llevado detenido por policías municipales que llegaron a la casa alertados por los vecinos.
“Todo mal”, refiere una de sus amistades que la acompaña en la denuncia visual a SemMéxico.
De espaldas a una cámara, la comunicadora propietaria de la página de noticias Alta Voz de la Montaña que se edita en Tlapa de Comonfort, relata el periplo que ha tenido que enfrentan desde el pasado 17 de enero.
“Mi caso continúa impune”, dice Marbella y agrega que le cuesta trabajo creer que su agresor por ser trabajador del Congreso del Estado es protegido a pesar de lo que hizo.
Soy una persona humilde, de bajos recursos, tengo miedo, citó y “estoy aquí porque no quiero que a nadie más le pese lo que a mí”, apuntó ante el peligro latente que representa que Emilio N continué en libertad.
Por ello, pidió a la gobernadora Salgado Pineda que escuche su petición, “porque estoy cansada de todos los procedimientos, de todo lo que llevo haciendo para que mi caso continué como está”.
“Quiero que este llamado llegue a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para que se haga justicia, vivo con temor, a veces no quiero ni salir, no puedo dormir por lo que me pasó esa noche del 17 de enero”, dice quien en una visita de la presidenta mexicana entregó una carta.
Marbella también llamó a las organizaciones sociales que defienden los derechos de las mujeres, que se solidaricen con ella y se haga justicia.
Por otra parte, amistades de la pareja denunciaron que no hubo solidaridad por parte de buena parte del gremio periodístico con Marbella y su pareja, por el contrario, algunos medios de comunicación han hecho un “linchamiento mediático” en su contra.
Cabe señalar que tras los hechos, Emilio N se fue de Guerrero, pero fue detenido en el ISSSTE de Cuernavaca, Morelos en el mes de febrero, enviado a Guerrero y presentado ante el juez que libró la orden de aprehensión, sin que la víctima fuera notificada y, además, fue liberado por falta de elementos por parte de un tribunal de alzada.
Al tener conocimiento, Marbella se amparó y está a la espera de la resolución, la cual desea establezco la reapertura del caso, ya que evidentemente se violentaron sus derechos como víctima.
Enfrentan despidos masivos, salarios precarios y trabajo a destajo
En 1985, 600 costureras quedaron bajo los escombros, crearon sindicato y cooperativas, pero nada cambió, aun talleres clandestinos
Cuatro décadas después el gobierno capitalino declara al Monumento Patrimonio Cultural e Histórico, pero en el centro todavía talleres donde las encierran
Sara Lovera
SemMéxico, Ciudad de México, 19 de septiembre 2025.- Como si el tiempo se hubiera detenido, en el centro de la Ciudad de México, hay talleres de costura donde las obreras son encerradas y obligadas a trabajar, afirma contundente el abogado laboralista Manuel Fuentes Muñiz y una de las sobrevivientes del 19 de septiembre de 1985, Leticia Olvera, señala que, en 2025, la explotación, los malos salarios, la falta de seguridad social y la explotación continúan.
En el 40 aniversario del terremoto de 1985, en que se reveló la explotación de las costureras y 600 de ellas quedaron bajo los escombros, al Gobierno de la Ciudad de México decretó como Patrimonio Cultural e Histórico de la Ciudad de México el monumento a «La Costurera», localizado en avenida San Antonio Abad y Manuel J. Othón, en la colonia Obrera, como colofón de una cadena de “reconocimientos” en años recientes.
La Circula Feminista y el Centro de Reflexión y Acción Laboral, CEREAL, sostienen que las condiciones de quienes laboran en “la industria de la moda”, son idénticos a lo que sucedía hace 40 años, más de 600 mil trabajadoras están subcontratadas y de 390 mil lo hacen sin salario, 65 por ciento son mujeres; las jornadas son extenuantes.
CEREAL advierte de cientos costureras en comunidades semi-rurales de Zapotlanejo, Jalisco, son explotadas; en Chihuahua recientemente hubo protestas y en Puebla, sobre todo en Tehuacán, los talleres son precarios.
En Zapotlanejo, Jalisco, cientos de mujeres costureras enfrentan condiciones laborales precarias, caracterizadas por bajos salarios, largas jornadas y falta de derechos laborales. Estas mujeres son la columna vertebral de la industria textil local, pero viven en una constante lucha por alcanzar un sustento digno para sus familias.
La Cámara Nacional de la Industria del Vestido asegura que hasta en los últimos ocho trimestres se han perdido aproximadamente 80 mil empleos debido a la competencia desleal de países asiáticos y al contrabando de productos textiles.
Según información de INEGI hay en el país más de un millón 74 mil 26 trabajadoras formales de la costura, el 1.3 del personal ocupado formalmente en toda la manufactura nacional y confirma que los salarios mensuales no llegan más que a 6 mil pesos, mil 200 semanales.
El sismo de 1985 evidenció las condiciones indignas y de explotación en las que trabajaban las costureras, incluso con castigos y torturadas, el 19 de septiembre de 2017 el suceso se repitió, esa vez en las calles de Bolívar y Chimalpopoca de la colonia Obrera, en esta ciudad. Declaraciones vecinales algunas de las costureras desempeñaban su trabajo en un sótano bajo llave, por lo que no pudieron desalojar el edificio a tiempo. Gracias al esfuerzo comunitario, se logró rescatar a 49 de trabajadoras entre los escombros.
En 1985 se supo todo de manera descarnada y aunque eso no ha cambiado, dice el abogado Fuentes Muñiz, este 19 de septiembre al recordar cómo murieron bajo los rollos de tela “ninguna acción puede reivindicar, las muertes. Hubo alejamiento del gobierno para inspeccionar esos inmuebles peligrosos, antes y ahora. Algunas de ellas no fueron identificadas, el pago que se pudo lograr no resarció las pérdidas humanas.
Explicó que la situación laboral de las mujeres sigue siendo un tema dramático al no haber vigilancia laboral para que los patrones cumplan con la ley, sólo en la Ciudad de México hay 440 mil centros de trabajo y sólo 25 inspectores, el 38 por ciento de mujeres que trabajan –ocho millones- están afiliadas al IMSS, de ellas el 60 por ciento tienen ingresos muy bajos y el 80 por ciento de las trabajadoras con hijos-hijas son madres solteras, lo que las expone a una mayor explotación laboral.
Para Fuentes Muñiz las mujeres en situaciones complejas, como las costureras, que en 1985 integraron el Sindicato 19 de Septiembre y ahora no existe, por lo que están a la vera de la injusticia laboral cotidiana. Su situación es casi idéntica que entonces.
Las trabajadoras de Teléfonos de México se han reinventado
El 19 de septiembre de 1985 alrededor de 600 costureras perdieron la vida entre pesados rollos de tela y las estructuras que se derribaron a las 7:19 horas. Hace 40 años, textual, se levantaron de los escombros las trabajadoras de la costura. Hace 40 años también se levantaron las mujeres telefonistas. El sismo del 19 de septiembre puso a prueba no sólo la respuesta de un gobierno, el de Miguel de la Madrid, sino a la justicia obrera, que no llega.
Las 600 costureras que perdieron la vida a las 7:19 horas, se trataba del primer turno de trabajadoras que recién había comenzado su jornada. De forma paralela, unas diez telefonistas quedaron atrapadas en el edificio de la calle de Victoria, en el corazón de la ciudad, donde se hallaba la base central del servicio telefónico.
Recordar a unas y otras, sin conmiseración, es verlas plenas y empoderadas frente a una desgracia “natural” y como siempre lo que está detrás: la negligencia, la irregularidad, la corrupción.
Los talleres de costura se mostraron plenamente, en su interior las peores formas de trabajo, ahora llamado eufemísticamente, trabajo precario o indecente. Ahí, se precisó, había mal trato, castigos, pagos miserables y una combinación de trabajo a pago semanal con pago a destajo: resultado 11 o 12 horas por jornada y lo que hoy sería a precios constantes 900 pesos a la semana.
En Teléfonos de México se abrió la grieta definitiva entre la modernización tecnológica y el ajuste estructural. Las operadoras, 38 años después, son un puñado entre más de 34 mil trabajadores y trabajadoras. La reestructuración implicó lo que también, para ocultar el sentido, se llamó “jubilación anticipada” y, sin embargo, la capacidad de organización permitió a las telefonistas varias cosas: ir a otros puestos, recibir capacitación, salvar su contrato colectivo y mantener un gremio, con todo, unido. Y más aún, las telefonistas lograron introducir lo que hoy se llama visión de género en su contrato de trabajo. Y fueron promotoras de una corriente sindical feminista. No sin esfuerzo.
Las costureras fundaron varias cooperativas y un sindicato. Crearon reglas laborales totalmente nuevas y sólo la corrupción hizo posible que tal y tan importante proyecto no pudiera crecer y ampliarse, combinado con la realidad de la industria del vestido abatida por la apertura comercial y el ingreso millonario de ropa proveniente de China, en los últimos 35 años.
Esta narrativa sólo por recordar sin victimismo, que es posible que la confianza y capacidad de las mujeres, enfrentadas a situaciones límite, consiguen generar cambios hacia adelante. De las dirigentes telefonistas, Rosario Ortiz ha sido diputada suplente y diputada federal; ha laborado en la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo del Distrito Federal, convencida de la lucha obrera, como fuente de bienestar, politización y cooperación a la democracia, sin eufemismos. Es hoy dirigente de la Red de Mujeres Sindicalistas.
¡Nadie tenía idea!
Hace ocho meses en un salón de la colonia Narvarte se citó a una “pasarela de moda”, y quienes asistieron no encontraron en bellas modelos diseños de primavera o de otoño, sino a un grupo de mujeres que presentaron en improvisadas cartulinas, datos duros sobre la explotación de más de 400 mil trabajadoras de esa industria que incluye calzado, indumentaria y accesorios, donde todavía entre quienes laboran sin salario, el 65 por ciento son mujeres.
Hace 10 meses, se hizo la primera demostración pública de esta situación, por lo que hubo que leer mensajes de datos duros sobre la condición laboral, la precariedad de las trabajadoras de lo que hoy, eufemísticamente se llama industria de la indumentaria; hace 40 años el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de la Costura, la Confección del Vestido, Similares y Conexos, 19 de Septiembre, denunció, documentó y demostró que ahí, en los talleres del vestido había una explotación que no tenía límites. Algo cambio, pero muy poco.
Hoy hay datos duros de cientos de fábricas. La Circula Feminista de Análisis Jurídico, informó al Senado de la República en un foro de “análisis” que las condiciones de quienes laboran en “la industria de la moda” son idénticos a lo que sucedía hace 40 años, más de 600 mil trabajadoras están subcontratadas y de 390 mil que trabajan no tienen salario, 65 por ciento son mujeres; que las jornadas son extenuantes y que esa industria que propone a la sociedad paradigmas de prestigio y estatus social, tiene como fondo trabajo precario, inhumano y sin derechos laborales.
De la lucha de las costureras hay claroscuros. Hablé con algunas mujeres dirigentes originarias de aquel sindicato, su vida cambió, individualmente, pudieron crecer, ver otros horizontes y algunas de ellas siguen militando en el movimiento social feminista; otras continuaron en las fábricas abriendo camino a las trabajadoras, unas más, como Lupe Conde, enseñó corte y confección en las escuelas técnicas. Evangelina Corona, quien encabezó al sindicato nacional, fue asambleísta y todavía a su avanzada edad continuaba laborando en una dependencia pública. Murió el 5 de enero de 2021.
Miles y miles a lo largo de estos 40 años perdieron el empleo y sus huellas se perdieron. Pero cada una, integrante o trabajadora de las más de 400 fábricas que estuvieron levantadas durante tres años, en un campamento en plena avenida Tlalpan, seguramente contribuyó a una corriente que 38 años después ha podido abrir al trabajo político de género, cientos de espacios donde las mujeres están conscientes de que el trabajo por la igualdad empieza a tener sentido.
En 2015 hubo un conversatorio sobre el sismo de 1985, ahí también se recordó cómo decenas y cientos de vecinas del centro se levantaron para rearmar sus casas derruidas por el terremoto; conocieron a otras mujeres, siguen en la pelea urbana, construyen casas, armaron solidaridades y sus hijas e hijos, encontraron otras rutas. De ellas Yolanda Tello fue diputada; se crearon varias organizaciones sobrevivientes al tiempo y a las contradicciones. Aparecieron hace unas semanas en una reunión de sindicatos independientes y reafirmaron su decisión de rescatar la contratación colectiva. Se sienten unidas a lo que hoy se llama industria de la moda.
Los sismos del 85 dejaron más. Según los analistas y quienes tomaron nota y siguieron las huellas de estas nuevas conciencias, han coincidido en que esa grieta profunda y “natural” producida el 19 de septiembre de 1985, hizo que se levantara una luz de democracia y reorganización de grupos, trabajadoras, asociaciones civiles y nació una nueva alternativa política de izquierda. Que ha dado sus frutos. Me dirán que está en crisis, si claro, las crisis nos abren nuevas ventanas y nuevos caminos, habría que abonar en positivo al futuro.
Sin cambio hoy el Monumento hoy declarado patrimonio histórico
A un lado del Hotel Amazonas, en la Calzada de Tlalpan, una de las principales arterias de la capital mexicana, se aprecia un monumento de fierro, aún en pie, representando a una costurera, cómo inerte testimonio de la lucha emprendida en septiembre de 1985 por las costureras del entonces Distrito Federal, luego de la sorprendente y trágica revelación de sus lamentables condiciones laborales.
Levantadas sobre los escombros ya que el sismo dejó atrapadas más de 600 costureras en decenas de edificios de la avenida San Antonio Abad, de las calles de Uruguay, Belisario Domínguez, Perú y José Ma. Izazaga, donde se concentraban pequeñas fábricas y talleres de confección, establecimientos hoy desolados– unas ochocientas costureras de 40 fábricas, de las más de 11 mil afectadas de 400 establecimientos por el terremoto del 19 de septiembre de 1985, lucharon más de tres años por sus derechos y sus puestos laborales. Protestaron y marcharon por las calles; organizaron mítines y alzaron un campamento.
Sin más recursos que el coraje y la razón, fundaron el 22 de octubre de 1985 el Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre, encabezado por Evangelina Corona, Alicia Cerezo, Guadalupe Conde, Leticia Olvera y Alejandra Martínez, entre muchas otras.
Organizadas y apoyadas por muy distintos grupos, enderezaron más de 345 demandas ante la Junta de Conciliación y Arbitraje, lograron convenios para dos mil trabajadoras en cerca de cien empresas, con indemnizaciones de aproximadamente 429 millones de pesos. En 84 empresas de la confección y del vestido hubo conflictos de carácter laboral, resueltos y/o archivados, con soluciones de una lentitud ofensiva.
Entonces había exceso de oferta laboral. Hoy hay despidos. Las costureras laboraban 11 horas diarias; trabajaban a destajo, no tenían horarios de comida, les pagaban centavos por cada costura, vivían humilladas y sin derechos laborales. Cientos de talleres operaban fuera de la ley. Lo mismo sucede tres décadas después.
Fueron tres intensos años de lucha, ellas en pie. Firmaron condiciones nuevas de trabajo, formaron dos cooperativas; crearon una guardería, se unieron a organizaciones sociales/feministas, pero 30 años después, el sindicato sólo representa a cinco empresas, tres de ellas fuera de la capital, en Irapuato, Guanajuato. Hoy, las condiciones de unas 10 mil trabajadoras no han variado.
Este septiembre al caminar por San Antonio Abad, Izazaga, 20 de Noviembre, Manuel Doblado, Belisario Domínguez, Paraguay, Ecuador y Perú, puede verse que los antiguos talleres desaparecieron en su lugar hay centros de venta de ropa importada que comercializan vestidos de fiesta y pantalones, trajes, sacos y faldas adocenadas provenientes de la maquila internacional.
En mayo de 2015, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ofreció a la Cámara de esa industria un apoyo de 450 millones de pesos, pues sólo en 2014 entraron al país 150 millones de prendas de vestir procedentes del extranjero. Diez años después los empresarios siguen quejándose y despiden a las costureras, como en Jalisco y Puebla.
Símbolo encarnado
Frente al lastimado monumento metálico en Tlalpan donde se alzó durante varios años el campamento de las costureras en lucha, que funcionaba como refugio y centro de las movilizaciones, se aprecia un tendejón derruido y gris, donde comenzaron las operaciones del sindicato. Los restauraron más tarde.
Cuatro décadas después, aunque no se sabe quién administró y vendió parte de ese terreno, en 2024 se expropió, dice Alejandra Martínez, la última secretaria general plantea que en estas décadas la industria se ha reducido; hay, como antes, talleres clandestinos, ubicados desde los años sesenta en Ciudad Netzahualcóyotl; hoy se multiplican en Tlaxcala.
Hace 10 años hubo una huelga que duró más de 38 meses en la fábrica Cartagena, símbolo encarnado: 21 costureras la sostuvieron, bajo la lluvia y en contra del desprecio y el olvido de Ernesto Kuri Serú, propietario de la fábrica, quien provocó el paro por negarse a pagar un solo derecho de estas costureras. Nunca tuvo solución esta huelga.
Finalmente, en 2006, el Gobierno del Distrito Federal adquirió el terreno y otorgó un comodato a las costureras, quienes para entonces habían perdido el registro del sindicato y se convirtieron en una asociación civil que es una escuela de derechos laborales, profesionalizando a hombres y mujeres y reconstruyendo el archivo histórico del sindicato.
En el recuerdo de Alejandra estuvo la fábrica de vestidos Read, donde el sindicato operó durante 20 años. Ahí se hacían los vestidos de fiesta, con canutillo y tul; los trajes de novia, otros más de telas finas. Eran 40 las costureras que vieron cerrar el establecimiento en 2004. El combate contra el sindicato fue feroz, nos dice Alejandra.
Los símbolos sin soluciones
En estos años el gobierno de la Ciudad de México ha querido reivindicarlas, con acciones que no resuelven, como la donación oficial de un predio en 2024 y el renombramiento de un centro comunitario como “Evangelina Corona” en honor la primera secretaria general del ahora desaparecido sindicato de Costureras 19 de Septiembre. La reivindicación en 2025 se mantiene enfocada en la necesidad de una unión fuerte para defender sus derechos, superando el temor y la humillación.
Acciones de supuesta reivindicación
Reconocimiento y Homenaje: El gobierno ha reconocido la historia y la lucha de estas costureras dedicando espacios y conmemoraciones para recordar a las compañeras que fallecieron tras el sismo de 1985.
Este día “Se declara como Patrimonio Cultural e Histórico de la Ciudad de México el monumento denominado «La Costurera», el cual se encuentra ubicado en Avenida San Antonio Abad y Manuel J. Othón, Colonia Obrera, en la demarcación territorial Cuauhtémoc en la Ciudad de México”, se lee en el decreto publicado en la Gaceta Oficial de este viernes. Tendencias y Materiales.
Entrega de un Predio: En enero de 2024, el Gobierno de la Ciudad donó oficialmente un predio a la Asociación Costureras y Costureros 19 de Septiembre, concretando así una lucha iniciada años atrás y apoyando su trabajo en la defensa del gremio.
Homenaje en un PILARES: En 2023, se renombro el centro comunitario PILARES en San Antonio Abad como «Evangelina Corona», en honor a esta activista que fue parte importante en la lucha por los derechos de las costureras.
Un cambio de vida
A Leticia Olvera la lucha obrera le cambió la vida. Militante de Mujeres en Acción Sindical tras el sismo de 1985, hoy mira el pasado con enojo. “Muchas fábricas cerraron apenas nos organizamos”, recuerda. Tal fue el caso de la de ropa íntima Cárnival. Hoy Leticia lucha para que sobreviva una organización de proyectos productivos, y aprendió que además de los derechos laborales, las mujeres necesitan igualdad y derechos sexuales y reproductivos.
Alicia Cerezo reconoce que su vida dio un giro de 90 grados. También se hizo feminista, pero advierte que miles de sus compañeras quedaron atrapadas en una condición lamentable y sostiene que el fracaso del sindicato está ligado a los intereses patronales y al sindicalismo espurio. Las costureras, tal y como fuimos antes, han desaparecido.
Alejandra Martínez reafirma que las costureras pagadas en nómina no logran más de mil 700 pesos semanales, y en este 2025 las que trabajan a destajo reciben sólo dos pesos al día por prenda cosida. Las jornadas se extienden hasta por 10 o 12 horas diarias. “No hubo cambio ni hay inspectores en los talleres, ni protección, ni se cumple con el salario mínimo profesional, ni se conmueve la Secretaría del Trabajo”, afirma.
Hoy las grandes tiendas departamentales contratan a empresas de dudoso origen, las llamadas outsourcing, explica el abogado Manuel Fuentes, uno de los principales defensores de las costureras, quien añade que, donde hay pequeñas fábricas, existen contratos de protección, es decir, contratos de trabajo que proponen las centrales obreras, sin organizar a las trabajadoras en sindicatos y que sirven para encubrir a la patronal. El abogado de Cartagena, Eduardo Díaz, confirma que quienes laboran en la costura lo hacen sin derechos.
Sin embargo, el valor de las ventas se estima en 29.6 mil millones de dólares (USD) en 2024, con una proyección de crecimiento del 4.9 por ciento hasta 2034. Para 2025, se espera que el sector continúe su expansión, impulsado por el comercio electrónico y la creciente demanda de moda ética y segunda mano.
La ropa popular es china o proveniente de talleres outsourcing que contratan El Palacio de Hierro, Liverpool o Sears, empresas que reciben ropa cortada por diseñadores, con telas importadas y confección pagada a precios irrisorios, informan Eduardo Díaz, Alejandra Martínez y Manuel Fuentes.
Una de las características que definió a la industria que ya tiene más de un siglo de vida, fueron los talleres familiares. En 1985, la mitad de la producción se hacía en estos talleres, ubicados en el Estado de México, hoy en Tlaxcala y en los alrededores de la ciudad de México y de otras capitales, los patrones se ahorran millones de pesos en impuestos.
Para las costureras del Distrito Federal, pese a la reducción de la industria por la competencia internacional, la situación actual es semejante a la de esa época.
Una descripción detallada de lo que sucedía en las pequeñas fábricas se lee en un estudio realizado por la Secretaría del Trabajo en octubre de 1985. En el documento sin firma, el anónimo autor señalaba:
“A medida que los medios de comunicación se adentraban en el caso de las costureras, salían a la luz las terribles condiciones de trabajo con que operaba la industria en general y la casi total inexistencia de protección sindical. Así, se supo que las costureras trabajaban jornadas de más de ocho horas diarias, ya que se le pagaban a destajo, lo que las forzaba a cumplir con cargas de trabajo muy altas; que a menudo había sanciones muy rigurosas por retardos y faltas, y que, dado que existía abundancia de mano de obra disponible, las amenazas de despido resultaban frecuentes y los salarios que se pagaban en muchos casos eran menores que el mínimo. También se supo que muchas veces los empresarios firmaban contratos por una semana con sus trabajadoras para evitar así registrarlas en el Seguro Social.
“Para evitar robos en las empresas, se afirmó que en algunos talleres las trabajadoras eran sometidas a rigurosas revisiones y, en algunos casos, los dueños cerraban con llave los accesos a los talleres mientras las obreras estaban trabajando. Varias versiones de personas presentes durante el sismo sostenían que por esa razón muchas trabajadoras no habían podido salvar sus vidas.
“Estas denuncias provocaron serios reclamos a las organizaciones obreras y a las autoridades del trabajo. El líder de la CTM, Fidel Velázquez, afirmó que la industria textil, principalmente en el rubro de la confección de ropa, era uno de los ramos más incontrolables desde el punto de vista sindical, pues se manejaba en la clandestinidad desde hacía varios años en talleres escondidos con una marcada explotación de la mano de obra, en los que no se pagaba ni el salario mínimo y se negaban prestaciones sociales. Por su parte, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Textil, afiliado a la CTM, Adolfo Gott Trujillo, indicó que la mayoría de los trabajadores que laboraban en los talleres donde se confeccionaba ropa no estaban afiliados a ningún sindicato. Sólo una minoría estaba organizada en pequeños sindicatos desconocidos.
Esta realidad hizo nacer al Sindicato, cuya vida se extinguió.
En conversatorio la UNAM señalan que hoy tenemos una nueva lectura de los desastres naturales
Lucha de las mujeres, columna vertebral de la reconstrucción
Redacción
SemMéxico, Ciudad de México, 19 de septiembre, 2025.- La lectura que tenemos en 2025 sobre los fenómenos naturales y los desastres es distinta a la que se tenía en 1985. Hoy se sabe que los desastres son multifactoriales y están vinculados con las condiciones de vulnerabilidad de las poblaciones y los asentamientos humanos, manifestó el coordinador de Humanidades de la UNAM, Miguel Armando López Leyva.
“Desde esta lógica, los desastres son construcciones sociales convirtiéndose los fenómenos naturales en amplificadores de realidades existentes”, afirmó al participar en la inauguración del conversatorio “La significación del 19 de septiembre de 1985 en la historia social de la Ciudad de México”.
De acuerdo con una encuesta realizada por el área de Población de esta entidad académica y otras dependencias, más de la mitad de las 30 mil personas damnificadas que se refugiaron en albergues y campamentos en 1985 tomaron esa opción porque provenían de vecindades de colonias aledañas al Centro Histórico de la Ciudad de México donde rentaban viviendas a bajo costo, pero en inmuebles deteriorados que carecían de mantenimiento, dijo en su intervención en el auditorio “Pablo González Casanova”, del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS).
La encuesta captó el hacinamiento, el uso de viviendas como talleres, por lo que al perder estas hubo quienes también se quedaron sin sus medios de subsistencia.
Acompañado por la secretaria de Desarrollo Institucional de la UNAM, Tamara Martínez Ruiz, el coordinador señaló que este conversatorio es un ejercicio de rememoración colectiva, pero también un momento para pensar en la construcción de un mejor futuro para las siguientes generaciones.
La conmemoración por los 40 años de los sismos de 1985 en la Ciudad de México obliga a pensar en el presente y en el futuro de las urbes desde el desarrollo sostenible, lo cual supone metrópolis con viviendas y servicios básicos adecuados, sistema de transportes seguros, planificación y gestión participativas, reducción de muertes por desastres, disminución del impacto ambiental, añadió.
La UNAM al servicio de la sociedad
Tamara Martínez coincidió en que los terremotos de 1985 evidenciaron las vulnerabilidades sociales acumuladas por décadas de desigualdad, abandono, corrupción y precariedad, y fueron el gran catalizador que permitió que surgiera la ciudadanía, colectiva, organizada y plural y que se apropiara del espacio público.
Destacó que desde los primeros momentos los universitarios -estudiantes, docentes, personal administrativo y académicos- formaron brigadas de rescate, atención médica, evaluación de daños y de organización de la ayuda. Además, se demostró que la producción y divulgación del conocimiento, así como los valores universitarios son, y seguirán siendo, un compromiso al servicio de la sociedad y de todas sus comunidades.
Ese compromiso se transformó en un motor de conocimiento, pues se avanzó a pasos agigantados en campos científicos como la sismología, el urbanismo, ingeniería y protección civil, al mismo tiempo que las humanidades y las ciencias sociales documentaron y analizaron el despertar de la sociedad civil.
“Se estudió a fondo la vulnerabilidad, no como un hecho natural, sino como una construcción social. Y fue esta capacidad de integrar el análisis geofísico con el estudio de los procesos sociales, urbanos y políticos lo que consolidó a la UNAM como un referente internacional en la comprensión integral de los riesgos socioambientales”, acotó.
Lucha de las mujeres, columna vertebral de la reconstrucción
Martínez Ruiz también subrayó: “Ellas removieron escombros, fueron las primeras en organizar albergues, comedores, guarderías y encabezaron los cuidados colectivos. Hicieron en la arena pública lo que ya hacían en la privada: tejieron redes de solidaridad y denuncia. Enfrentaron trabajos extenuantes, exclusiones y dobles jornadas, y no se rindieron”.
Remarcó el papel de las costureras que, en medio de su duelo, encarnaron la dignidad laboral de quienes en décadas no habían tenido seguridad social, salario y reconocimiento frente a la precariedad y la opacidad de los empresarios y las autoridades. Marcharon, exigieron y fundaron el “Sindicato 19 de Septiembre”, la primera organización independiente reconocida. “La lucha y resistencia de las mujeres fue columna vertebral de la reconstrucción, y su liderazgo transformó para siempre la vida pública de la ciudad y del país”, resaltó.
Previamente, la directora del IIS, Marcela Amaro Rosales, dio la bienvenida al conversatorio sobre el fenómeno natural de hace cuatro décadas que, estimó, significa un parteaguas en la historia reciente de México y en particular de su capital.
En ese momento y en los años posteriores, rememoró, la UNAM abrió sus espacios para albergar a damnificados, movilizó a su comunidad académica y estudiantil en labores de apoyo y aportó investigación crítica y conocimiento riguroso desde una perspectiva multidisciplinaria para comprender lo ocurrido.
“En las facultades e institutos se documentó la emergencia, se reflexionó sobre la respuesta social y se propusieron nuevas formas de pensar la planeación urbana y la gestión de riesgo”, apuntó.
A la inauguración asistieron las directoras del Instituto de Geografía y de la Escuela Nacional de Trabajo Social, María Teresa Sánchez Salazar y Carmen Casas Ratia, respectivamente; así como el titular del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, José Gasca Zamora, entre otras autoridades.
Siempre al servicio de la sociedad
En el coloquio conmemorativo “40 años del sismo de 1985. Evolución del conocimiento”, organizado por el Instituto de Geofísica (IGEF) de la UNAM, la coordinadora de la Investigación Científica, María Soledad Funes Argüello, externó que esta actividad académica “es una oportunidad para renovar nuestra convicción de que la ciencia y la Universidad deben estar siempre al servicio de la sociedad”.
El temblor marcó para siempre la historia de nuestro país, pero también fue un punto de quiebre en la manera en que entendemos y enfrentamos los riesgos sísmicos, enfatizó al inaugurar el evento.
En el auditorio Tlayolotl-Ismael Herrera Revilla del IGEF, recordó que el 19 de septiembre de aquel año nos dejó pérdidas irreparables y profundas lecciones. Nos mostró con crudeza la vulnerabilidad de nuestra ciudad, pero también la solidaridad y la capacidad de respuesta de la sociedad mexicana.
“La Universidad Nacional Autónoma de México asumió con plena responsabilidad el reto de encabezar desde la ciencia, las humanidades y la cultura la construcción de un país más preparado, más informado y capaz de sobreponerse”.
Esta casa de estudios abundó, fue fundamental en la creación del Centro Nacional de Prevención de Desastres y en la consolidación del Sistema Nacional de Protección Civil, instituciones que hoy son referencia obligada en la gestión del riesgo.
El personal académico ha contribuido en el desarrollo de los reglamentos de construcción, sustentados en estudios de campo, modelos numéricos y analíticos que permitieron entender cómo se comportan las estructuras ante los sismos.
Los grupos universitarios han avanzado en el estudio de la fuente sísmica, el movimiento de terreno y la respuesta sísmica, investigaciones que han sido referentes a nivel mundial. A ello se suman metodologías para cimentaciones, análisis de vulnerabilidad, resiliencia estructural, monitoreo de salud e infraestructura y estudios sobre el comportamiento dinámico de suelos. El liderazgo de la UNAM en este campo se refleja también en la historia del Servicio Sismológico Nacional (SSN) que desde 1929 está bajo la tutela de esta casa de estudios.
Al hacer uso de la palabra, el director del IGEF, José Luis Macías Vázquez, compartió: “En ese entonces, el papel del director del Instituto de Geofísica, Ismael Herrera Revilla (presente en el evento), fue fundamental en la respuesta científica a la emergencia”.
En un contexto marcado por la incomunicación y la precariedad tecnológica, organizó un equipo para desplegar aparatos portátiles y recurrió a antiguos sismógrafos mecánicos para registrar las réplicas y recopilar información indispensable. Apoyó a varios de nuestros sismólogos, entre otros Cinna Lomnitz, quien fue también una pieza clave en la instalación de la Red Sísmica de Apertura Continental, la cual en 1986 aumentó la capacidad del Monitoreo Sísmico y del SSN, prosiguió.
Una nueva visión
A decir del director general del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), Enrique Guevara Ortiz, a partir de la lección del sismo hubo una nueva visión. El Estado mexicano creó el Sistema Nacional de Protección Civil y dos años después el Centro Nacional de Prevención de Desastres, con el apoyo de la UNAM, la cooperación internacional y el compromiso del gobierno federal.
“Esa alianza entre ciencia, instituciones y sociedad nos permitió dar un paso histórico hacia un modelo más sólido de prevención y de gestión del riesgo.
Gracias a ese respaldo se consolidó la red sísmica mexicana, que hoy es base para la vigilancia de nuestra sismicidad y el Sistema Nacional de Alerta de Tsunamis, que contribuye a proteger a millones de personas en zonas costeras”, describió.
Consideró que, 40 años después, debemos reafirmar que los desastres no son naturales, son la materialización de riesgos que nosotros mismos construimos a través de nuestras decisiones y de la manera en cómo ocupamos el territorio con las condiciones sociales y económicas que generan vulnerabilidades.
En el CENAPRED, aclaró, seguimos firmes en esa ruta, porque prevenir no es opcional. Es un acto de justicia social, de amor a la vida y de responsabilidad con las próximas generaciones”.
En su oportunidad, Ana Laura Peniche Montfort, coordinadora de la Hemeroteca Nacional (adscrita al Instituto de Investigaciones Bibliográficas), subrayó el papel de la prensa luego de los sucesos. “En medio del caos y la incertidumbre, cuando las estructuras cayeron y las comunicaciones se interrumpieron, los medios de comunicación se convirtieron en la única ventana a la realidad para millones de personas. Sin redes sociales, ni internet, periodistas, fotógrafos y camarógrafos asumieron la enorme responsabilidad de informar”.
Documentaron la destrucción y se constituyeron en el puente entre las autoridades y la ciudadanía; y entre las familias desesperadas que buscaban a sus seres queridos. La cobertura de la prensa no fue simplemente un registro de los hechos, fue un acto de servicio, un testimonio de la solidaridad y la resiliencia de una ciudad que se negaba a rendirse.
“Las publicaciones periódicas de aquellos días, impresas en papel, son mucho más que simples reportes noticiosos, son el testimonio tangible de nuestra historia colectiva”, concluyó
A esta actividad acudieron: Arturo Iglesias Mendoza, jefe del SSN; los investigadores eméritos Ismael Herrera Revilla y Gerardo Suárez Reynoso; además de exdirectores del IGEF, entre otras personalidades.
“Pasados los años de ambas tragedias, siento que algo me ha faltado en la vida; como un hueco, un vacío, una especie de culpa por no haber compartido físicamente con los demás habitantes de nuestra ciudad dos de los episodios más dolorosos de su historia…”
Francisco Ortiz Pinchetti
SemMéxico, Ciudad de México, 19 de septiembre, 2025.- En dos ocasiones –para bien y para mal— la vida me ha negado la experiencia de padecer un movimiento telúrico de gran intensidad en mi ciudad. Condiciones un tanto fortuitas me hicieron estar ausente mientras millones de mexicanos enfrentaban la tragedia. La primera vez fue justo este viernes hace 40 años, el 19 de septiembre de 1985. La segunda, el 19 de septiembre de 2017, hace apenas ocho años.
En el 85 había viajado a Monterrey como enviado del semanario Proceso para hacer una crónica sobre el otorgamiento del doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad Autónoma de Nuevo León –aunque usted no lo crea– a Alfonso Martínez Domínguez, “don Halconso”. Sí, el exregente capitalino responsable junto con el Presidente Luis Echeverría Álvarez de la masacre del 10 de junio de 1971, que acababa de dejar la gubernatura neolonesa.
De ese modo me salvé de sentir el horror de un terremoto de 8.1 grados Richter, a cambio de muchas horas de angustia ante la incomunicación total que me impedía tener noticias de mi familia. Recuerdo todavía con sobresalto las escenas matutinas, sin audio, que transmitía la televisión, en las que veíamos una ciudad devastada, como bombardeada, como incendiada, pero sin saber lo que realmente ocurría en el entonces Distrito Federal. Gracias a la hospitalidad solidaria –que siempre agradeceré–, de Ramón Alberto Garza, entonces flamante director editorial de El Norte, logramos finalmente desde su oficina en la capital regiomontana tener ambos alguna información inicial, y yo la posibilidad de comunicarme a la Ciudad de México.
De alguna manera logré treparme en un avión y regresar a mi ciudad esa misma tarde-noche para constatar la destrucción física y el horror anímico de sus habitantes. Y el viernes 20, en nuestras oficinas de Fresas 13, en la colonia Del Valle, compartí con mis compañeros el pánico de la réplica de 7.6 grados.
Tras incorporarme de inmediato a la redacción, tres episodios notables de aquella pesadilla que cumple cuatro décadas me tocaron vivir como reportero de Proceso. El primero, las labores nocturnas de rescate en un enorme edificio de departamentos de la calle Niños Héroes, en la colonia Doctores. Potentes reflectores iluminaban el montón de escombros en los que como hormigas, entre una nube de polvo, decenas de voluntarios se afanaban en localizar y salvar sobrevivientes.
No olvido el estruendo de las compresoras ni el rostro cenizo, cansado y angustiado de los rescatistas. Tampoco sus gritos desesperados. Recuerdo una escena en particular: la llegada de un convoy de vehículos en el que venía, rodeado por todo un aparato logístico del Estado Mayor Presidencial, el presidente Miguel de la Madrid Hurtado. Vestido con una chamarra caqui, desencajado, el mandatario intentaba primero informarse y luego dar instrucciones para agilizar los trabajos. Era patético, porque nadie, ni los propios soldados, bomberos o policías que ahí estaban, le hacían caso. No lo pelaban, sin más, a pesar de sus ademanes. La gente se afanaba sin mirarlo en el retiro de mano a mano de piedras y trozos de concreto.
Mi segunda cobertura inolvidable de aquellos días trágicos fue la de un entierro colectivo en el panteón civil de San Lorenzo Tezonco, en Iztapalapa, al Oriente de la capital. Abiertos a pico y pala, una tras otra, más de cincuenta fosas formaban una tétrica hilera en espera de los cadáveres de otras tantas personas fallecidas y no identificadas. Tras una espera que pareció interminable, al anochecer, los cuerpos de los desconocidos fueron llevados hasta ahí en camiones de redilas y literalmente arrojados como fardos, uno tras otro, en cada una de las zanjas abiertas en el piso calizo, gris. Una escena absolutamente sobrecogedora, que me causó a la vez que compasión enorme, una rabia –inútil, por supuesto— ante la manera de tratar a esos cadáveres. Tal vez no había otra forma, pienso ahora.
Finalmente, y con especial emoción, recuerdo mi recorrido de varios días y noches junto con el fotógrafo Juan Miranda, unas semanas después de los sismos, por las devastadas calles de la colonia Roma. Inolvidable el impacto que me causaron las numerosas construcciones que yo recordaba en aquel barrio entrañable y que estaban abatidas. Inolvidable la desolación que se percibía en una zona donde según cifras oficiales se colapsaron 472 construcciones y un millar más quedaron dañadas irremediablemente. Sin embargo, lo que me marcó de manera particular fue un sentimiento de soledad y abandono. En mi reportaje escribí:
“La Roma se quebró. Primero fue el caos; luego la angustia, el horror. Ahora es la soledad. Si a los tepiteños les bastaron dos semanas para recomponer su vida cotidiana; si en Tlatelolco los damnificados permanecen en lucha por sus derechos, en la colonia Roma el signo dominante es el abandono: la gente se fue. Lo sabe Margarita Hernández viuda de Tena, cuya tintorería casi cincuentenaria de la calle de Mérida está atiborrada de ropa que nadie reclama. Lo sabe el encuadernador Francisco G. Ordorica, que durante diez días estuvo ante el mostrador de su negocio, en Puebla y Frontera, sin que llegara un solo cliente. Lo sabe el jesuita Fernando Suárez, vicario de la parroquia de la Sagrada Familia, en Orizaba y Puebla, que ha visto reducida a la mitad la asistencia de fieles a las misas. Lo sabe el tapicero Julio Martínez, que en su local de Córdoba 118, lleno de palos viejos, comenta entre susurros: “Esto va a ser como volver a empezar. La clientela de 30 años se acabó, se fue”.
La única realidad tangible era la desolación. La ausencia. Recuerdo la voz de un anciano que bastón en mano repetía sin cesar: «nunca más la colonia volverá a vivir, nunca más». Estaba sentado en una banca de fierro frente a la estatua de David, en la plaza Río de Janeiro. Durante horas y horas, todos los días, el viejo contemplaba el desastre del barrio que lo cobijó a lo largo de toda su vida. “Nunca más», repetía.
La destrucción física de la colonia aturdía, impactaba, confundía. Prácticamente no había una manzana que estuviera sana, sin algún derrumbe. Desde muchas de sus esquinas –Guanajuato y San Luis Potosí, Orizaba y Zacatecas, Medellín y Puebla, Monterrey y Yucatán– podían verse derrumbes hacia los cuatro puntos cardinales. El ambiente de devastación –subrayado por el polvo blancuzco que lo envolvía todo, que cubría las copas de los árboles, que enturbiaba el aire– se sentía tétrico ante los «jardines» improvisados por el entonces Departamento del Distrito Federal en algunos lotes donde hacía apenas cuatro semanas se levantaban edificios.
Mi segunda no experiencia sísmica, como mencioné, ocurrió el martes 19 de septiembre de 2017, en la fatal coincidencia de esta fecha. Aterrizaba en el aeropuerto de Belgrado unos minutos después de la una de la tarde, justo en el momento en que un terremoto de 7.8 grados sacudía a la capital mexicana y otros estados cercanos como Puebla, México, Morelos y Tlaxcala.
Becky, mi inolvidable compañera y yo, habíamos viajado a la capital de Serbia para visitar a su hermano, el hoy Embajador emérito guanajuatense José Humberto Castro Villalobos, entonces adscrito a la Embajada de México en la antigua Yugoslavia. Por él nos enteramos de lo ocurrido, apenas nos abrazó en el aeropuerto. Y en la televisión de su casa, junto con Mayela su mujer, seguimos en los noticieros internacionales las informaciones sobre lo ocurrido durante los siguientes días. Con telefonía celular ya, me fue fácil y rápida la comunicación con mis familiares, todos sin novedad.
Esa vez, mi regreso a México ocurrió tres semanas después, tras un recorrido por países de la Europa Central. En nuestro periódico y portal Libre en el Sur habíamos podido rescatar –gracias al extraordinario trabajo de Francisco Ortiz Pardo, mi hijo, encargado de nuestro medio informativo–, las escenas de horror y los testimonios en torno al sismo que esta vez afectó de manera especial a varias colonias de la Alcaldía Benito Juárez, como Portales, Narvarte y Del Valle.
También documentó detalladamente, desde su óptica comunitaria y cercana y a través de crónicas y entrevistas, los colapsos y daños en edificios específicos –como el de Zapata 56, en Portales Sur, y el de Escocia y Gabriel Mancera, en Del Valle Sur–, recogió relatos sobrecogedores de vecinos y brigadistas que narraron la angustia, la solidaridad y la auto organización comunitaria, y siguió de cerca las fases posteriores al sismo, incluyendo las complejidades de la reconstrucción y las demandas de los damnificados ante las autoridades.
Con mucha antelación al devastador terremoto, nuestro medio había dado a conocer estudios inéditos, elaborados por científicos especializados de la UNAM, sobre los elevados riesgos sísmicos de la Alcaldía Benito Juárez. En la edición inmediata después del sismo, Libre en el Sur cabeceó en su portada, sobre una foto desgarradora de Cuartoscuro: “¡…y no hicieron caso!”.
Pasados los años de ambas tragedias, siento que algo me ha faltado en la vida; como un hueco, un vacío, una especie de culpa por no haber compartido físicamente con los demás habitantes de nuestra ciudad dos de los episodios más dolorosos de su historia. Válgame.
Fue encontrada sin vida en comandancia de Salina Cruz, Oaxaca
Es el segundo caso ocurrido en los separos de la policía municipal
Redacción
SemMéxico, Ciudad de México, 19 de septiembre, 2025.- El Pleno de la Cámara de Diputados, en sesión presencial, guardó un minuto de silencio en memoria de Andrea Tamara Balderas Alegría, fallecida al interior de la comandancia municipal de Salina Cruz, Oaxaca.
Desde su curul, la diputada Margarita García García (PT) pidió un minuto de silencio para Andrea Tamara, que fue localizada sin vida en los separos de la Comandancia Municipal de Salina Cruz, Oaxaca, el pasado 13 de septiembre.
Relató que la Fiscalía General de Oaxaca abrió una carpeta de investigación y citó a declarar al menos a diez elementos de la policía municipal, “pero este no es el único caso. Este es el segundo caso similar registrado en la actual administración municipal: en agosto del 2022 otra mujer, de nombre Abigail Hay, falleció en los separos de este mismo municipio”.
García García afirmó que no se puede permitir que esto siga porque tiene conocimiento de que no son los únicos casos de policías, y hay varias organizaciones civiles que señalan que hay otros reportes de abusos policíacos y muertes bajo custodia en Salina Cruz. “Las mujeres oaxaqueñas estamos preocupadas por lo que está sucediendo en los separos municipales. En el Partido del Trabajo condenamos este tipo de actos y no vamos a tolerar ni permitir estas pérdidas humanas”.
El minuto fue concedido por la presidenta de la Mesa Directiva, diputada Kenia López Rabadán, quien dijo: “Esta Presidencia registra su denuncia y su preocupación. Yo les solicitaría respetuosamente puedan ponerse de pie para llevar a cabo el minuto de silencio”.
Posteriormente, López Rabadán señaló que en términos de lo dispuesto por los artículos 100 y 102 del Reglamento de la Cámara de Diputados, las iniciativas y las proposiciones contenidas en el orden del día serán enviadas a las comisiones que correspondan, publicándose el turno en la Gaceta Parlamentaria.
Levantó la sesión ordinaria y pidió a las diputadas y diputados, permanecer en sus curules para dar inicio a la sesión solemne para conmemorar el Día Nacional del Charro.
SemMéxico, Cuidad de México, 19 de septiembre, 2025.- Durante algunas horas de la mañana del 19 de septiembre de 1985, el mundo creyó que había desaparecido la capital de México.
El terremoto destruyó la infraestructura de comunicaciones de la ciudad, con impacto en gran parte del país.
Toda la telefonía quedó suspendida de inmediato en la zona metropolitana, igual que la telegrafía y el servicio de microondas. En los estados vecinos quedaron inactivos la larga distancia.
Ni las embajadas, ni los organismos internacionales ni los corresponsales de medios extranjeros podían reportar a sus respectivas sedes lo que realmente estaba pasando.
El sismo también provocó destrucciones en estados de la costa del Pacífico y dañó severamente carreteras, vías férreas, puertos y aeropuertos de la zona afectados. Hubo derrumbes en la sede principal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
El satélite mexicano Morelos I, que apenas había sido puesto en órbita en junio del mismo año, permitió mantener al aire la televisión estatal.
Las oficinas de varias agencias internacionales de prensa estaban en una zona del centro de la ciudad fuertemente dañada, en el Paseo de la Reforma y sus cercanías. Los destrozos en los edificios también eran un obstáculo para el trabajo.
Para decenas de reporteros de medios extranjeros no quedaba más remedio que buscar alguna posibilidad de transmisión en el Club de Corresponsales, un lugar accesible, cerca de Reforma.
El local era una vieja casa de tres pisos, bien acondicionada, con teléfonos y una sala de télex, lo que entonces eran las ventanas al mundo.
El télex era un sistema de comunicaciones de punto a punto a través de señales binarias similares al telégrafo. Cada usuario tenía una terminal con un teclado. El texto que se transmitía aparecía de inmediato en un rollo de papel que avanzaba y se podía leer en una pantalla luminosa.
Pero aquella mañana también en el Club de Corresponsales los teléfonos y las máquinas de télex estaban inservibles. Era una crisis encima de la otra: la infinita y devastadora realidad que había que reportar y la nula posibilidad de hacerlo.
Serían pasadas las 10 de la mañana cuando el tumulto de corresponsales de pronto se concentró en un rincón, en el que parecía funcionar uno solo de los télex.
Sobre los gritos y empujones se impuso la voz de un veterano colega yugoslavo que dijo lo único sensato en ese momento: hacer una fila, que cada quien haga tres intentos. Y si al tercer intento no entra la conexión, pasa el siguiente. Sin tiempo ni ánimos para discutir variantes, todos acataron y se iniciaron los ensayos.
Al fin funcionó una conexión. El afortunado corresponsal que logró un enlace a La Habana tuvo que improvisar su despacho ahí mismo, tratando de recordar, para escribir con cierta coherencia, todo lo que había visto en un recorrido a pie por las calles destruidas de la ciudad.
Como si fuera una obra coral, los colegas se asomaban al texto y le gritaban, casi le ordenaban al corresponsal, que pusiera lo que le falltaba: que si no hay cifras, que el daño es incalculable, que no hay una versión oficial, que el derrumbe del hotel Regis, que se cayó las comunicaciones…
Poco a poco hubo otros intentos y, por fin, el mundo pudo enterarse a trazos horribles de lo que pasaba en México, Distrito Federal, en uno de los desastres naturales que más hondo han calado en la historia reciente del país.
A falta de opciones para transmitir desde alguna ciudad cercana, la agencia Associated Press y la cadena televisiva CBS pudieron alquilar un vuelo privado a Texas y desde ahí enviar al exterior, con más holgura, relatos más amplios de aquel terrible amanecer.
Pero en todas las horas previas, desde que cesaron las comunicaciones, apenas ocurrió el sismo a las 7:19, en el mundo circuló la versión de que la antigua Tenochtitlán había desaparecido.
Al día siguiente, 20 de septiembre de 1985, la comunicación mejoraba. Funcionaba un teléfono a larga distancia en el Club de Corresponsales y eventualmente alguna de las terminales de télex.
Por la tarde acudió al Club el subsecretario de Gobernación, Fernando Pérez Correa, para ofrecer la parte oficial hasta ese momento: los datos, las cifras, la ayuda exterior, los aeropuertos, el mensaje del gobierno…
Pasaban las 7 de la noche y Pérez Correa contestaba preguntas, cuando la escalera de madera de la vieja casa de la calle Pánuco empezó a crujir y las lámparas y el piso se movían. Vino un apagón y los autos de un estacionamiento vecino se estrellaban entre sí.
Un segundo sismo hizo que la sala de conferencias, repleta de corresponsales, de pronto quedara vacía. Todo el mundo salió en tropel a la calle, a la oscuridad y a la desazón.
Minutos más tarde, muchos hacían de nueva la fila ante el único teléfono del Club que todavía funcionaba…
● El objetivo es inmunizar a más de 2.5 millones de niñas y niños en todo México
● Por primera vez, los niños también recibirán la vacuna
Redacción
SemMéxico, Tlaxcala, 19 de septiembre, 2025. – El Gobierno de México, a través de la Secretaría de Salud, inició en Tlaxcala a la Campaña Nacional de Vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) 2025, que busca proteger la salud de más de 2.5 millones niñas, niños y adolescentes de todo el país, para colocar a la prevención como pilar central de la política sanitaria.
El secretario de Salud, David Kershenobich resaltó que la vacunación contra el VPH, anteriormente dirigida solo a niñas de quinto año de primaria, se amplía ahora también a los niños, luego de alcanzar una cobertura del 95 por ciento en la población femenina.
“Es una medida de equidad, porque esta vacuna protege no solo contra el cáncer cérvico-uterino, sino también contra otros tipos de cáncer. Se trata de una acción histórica, porque pocas enfermedades cancerosas pueden prevenirse con la aplicación de una vacuna”, añadió.
Explicó que esta campaña constituye un paso histórico en la salud pública del país, recordando que la prevención es la mejor herramienta para garantizar el bienestar, y evocó el episodio histórico de la expedición de 1803-1806 contra la viruela, donde niños mexicanos fueron protagonistas de la primera gran campaña internacional de vacunación.
“Hoy, como en aquel entonces, los niños son protagonistas de la historia. Con esta campaña estamos sembrando salud para las futuras generaciones, convencidos de que cada dosis aplicada es una oportunidad para prevenir el cáncer y construir un futuro más saludable”, afirmó.
El secretario de Salud destacó que la meta es lograr que el 95 por ciento de la población mexicana cuente con esquemas completos contra enfermedades prevenibles, como el sarampión, y anunció jornadas masivas de vacunación, entre ellas la que se realiza el 17, 18 y 19 de septiembre en el Estadio Olímpico Universitario, para facilitar el acceso a la población.
Por su parte la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, celebró que su estado sea el punto de partida de esta campaña que beneficiará a millones de mexicanos.
SEM/sj
“Hoy nuestras niñas y niños son los primeros en todo el país en recibir esta vacuna. Así como en 1803 México participó en la lucha contra la viruela, Tlaxcala escribe una nueva historia de prevención y cuidado”, expresó.
Reconoció el compromiso del Gobierno de México y de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, “una madre y abuela que piensa en la salud de todas las niñas y niños del país”, y señaló que Tlaxcala será ejemplo nacional al lograr la cobertura total de vacunación infantil y adolescente.
“Esta vacuna salvará vidas y refleja el amor y la responsabilidad hacia nuestra niñez”, afirmó.
Con esta Campaña Nacional contra el Virus del Papiloma Humano, México reafirma su compromiso con la prevención, la equidad y la protección de la salud de la niñez y la adolescencia, garantizando un futuro más justo, más humano y más saludable para todas y todos.
En el evento participaron el subsecretario de Políticas de Salud y Bienestar Poblacional de la Secretaría, Ramiro López Elizalde; el director del IMSS Bienestar, Alejandro Svarch Pérez; la titular del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia, Samantha Gaertner Barnad, y el secretario de Salud de Tlaxcala, Rigoberto Zamudio Meneses.
En sesión solemne el Senado reconoce a la escritora
La presidenta de la mesa directiva, Laura Itzel Castillo Juárez, dará un mensaje
Redacción
SemMéxico, Ciudad de México, 19 de septiembre, 2025.- La escritora Silvia Molina recibirá en sesión solemne del próximo martes 30 de septiembre el Premio al Mérito Literario “Rosario Castellanos”, edición 2024, anunció el Pleno del Senado de la República tras la aprobación de un acuerdo de la Mesa Directiva.
De acuerdo con el documento, la sesión se desarrollará en el recinto ubicado en Paseo de la Reforma 135, a partir de las 12 horas. En el acto se leerá la semblanza de Rosario Castellanos, a cargo de una senadora de la Mesa Directiva; seguida de las palabras de la senadora Beatriz Mojica Morga, presidenta de la Comisión de Cultura.
Posteriormente se entregará el Premio al Mérito Literario “Rosario Castellanos” y la intervención de la galardonada, Silvia Molina; para luego dar lugar al mensaje de la presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo Juárez y, posteriormente, la clausura de la Sesión Solemne.
El acuerdo aprobado establece que a esta Sesión Solemne podrá invitarse a la titular del Poder Ejecutivo Federal, Claudia Sheinbaum Pardo; al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz; y a la presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán
Además, podrá invitarse a los titulares de los organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil de reconocido prestigio en el ámbito de las letras mexicanas y universales; también la Mesa Directiva podrá autorizar que se invite a otros servidores públicos, representantes populares o representantes de organismos ciudadanos.
En reconocimiento a la investidura de los titulares de los Poderes de la Unión, la presidenta de la Mesa Directiva designará las comisiones de ceremonial a que se refiere el artículo 289 del Reglamento del Senado.
De acuerdo con el documento, se enviará solicitud a la Secretaría de la Defensa Nacional para contar con el personal militar necesario en las actividades que se desarrollarán con motivo de la Sesión Solemne.
Silvia Molina
Es originaria de la Ciudad de México, narradora, ensayista y editora. Estudio Letras Hispánicas en la UNAM.
Ganó en 1977, el premio Xavier Villaurrutia por su novela La mañana debe seguir gris.
Además, es autora de las novelas Ascensión Tun. México: Martín Casillas, 1981; La familia vino del norte. México: Cal y Arena, 1988; Imagen de Héctor. México: Cal y Arena, 1990; El amor que me juraste. México, Joaquín Mortiz, 1998; Muchacha en azul. México, Joaquín Mortiz, 2001; En silencio, la lluvia, México, Alfaguara, 2008; Matamoros, el resplandor de la batalla. México: Grijalbo, 2010; En estado de gol. México, 2015.
Y los cuentos Lides de estaño. México: UAM, 1981; Silvia Molina. México: UNAM (Material de Lectura), 1990; Un hombre cerca. México: Cal y Arena, 1992; Recomenzar: antología personal. México: ISSSTE, 1999, y Cruzar la sombra: cuentos reunidos. México: Cal y Arena, 2012.
Premio al Mérito Literario “Rosario Castellanos”
El Pleno del Senado aprobó el 23 de marzo del 2021, la creación del Premio al Mérito Literario “Rosario Castellanos”, por 112 votos a favor y uno en contra, mismo que será entregado en Sesión Solemne en el Pleno de la Cámara de Senadores, en el mes de septiembre de cada año.
Esta dirigido a escritoras y escritores con una obra consolidada, escrita en idioma español o en cualquiera de las lenguas originarias de Latinoamérica, y que pertenezca a los géneros literarios de la narrativa, dramaturgia, poesía o ensayo.
Este premio debe ser otorgado en el marco del aniversario luctuoso de la escritora mexicana. Consiste en la entrega de un Busto de Bronce y una placa fotograbada, así como una presea con el Escudo Nacional y 200 mil pesos mexicanos.
La iniciativa busca combatir la precariedad en el deporte profesional
Tiene un alcance importante en términos de la reconstrucción del tejido social
Redacción
SemMéxico, Ciudad de México, 19 de septiembre, 2025.- Un salario base a deportistas profesionales sin discriminación por género, discapacidad o cualquier otra condición que atente contra la dignidad humana, propuso en el Congreso de la Unión la bancada de Movimiento Ciudadano.
Durante el foro Cambiamos la Jugada realizado en el Senado de la República, la diputada Patricia Mercado destacó que esta nueva iniciativa se presenta bajo un marco legal más robusto tras la reciente reforma que garantiza la igualdad sustantiva desde la Constitución y la reforma a la Ley Federal del Trabajo que obliga al Estado a cerrar la brecha salarial.
“La propuesta central de esta iniciativa es establecer un salario base como para iniciar el camino por la igualdad en el deporte. Esta reforma lo que propone es decir que será violatorio del principio de igualdad de salario, la disposición que estipule salarios base distintos para trabajos iguales”, expuso.
Añadió que será la Secretaría del Trabajo la que tendrá la obligación de determinar el salario base. Asimismo, explicó que además del salario base, las personas deportistas podrán recibir compensaciones según el tipo de deporte o años de experiencia que tengan.
El senador Clemente Castañeda recordó que una iniciativa similar ya había sido aprobada por unanimidad en la Cámara Alta durante la legislatura pasada, pero no logró ser votada en la Cámara de Diputados. Ante ello, el grupo parlamentario de Movimiento Ciudadano presentó de nueva cuenta la iniciativa para lograr su aprobación en esta nueva legislatura.
El coordinador parlamentario de la Bancada Naranja en el Senado subrayó que esta iniciativa tiene la finalidad de combatir la precariedad en el deporte profesional y garantizar la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres.
“El deporte tiene un alcance muy importante en términos de la reconstrucción del tejido social, como instrumento de movilidad social, como instrumento de pacificación. Por eso decimos nosotros que el fomento deportivo, las condiciones para crear infraestructura deportiva para promover el deporte profesional, debe de ser una política de Estado en este país”, expuso Castañeda.
El senador por Jalisco agregó que esta iniciativa no va en contra de la industria del deporte, sino que busca demostrar que este negocio es perfectamente compatible con el derecho a un salario base para todas las personas deportistas profesionales.
Estamos convencidos que sí es posible tener un salario base para hombres y mujeres que les permitan tener condiciones para seguir desempeñándose profesionalmente en el deporte, espíritu que anima esta iniciativa, subrayó.
La diputada y ex raquetbolista Paola Longoria dijo que esta iniciativa busca transformar el deporte en México al ampliar la protección de los derechos laborales de las y los deportistas profesionales desde una perspectiva de género.
“Lo digo no solo como legisladora, sino también como atleta. Sé lo que significa entrenar, competir, prepararte para un torneo, pero sobre todo lo que significa ganar. Sé lo que significa sacrificarse por un sueño y al mismo tiempo también enfrentar obstáculos que nada tienen que ver con la cancha o con la pista, sino con la falta de apoyos, con la discriminación, pero sobre todo con la desigualdad”, expresó.
“Queremos un mismo piso parejo y justo porque la disciplina, el esfuerzo y la entrega valen lo mismo. Ya sea en un equipo varonil o femenil, ya sea en el fútbol, en el básquetbol, en el béisbol o en el tenis, o en cualquier otra disciplina”.
El exatleta paralímpico y diputado Juan Armando Ruiz señaló que los deportistas paralímpicos también han sido históricamente marginados a pesar de los reconocimientos que han logrado en competencias internacionales.
“La igualdad no se puede escatimar a nadie. Es momento de romper con esa visión tradicional de que el esfuerzo y el valor de las mujeres lo pueden minimizar bajo argumentos meramente capitalistas, o en este caso solamente por plusvalía”, apuntó.
La diputada Anayeli Muñoz consideró que en el Congreso debe haber congruencia con la política feminista que promueve para que la reforma en materia de igualdad sustantiva no sea letra muerta.
La exfutbolista Paola López Yrigoyen sostuvo que el salario base debe ser negociado conjuntamente entre el poder público y el poder privado, el cual incluye a los dueños, las federaciones, las ligas y las atletas.
“Las partes involucradas se tienen que sentar, mirar a los ojos, reconocerse como iguales y con intereses legítimos y literal negociar, negociar en buena fe”, externó.
La periodista y conductora deportiva Marion Reimers opinó que los derechos de las mujeres no tienen que estar supeditados a su capacidad de generar capital.
“Mis derechos tendrían que existir por el simple hecho de ser una ciudadana que quiere insertarse en una actividad profesional. Es decir, necesitamos un Estado que garantice condiciones de trabajo justas para todas las personas. Y eso incluye también a quienes han elegido al deporte como su profesión”, indicó.
“Mi valía como ciudadana y la legitimidad de mis derechos no pueden estar supeditados a mi capacidad para producir capital en un sistema que de por sí no me está brindando las herramientas para sobresalir. Me parece que los derechos son lluvia y no pastel. No le estamos quitando una rebanada a nadie. Estamos buscando que nos caiga por igual”.
Por último, Rosario Ortiz, representante de la Red de Mujeres Sindicalistas, destacó la importancia de que una vez aprobadas estas iniciativas, las mujeres deportistas se organicen para reivindicar y exigir el cumplimiento de estas normas.
En un tramo carretero fue atacada mientras viajaba en su camioneta
Tras el ataque elementos federales y estatales buscan a responsables
Redacción
SemMéxico, Ciudad de México, 19 de septiembre, 2025.- La presidenta municipal de Buenavista, Michoacán, Irma Moreno Mendoza y su esposo sobrevivieron a un ataque a tiros en el tramo carretero Apatzingán-Tepalcatepec.
Perpetrado por un grupo de motociclistas, la camioneta en la que viajaba la alcaldesa fue alcanzada poco antes de llegar a una caseta de vigilancia instalada a las afueras de la municipalidad y cuando Moreno Mendoza regresaba de un acto celebrado en la 43 Zona Militar, donde presenció el relevo del comandante de la zona.
Minutos después se desplegó un fuerte operativo con elementos federales y del estado, que incluyó el sobrevuelo de helicópteros militares.
Irma Moreno Mendoza alcaldesa por el partido Moreno quien resultó ilesa, reportaron poco después, ganó la elección en junio de 2024 con más de mil votos más que su más cercano contrincante el priista Julio César Chávez Naranjo y con cerca de la tercera parte de los votos emitidos entre cuatro candidatas y dos candidatos.
Por otra parte, se informó que el secretario de Desarrollo Rural, Aldo Gutiérrez, también fue atacado en Apatzingán, por lo que fue hospitalizado y el reporte médico indica que su vida no corre peligro.
“Había una vez… las mil y una novias. México, siglos VIII al XXI” obtiene mención honorífica en la categoría de Arte del Premio Antonio García Cubas
La publicación acompaña a una exposición que se puede visitar en el Museo Ídolos del Esto
Kevin Aragón
SemMéxico/El Sol de México, Ciudad de México, 19 de septiembre, 2025.- Reflexiones de la arqueología nacional y estudios de pueblos originarios en su propia lengua, hasta la historia de Jerusalén y la evolución de la figura de las novias en México, fueron algunos de los temas que abordaron los libros galardonados con el Premio Antonio García Cubas 2025 a Cubas, a la excelencia editorial en publicaciones especializadas en ciencias antropológicas, durante el arranque de la 36 edición de la Feria del Libro de Antropología e Historia.
La premiación tuvo lugar en el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, donde José Luis Perea González, secretario técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), destacó la importancia de los más de 110 libros participantes en el certamen, dividido en 11 categorías.
“Cada una de estas obras representa una apuesta por la permanencia del pensamiento en tiempos donde la fugacidad parece dominar. Este premio no sólo es una celebración del libro como objeto, sino como acto ético, político y cultural Cada autor ha decidido confiar en la palabra de preservar, transformar y compartir”, aseguró.
Reconocen visión crítica de las novias mexicanas
El libro “Había una vez… las mil y una novias. México, siglos VIII al XXI”, bajo la dirección editorial de Marina Vázquez Ramos, quien encabeza el equipo de investigación de Fábrica de Exposiciones y publicado por Organización Editorial Mexicana (OEM), obtuvo la mención honorífica en la categoría de Arte.
El libro está compuesto de 16 ensayos de especialistas que analizan diferentes aspectos del noviazgo, desde la época prehispánica hasta nuestros días: “Este es el reconocimiento a una visión muy crítica e importante sobre el papel de la mujer.
Se podría pensar que es un tema relacionado con lo romántico, pero lo que hace este libro es desmontar muchas ideas que son muy violentas en torno a la figura de la mujer”, dijo la historiadora Minerva Anguiano González, miembro de Fábrica de Exposiciones, en entrevista con El Sol de México.
“En el libro se habla de temas edificantes como el amor y la ilusión, pero también hablamos del otro lado de la moneda, como pueden ser los matrimonios infantiles y cómo se trata de controlar el cuerpo de la mujer”, apuntó.
La maestra Lorenza Espínola Gómez de Parada, quien colabora en el libro, destacó el hecho de que se reconociera en esta categoría, es reflejo de la dedicación y especialidad del equipo editorial de especialistas en historia del arte.
Ambas investigadoras aseguran que este reconocimiento es un aliciente para que Fábrica de Exposiciones, unidad de la OEM de nueva creación, continue con su labor cultural.
“(Recibir la mención honorífica) nos da mucha alegría, porque de pronto en el trabajo de hacer un libro, una puede preguntarse por el impacto que tendrá, pero al ver que hay mucha gente que realmente lo aprecia, nos motiva, por lo que vamos a hacer más, mejorando nuestros procesos. Lo que nosotros prometemos es que cada libro que hagamos tendrá un contenido académico, pero muy accesible”, agregó, Minerva Anguiano.
Reconocen a las lenguas originarias
José Luis Perea González destacó que esta es la primera edición en la que se incluye la categoría “Libro en lenguas originarias”, lo cual representa “un acto de justicia y reconocimiento hacia los pueblos indígenas de México y a las lenguas que han transmitido tras generaciones saberes, historias, espiritualidades y visiones del mundo”.
El libro que recibió este premio fue “Dichos y creencias de los amuzgos de Xochistlahuaca, Guerrero”, escrito por alumnos hablantes del ñomndaa, en los talleres de primera lengua en la Escuela primaria bilingüe El Porvenir. Una escuela para la vida.
Las categorías Libro Electrónico Científico y Libro Electrónico de Divulgación se declararon desiertas.
La lista de premiados
Obra Científica:Arqueología mexicana. Sus orígenes y proyecciones, de Eduardo Matos Moctezuma y Leonardo López Luján
Obra de Divulgación:Tiempos de Inquisición: herejes, infieles, brujas y hechiceros, coordinado por Nuria Galland Camacho y Verónica González Illescas
Obra infantil:4 dedos, de Héctor Abad Paciolince, publicado por CIDCLI
Obra juvenil:La rueda del hambriento y otros cuentos, de Rosario Castellanos, editado por la UNAM
Novela Histórica:Pequeña novela del reino de Jerusalén, de Daniel Humberto Escoto Morales
Libro de arte:Estado de hongos, de Nanae Watabe Llamas. Catálogo:Antonio Ruiz El Corcito. Montajes y escenas del México moderno, editado por Dafne Cruz Porchini y Luis Vargas Santiago
Libro en Lenguas Originarias:Ñ’omomtiuu ‘naan Nn’anncue Ñomndaa Ndatyuaa Suljaa’. Dichos y creencias de los amuzgos de Xochistlahuaca, Guerrero, traducido por Ricardo Antonio Nieves
Facsimilar: fue Urbe. Super-poema bolchevique en 5 cantos, de Manuel Maples Arce
Menciones honoríficas
Obra científica:Juegos verbales de la tradición popular mexicana, de Erik Daniel Franco Trujillo
Obra de Divulgación:02.11 Día de Muertos. Una celebración de la vida y de la muerte, editado por Déborah Holtz y Juan Carlos Mena
Obra Infantil: Vitiligo, de Emiliano Becerril Silva y Julia Reyes Retana
Libro de ArteHabía una vez… Las mil y una novias. México, siglos VIII al XXI
Catálogo:Alan Glass. Sorprendente hallazgo, coordinado por Alejandra de la Paz; y Biombos y Castas. Pintura profana en la Nueva España, de Fomento Cultural Banamex.
Libro en Lenguas Originarias:In Yohual Amox/El libro de la noche/Book of the Night, de Óscar Baños Huerta.
Caos, miedo, incertidumbre, y la implacable realidad de una ciudad destruida por el sismo que marcó a México
Así fue vivir el 19 de septiembre de 1985
Alejandro Jiménez SemMéxico/El Sol de México, Ciudad de México, 19 de septiembre, 2025.- Siete de la mañana. En la cocina desayuno antes de irme a la universidad. Mi papá y mi hermano siguen dormidos. Preparo mentalmente mi ruta habitual: de la colonia Industrial, en el norte de la Ciudad de México, a la UAM Xochimilco, pasando antes por mi entonces novia para llevarla al colegio Princess, en el Eje 7 Sur, Zapata.
De pronto todo se estremece. Trato de llegar a los cuartos y encuentro a mi hermano y a mi papá asustados. No pensamos en salir de casa, sino en aguantar. Pero no pasa. Sigue. Oscilatorio primero, trepidatorio después. Muy largo. Caen objetos del librero y del juguetero, piezas de porcelana que eran de mi mamá. Gran susto. Se va la luz. Al abrir la puerta, nadie en la calle: todos en sus casas. Ya pasó… “Estuvo fuerte…”, “el peor que he sentido en mi vida”, dice mi papá.
Y seguimos. Sin saber qué había ocurrido en la ciudad, salgo y me subo al Malibú setentero, de segundo o tercer uso, que tenía para ir a la universidad. Empiezo a ver vecinos en la calle, conversando, compartiendo su experiencia. Mi mantra en ese momento es: “ya pasó…”.
Recojo a mi novia, que vivía a tres cuadras, y tomo la calzada Misterios hacia el centro. Al llegar al Eje 2, Manuel González, nos desvían: no hay paso por Tlatelolco. “Algo” impide seguir. Veo los primeros signos de alarma y gente corriendo. No se alcanza a distinguir qué ocurre más adelante. Rodeamos por el eje de Guerrero. Muchos autos. Avanzamos dentro de la colonia Guerrero. Comienzo a sentir la crispación. Tráfico detenido.
Llegar a la colonia Tabacalera es comenzar a dimensionar lo sucedido. Lo primeroque veo se mantiene vívido en mi memoria hasta hoy: un edificio inclinado, sin pared, con cortinas y sillas de oficina en el borde sin caer, papeles volando. Olor a gas. Personas cruzando como zombies las calles. “¡Mira, ese lleva sangre en la cabeza!”.
Pongo el radio y me sumo al caos: “Que se cayó Televisa. Que se vino abajo el edificio Nuevo León en Tlatelolco —por eso no pasábamos—. Que en la Condesa hay gente atrapada. Que en la Roma cayeron, de menos, cuatro edificios en una sola cuadra”. Locutores asustados, sin información confirmada, repiten rumores que alguien les contó antes de llegar a la estación. Pocas líneas telefónicas funcionan. “Fue como si hubiera caído una bomba”, dice uno, en evidente estado de shock.
Avanzamos lentamente hasta la entonces glorieta del Caballito, donde confluyen Reforma, Juárez y Bucareli. El caos vehicular es total. Quedamos detenidos. “¡Allá se cayó un edificio (el hotel Regis)!”. Lo vemos humear.
“No vamos a poder pasar… no hay forma…”. Pero sí logramos avanzar hacia Bucareli, rumbo al eje de Cuauhtémoc. Vemos tres edificios derrumbados antes de llegar al café La Habana. “Ojalá no hubiera gente a esa hora…”, decimos, sabiendo que era casi imposible.
Siento en la llanta las piedras de los edificios. Vamos lentos. Se nos acaban las palabras para describir lo que vemos.
Llegar al cruce con avenida Chapultepec es entrar a otra dimensión. Del lado derecho, en ruinas, uno de los edificios de Radio Fórmula, donde meses antes había entrevistado al jefe de información para un trabajo escolar. “Seguro había gente. Ahí están las cabinas, al menos los operadores”, pienso. Más tarde supimos del fallecimiento de los conductores del programa Batas, Pijamas y Pantuflas y de otros que, atrapados durante días, lograron sobrevivir.
Trato de regresar al norte de la ciudad, pero no hay forma. Caos vehicular. Autos en sentido contrario. Edificios derrumbados bloquean calles. Sigo hacia el sur a vuelta de rueda. La constante: gente corriendo. Algunos, cubiertos de polvo.
De pronto, a la izquierda, aparece el edificio de la Secretaría de Comercio derrumbado como pastel. Sigo sintiendo piedras bajo el auto. Los coches rodeamos grandes montones de cascajo que obstruyen la avenida. Un muro caído, el suelo levantado. Escuchamos lamentos.
Avanzamos en fila india. De la nada surge una enfermera vestida de blanco, en estado de histeria. Me ruega: “¡Llévenme al Centro Médico! ¡Los bebés de mi cunero están ahí!”. Sin preguntar más se sube al auto. Vamos callados. Más adelante grita: “¡No lo veo! ¡No veo el Centro Médico! ¿Dónde está la torre…?”. Se baja a correr entre autos detenidos hacia un lugar que pronto supimos ya no existía. Sólo humo y polvo por todos lados.
El tráfico se despeja pasando el Viaducto, al que tampoco se puede ingresar. Intento entrar a la lateral para regresar, pero un edificio entero yace en el suelo. Un cubo surrealista, arrancado de raíz. Gente rodeándolo sin saber qué hacer.
Me regreso en sentido contrario hacia Cuauhtémoc, pasando por el estadio de béisbol (hoy Plaza Parque Delta), que días después sería la gran morgue para los cadáveres.
Más adelante se siente menos caos. Una zona de la ciudad menos golpeada. Sin semáforos ni luz. Seguimos hasta el Eje 7 Zapata. Llegamos al colegio Princess cerca de las once. Sólo está un conserje consternado. Varias maestras no aparecen. En el recuento posterior, una de ellas había muerto al colapsar su edificio.
Llegar a la UAM ya no tenía sentido. En el Toks de División del Norte, junto al Parque de los Venados, logro usar un teléfono público y hablar a casa. Le cuento todo a mi papá y no me cree. No sabe nada porque no había luz, ni televisión ni radio. No dimensiona. “Es que eres muy impresionable…”, me dice.
El dilema es por dónde regresar. El Centro no es opción. Quizá el Circuito Interior hacia el norte: “¿Y si los puentes se cayeron?, ¿y si está saturado?”. Todo es posible. Lo tomo con reservas. Va extrañamente vacío. Desde lo alto de los puentes se ven columnas de humo por todos lados. Unas grises, otras negras. Me rebasa un auto rojo a gran velocidad con las luces encendidas. Yo sigo lento y, para nuestra sorpresa, llegamos hasta Insurgentes Norte y de ahí a la colonia Industrial.
Ya en casa. Sólo hasta la tarde conseguimos un radio de pilas. Ahí escuchamos la magnitud de la devastación. No sé quién conduce el noticiero, pero describe cómo gente sin casa, o con miedo de quedarse en la suya, va al Zócalo, como para refugiarse o pedir ayuda a un gobierno ausente. Cae ligera lluvia.
Surgen peticiones de ayuda y solidaridad: mantas, agua, comida. Centros de acopio ciudadano espontáneos se instalan en la ciudad. Noche de nervios. Nadie duerme tranquilo.
Al día siguiente, la parálisis. Ya hay luz y se confirman varias cosas: en efecto, Televisa se cayó; transmite desde un estudio improvisado. Mi papá y mi hermano dimensionan lo ocurrido. Comenzamos a buscar familiares. Más teléfonos funcionan. Todos bien.
Por la tarde-noche, mi hermano y yo visitamos a nuestro vecino y amigo de infancia Gabriel, en la calle Victoria. Conversamos con su mamá cuando, de repente, la réplica. Implacable. La casa se inclina de lado a lado. Estoy seguro de que caerá. No cae, pero queda dañada. Corremos a nuestra casa, en Huasteca. Se va la luz otra vez. Autos circulan a toda velocidad con luces encendidas, cruzando calles sin precaución. “Van a atropellar a alguien…”, temo.
Nuevo susto. Nueva noche en penumbras. Miedo de que se repita y nos caiga todo encima. Después de lo visto, ya todo es posible.
Al día siguiente, intento salir de la parálisis. Me reporto al Instituto Mexicano de la Radio, donde hacía mi servicio social. Nadie responde. Busco en su casa a mi jefe, Eduardo Peltier. Lo encuentro de casualidad. “Nuestro edificio en la calle de Córdoba, en la Roma, se cayó. Tuvimos suerte; si hubiéramos estado ahí a la hora del temblor, ahí nos quedamos… Vente al edificio central, en Margaritas, colonia Florida. Necesitamos apoyo, voluntarios…”.
Cuelgo y noto el temblor, pero ahora en mi mano, imaginando el edificio de Córdoba caído. Ahí se perdieron once grabaciones con músicos de la Época de Oro del cine nacional a quienes había entrevistado para una serie radiofónica. Perdí las grabaciones, pero no la vida.
Llego al IMER y la primera orden es ir al Foro 2 de Televisa San Ángel a contestar teléfonos. Todo el espacio estaba acondicionado para recibir llamadas de auxilio o búsqueda de personas en hospitales. Los teléfonos no dejan de sonar. Reportan fugas de gas, familiares desaparecidos, falta de servicios funerarios, ofrecimientos de voluntariado. Desesperación. Drama. Tras cada llamada, queda la sensación de no estar ayudando lo suficiente.
Algunas llamadas me marcan. Una mujer me cuenta que su hijo y ella pasaron el primer temblor en casa. Al día siguiente, él, de 19 años, se unió a una brigada vecinal para llevar comida y ayuda. Ahí lo tomó la réplica. Desde entonces no sabe nada. Llevaba 36 horas de angustia. Me da su nombre. Lo busco en las listas de heridos. No aparece. Llora desconsolada, sin rumbo. Nunca supe qué pasó con él.
Otra llamada es de un hombre que me narra su vida, desde Papantla, Veracruz, hasta la Ciudad de México, donde es comerciante. Lo dice todo en tono neutro. Le pregunto si busca a alguien, si su casa está bien, si necesita ayuda. No. Después de 40 minutos me da las gracias por escucharlo y cuelga. Así, nada más.
Así pasaron cinco días hasta que nos dijeron que regresáramos a casa a descansar, que la emergencia disminuía y que las autoridadescomenzaban, una semana después, a involucrarse.
Antes de irnos, una brigada de psicólogos de la UNAM nos entrevista individualmente sobre lo vivido, nuestras familias, dónde nos tomó el temblor y la réplica, cómo nos sentimos atendiendo llamadas de personas en situaciones límite.
Me atiende una muchacha de mi edad. Le cuento todo, con calma. Ella pregunta mucho y yo respondo todo.
–¿Has sentido miedo?
–Sí, mucho.
–¿Has llorado?
–No.
Me diagnostica estrés postraumático. Que debo sacar mis sentimientos. Me parece exagerado. Tengo hambre, ya quiero irme.
“Llego a casa y te prometo que lo cuento todo”, le dije.
Me tardé 40 años, pero ya estoy cumpliendo al contarlo.